En el primer acto de El Zorro, el musical, Diego de la Vega vuelve de España a su pueblo de California y lo encuentra en manos de Ramón, su amigo de la infancia. Lo primero que ve de él es una sentencia. Tres hombres han metido piedras en sus sacos de grano para cobrar algo más y dar de comer a sus familias hambrientas, y Ramón los condena a muerte. Mientras se los llevan, sus mujeres le gritan su odio. Al día siguiente los conducen a la horca, y la soga todavía no se ha apretado cuando aparece por primera vez un enmascarado que el pueblo bautizará como el Zorro. Así lo cuenta el libreto estrenado en Londres en 2008. La versión que llega al Teatro La Latina de Madrid, traducida y adaptada por Daniel Anglès y Marc Gómez, con David Bustamante como Diego y Robert González como Ramón, presenta al villano como gobernador del territorio, y puede cambiar detalles de escena que aquí no se pueden confirmar antes del estreno. Este expediente cuenta también cómo termina Ramón.
// La teoríaLa pena es dolor, y alguien lo decide
El abolicionismo penal nació en el norte de Europa. El noruego Thomas Mathiesen le dio nombre en The Politics of Abolition (1974). Su compatriota Nils Christie le dio doctrina en dos textos: el artículo «Conflicts as Property» (1977), según el cual el sistema penal se apropia de los conflictos que pertenecen a las personas, y el libro Los límites del dolor (1981), que llama a la pena por su nombre: dolor infligido a propósito. Christie no pedía mejores formas de infligirlo, sino sociedades que necesitaran infligir menos. El holandés Louk Hulsman, en Peines perdues (1982, con Jacqueline Bernat de Celis), propuso dejar de hablar de «delitos» y hablar de situaciones problemáticas, que admiten muchas lecturas: una deuda que saldar, una necesidad que atender, un malentendido que mediar. El castigo es solo una de ellas, y a menudo la peor.
Un conflicto que nadie devuelve a sus dueños
El caso de los sacos de grano es una situación problemática de manual. Hay un daño pequeño y medible: unos kilos de piedra vendidos como grano. Hay una causa visible, el hambre de tres familias. Y hay salidas que reparan: devolver la diferencia, pagar en trabajo, atender la necesidad que lo provocó. El libreto ni siquiera dice a quién estafaron, y eso es lo que Christie describe: la víctima desaparece en cuanto el poder se queda con el caso. Ramón no lo resuelve; lo traduce a un delito capital y responde con la forma más absoluta de dolor deliberado, la horca.
// El sujetoEl amigo que se quedó con el pueblo
Ramón no llegó al poder por asalto. En el libreto de Londres, al empezar la obra, Don Alejandro, el padre de Diego, lo nombra capitán del ejército, y Diego y Luisa se alegran por su amigo. Cuando vuelven, Ramón ha despojado al pueblo de sus derechos y gobierna desde que Alejandro «murió». No ha muerto: Ramón lo tiene preso en secreto. Es una detención sin juicio y sin registro, la pena llevada al lugar donde nadie puede verla ni discutirla. El segundo momento cierra el primer acto. Ramón intenta forzar a Luisa, el Zorro se lo impide, le hace confesar sin querer que Alejandro sigue vivo y le marca una zeta en el pecho. El tercer momento ocupa el segundo acto, y en él el castigo se vuelve gobierno. Humillado por la cicatriz, Ramón decreta el toque de queda y anuncia que dispararán a quien esté en la calle. Cuando el pueblo protesta, ordena a sus guardias abrir fuego contra la multitud. Inés, la artista de la troupe que acompaña a Diego, le advierte de que su imperio se está desmoronando y de que su codicia lo consumirá. Ramón se marcha negándolo, pero tocado. Después detiene a Luisa y la pone ante un pelotón de fusilamiento, mata de un disparo a Inés y obliga a Luisa a aceptar la boda. (Atención, destripe.) En la capilla, el Zorro se desenmascara y le suplica que pare, que son hermanos. Ramón saca un cuchillo escondido, embiste, Diego se aparta y Ramón cae sobre su propia hoja. Muere recordando a los tres de niños.
Comandante Ramón
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// La grietaNo hace falta ser abolicionista para condenar a Ramón
Ramón le pone las cosas demasiado fáciles a la teoría. Es un usurpador que finge la muerte de su señor, y su horca no la firma ningún juez. Para condenarla basta con Beccaria, que en De los delitos y de las penas (1764) ya pedía penas proporcionadas, públicas y dictadas por la ley. El abolicionismo apunta más lejos y más incómodo: al sistema penal que funciona según sus propias reglas, como el que persigue a Jean Valjean en Los Miserables. Su pregunta no es si la horca era excesiva, sino si una pena justa, unos meses de cárcel, por ejemplo, habría arreglado algo en tres casas sin comida.
La otra grieta es el héroe. El expediente del Zorro en este archivo lo lee desde la criminología radical: cuando la ley sirve al opresor, la legalidad y la legitimidad se separan. Desde el abolicionismo hay que añadir un matiz, y no lo contradice: la zeta grabada a punta de espada en el pecho de Ramón también es dolor infligido a propósito, solo que sin reglas. Christie temía justamente eso, un conflicto devuelto a las partes sin foro que vuelve como castigo privado. El musical lo esquiva: Ramón muere por su propio cuchillo, y antes de eso Don Alejandro reaparece y ordena su arresto. Explicar a Ramón como síntoma de un poder que castiga sin límites no es exculparlo. Cada sentencia, cada disparo y cada boda forzada los decide él.
Hubo horcas por menos
La horca por un saco de grano no es una exageración de musical. A comienzos del siglo XIX, el llamado Código Sangriento inglés castigaba con la muerte más de doscientos delitos, muchos contra la propiedad. Hoy el problema se plantea con más calma, pero sigue ahí. El Código Penal español exime a quien actúa en estado de necesidad, y en 2016 el Tribunal Supremo italiano anuló la condena de un hombre que había robado comida por valor de unos cuatro euros porque lo hizo por hambre. Hulsman habría dicho que eso es aprender a leer la situación problemática antes de buscar el delito. Ramón no la lee nunca.
Tres ideas clave
- El abolicionismo penal (Mathiesen, 1974; Christie, 1977 y 1981; Hulsman, 1982) sostiene que el sistema penal se apropia de los conflictos, aparta a la víctima y responde con dolor deliberado que no repara nada; propone leer los delitos como situaciones problemáticas.
- Ramón, el villano de El Zorro, el musical, condena a muerte a tres hombres por meter piedras en sus sacos de grano para alimentar a sus familias, tiene preso en secreto a Don Alejandro, decreta el toque de queda, dispara contra la multitud y mata a Inés.
- La grieta: Ramón es un usurpador, y para condenarlo basta Beccaria; el abolicionismo apunta al sistema penal que cumple sus reglas, y su crítica alcanza también al castigo privado del justiciero.
Fuentes · para seguir leyendo
- Mathiesen, T. (1974). The Politics of Abolition. Martin Robertson.
- Christie, N. (1977). «Conflicts as Property». British Journal of Criminology, 17(1), 1-15.
- Christie, N. (1981). Limits to Pain. Universitetsforlaget. (Ed. española: Los límites del dolor, Fondo de Cultura Económica, 1984).
- Hulsman, L. y Bernat de Celis, J. (1982). Peines perdues. Le système pénal en question. Le Centurion.
- Beccaria, C. (1764). De los delitos y de las penas.
- Allende, I. (2005). El Zorro. Comienza la leyenda.
- Clark, S., Edmundson, H., Gipsy Kings y Cameron, J. (2008). Zorro, el musical. Garrick Theatre, Londres. Montaje español: dir. Sara Pérez, Sunset Entertainment, Teatro La Latina, Madrid, 2026.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Comandante Ramón?
Comandante Ramón («Ramón») es un villano de El Zorro, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Tres hombres metieron piedras en sus sacos de grano para cobrar un poco más y dar de comer a sus familias.
¿Por qué Comandante Ramón se convierte en villano?
Ramón, de El Zorro, el musical, y el abolicionismo penal: el amigo de infancia de Diego gobierna a golpe de horca, toque de queda y pelotón. Christie lo llamaría por su nombre: dolor infligido a propósito.
¿Qué teoría criminológica explica a Comandante Ramón?
El caso de Comandante Ramón se analiza desde la Abolicionismo penal. El abolicionismo penal (Mathiesen, 1974; Christie, 1977 y 1981; Hulsman, 1982) sostiene que el sistema penal roba los conflictos a quienes los viven y responde con dolor que no repara nada. Ramón, el villano de El Zorro, el musical (Gipsy Kings y John Cameron; libreto de Stephen Clark y Helen Edmundson, a partir de la novela de Isabel Allende), que llega al Teatro La Latina de Madrid en noviembre de 2026, es esa lógica llevada al extremo: condena a muerte por un fraude de hambre, encarcela en secreto, decreta el toque de queda y dispara contra la multitud.








