// Teoría criminológica Teoría crítica

Criminología Queer

Durante un siglo, el derecho penal persiguió a las personas LGBTQ y la ficción enseñó a leer la maldad en la pluma, el amaneramiento y la ambigüedad de género. La criminología queer desmonta ese tropo: el problema nunca fue la persona queer, sino el estigma que la asoció con lo monstruoso. Explicar el tropo no es acusar a nadie: es defender.

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// Definición

¿Qué es la criminología queer?

La criminología queer estudia cómo el derecho penal ha perseguido a las personas LGBTQ y cómo estas sufren violencia y desprotección en el sistema de justicia, además del estigma que asoció lo queer con lo monstruoso en la cultura. Autores como Jordan Blair Woods, Carrie Buist y Emily Lenning la desarrollaron en la última década.

La criminología queer estudia dos cosas que la criminología tradicional ignoró durante un siglo. Primero, cómo el derecho penal criminalizó a las personas queer (leyes de sodomía, redadas, detenciones, la violencia policial que estalló en Stonewall) y cómo el sistema penal las sigue revictimizando. Segundo, cómo la cultura popular construyó un tropo venenoso: el villano «codificado como queer», cuya maldad se transmite al espectador a través de la pluma, el refinamiento afeminado, la teatralidad y el rechazo de la norma heterosexual. La tesis de esta página es una sola: el problema nunca fue la persona queer, sino el estigma que enseñó al público a leer lo queer como señal de lo maligno.

Infografía

Criminología queer de un vistazo

Autores
Jordan B. Woods · Carrie Buist y Emily Lenning · Matthew Ball
Año / época
Años 1990–2010 · libro fundacional en 2016
Familia
Crítica
Idea
El problema nunca fue la persona queer, sino el estigma que la asoció con lo maligno
En una fórmulaDiferencia de género/sexualidad → codificada como desviación → estigma → persecución
1973año en que la homosexualidad dejó de ser un "trastorno mental" en el DSM
Estado actualEn debateVisibiliza a víctimas y presos LGTBI; base empírica aún escasa

// OrigenDe la sospecha criminológica a la criminología queer

Durante casi toda su historia, la criminología no estudió a las personas homosexuales o trans: las diagnosticó como patología, perversión o desviación a corregir. La homosexualidad fue delito en gran parte de Occidente hasta bien entrado el siglo XX y «trastorno mental» en los manuales psiquiátricos hasta 1973. Contra esa herencia nace, en los años noventa y dos mil, la criminología queer, que pregunta por qué el sistema penal persiguió a las personas queer y qué dice eso del sistema. Jordan Blair Woods ha documentado el largo historial de criminalización de la identidad LGBTQ; Carrie Buist y Emily Lenning, en Queer Criminology (2016), fundaron el campo como disciplina y mostraron que las personas queer aparecen en el sistema penal casi siempre como víctimas sobrerrepresentadas: de violencia, de acoso policial, de encarcelamiento.

El teórico australiano Matthew Ball añadió que no basta con «incluir» a las personas LGBTQ en la criminología existente: hay que cuestionar las categorías mismas (normal y desviado, natural y antinatural) con las que la disciplina pensó el crimen, porque fueron las que convirtieron una identidad en un delito. En ese sentido, la criminología queer es prima hermana de la etiquetamiento y de la teoría del estigma de Goffman: la desviación no es una propiedad de las personas, sino una etiqueta que el poder les pega.

En una frase

El planteamiento de la criminología queer

Lo queer nunca fue el crimen. El crimen fue enseñar a millones de personas a ver maldad donde solo había diferencia.

Concepto clave

El villano codificado: cómo el estigma entra por los ojos

La herramienta más útil de la criminología queer para leer la ficción es el concepto de codificación queer (queer coding): la práctica, sistemática durante décadas, de marcar a los villanos con rasgos culturalmente asociados a la homosexualidad o a la ambigüedad de género (el amaneramiento, la voz melindrosa, la vanidad, el desdén por la masculinidad viril) para que el público los leyera como desviados y por tanto peligrosos sin que nada se dijera en voz alta. Así, generación tras generación, el público aprendió sin darse cuenta una ecuación falsa: pluma igual a peligro.

El esquema

Cómo la codificación queer entra por los ojos

  1. 1
    Selección del rasgoLa industria toma rasgos asociados a lo LGBTQ: pluma, amaneramiento, teatralidad, ambigüedad de género
  2. 2
    Marcado del villanoSe los cuelga al antagonista, nunca al héroe, y sin decir nada explícito
  3. 3
    Asociación emocionalEl público cose, sin darse cuenta, esos rasgos a la maldad del personaje
  4. 4
    Ecuación aprendidaGeneración tras generación se interioriza la falsa ecuación "diferencia = peligro"

El mecanismo es dañino por silencioso: nadie afirma que el personaje sea queer, pero todo en él lo insinúa.

// En la ficciónVillanos que el tropo marcó

Estos personajes no se presentan aquí como «villanos queer», sino como ejemplos y víctimas de un tropo dañino. —, de El Rey León, es el villano «afeminado y refinado» (voz lánguida, sarcasmo elegante, físico esbelto) frente a la masculinidad solar y viril de Mufasa y Simba: su distancia del ideal de macho es, cinematográficamente, la marca de su maldad. —, de Aladdín, repite el molde: esbelto, amanerado, teatral, vanidoso, el refinamiento cortesano opuesto al héroe atlético y franco. En ambos, Disney no dijo nada y lo insinuó todo.

—, de La Sirenita, es el caso más explícito y mejor documentado: los animadores la basaron abiertamente en la drag queen Divine, la musa de John Waters. Ursula es la performance de género hecha villana: maquillaje excesivo, ademanes de cabaret, teatralidad. —, de La Bella Durmiente, encarna otra variante: la mujer poderosa, andrógina y célibe que rechaza el rol de esposa y madre, y cuyo poder no domesticado se codifica como maldad. Y —, el Frank-N-Furter de The Rocky Horror Picture Show, que se presenta a sí mismo como travesti, lleva el tropo a su límite consciente y convierte la transgresión de género en amenaza sexual explícita, aunque con una ambigüedad deliberada que la película vuelve contra el prejuicio del propio espectador.

// Criticar el tropo es defenderPor qué analizar esto NO es acusar a nadie

Señalar que Scar, Jafar o Ursula fueron codificados como queer no es decir que las personas queer se parezcan a villanos, sino denunciar que la industria robó los rasgos de una comunidad (su forma de hablar, de moverse, de vestir, de amar) y los usó como taquigrafía visual del mal. Este análisis defiende a la persona LGBTQ real: el niño amanerado que creció viendo que en las películas los únicos que hablaban o se movían como él eran los malvados, y que aprendió a avergonzarse de sí mismo antes de saber por qué. El villano no es quien tiene pluma, sino el estigma que enseñó a temer la pluma. Esta página no patologiza la identidad queer ni la asocia con el delito: la identidad queer no es una desviación ni un factor de riesgo, y lo único que hay que explicar es el prejuicio que la persiguió.

// Del cine al sistema penalEl estigma no se queda en la pantalla

El tropo del villano codificado es la versión narrativa de una violencia muy real. La misma cultura que enseñó a leer maldad en la ambigüedad de género sostuvo las leyes de sodomía, las redadas policiales en bares como el Stonewall Inn en 1969, las detenciones por «escándalo público», las «terapias de conversión» y la sobrerrepresentación actual de personas LGBTQ (sobre todo jóvenes trans y racializadas) entre las víctimas de violencia y entre la población encarcelada. La criminología queer, siguiendo a Woods, Buist y Lenning, traza esa línea continua: del relato que codifica al queer como peligroso a la ley que lo castiga, la policía que lo acosa y la prisión que lo revictimiza.

// La grietaNi negar el tropo, ni ver homofobia en todo

Una grieta sería negar el tropo: insistir en que Scar o Jafar «son villanos y ya está», que todo es coincidencia. La documentación histórica y la sistematicidad del patrón bajo el código Hays lo desmienten. Pero la grieta opuesta es igual de real: convertir el análisis en una caza donde todo rasgo elegante o toda ambigüedad se declara automáticamente homófoba, viendo intención donde a veces solo hay arquetipo. La lectura honesta distingue la codificación queer documentada y dañina (Ursula y Divine, Frank-N-Furter) de los casos más discutibles, donde el rasgo «refinado» del villano tiene también raíces de clase o de época. La criminología queer madura no busca culpables entre los guionistas; busca comprender un patrón cultural para dejar de reproducirlo, sin caer en el pensamiento binario que denunció en la vieja criminología.

Relevancia histórica

De delito a disciplina crítica

La despenalización, la retirada de la homosexualidad de los manuales psiquiátricos y el auge de la teoría queer invirtieron el foco: el objeto de estudio dejó de ser la persona queer y pasó a ser el sistema que la persiguió.

  1. 1969Las redadas en el Stonewall Inn de Nueva York desatan las protestas que fundan el movimiento LGBTQ moderno.
  2. 1973La Asociación Americana de Psiquiatría retira la homosexualidad del DSM: deja de ser oficialmente un trastorno.
  3. 2014Jordan Blair Woods sistematiza el debate sobre una criminología crítica "queer".
  4. 2016Buist y Lenning publican Queer Criminology y Ball Criminology and Queer Theory: el campo se consolida.

// Por qué importaCambiar quién es el monstruo

La criminología queer hace con la sexualidad y el género lo que la criminología feminista hizo con el patriarcado: revela que las categorías con las que la disciplina pensó el crimen (lo normal frente a lo desviado, lo natural frente a lo antinatural) no eran descripciones neutrales, sino instrumentos de poder que decidían a quién perseguir. Al desmontar el tropo, nos enseña a reconocer cuándo un relato nos invita a temer o despreciar a un grupo humano por lo que es. Y devuelve la dignidad a las personas que el estigma convirtió en monstruos de ficción.

Luces y sombras

Fortalezas
  • Corrige un siglo de sesgo: rescata a las personas LGBTQ del papel de «desviadas» y las estudia como víctimas sobrerrepresentadas del sistema penal.
  • Ofrece una herramienta de alfabetización crítica: nombra la codificación queer (queer coding) para poder reconocerla y desmontarla.
  • Conecta el relato con la realidad: traza la línea entre el estigma cultural y la violencia legal, policial y carcelaria.
  • Es reparadora: devuelve dignidad a quienes el estigma convirtió en monstruos de ficción, sin patologizar ninguna identidad.
Límites y críticas
  • Riesgo de sobrelectura: ver homofobia en todo rasgo elegante o ambiguo aplana el análisis e ignora raíces de clase o de época.
  • Al ser una corriente crítica y joven, le cuesta traducirse en hipótesis cuantificables y contrastables.
  • Depende de la interpretación cultural, lo que abre debates sobre la intención (arquetipo) frente a la codificación deliberada.
  • Su carga política puede leerse como militancia, lo que dificulta su recepción en la criminología más positivista.
En resumen

Tres ideas clave

  • La criminología queer (Woods; Buist y Lenning, «Queer Criminology»; Ball) no patologiza a las personas LGBTQ: estudia cómo el derecho penal las criminalizó (sodomía, redadas, Stonewall, prisión) y las revictimiza, y cómo la ficción las estigmatizó con el tropo del «villano codificado queer».
  • La codificación queer marcó a villanos con rasgos asociados a lo LGBTQ (pluma, amaneramiento, ambigüedad de género, teatralidad) para que el público los leyera como peligrosos sin decir nada explícito. Scar, Jafar, Ursula (inspirada en la drag queen Divine), Maléfica y Frank-N-Furter son ejemplos de ese tropo.
  • Criticar el tropo es defender a las personas queer: el problema nunca fue la persona, sino el estigma que asoció lo queer con lo maligno, la ecuación «diferencia = peligro». Conecta con el etiquetamiento y con el estigma de Goffman.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Buist, C. L. y Lenning, E. (2016). Queer Criminology. Routledge.
  • Woods, J. B. (2014). «Queer Contestations and the Future of a Critical “Queer” Criminology». Critical Criminology, 22(1).
  • Ball, M. (2016). Criminology and Queer Theory: Dangerous Bedfellows?. Palgrave Macmillan.
  • Goffman, E. (1963). Stigma: Notes on the Management of Spoiled Identity. Prentice Hall (trad. esp.: Estigma: la identidad deteriorada, Amorrortu, 1970).

// Pon a prueba la teoría¿A cuál de estos villanos analiza KRIMINIS con Criminología Queer?

Lee el expediente de Jafar →

Dudas de la teoríaPreguntas frecuentes

¿Qué es la criminología queer?

La criminología queer estudia cómo el derecho penal ha perseguido a las personas LGBTQ y cómo estas sufren violencia y desprotección en el sistema de justicia, además del estigma que asoció lo queer con lo monstruoso en la cultura. Autores como Jordan Blair Woods, Carrie Buist y Emily Lenning la desarrollaron en la última década.

¿Quién formuló la criminología queer y cuándo?

Surgió en los años noventa y dos mil y se consolidó en 2016. Jordan Blair Woods sistematizó el debate en 2014 con el artículo «Queer Contestations and the Future of a Critical “Queer” Criminology» (Critical Criminology). En 2016, Carrie Buist y Emily Lenning publicaron «Queer Criminology» (Routledge), libro fundacional del campo, y Matthew Ball, «Criminology and Queer Theory: Dangerous Bedfellows?».

¿Sigue vigente la criminología queer y qué se le critica?

Está vigente y en expansión. Su equilibrio es doble. Por un lado, negar la codificación queer de los villanos choca con la documentación histórica y los testimonios de animadores y guionistas. Por otro, convertir el análisis en una caza que declara homófobo todo rasgo elegante o ambiguo aplana la lectura, porque a veces el rasgo «refinado» del villano tiene raíces de clase o de época.

¿Qué es la codificación queer de los villanos de Disney?

Es el tropo por el que la industria atribuyó rasgos asociados a lo queer a personajes que debíamos leer como amenazantes. Scar y Jafar son villanos esbeltos, teatrales y refinados frente a héroes viriles. El caso mejor documentado es Úrsula, de «La Sirenita», cuyos animadores se basaron abiertamente en la drag queen Divine. La criminología queer analiza ese patrón para dejar de reproducirlo.

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