Durante un siglo, la criminología explicó el delito estudiando a hombres y generalizando el resultado a todo el mundo. Las mujeres fueron una nota al pie —la "cifra oscura" de la teoría—. La criminología feminista hace las preguntas que esa ausencia escondía: ¿por qué las mujeres delinquen mucho menos, por qué se las juzga distinto y por qué apenas se las estudió?
Criminología feminista de un vistazo
- Autoras
- Smart · Adler y Simon · Chesney-Lind · Daly · Messerschmidt
- Año / época
- 1975–1976 en adelante
- Familia
- Crítica (feminista)
- Idea
- El género moldea el delito, la victimización y la justicia; la disciplina lo ignoró
Brecha de género + trayectorias desde la victimización + castigo generizado → una criminología incompleta sin el género// OrigenDe la ausencia a la crítica
El punto de partida es un dato robusto: en todas las sociedades, las mujeres cometen mucho menos delito —sobre todo violento— que los hombres. La brecha de género es de las regularidades más sólidas de la disciplina, y sin embargo se ignoró. En 1976, Carol Smart denunció esa ausencia y los mitos sexistas que la rodeaban. Antes, Freda Adler (Sisters in Crime, 1975) y Rita Simon habían lanzado la tesis de la liberación: a medida que las mujeres ganan libertad, su criminalidad se acercaría a la masculina.
El giro de fondo no fue "añadir mujeres", sino preguntar cómo el género moldea el delito, la victimización y la justicia. Meda Chesney-Lind mostró que muchas trayectorias femeninas nacen de la victimización —abuso, huida, supervivencia— en un sistema patriarcal. Y quedó la gran pregunta: si más del 80 % de la violencia la cometen hombres, ¿qué nos dice eso sobre la masculinidad y el crimen?
Caballerosidad y doble desviación
Dos ideas en tensión. La tesis de la caballerosidad (Otto Pollak, 1950): policías y jueces —varones— tratarían con más indulgencia a las mujeres. Y su reverso, la doble desviación: la mujer que delinque es castigada dos veces —por romper la ley y por romper el papel femenino que se esperaba de ella—. El sistema no la lee como delincuente sin más, sino como delincuente y mala mujer.
La trayectoria de género hacia el delito, paso a paso
- 1Victimización tempranaAbuso sexual o físico y negligencia marcan muchas trayectorias femeninas (Chesney-Lind)
- 2Huida y supervivenciaEscapar del hogar violento empuja a la calle, la adicción y las relaciones abusivas
- 3Criminalización de la supervivenciaDelitos ligados a drogas y pobreza más que a la violencia; pesa la marginación, no la liberación
- 4Doble desviación en el castigoSe la juzga dos veces: por romper la ley y por romper el papel femenino esperado
- 5Penas de géneroUn sistema pensado para hombres reproduce el trauma: cárceles lejos de los hijos, programas de otro perfil
La otra cara del mismo mecanismo: si el 80 % de la violencia la cometen hombres, la pregunta con respuesta es qué hace la masculinidad con el delito.
// En la ficciónLa villana bajo la lupa del género
Ratched ejerce un poder institucional que la ficción codifica como monstruoso precisamente por venir de una mujer que controla. Annie y Alex se cuentan a través del cliché de la mujer "obsesiva" e "histérica": el propio sesgo de género hecho relato. Cersei encarna a quien, en un mundo patriarcal, solo halla en la crueldad un camino al poder que se le niega. Y Kathryn convierte en arma la misma feminidad que la sociedad le exige.





Villanas leídas —también por la ficción— a través del género. Pulsa para conocerlas.
// CríticasLas grietas
La tesis de la liberación falló en gran parte: la criminalidad femenina creció poco y sobre todo entre las mujeres pobres, no entre las liberadas —es la marginación, no la emancipación, la que empuja—. Además, la primera criminología feminista fue criticada por centrarse en la mujer blanca y occidental: la interseccionalidad (Crenshaw) recordó que género, raza y clase actúan a la vez. Y conviene precisar: no hay una criminología feminista, sino varias.
// La masculinidadLa pregunta que faltaba
La pista más provocadora la dejó caer James Messerschmidt: si el género explica algo del delito, lo urgente no es entender a la mujer que delinque, sino al hombre que lo hace tanto. Para él, muchos delitos son una forma de «hacer género» —de demostrar hombría cuando faltan otras vías—: la pelea, el coche robado, el desafío a la autoridad sirven para actuar una masculinidad hegemónica que la cultura premia y a la vez niega a los chicos sin dinero ni estatus. Visto así, la violencia no es lo contrario de lo que se espera de un hombre: a menudo es su exageración. Es la vuelta de tuerca definitiva —durante un siglo se preguntó «¿por qué delinquen las mujeres?» cuando la pregunta con respuesta era la contraria—.
// TrayectoriasRutas propias, penas de género
La corriente maduró en varias direcciones. La investigación de las trayectorias (pathways) de Kathleen Daly reconstruyó cómo muchas mujeres llegan al delito por rutas propias —abuso infantil, huida del hogar, adicción, relaciones violentas—, distintas de las masculinas. Y el sistema penal, pensado por y para hombres, les inflige «penas de género»: cárceles lejos de sus hijos, cacheos que reproducen la violencia sexual ya sufrida, programas diseñados para otro perfil. El encarcelamiento femenino es, además, de los que más rápido crecen en el mundo, casi siempre por delitos no violentos ligados a las drogas y la pobreza —justo lo que la marginación, no la liberación, predecía—.
Ese hallazgo tiene efecto práctico: los programas sensibles al género —que atienden el trauma, la maternidad y la adicción en vez de aplicar el molde masculino— reducen mejor la reincidencia femenina. Y plantea la pregunta de la generalización: ¿de verdad sirven para las mujeres las teorías construidas observando solo a hombres? La respuesta feminista es que no del todo, y que descubrirlo no debilita la criminología: la vuelve más precisa para todos.
La corriente que rescató a la mitad olvidada
La criminología feminista corrigió un punto ciego de un siglo: reveló la brecha de género como la mayor pista del campo, cambió el trato a las mujeres que delinquen con la investigación de trayectorias, y desplazó el foco hacia la masculinidad como factor del delito. Está detrás de los programas sensibles al género y de cómo la justicia aborda hoy la violencia machista.
- 1950Pollak formula la «tesis de la caballerosidad»: a las mujeres se las trataría con más indulgencia.
- 1975Adler (Sisters in Crime) lanza la tesis de la liberación, que la evidencia luego desmentiría.
- 1976Carol Smart denuncia la ausencia de la mujer y los mitos sexistas de la disciplina.
- 1993Messerschmidt desplaza la pregunta hacia la masculinidad: el delito como forma de «hacer género».
// Por qué importaLa mitad que faltaba
Corrigió un punto ciego enorme. Las trayectorias de género (de la victimización al delito) cambiaron cómo se trata a las mujeres que delinquen; la brecha de género se reveló como la mayor pista de toda la criminología —lo que explique por qué ellas delinquen menos quizá explique el delito en sí—; y quedó al descubierto cómo la justicia trata de forma distinta a mujeres, agresores y víctimas de violencia machista. No era un apéndice: era la mitad que faltaba.
Luces y sombras
- Corrigió un punto ciego de un siglo: puso la brecha de género —la mayor regularidad del campo— en el centro.
- La investigación de trayectorias (Daly, Chesney-Lind) explicó rutas femeninas propias, de la victimización al delito.
- Reveló el castigo generizado (caballerosidad, doble desviación, penas de género) y mejoró los programas sensibles al género.
- Su vuelta de tuerca —estudiar la masculinidad— abrió la pregunta más fértil sobre la violencia.
- La tesis de la liberación (Adler, Simon) falló: pesó más la marginación que la emancipación.
- La primera oleada se centró en la mujer blanca y occidental; la interseccionalidad (Crenshaw) corrigió el sesgo.
- No hay una criminología feminista, sino varias en tensión: liberal, radical, socialista, posmoderna.
- Sus hallazgos conviven con la dificultad de generalizar teorías construidas observando solo a hombres.
Tres ideas clave
- La criminología nació ciega al género: la brecha (las mujeres delinquen mucho menos) se ignoró pese a ser un dato clave —quizá la mayor pista del campo—.
- La tesis de la liberación (Adler, Simon) falló; pesa más la marginación y las trayectorias desde la victimización (Chesney-Lind) que la emancipación.
- El género también condiciona el castigo: caballerosidad y doble desviación (se juzga el delito y el "ser mala mujer"). Y la ficción arrastra el mismo sesgo.
Fuentes · para seguir leyendo
- Pollak, O. (1950). The Criminality of Women. University of Pennsylvania Press.
- Adler, F. (1975). Sisters in Crime: The Rise of the New Female Criminal. McGraw-Hill.
- Smart, C. (1976). Women, Crime and Criminology: A Feminist Critique. Routledge & Kegan Paul.
- Daly, K. & Chesney-Lind, M. (1988). «Feminism and Criminology». Justice Quarterly, 5(4).
- Messerschmidt, J. W. (1993). Masculinities and Crime. Rowman & Littlefield.
- Chesney-Lind, M. (1989). «Girls’ Crime and Woman’s Place». Crime & Delinquency, 35(1).