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Daniel Plainview: La rapiña que llamamos progreso

Pozos de ambición y la criminología crítica: hay saqueos tan enormes y tan legales que los celebramos como iniciativa y desarrollo. Daniel Plainview arrasa vidas y tierras para extraer petróleo — y nada de lo que hace es «delito»—. El daño del capital que la ley no nombra: el crimen que se disfraza de creación de riqueza.

Póster de Daniel Plainview, villano de Pozos de ambición
Pozos de ambición · Cine
Daniel Plainview
alias Plainview

Daniel Plainview empieza el siglo XX solo, en un agujero, sacando plata a mano. Termina convertido en un magnate del petróleo que ha arrasado todo a su paso — socios, rivales, comunidades enteras, la tierra misma— para extraer hasta la última gota. Miente a los pueblos para comprarles el subsuelo barato, aplasta a quien se interpone, y confiesa sin pudor que odia a la gente y que no soporta ver triunfar a nadie más. Y aquí está lo perturbador: casi nada de lo que hace Plainview es delito. Es un empresario, un pionero, un creador de empleo y riqueza. La criminología crítica lo mira y hace su pregunta de siempre — la que Gordon Gekko y Noah Cross ya nos plantearon—: ¿por qué el mayor de los saqueos, cuando lo firma el capital, se llama progreso?

// La teoríaEl daño que la ley no llama delito

La criminología crítica desplaza la pregunta del «¿por qué delinque este individuo?» al «¿quién decide qué es delito y qué daño queda fuera del código?». Su raíz es marxista: ya en 1916, Willem Bonger argumentó que el capitalismo es criminógeno — que una economía basada en la competencia y el lucro sin límite fomenta el egoísmo y la depredación, arriba y abajo—. Pero la ley, escrita por y para los poderosos, criminaliza sobre todo el daño de los de abajo (el robo, el desorden) y deja fuera el de los de arriba. Gekko nos mostró el delito de cuello blanco; Noah Cross, la impunidad del poder; Plainview lleva la crítica un paso más allá — hacia el daño que ni siquiera necesita ser «delito» para arrasar—: la extracción, el expolio de recursos, la destrucción de comunidades y territorios en nombre del negocio.

Para nombrar ese daño, la criminología crítica acuñó una idea clave: el daño social (lo que los criminólogos Hillyard y Tombs llaman zemiología, la ciencia del daño). Su tesis es demoledora: el derecho penal solo captura una porción pequeña y sesgada del sufrimiento que sufre una sociedad. Un atraco de mil euros es «delito»; una industria que envenena una comarca, arruina a miles de familias o deja un territorio yermo puede ser perfectamente legal — y causar un daño mil veces mayor—. Plainview es la personificación de ese daño legal: el suyo no es un crimen que burla la ley, es una devastación que la ley bendice, porque la hemos definido como creación de riqueza. La criminología crítica pide mirar el sufrimiento por el sufrimiento, lleve o no la etiqueta de «crimen».

"I have a competition in me. I want no one else to succeed. I hate most people."Daniel Plainview — Pozos de ambición
Concepto clave

Medir el daño, no la etiqueta

La clave que Plainview desnuda es que «delito» y «daño» no son lo mismo — y que confundirlos deja fuera de la vista los peores estragos—. La ley traza una línea arbitraria: a un lado, lo que llama crimen (y persigue); al otro, lo que llama negocio, progreso o desarrollo (y celebra). Plainview vive entero al lado bueno de esa línea mientras causa un daño que, por su escala, empequeñece a casi todos los villanos de este archivo — vidas rotas, un hijo instrumentalizado, pueblos engañados, una tierra saqueada—. La criminología crítica no pide meterlo en la cárcel por cada uno de esos daños (muchos no son legalmente delito); pide algo más incómodo: que nos preguntemos por qué hemos organizado la ley de modo que el saqueo a gran escala quede fuera de ella. Medir el daño por el daño —y no por si tiene o no un artículo en el código— cambia por completo el mapa de quién hace más mal en una sociedad. Y en ese mapa, Plainview no es un empresario ejemplar con métodos duros: es uno de sus mayores depredadores.

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// El sujetoEl vacío detrás de la fortuna

Lo que hace de Plainview un caso más rico que un simple magnate sin escrúpulos es que la película no lo reduce a una teoría económica: le da un alma, y está vacía. Su ambición no busca disfrute ni siquiera comodidad — busca ganar, aplastar, quedarse solo en la cima—. «Tengo una competición dentro; no quiero que nadie más triunfe; odio a la mayoría de la gente», confiesa, y en esa frase hay algo que ninguna teoría del capital agota: una misantropía que precede al dinero y que el dinero solo alimenta. Ahí está el matiz honesto — y la grieta— de leer a Plainview solo como «producto del capitalismo»: es también un retrato psicológico de un hombre roto, cuya sed no se sacia con nada. Pero las dos lecturas se necesitan: el sistema le dio el escenario perfecto —una frontera sin ley donde la depredación se premiaba— y él le puso la biografía. El capitalismo no fabricó su vacío; pero le ofreció el único lenguaje —acumular, arrasar, poseer— en el que ese vacío podía expresarse como éxito.

Daniel Plainview

Plainview · Pozos de ambición
INT 82MAN 80VIO 78EMP 5
AmbiciosoMisántropoDespiadado
MotivaciónAcumular petróleo y desprecio hasta no necesitar a nadie ni fingir que le importa
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// La grietaNi todo es el sistema, ni el sistema es inocente

La criminología crítica tiene grietas que conviene no esquivar. La primera: no todo daño empresarial es equiparable a un crimen, ni todo lucro es rapiña — hace falta señalar daños concretos (el pueblo engañado, la tierra envenenada, la vida instrumentalizada), no una condena genérica contra la empresa o la riqueza—. Reducirlo todo a «el capitalismo es el crimen» vacía el análisis y confunde el negocio honesto con el saqueo. La segunda, ya la vimos con la teoría: en su versión más ingenua, el enfoque crítico puede olvidar al delincuente común y sus víctimas reales, casi siempre pobres. Plainview no debe hacernos olvidar al atracador; debe hacernos preguntar por qué al atracador lo perseguimos con todo el peso de la ley y al que arrasa un territorio lo invitamos a cortar la cinta de una nueva refinería.

Y hay una cautela sobre el propio Plainview: es ficción, y como tal concentra en un solo hombre monstruoso un daño que, en la realidad, suele ser difuso y sin rostro — el de corporaciones, cadenas de decisiones, responsabilidades repartidas hasta desaparecer—. Ese es, de hecho, uno de los grandes hallazgos de la criminología del daño corporativo (Tombs y Whyte): que el daño del capital rara vez tiene un villano tan nítido como Plainview, y que precisamente por eso escapa al derecho penal, pensado para culpables individuales. Un Plainview de carne y hueso es fácil de señalar; lo difícil —y lo urgente— es aprender a ver, y a nombrar como daño, la devastación que no lleva firma, la que se diluye en un consejo de administración y una hoja de resultados.

Por qué importa

Ampliar la mirada del daño

Plainview importa porque su lógica —extraer, arrasar, acumular sin límite ni cuentas— no es cosa del pasado ni de la ficción: es la de buena parte del daño ambiental, laboral y económico que marca nuestro presente, y que seguimos sin llamar «crimen». La criminología crítica no pide meter en la cárcel a todo empresario; pide ampliar la mirada: dejar de medir el mal de una sociedad solo por su código penal —que captura el hurto y se le escapa el expolio— y empezar a contar también el daño social, venga con etiqueta legal o sin ella. Eso significa perseguir de verdad los delitos ambientales y corporativos, hacer responsables a las empresas del sufrimiento que causan, y desconfiar del relato que convierte automáticamente toda acumulación en «progreso». Mientras la mayor rapiña siga saliendo en la sección de economía y no en la de sucesos, seguiremos aplaudiendo a los Plainview del mundo mientras condenamos al que roba una cartera — y llamando desarrollo a lo que, medido por el daño, es uno de los peores crímenes que una sociedad permite—.

Por eso Pozos de ambición termina como termina —con un Plainview riquísimo, solo y monstruoso, murmurando «he terminado» sobre un cadáver— y no como una historia de castigo: porque a hombres así, la ley no los castiga, los homenajea. La película es criminología crítica hecha imagen: el retrato de cómo una sociedad puede organizar su moral y su derecho de modo que el mayor de los depredadores muera rico y respetado, con su daño convertido en patrimonio. Plainview no burló ninguna ley. Ese es, exactamente, el problema — y la razón por la que la criminología crítica insiste en mirar más allá de ella—: porque hay saqueos tan grandes que hemos decidido no llamarlos por su nombre, y llamarlos, en cambio, riqueza.

En resumen

Tres ideas clave

  • La criminología crítica (Bonger: el capitalismo como criminógeno) mira el daño de los poderosos que la ley no nombra. Plainview la lleva más allá del cuello blanco: un daño devastador (personas, comunidades, territorio) que no solo es legal, sino que celebramos como «progreso».
  • Su concepto clave es el daño social (Hillyard y Tombs, zemiología): el código penal captura solo una porción sesgada del sufrimiento — un atraco es «delito», envenenar una comarca puede ser legal—. Hay que medir el daño por el daño, con etiqueta penal o sin ella.
  • Las grietas: no todo lucro es rapiña (señalar daños concretos, no condenar la riqueza en bloque); y el daño real del capital suele ser difuso y sin rostro (Tombs y Whyte), no un villano nítido como Plainview — por eso escapa a un derecho pensado para culpables individuales—.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Bonger, W. A. (1916). Criminality and Economic Conditions. Little, Brown.
  • Hillyard, P., Pantazis, C., Tombs, S. y Gordon, D. (eds.) (2004). Beyond Criminology: Taking Harm Seriously. Pluto Press.
  • Tombs, S. y Whyte, D. (2015). The Corporate Criminal: Why Corporations Must Be Abolished. Routledge.
  • Reiman, J. (1979). The Rich Get Richer and the Poor Get Prison. Wiley.

Dudas del expedientePreguntas frecuentes

¿Por qué Daniel Plainview se convierte en villano?

Pozos de ambición y la criminología crítica: hay saqueos tan enormes y tan legales que los celebramos como iniciativa y desarrollo. Daniel Plainview arrasa vidas y tierras para extraer petróleo — y nada de lo que hace es «delito»—. El daño del capital que la ley no nombra: el crimen que se disfraza de creación de riqueza.

¿Qué teoría criminológica explica a Daniel Plainview?

El caso de Daniel Plainview se analiza desde la Criminología crítica. La criminología crítica sostiene que el daño de los poderosos —el que causa el capital al extraer, explotar y contaminar— rara vez se define como «delito», mientras la ley cae con dureza sobre los de abajo. Daniel Plainview la ilustra en su forma más pura: un daño devastador (a personas, comunidades y territorios) que la sociedad no solo tolera, sino que celebra como iniciativa y desarrollo. Su caso empuja la teoría más allá del delito de cuello blanco, hacia la idea del «daño social»: medir el sufrimiento por el sufrimiento, tenga o no una etiqueta penal.

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