En Rebeca (Daphne du Maurier, 1938), una joven cuyo nombre nunca llegamos a saber se casa con el viudo Maxim de Winter y se muda a Manderley, su gran mansión de Cornualles. Todo allí sigue perteneciendo a la primera esposa, Rebeca, que se ahogó un año antes: su escritorio, su letra en los papeles, sus costumbres. Sobre todo le pertenece la señora Danvers: el ama de llaves, que llegó a Manderley con Rebeca y la adoraba. La señora Danvers conserva el dormitorio de Rebeca en el ala oeste tal como lo dejó y se lo enseña a la nueva esposa, acariciando sus pieles y sus camisones. Hace sentir a la joven que nunca estará a la altura. Le aconseja ponerse en el gran baile un disfraz copiado de un retrato familiar, sin decirle que Rebeca había llevado el mismo, y Maxim reacciona con horror. Al día siguiente, junto a una ventana abierta, la incita a tirarse. Solo la salva el ruido de un barco que encalla. Cuando sale a la luz la verdad sobre Rebeca, la señora Danvers desaparece, y la novela termina con Manderley en llamas.
// La teoríaPor qué el personaje queer era el villano
La criminología queer tiene dos vertientes. Una es documental: durante décadas, el derecho castigó la homosexualidad, la medicina la trató como enfermedad y la criminología la catalogó como desviación. La otra, cultural, estudia cómo el cine y la literatura tradujeron esa historia en imágenes. Durante buena parte del siglo XX no se podía mostrar la homosexualidad de forma explícita —en Hollywood la prohibió el Código de Producción desde los años treinta—, así que aparecía en clave, y muy a menudo en el villano: el asesino afeminado, la solterona siniestra, la acompañante obsesiva. Investigadoras como Patricia White han analizado cómo el cine clásico hizo visible el deseo lésbico precisamente a través de figuras amenazantes. Carrie Buist y Emily Lenning han mostrado cómo esas representaciones alimentaron la idea de que las personas queer eran peligrosas.
La villana en clave
Un personaje está «en clave» cuando la obra sugiere algo que no puede o no quiere decir abiertamente. A la señora Danvers nunca se la describe como lesbiana, pero su devoción por Rebeca va más allá de la de una criada: guarda su ropa, la toca, describe su belleza y su intimidad con detalle y no soporta que otra mujer ocupe su lugar. En la adaptación de Alfred Hitchcock (1940), la escena en la que enseña el dormitorio está aún más cargada. La criminología queer no pregunta si la señora Danvers «es» lesbiana, algo imposible de responder. Pregunta por qué, en las historias de su tiempo, la mujer a la que se le sugiere el amor por otra mujer es también la que intenta llevar a la heroína a la muerte.
// El sujetoEl duelo convertido en persecución
Dentro de la historia, la conducta de la señora Danvers tiene una lógica reconocible. Ha perdido a la persona a la que había dedicado su vida, y la nueva esposa es una intrusa que ocupa el lugar, la habitación y el nombre de Rebeca. Su estrategia es psicológica: aísla a la joven, mina su confianza, la hace sentirse comparada constantemente y al final le sugiere que la única salida es la muerte. Hoy algunas de esas conductas se calificarían de acoso, e inducir a alguien a quitarse la vida es delito en muchos ordenamientos, entre ellos el español. El final de la novela sugiere que quema Manderley antes que dejarlo en manos de otros. Su villanía es real. Lo que añade la lectura queer es la pregunta de por qué la novela y, sobre todo, sus adaptaciones hicieron esa villanía tan inseparable de su devoción.
Señora Danvers
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// La grietaUna lectura sobre la cultura, no un diagnóstico
La lectura queer de la señora Danvers tiene dos límites. El primero es que es una interpretación, no un hecho del texto: otros lectores ven en ella la lealtad de una sirvienta, el apego de una madre o simplemente una obsesión, y Du Maurier nunca lo resuelve. La criminología queer acepta esa ambigüedad; su objeto es el patrón en la cultura, no la etiqueta de un personaje. El segundo límite es un riesgo: leer a cada villano en clave como una confirmación del estereotipo puede acabar reforzándolo. Se trata de lo contrario: de mostrar que la asociación entre lo queer y el crimen fue una construcción de una época, no una verdad sobre nadie.
La novela complica además la historia que parece contar. Rebeca, la mujer idealizada, resulta haber sido cruel y manipuladora, y Maxim, el héroe, confiesa que la mató. El verdadero crimen de Manderley lo comete el marido, y la novela lo deja impune. La figura que la historia marca con más claridad como amenaza no es la que cometió el asesinato.
Historias que enseñan a quién temer
La investigación sobre representación muestra que las imágenes que ofrece la ficción sobre un grupo influyen en cómo se le percibe. Durante décadas, las personas LGTB se vieron en pantalla sobre todo como villanas o como víctimas, y esa imagen contribuyó a su estigmatización, también dentro del sistema de justicia. La criminología queer pide estudiar el delito y sus causas sin esas asociaciones heredadas. La señora Danvers es una gran villana literaria, y puede seguir siéndolo. Lo que cambia es la conciencia de por qué se escribió así, y de quién pagó fuera de la novela el precio de ese tipo de historias.
Tres ideas clave
- La criminología queer estudia cómo el derecho y la cultura trataron a las personas LGTB como delincuentes o enfermas, y cómo la ficción, sin poder mostrar abiertamente la homosexualidad, la puso a menudo en clave en sus villanos.
- La señora Danvers conserva el cuarto de Rebeca como un santuario, sabotea a la nueva esposa, la engaña con el disfraz y la incita a tirarse por una ventana: su devoción por Rebeca se ha leído como deseo, y su villanía, como la forma que permitía la época.
- La grieta: la lectura queer es una interpretación, no un hecho del texto, y su objeto es el patrón cultural, no una etiqueta. La propia novela la complica: el asesino de Manderley es el marido.
Fuentes · para seguir leyendo
- White, P. (1999). Uninvited: Classical Hollywood Cinema and Lesbian Representability. Indiana University Press.
- Buist, C. L. y Lenning, E. (2016). Queer Criminology. Routledge.
- Russo, V. (1981). The Celluloid Closet: Homosexuality in the Movies. Harper & Row.
- Du Maurier, D. (1938). Rebecca. Victor Gollancz.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Señora Danvers?
Señora Danvers es un villano de Rebeca, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Le enseñó los camisones de Rebeca, sus pieles, su cepillo de pelo.
¿Por qué Señora Danvers se convierte en villano?
La señora Danvers y la criminología queer: el ama de llaves de Manderley, devota de su difunta señora, atormenta a la nueva esposa hasta empujarla hacia una ventana abierta. Generaciones de lectores y espectadores la han visto como una villana con código lésbico. La criminología queer pregunta por qué la cultura asoció durante tanto tiempo el deseo entre mujeres con la amenaza y el crimen.
¿Qué teoría criminológica explica a Señora Danvers?
El caso de Señora Danvers se analiza desde la Criminología Queer. La criminología queer estudia cómo el derecho y la cultura trataron a las personas LGTB como patológicas o delincuentes, y cómo el cine y la literatura asociaron lo queer con lo monstruoso. La señora Danvers, el ama de llaves de Rebeca (Daphne du Maurier, 1938), es una de las villanas más estudiadas desde esa perspectiva. Devota de su difunta señora, conserva su habitación como un santuario, sabotea a la nueva esposa de Maxim de Winter, la engaña para que se ponga el mismo disfraz que Rebeca y la incita a tirarse por una ventana. Su devoción por otra mujer ha sido leída como deseo, y su villanía, como la forma en que la época permitía representarlo. Sus actos son reales; lo que la teoría examina es la historia que los rodea.








