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Bernardo Gui (El inquisidor): El inquisidor que no buscaba al asesino, sino a un hereje al que llamar asesino

Bernardo Gui y el etiquetamiento: en El nombre de la rosa, el inquisidor dominicano llega a la abadía, detiene a un cillerero con un pasado herético, a un monje deforme y a una muchacha del pueblo, y con la amenaza del tormento obtiene una confesión que resuelve los crímenes. Solo que no fueron ellos. Howard Becker explicó que la desviación no es una cualidad del acto, sino de la etiqueta que alguien con poder consigue pegar.

Póster de Bernardo Gui, villano de El nombre de la rosa
El nombre de la rosa · Literatura
Bernardo Gui
alias El inquisidor

En El nombre de la rosa, una delegación papal llega desde Aviñón a la abadía para un encuentro con los franciscanos sobre la pobreza de Cristo, una disputa con enormes consecuencias políticas. Con ella viene Bernardo Gui, el inquisidor dominico. Guillermo de Baskerville, que fue inquisidor y abandonó el cargo, lo conoce y lo teme. Esa misma noche, los arqueros de Gui sorprenden a Salvatore, un monje deforme que habla una mezcla de lenguas, con una muchacha pobre del pueblo, un gallo negro y un gato: a ojos de Gui, los materiales de la brujería. Poco después detienen al cillerero, Remigio de Varagine. Gui sabe, o descubre enseguida, que los dos hombres fueron seguidores de fray Dolcino, un predicador radical cuyo movimiento fue aplastado y que murió en la hoguera en 1307. En un juicio público, con los instrumentos de tortura a la vista, Remigio confiesa su pasado herético y después, roto, los asesinatos de la abadía, que no cometió. Gui da por resueltos los crímenes y por descubierta la conspiración de los herejes, una conclusión que sirve además para desacreditar a los franciscanos. Se marcha a Aviñón con el cillerero, Salvatore y la muchacha, para que los quemen.

// La teoríaLa etiqueta hace al desviado

En 1938, Frank Tannenbaum describió la «dramatización del mal»: el proceso por el que la reacción de una comunidad ante un acto convierte a quien lo cometió en un delincuente ante sus propios ojos. Edwin Lemert distinguió entre la desviación primaria y la secundaria que produce esa reacción. En Outsiders (1963), Howard Becker dio al enfoque su fórmula más famosa: la desviación la crean los grupos sociales que hacen normas y las aplican a personas concretas, a las que etiquetan como marginados. Becker llamó la atención sobre los emprendedores morales, que crean y hacen cumplir las normas, y sobre el hecho de que la etiqueta depende de quién la aplica y a quién, no solo de lo que se hizo. Kai Erikson, en Wayward Puritans (1966), estudió los juicios de brujas de Salem como un caso en el que una comunidad definía sus fronteras encontrando desviados. La investigación sobre confesiones falsas, de Saul Kassin y otros, ha mostrado después cómo un interrogatorio bajo presión puede llevar a personas inocentes a confesar delitos que no cometieron.

«La desviación no es una cualidad del acto que la persona comete, sino una consecuencia de que otros apliquen normas y sanciones a un “infractor”».Howard S. Becker, Outsiders (1963)
Concepto clave

Una confesión que sirve a todos menos a la verdad

El método de Gui es el etiquetamiento en su forma más institucional. La categoría existe de antemano: herejes, brujas, dolcinianos. Los candidatos se eligen por su vulnerabilidad: un monje deforme que no habla bien ninguna lengua, una muchacha hambrienta de fuera de los muros, un cillerero con un pasado oculto. Las pruebas se leen a través de la etiqueta: un gallo negro y un gato se convierten en instrumentos de hechicería. La confesión completa el proceso: bajo la amenaza de la tortura, Remigio acepta la identidad que se le ofrece, y una vez que ha admitido ser hereje, los asesinatos encajan en la misma historia. El caso se cierra no porque sea verdad, sino porque es útil: al inquisidor, al partido papal en su disputa con los franciscanos y a una abadía que prefiere un hereje a un escándalo. Guillermo, que sabe que el verdadero asesino está en otra parte, no puede impedirlo.

// El sujetoEl inquisidor y el hombre que hay detrás

El Gui de Eco es frío, inteligente y seguro de sí. Conoce el procedimiento a la perfección y lo aplica sin crueldad gratuita, lo que lo hace más temible: el daño que causa es el resultado normal del método. Está además basado en una persona real. Bernardo Gui (h. 1261-1331) fue durante muchos años inquisidor dominico en Toulouse y autor de un manual de práctica inquisitorial, la Practica inquisitionis heretice pravitatis, y después llegó a obispo. Los historiadores han señalado que el retrato de la novela es más oscuro de lo que sugieren los documentos: la mayoría de sus sentencias conservadas impusieron penitencias, peregrinaciones o prisión, y una minoría envió a personas a la hoguera. Eco lo usó, como Dumas a Richelieu, como el rostro de una institución.

Bernardo Gui

El inquisidor · El nombre de la rosa
INT 85MAN 80VIO 65EMP 10
Fabrica culpablesConfesión bajo amenazaLleva a tres a la hoguera
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// La grietaLas etiquetas no crean todos los delitos

La teoría del etiquetamiento explica muy bien el juicio de Gui, pero tiene límites conocidos. Dice poco de por qué las personas cometen los actos que luego se etiquetan, y puede leerse como si toda desviación la inventaran quienes reaccionan ante ella. En la novela hay crímenes reales y un asesino real; el problema no es que nadie matara, sino que se culpa a quien no fue. Críticos como Gove sostuvieron que la teoría del etiquetamiento exageraba el efecto de las etiquetas sobre la conducta y descuidaba los actos mismos. Una lectura más precisa de Gui es que aplica la etiqueta donde le conviene, mientras que el verdadero culpable, un monje respetado, nunca entra en sus cálculos.

El otro límite es histórico. El Gui real trabajaba dentro de un procedimiento jurídico que, para los criterios de su tiempo, exigía pruebas y confesión, por coactiva que fuera; la novela comprime su carrera en un único juicio teatral. Dentro de la ficción, Gui eligió enviar a tres personas a la hoguera por crímenes que sabía no probados. Lo que añade la teoría del etiquetamiento es que su juicio no fue un fallo de la justicia, sino la justicia funcionando tal como estaba diseñada: encontrar a las personas que el sistema ya estaba buscando.

Por qué importa

Confesiones falsas, condenas reales

Los estudios sobre condenas erróneas han encontrado que las confesiones falsas aparecen en una parte importante de los casos anulados después gracias a pruebas de ADN. Las personas con más riesgo de confesar en falso son los jóvenes, las personas con discapacidad intelectual, los asustados y los marginados: los Salvatore y los Remigio de cada época. La investigación de Kassin y otros ha mostrado que los métodos de interrogatorio que combinan presión, aislamiento y la sugerencia de que confesar traerá alivio pueden producir confesiones detalladas de personas inocentes. Gui es una figura medieval, pero su método no lo es. Allí donde los investigadores ya saben a quién buscan, una confesión puede convertirse en una manera de confirmar la etiqueta y no de encontrar la verdad.

En resumen

Tres ideas clave

  • La teoría del etiquetamiento (Tannenbaum, 1938; Lemert, 1951; Becker, 1963) sostiene que la desviación está en la reacción social: quien tiene poder define al desviado, y la etiqueta puede convertirse en la identidad de la persona. La investigación sobre confesiones falsas muestra cómo la presión fabrica culpables.
  • Bernardo Gui, el inquisidor de El nombre de la rosa, detiene a Salvatore, a Remigio y a una muchacha del pueblo, saca a la luz el pasado dolciniano de los dos hombres y, con la amenaza de la tortura, arranca a Remigio la confesión de unos asesinatos que no cometió. Se los lleva a los tres a Aviñón para quemarlos.
  • La grieta: la teoría explica el juicio, no los crímenes reales, y el Gui de Eco es más oscuro que el histórico. Aun así, dentro de la ficción, eligió enviar a tres personas a la hoguera.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Becker, H. S. (1963). Outsiders: Studies in the Sociology of Deviance. Free Press.
  • Erikson, K. T. (1966). Wayward Puritans: A Study in the Sociology of Deviance. Wiley.
  • Kassin, S. M. et al. (2010). «Police-Induced Confessions: Risk Factors and Recommendations». Law and Human Behavior, 34(1), 3-38.
  • Eco, U. (1980). Il nome della rosa. Bompiani.

Dudas del expedientePreguntas frecuentes

¿Quién es Bernardo Gui?

Bernardo Gui («El inquisidor») es un villano de El nombre de la rosa, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Le enseñaron los instrumentos y Remigio confesó: la herejía, que era verdad, y los asesinatos, que no lo eran.

¿Por qué Bernardo Gui (El inquisidor) se convierte en villano?

Bernardo Gui y el etiquetamiento: en El nombre de la rosa, el inquisidor dominicano llega a la abadía, detiene a un cillerero con un pasado herético, a un monje deforme y a una muchacha del pueblo, y con la amenaza del tormento obtiene una confesión que resuelve los crímenes. Solo que no fueron ellos. Howard Becker explicó que la desviación no es una cualidad del acto, sino de la etiqueta que alguien con poder consigue pegar.

¿Qué teoría criminológica explica a Bernardo Gui?

El caso de Bernardo Gui se analiza desde la Etiquetamiento. La teoría del etiquetamiento (Tannenbaum, Lemert, Becker) sostiene que la desviación no está en el acto, sino en la reacción social: alguien con poder define una conducta como desviada y aplica esa etiqueta a personas concretas, que a menudo acaban asumiéndola. Bernardo Gui, el inquisidor de El nombre de la rosa (1980), inspirado en un dominico real del siglo XIV, es la etiqueta hecha institución. No investiga los crímenes de la abadía: busca herejes, porque su oficio consiste en encontrarlos, y los encuentra en tres personas débiles a las que convierte en culpables mediante la confesión. Eco lo opone a Guillermo de Baskerville como se opone la fabricación de culpables a la búsqueda de la verdad.

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