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Abigail Williams: La muchacha de Salem que descubrió el poder de señalar a una bruja

La teoría del etiquetamiento convierte a la Abigail Williams de Miller en una emprendedora moral de diecisiete años (la histórica tenía once o doce): descubre que gritar un nombre vale más que cualquier prueba, y que Salem está deseando oírlo.

Póster de Abigail Williams, villano de Las brujas de Salem
Las brujas de Salem · Teatro
Abigail Williams

Primer acto de Las brujas de Salem (Arthur Miller, 1953). Primavera de 1692, un dormitorio en casa del reverendo Parris: la pequeña Betty no despierta, y abajo el salón está lleno de vecinos que hablan de brujería. En cuanto los adultos salen, la niña salta hacia la ventana y le grita a su prima que bebió sangre, que bebió un hechizo para matar a la mujer de John Proctor. Abigail Williams, diecisiete años, le cruza la cara y fija la versión para todas: bailaron, Tituba invocó a las hermanas muertas de Ruth Putnam, y nada más. A quien suelte media palabra de lo demás le promete una visita una noche terrible. Es la primera vez que la vemos dictar lo que es verdad en Salem, y no será la última. Antes de que acabe el acto ya ha acusado a Tituba y grita nombres de vecinas; semanas después señala a Elizabeth Proctor, esposa del hombre con el que tuvo una aventura y la mujer que la despidió de su casa. Cuando el tribunal empieza a flaquear, roba los ahorros de su tío y huye. Para entonces han ahorcado a varios inocentes. Buena parte de esto es de Miller: la Abigail histórica tenía once o doce años y sí acusó a John y Elizabeth Proctor en 1692, pero no consta que sirviera en su casa ni que hubiera aventura alguna, y tampoco ningún robo ni ninguna fuga: tras sus declaraciones de ese año desaparece de los registros.

// La teoríaLa desviación la crea quien acusa

La teoría del etiquetamiento cambió la pregunta de la criminología: en vez de preguntar por qué alguien se desvía, preguntó quién decide qué es desviado. Para Howard Becker (1963), los grupos sociales crean la desviación al establecer reglas y aplicarlas a personas concretas. En ese proceso tienen un papel especial los emprendedores morales: quienes impulsan cruzadas para definir y perseguir un nuevo tipo de desviado, y ganan con ello autoridad y protección. El sociólogo Kai Erikson estudió el Salem histórico en Wayward Puritans (1966) y sostuvo que las comunidades necesitan señalar desviados para marcar sus propios límites, sobre todo en tiempos de crisis.

«¡Quiero abrirme! Quiero la luz de Dios, quiero el dulce amor de Jesús. Bailé para el diablo; lo vi; escribí en su libro».Abigail Williams, Las brujas de Salem (1953), acto I
Concepto clave

La acusación como poder

Abigail es la sobrina del pastor, una huérfana sin dote y una sirvienta despedida: alguien sin ningún poder. La acusación de brujería se lo da de golpe. En cuanto el tribunal cree a las muchachas, su palabra basta para encarcelar a cualquiera, y nadie puede probar que no es un brujo. Becker señalaba que el emprendedor moral rara vez actúa solo: necesita instituciones dispuestas a aplicar la etiqueta. El tribunal de Salem es esa institución. Abigail aporta los nombres; los jueces aportan la autoridad que convierte un grito en una condena.

// El sujetoUna huérfana que aprendió a señalar

Miller construye a Abigail como alguien que entiende antes que nadie las reglas del juego. Sabe que la confesión salva y que la negación condena: quienes admiten ser brujos y acusan a otros se libran de la horca, aunque sigan presos, y quienes insisten en su inocencia acaban en la horca. Esa lógica perversa convierte el señalamiento en el único camino seguro. Abigail la aprovecha para salvarse y para vengarse de Elizabeth Proctor, a la que culpa de haberla echado. Su poder dura mientras el pueblo tenga miedo; cuando el miedo se vuelve contra el tribunal, ella huye con el dinero de su tío.

Tres escenas lo enseñan. En el segundo acto, el alguacil Cheever encuentra en casa de los Proctor un muñeco con una aguja clavada en el vientre; esa misma noche, Abigail se había desplomado en la cena de Parris con una aguja hundida en la carne y había culpado al espíritu de Elizabeth. El muñeco lo había cosido Mary Warren en el tribunal, sentada a su lado. En el tercer acto, cuando Danforth le pide que examine su corazón por si los espíritus fueran una ilusión, Abigail no se defiende: ataca. Le recuerda que la hieren a diario por cumplir con su deber de señalar a la gente del diablo, y le advierte que tampoco él está a salvo del poder del infierno. Acto seguido se abraza a sí misma, dice que ha entrado un viento frío y clava los ojos en Mary Warren; las demás muchachas tiritan con ella y acaban viendo un pájaro amarillo en las vigas. Es el etiquetamiento en directo: la etiqueta se representa en vez de demostrarse, y la sala la confirma. Mary Warren, que acababa de jurar que todo era fingido, termina acusando a Proctor de ser el hombre del diablo.

Abigail Williams

· Las brujas de Salem
INT 70MAN 90VIO 35EMP 15
AcusadoraRencorosaArrastra a las demás
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// La grietaLos acusadores no son la causa, son el síntoma

Leer Salem como la obra de una muchacha mentirosa es la lectura más cómoda y la que la teoría del etiquetamiento desmonta. Abigail no habría tenido ningún poder sin un pueblo dispuesto a creer en brujas, unos jueces que no admitían dudas y unos vecinos que aprovecharon las acusaciones para resolver pleitos de tierras. Erikson insistía en que estas oleadas dicen más de la comunidad que señala que de las personas señaladas.

La teoría tiene también su límite: explica muy bien cómo se fabrica al desviado y menos por qué una persona concreta se presta a ser la que acusa. Para entender a Abigail hacen falta su resentimiento, su deseo por Proctor y su miedo. Y la obra recuerda algo que Miller escribió pensando en su propia época: la caza de brujas era también una alegoría del macartismo, donde la acusación de comunismo funcionaba igual.

Por qué importa

Del Salem de 1692 a los pánicos morales

Las cazas de brujas no se acabaron en 1692. Los sociólogos llaman pánico moral a las oleadas en que una sociedad identifica a un grupo como amenaza y reacciona de forma desproporcionada: el pánico satánico de los años ochenta en Estados Unidos llevó a juicio a cuidadores de guarderías por abusos rituales que nunca existieron, a partir de testimonios de niños obtenidos con preguntas sugestivas. La lección de Salem es la misma: cuando una acusación basta y la negación se vuelve sospechosa, el proceso fabrica culpables.

En resumen

Tres ideas clave

  • La teoría del etiquetamiento (Becker, 1963) sostiene que la desviación la crean quienes definen y aplican las reglas; los emprendedores morales ganan poder fabricando desviados.
  • Abigail Williams se salva de un castigo acusando a otros de brujería y usa ese poder para atacar a Elizabeth Proctor; el tribunal la cree porque necesita culpables.
  • La grieta: Abigail es el síntoma, no la causa; Erikson (1966) mostró que las comunidades señalan desviados para marcar sus límites en tiempos de crisis.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Becker, H. S. (1963). Outsiders: Studies in the Sociology of Deviance. Free Press.
  • Erikson, K. T. (1966). Wayward Puritans: A Study in the Sociology of Deviance. Wiley.
  • Cohen, S. (1972). Folk Devils and Moral Panics. MacGibbon and Kee.
  • Miller, A. (1953). The Crucible. Viking Press.
  • Boyer, P. y Nissenbaum, S. (1974). Salem Possessed: The Social Origins of Witchcraft. Harvard University Press.
  • Norton, M. B. (2002). In the Devil's Snare: The Salem Witchcraft Crisis of 1692. Alfred A. Knopf.
  • Ray, B. C. (dir.). Salem Witch Trials: Documentary Archive and Transcription Project. University of Virginia. https://salem.lib.virginia.edu/

Dudas del expedientePreguntas frecuentes

¿Quién es Abigail Williams?

Abigail Williams es un villano de Las brujas de Salem, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Bastaba con gritar un nombre y caer al suelo.

¿Por qué Abigail Williams se convierte en villano?

La teoría del etiquetamiento convierte a la Abigail Williams de Miller en una emprendedora moral de diecisiete años (la histórica tenía once o doce): descubre que gritar un nombre vale más que cualquier prueba, y que Salem está deseando oírlo.

¿Qué teoría criminológica explica a Abigail Williams?

El caso de Abigail Williams se analiza desde la Etiquetamiento. La teoría del etiquetamiento sostiene que la desviación no está en el acto, sino en la reacción social: alguien con poder define una conducta como desviada y aplica la etiqueta a una persona. Howard Becker llamó «emprendedores morales» a quienes impulsan esas definiciones. Abigail Williams, la protagonista de Las brujas de Salem (Arthur Miller, 1953), es una emprendedora moral de diecisiete años (la Abigail histórica, sobrina del reverendo Parris, tenía once o doce): sorprendida bailando en el bosque, se salva acusando a otras de brujería, y cuando descubre el poder de sus acusaciones las usa para eliminar a Elizabeth Proctor, la esposa del hombre al que desea. El tribunal la cree porque necesita brujas.

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