Maléfica, la «bruja» de La Bella Durmiente, es una de las villanas más imponentes jamás animadas: alta, angulosa, andrógina, con cuernos y capa negra, dueña de un reino propio y de un poder que nadie le concedió. Para la criminología queer, encarna la variante femenina del villano codificado —distinta de la de Scar o Jafar, pero del mismo tronco—. Su rasgo definitorio no es el amaneramiento, sino el rechazo del rol femenino normativo: Maléfica no tiene marido, no tiene hijos, no busca el amor ni la domesticidad. Es soberana, célibe, autosuficiente, y su poder no está al servicio de ningún hombre. Y la película escribe justamente eso —esa negativa a ocupar el lugar de esposa y madre— como la marca de su maldad.
// La teoríaEl poder femenino no domesticado como amenaza
La codificación queer, tal como la trabajan Buist y Lenning, no se limita al amaneramiento masculino: incluye toda transgresión de la norma de género. Maléfica transgrede la norma femenina. Frente a las princesas —jóvenes, dóciles, orientadas al matrimonio— y frente a las hadas madrinas maternales, ella es la mujer que se salió del molde: andrógina en el diseño, soberana en el poder, indiferente a la maternidad y al amor romántico. La cultura patriarcal codifica ese poder femenino no domesticado como antinatural, y la ficción lo traduce en villanía. Aquí la criminología queer se da la mano con la criminología feminista: ambas revelan que a la mujer que no se somete al rol asignado se la ha etiquetado, una y otra vez, como bruja, como monstruo, como desviada. Maléfica no es malvada por lo que hace; es presentada como malvada por lo que se niega a ser.
Etiquetar la diferencia, no castigar el acto
Maléfica muestra con nitidez la operación central del tropo: la villanía se ancla no en los actos, sino en la diferencia respecto a la norma. La mujer poderosa, andrógina y célibe es sospechosa antes de hacer nada, por lo que es. Esto conecta directamente con la teoría del etiquetamiento —la desviación como etiqueta que el poder pega— y con el estigma de Goffman: se marca a la persona por un rasgo (aquí, salirse del rol de género) y luego se lee todo lo demás a través de esa marca. Criticar la codificación de Maléfica no es asociar a las mujeres poderosas o a las personas queer con la maldad: es denunciar que la cultura convirtió la autonomía femenina y la androginia en señales de peligro. La persona a la que este análisis defiende es la mujer real que no quiso ser esposa ni madre, la persona queer que no encajó en el molde de género, y a la que durante siglos se llamó bruja por ello. Lo queer y la autonomía femenina no son desviaciones: lo desviado es el prejuicio que las castigó.
Maléfica
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// La grietaNi negar la codificación, ni aplanar todo villano femenino
La grieta sería negar que la androginia y la soberanía de Maléfica están codificadas como amenaza —el diseño angular, la ausencia deliberada de todo rasgo maternal y el contraste con las hadas domésticas lo desmienten—. La grieta opuesta es declarar que toda villana femenina poderosa es automáticamente un caso de codificación queer, cuando a veces solo es un arquetipo de antagonista. La lectura honesta distingue: en Maléfica el rechazo del rol de género está deliberadamente escrito como raíz de su maldad, y eso es el tropo en acción. No se trata de cancelar a Maléfica —de hecho, relecturas modernas la han rehumanizado como víctima, no como monstruo—, sino de reconocer el patrón cultural que castigó a la mujer soberana con la etiqueta de bruja, para dejar de reproducirlo.
Tres ideas clave
- Maléfica encarna la variante femenina del villano codificado: la mujer poderosa, andrógina y célibe que rechaza el rol de esposa y madre. Su poder no domesticado se escribe como la raíz de su maldad.
- El tropo ancla la villanía en la diferencia respecto a la norma de género, no en los actos: es sospechosa por lo que es, no por lo que hace. Conecta con la criminología feminista, el etiquetamiento y el estigma de Goffman.
- Criticar el tropo defiende a las mujeres autónomas y a las personas queer: se llamó bruja a quien no encajaba en el molde. La autonomía femenina y lo queer no son desviaciones; el prejuicio que las castigó sí lo es.
Fuentes · para seguir leyendo
- Russo, V. (1987). The Celluloid Closet: Homosexuality in the Movies. Harper & Row.
- Buist, C. L. y Lenning, E. (2016). Queer Criminology. Routledge.
- Federici, S. (2004). Calibán y la bruja. Autonomedia.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Por qué Maléfica (—) se convierte en villano?
Maléfica y la codificación queer: la figura andrógina, célibe y soberana cuyo poder no domesticado —fuera del molde de esposa y madre— se escribe como maldad.
¿Qué teoría criminológica explica a Maléfica?
El caso de Maléfica se analiza desde la Criminología Queer. La criminología queer estudia cómo la ficción codificó villanos que se salen de la norma de género. Maléfica, de La Bella Durmiente, encarna la variante femenina: la mujer poderosa, andrógina y célibe que rechaza el rol de esposa y madre, y cuyo poder no domesticado se codifica como maldad. La villana no lo es por lo que hace, sino por no encajar en el molde. Maléfica no es una villana queer: es una víctima del tropo que castigó a la mujer que no se somete a la norma.



