Se alza el telón de Las brujas de Salem (Arthur Miller, 1953) y el reverendo Samuel Parris está de rodillas junto a la cama de su hija Betty, que no despierta desde que él la sorprendió bailando en el bosque con su prima Abigail, otras muchachas y su esclava Tituba. Llega recado del médico: no encuentra remedio en sus libros y sugiere buscar causas sobrenaturales. Parris lo niega en el acto y ordena a la mensajera que no hable de ello. A solas con Abigail, lo que quiere saber es qué podrían usar sus enemigos: hay una facción que se ha jurado echarlo del púlpito, y lo ocurrido en el bosque les vendría muy bien. Ese orden de prioridades lo explica entero. Ha mandado llamar al reverendo Hale, un experto en brujería de Beverly, con la esperanza de que lo descarte; cuando la sospecha prende de todos modos, Parris apoya las acusaciones, se enfrenta a quienes las cuestionan, como John Proctor, y se convierte en uno de los motores del proceso. Al final, cuando el pueblo se vuelve contra el tribunal y Abigail huye robándole los ahorros, pide a Danforth que aplace las ejecuciones porque teme por su vida.
// La teoríaUna sucesión de cálculos
La teoría de la elección racional, formulada en criminología por Derek Cornish y Ronald Clarke (1986) a partir de la economía de Gary Becker, entiende el delito como una decisión: quien actúa pesa beneficios y costes con la información de que dispone. No hace falta ser malvado para causar daño; basta con elegir, en cada momento, lo que más conviene a uno mismo. La teoría es especialmente útil para entender a los actores que no inician una injusticia, pero la alimentan porque oponerse les saldría caro.
El interés propio como motor
Parris no cree necesariamente en las brujas; cree en su puesto. Cada decisión suya se entiende mejor como un cálculo que como fe. Llamar a Hale le protege: si hay brujería, él es una víctima y no el pastor negligente cuya hija bailaba con el diablo. Apoyar las acusaciones le protege: sus enemigos en el pueblo pueden quedar señalados. Atacar a Proctor le protege: Proctor criticaba su codicia. Y pedir que se aplacen las ejecuciones al final también le protege, porque una noche, al abrir la puerta de su casa, ha caído un puñal a sus pies. En ningún momento se pregunta qué es justo.
// El sujetoUn pastor que se sentía perseguido
Miller hace de Parris un hombre mezquino más que malvado. Se queja de que la aldea no le respeta, mide su valor por la leña que recibe y por el oro de los candelabros, y vive pendiente de lo que dirán. Esa inseguridad le hace peligroso, porque convierte cada crisis en una amenaza personal. Cuando la persecución empieza, Parris descubre que estar del lado de los acusadores es lo más seguro. Su tragedia es que no puede salirse cuando el cálculo cambia: su propia sobrina le roba y desaparece, y el pueblo le culpa a él.
Miller deja tres momentos en los que el cálculo se ve a simple vista. En el primer acto, delante de Proctor y de los Putnam, Parris se queja de ser el tercer predicador en siete años y avisa de que no piensa dejarse echar como al gato cada vez que a una mayoría le dé el capricho; en cuanto Proctor protesta, ve una facción y un partido contra él. En el tercer acto, cuando Proctor presenta noventa y una firmas de vecinos a favor de las acusadas, es Parris quien propone citar a los firmantes para interrogarlos y quien llama a la petición ataque al tribunal; poco después reta a Mary Warren a desmayarse allí mismo, sin espíritus a la vista, para demostrar que fingía. Y en el cuarto acto, con la caja fuerte forzada, treinta y una libras menos y rumores de rebelión en Andover, pide el aplazamiento con un argumento que no menciona la inocencia: los que se ahorcaban hasta entonces eran de otra clase, y Rebecca Nurse en el patíbulo puede despertar una venganza. Lo que necesita es una sola confesión que, dice, condenaría a los demás ante el público. Su problema nunca son los muertos, sino el coste de matar a gente respetada.
Reverendo Parris
Llévate gratis el mapa de las teorías
Suscríbete al archivo criminal —un caso a la semana, sin spam— y te regalo El mapa de las teorías: las grandes corrientes de la criminología en una sola lámina.
// La grietaLa racionalidad individual no protege del desastre colectivo
La elección racional explica bien a Parris porque reduce su conducta a lo que realmente le mueve. Pero tiene un límite: describe las decisiones de cada uno, no el resultado de todas juntas. En Salem, muchos actuaron como Parris, protegiendo su posición, sus tierras o su reputación, y la suma de esas decisiones individualmente razonables produjo una catástrofe que nadie quería del todo.
Tampoco explica por qué otros, en la misma situación, eligieron lo contrario. John Proctor, Rebecca Nurse o Giles Corey tenían mucho que perder y se negaron a mentir. La teoría puede incorporar esos valores como costes morales, pero entonces deja de explicar por qué pesaron tanto en unos y tan poco en Parris.
Quien alimenta la injusticia sin iniciarla
Las grandes injusticias rara vez las protagonizan solo fanáticos; necesitan a muchas personas como Parris, que no las iniciaron pero las sostienen porque les conviene o porque oponerse sería arriesgado. La investigación sobre crímenes organizacionales y abusos institucionales describe ese papel: el cargo intermedio que calla, el responsable que protege a la institución antes que a las víctimas. Reconocer ese cálculo es el primer paso para cambiar los incentivos: proteger a quien denuncia y hacer que callar salga caro.
Tres ideas clave
- La elección racional (Cornish y Clarke, 1986; Becker, 1968) entiende la conducta como una decisión entre beneficios y costes: no hace falta ser malvado para causar daño, basta con elegir lo que a uno le conviene.
- Parris alimenta la caza de brujas para proteger su reputación y su puesto: llama al experto, apoya las acusaciones y ataca a quien le critica, y solo pide clemencia cuando teme por su vida.
- La grieta: la teoría explica las decisiones de cada uno, no la catástrofe que producen todas juntas, ni por qué otros eligieron no mentir.
Fuentes · para seguir leyendo
- Cornish, D. B. y Clarke, R. V. (eds.) (1986). The Reasoning Criminal: Rational Choice Perspectives on Offending. Springer-Verlag.
- Becker, G. S. (1968). «Crime and Punishment: An Economic Approach». Journal of Political Economy, 76(2), 169-217.
- Boyer, P. y Nissenbaum, S. (1974). Salem Possessed: The Social Origins of Witchcraft. Harvard University Press.
- Miller, A. (1953). The Crucible. Viking Press.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Reverendo Parris?
Reverendo Parris es un villano de Las brujas de Salem, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Le preocupaba la leña de su casa, su salario y los candelabros de oro del altar.
¿Por qué Reverendo Parris se convierte en villano?
La elección racional explica al reverendo Parris mejor que la fe: cada paso que da en Salem protege su púlpito, y la suma de esos cálculos pequeños acaba en la horca.
¿Qué teoría criminológica explica a Reverendo Parris?
El caso de Reverendo Parris se analiza desde la Elección racional. La teoría de la elección racional sostiene que quien actúa sopesa beneficios y riesgos y elige lo que más le conviene. El reverendo Samuel Parris, de Las brujas de Salem (Arthur Miller, 1953), es un pastor inseguro y codicioso, rodeado de feligreses que le discuten el salario. Cuando descubre a su hija y a su sobrina Abigail bailando en el bosque, su primera preocupación es su reputación. A partir de ahí, cada paso que da —llamar a un experto en brujería, apoyar las acusaciones, desconfiar de quien las cuestiona— es el que mejor protege su posición. Ninguna de sus decisiones es la de un fanático. Todas son las de un hombre que calcula.








