Frank-N-Furter, el científico de The Rocky Horror Picture Show, lleva el tropo del villano codificado como queer a su extremo más explícito y también más consciente. Nada se insinúa aquí: Frank se presenta con corsé, medias, tacones y maquillaje, y se define a sí mismo en una canción como un «travesti transexual» —usando el vocabulario transgresor de 1975—. Es a la vez seductor y amenazante: crea vida, seduce a la pareja de protagonistas heteros, mata, devora. Sobre el papel, es el villano codificado en su forma más pura: la transgresión de género convertida sin disimulo en amenaza sexual. Para la criminología queer, sin embargo, es también el caso que hace estallar el propio tropo desde dentro.
// La teoríaEl tropo vuelto autoconsciente
A diferencia de Scar, Jafar, Ursula o Maléfica —donde la codificación opera en silencio, sin que la obra la reconozca—, Rocky Horror sabe exactamente lo que está haciendo. Toma la vieja fórmula del cine de terror (el «monstruo» sexualmente ambiguo que amenaza a la pareja normativa) y la exhibe hasta la exageración camp, para volver el prejuicio contra el espectador. Los protagonistas heteros y convencionales, Brad y Janet, representan la norma que el público debería defender; la película los desnuda, los libera y se ríe de su mojigatería, hasta que el verdadero objeto de burla no es Frank, sino la estrechez de quien lo mira con miedo. Es el tropo usado como espejo: la criminología queer de Buist, Lenning y Matthew Ball lee aquí una subversión deliberada del mecanismo que en Disney funcionaba a ciegas. Frank amenaza, sí —pero la película pregunta al espectador por qué le da tanto miedo la ambigüedad de género, y esa pregunta es el corazón del proyecto queer.
De monstruo impuesto a icono reapropiado
Frank-N-Furter muestra el destino que la criminología queer más celebra: la reapropiación. Concebido con todos los rasgos del villano codificado, se convirtió en icono de liberación de generaciones LGBTQ, coreado en proyecciones de medianoche donde el público asiste vestido como él, no para temerlo, sino para celebrarlo. Igual que Ursula, Frank demuestra que el estigma puede darse la vuelta: el rasgo que la ficción usó para marcar al monstruo —la transgresión de género— es reclamado como bandera de orgullo. Pero Frank va un paso más allá que Ursula, porque la propia película es cómplice de esa reapropiación: no espera a que el público la haga, la provoca. Criticar la codificación queer aquí no es condenar a Frank —es entender cómo un tropo diseñado para asustar fue detonado desde dentro y convertido en himno—. En ningún momento se patologiza aquí la identidad trans o queer: la transgresión de género no es una desviación ni una amenaza; lo único monstruoso es el prejuicio que la película pone, con toda intención, frente al espejo.
Frank-N-Furter
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// La grietaNi ignorar el tropo, ni ignorar su subversión
La grieta sería leer a Frank solo como villano codificado más, ignorando que la película es autoconsciente y usa el tropo contra sí mismo: eso perdería lo esencial. La grieta opuesta es celebrar a Frank como pura liberación y borrar que sigue siendo, en la trama, un depredador que engaña y mata —la subversión no anula que el personaje conserve rasgos del monstruo—. La lectura honesta sostiene la tensión: Frank es a la vez el tropo del villano codificado y su demolición desde dentro, a la vez amenaza escrita y espejo tendido al prejuicio del espectador. Esa ambivalencia es justamente lo que lo hace tan rico para la criminología queer: no es un villano queer que confirme el estigma, ni un héroe que lo niegue, sino un personaje que obliga a preguntarse por qué la ambigüedad de género nos enseñaron a temerla —y quién decidió que temerla estaba bien—.
Tres ideas clave
- Frank-N-Furter lleva el tropo del villano codificado a su extremo explícito: un "travesti transexual" que convierte la transgresión de género en amenaza sexual, sin disimulo.
- Pero, a diferencia de Disney, Rocky Horror es autoconsciente: usa el tropo de forma subversiva, volviendo el prejuicio contra el espectador y preguntándole por qué teme la ambigüedad de género.
- Frank se convirtió en icono de liberación LGBTQ, reapropiado y celebrado. Criticar el tropo defiende a las personas trans y queer: la transgresión de género no es amenaza; lo monstruoso es el prejuicio que la película pone frente al espejo.
Fuentes · para seguir leyendo
- Russo, V. (1987). The Celluloid Closet: Homosexuality in the Movies. Harper & Row.
- Buist, C. L. y Lenning, E. (2016). Queer Criminology. Routledge.
- Ball, M. (2016). Criminology and Queer Theory: Dangerous Bedfellows?. Palgrave Macmillan.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Por qué Frank-N-Furter (—) se convierte en villano?
Frank-N-Furter y la codificación queer llevada a su límite consciente: el "travesti transexual" que convierte la ambigüedad de género en amenaza sexual, pero para volver el prejuicio contra el propio espectador.
¿Qué teoría criminológica explica a Frank-N-Furter?
El caso de Frank-N-Furter se analiza desde la Criminología Queer. La criminología queer estudia el villano codificado por su transgresión de género. Frank-N-Furter, de The Rocky Horror Picture Show, lleva el tropo a su límite: un "travesti transexual" que convierte la ambigüedad de género en amenaza sexual explícita. Pero, a diferencia de Disney, la película es consciente del tropo y lo usa de forma subversiva, volviendo el prejuicio contra el espectador y convirtiendo a Frank en icono de liberación queer. Frank no es un villano queer sin más: es el tropo usado contra sí mismo.



