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¿Qué es el abolicionismo penal?
El abolicionismo penal sostiene que el sistema penal no resuelve los conflictos: se los arrebata a quienes los viven, aparta a la víctima y responde con dolor infligido a propósito. Lo formularon Thomas Mathiesen (The Politics of Abolition, 1974), Nils Christie y Louk Hulsman, que proponían sustituir el castigo por respuestas civiles, reparadoras o de mediación.
Te roban la bicicleta. Denuncias, declaras, y meses después juzgan a un desconocido en una sala donde nadie te pregunta qué necesitabas: recuperarla, entender por qué, que no volviera a pasar. El fiscal habla por el Estado, el abogado por el acusado, el juez por la ley. Tú, como mucho, eres testigo de tu propio caso. El abolicionismo penal parte de esa escena para hacer la pregunta más radical de la criminología: ¿y si el problema no fuera el delito, sino el sistema que lo administra?
Abolicionismo penal de un vistazo
- Autores
- Thomas Mathiesen · Nils Christie · Louk Hulsman
- Año
- 1974-1982
- Familia
- Crítica
- Idea
- El sistema penal no resuelve los conflictos: se los apropia y añade dolor
Conflicto entre personas → el Estado se lo apropia → pena (dolor a propósito) → víctima sin voz, daño sin reparar// OrigenOslo y Róterdam: tres voces contra la pena
Nació en el norte de Europa como militancia antes que como teoría. En 1968, el sociólogo noruego Thomas Mathiesen fundó con otros en Oslo la KROM, una asociación por la reforma penal que sentó en la misma mesa a académicos y presos, y de esa experiencia salió The Politics of Abolition (1974): abolir, no reformar. Su compatriota Nils Christie le dio doctrina. En «Conflicts as Property» (1977) sostuvo que el sistema penal roba los conflictos a quienes los viven; en Limits to Pain (1981) llamó al castigo por su nombre, dolor infligido a propósito, y pidió sociedades que necesitaran infligirlo menos, no mejores maneras de hacerlo.
El holandés Louk Hulsman, catedrático de Derecho penal en Róterdam tras años en el Ministerio de Justicia, llevó la crítica al lenguaje. En Peines perdues (1982), un libro de conversaciones con Jacqueline Bernat de Celis, negó que el «delito» tenga realidad propia: nada une un hurto, una pelea de bar y un fraude fiscal salvo el cajón donde los mete la ley. Propuso hablar de situaciones problemáticas, que admiten muchas lecturas (una deuda que saldar, un asunto de salud, un malentendido que mediar), y de las que el castigo es solo una, a menudo la peor.
La tesis abolicionista
El sistema penal no es la solución a un problema: es un problema añadido.
Los conflictos como propiedad
Para Christie, un conflicto pertenece a quienes lo viven y tiene valor: es la ocasión de aclarar normas, pedir cuentas y reparar. Cuando se convierte en «el Estado contra el acusado», la víctima pierde dos veces, frente al agresor y frente al sistema, que la reduce a prueba de cargo. El infractor tampoco gana: nunca tiene que mirar el daño que causó, solo defenderse. Christie lo condensó en una frase que todavía incomoda: «las sociedades altamente industrializadas no tienen demasiado conflicto interno; tienen demasiado poco».
Cómo el sistema penal se queda con el conflicto, paso a paso
- 1Un daño entre personasAlguien roba, golpea o engaña a alguien: hay dos partes y un problema concreto
- 2ExpropiaciónEl Estado se apropia del caso y unos profesionales hablan por las partes
- 3Traducción a delitoLa situación se reduce a un tipo penal y a un culpable
- 4DolorLa respuesta es una pena, dolor infligido a propósito, que no repara a la víctima
Corolario abolicionista: devolver el conflicto a sus dueños y buscarle salidas civiles, reparadoras o de mediación.
// El dilemaAbolir o reducir: lo inacabado de Mathiesen
Mathiesen sabía que el sistema penal digiere bien a sus críticos: una cárcel más limpia o un programa de tratamiento nuevo pueden acabar legitimando la institución y ensanchándola. Por eso solo defendió las reformas que le quitan terreno (cerrar, despenalizar, sacar gente) y se negó a dibujar la sociedad alternativa completa, que acabaría absorbida por el orden que quería sustituir. Su abolición debía ser lo inacabado, un «no» sostenido que avanza a golpe de pequeñas victorias. Noruega le concedió algunas: la prisión juvenil y el trabajo forzoso desaparecieron, y el encarcelamiento bajó.
Christie acabó en el otro polo. En A Suitable Amount of Crime (2004) admitió que abolir del todo la institución penal no estaba al alcance de las sociedades industriales y defendió el minimalismo penal: el castigo como una respuesta entre varias, la última y la más escasa. Las dos posturas comparten el diagnóstico; discrepan en si el dolor penal puede llegar a cero.
// En la ficciónLos dueños del conflicto ajeno
Javert es el abolicionismo contado desde dentro. No es corrupto ni sádico: es el sistema funcionando según sus reglas, persiguiendo durante décadas a un hombre por un pan robado y una condicional rota sin que nadie pregunte qué daño queda por reparar. Dredd lleva la expropiación al extremo: detiene, sentencia y ejecuta en la acera, y las partes desaparecen. Alex encarna lo que Christie pedía no hacer, refinar el método: con la técnica Ludovico el Estado no deja de infligir dolor, solo lo rebautiza como cura.
El conde de Montecristo contiene la tesis y su objeción. Procurador del rey, el procurador del rey, entierra a un inocente en el castillo de If para salvar su carrera: el conflicto nunca llega a una sala, lo sepulta un expediente. Y el Conde de Montecristo, sin foro donde reclamar, lo recupera por su cuenta tras catorce años de encierro, convertido en una venganza que alcanza a inocentes. Es lo que temen los críticos: un conflicto devuelto a las partes sin reglas puede regresar como revancha.





Del inspector que persigue un pan al conde que se cobra la deuda por su mano: cinco maneras de quitarle el conflicto a sus dueños, o de recuperarlo mal. Pulsa para abrir su expediente.
// La cárcel hoyLa cárcel que no corrige
La evidencia respalda una parte del diagnóstico. La revisión de Daniel Nagin, Francis Cullen y Cheryl Lero Jonson (2009) concluyó que, frente a las penas que no privan de libertad, la prisión tiene un efecto nulo o ligeramente criminógeno sobre la reincidencia: no prueba que se pueda abolir, pero sí que encerrar corrige menos de lo que promete. Y la idea de Christie vive en la justicia restaurativa, aunque casi siempre dentro del sistema que él quería desmontar.
// La grietaEl asesino que no es una «situación problemática»
La grieta se abre ante la violencia grave. Llamar «situación problemática» a una ventana rota funciona; a una violación o a un asesino que volverá a matar, no. Devolver el conflicto a las partes presupone que están en pie de igualdad, y en la violencia machista o la extorsión vuelve a manos del más fuerte. Alguien tiene que contener al peligroso, y ese alguien se parece mucho a un sistema penal. De ahí la salida de Luigi Ferrajoli en Diritto e ragione (1989): un derecho penal mínimo, con garantías estrictas, justificado solo como mal menor frente a la venganza privada y los castigos informales, más arbitrarios.
De una asociación de presos a un debate mundial
Nació en asociaciones escandinavas de reforma penal. Su legado más visible es paradójico: la justicia restaurativa, que creció dentro del sistema que quería abolir.
- 1968Mathiesen y otros fundan en Oslo la KROM, asociación noruega por la reforma penal.
- 1974Mathiesen publica The Politics of Abolition.
- 1977Christie publica «Conflicts as Property» en el British Journal of Criminology.
- 1981Christie define el castigo como dolor infligido a propósito en Limits to Pain.
- 1982Hulsman y Bernat de Celis publican Peines perdues.
- 1989Ferrajoli propone el derecho penal mínimo en Diritto e ragione.
// Por qué importaPreguntar para qué sirve el dolor
Casi nadie suscribe el programa completo, pero el abolicionismo cambió la carga de la prueba: ya no basta con preguntar qué pena merece cada delito, hay que justificar por qué infligir dolor a alguien va a arreglar algo. De ahí salen las penas alternativas, la mediación y la idea de que la víctima tiene algo que decir en su propio caso. Y una prueba para cualquier reforma: si saca gente del sistema o solo le ofrece una celda más cómoda.
Luces y sombras
- Devuelve a la víctima el lugar que el proceso penal le había quitado.
- Nombra lo que el derecho disimula: la pena es dolor infligido a propósito.
- Los datos sobre reincidencia respaldan su desconfianza hacia la cárcel.
- Inspiró la justicia restaurativa, la mediación y la despenalización.
- No tiene respuesta convincente para la violencia grave ni para el agresor peligroso.
- Devolver el conflicto a partes desiguales puede dejarlo en manos del más fuerte.
- Sin reglas públicas, el conflicto devuelto puede volver como venganza privada.
- Su negativa a dibujar la alternativa la deja sin programa contrastable.
Tres ideas clave
- El abolicionismo penal (Mathiesen, 1974; Christie, 1977 y 1981; Hulsman, 1982): el sistema penal no resuelve los conflictos, se los apropia, aparta a la víctima y responde con dolor infligido a propósito.
- Hulsman propuso cambiar «delito» por «situación problemática»; Mathiesen, una abolición siempre inacabada, hecha de pequeñas victorias.
- Su grieta es la violencia grave. De ahí el minimalismo de Ferrajoli y del último Christie: un derecho penal escaso y con garantías como mal menor frente a la venganza.
Fuentes · para seguir leyendo
- Mathiesen, T. (1974). The Politics of Abolition: Essays in Political Action Theory. Martin Robertson / Universitetsforlaget.
- Christie, N. (1977). «Conflicts as Property». British Journal of Criminology, 17(1), 1-15.
- Christie, N. (1981). Limits to Pain. Universitetsforlaget / Martin Robertson (trad. esp.: Los límites del dolor, Fondo de Cultura Económica, 1984).
- Hulsman, L. y Bernat de Celis, J. (1982). Peines perdues: le système pénal en question. Le Centurion (trad. esp.: Sistema penal y seguridad ciudadana: hacia una alternativa, Ariel, 1984).
- Ferrajoli, L. (1989). Diritto e ragione: teoria del garantismo penale. Laterza (trad. esp.: Derecho y razón: teoría del garantismo penal, Trotta, 1995).
- Christie, N. (2004). A Suitable Amount of Crime. Routledge.
- Nagin, D. S., Cullen, F. T. y Jonson, C. L. (2009). «Imprisonment and Reoffending». Crime and Justice, 38, 115-200.
// Pon a prueba la teoría¿A cuál de estos villanos analiza KRIMINIS con Abolicionismo penal?
Dudas de la teoríaPreguntas frecuentes
¿Qué es el abolicionismo penal?
El abolicionismo penal sostiene que el sistema penal no resuelve los conflictos: se los arrebata a quienes los viven, aparta a la víctima y responde con dolor infligido a propósito. Lo formularon Thomas Mathiesen (The Politics of Abolition, 1974), Nils Christie y Louk Hulsman, que proponían sustituir el castigo por respuestas civiles, reparadoras o de mediación.
¿Quién formuló el abolicionismo penal y cuándo?
No tiene un solo autor, sino tres fundadores en el norte de Europa. El noruego Thomas Mathiesen le dio nombre en 1974 con «The Politics of Abolition». Su compatriota Nils Christie aportó el artículo «Conflicts as Property» (1977) y el libro «Limits to Pain» (1981; en español, «Los límites del dolor»). El holandés Louk Hulsman lo completó con «Peines perdues» (1982), escrito con Jacqueline Bernat de Celis.
¿Sigue vigente el abolicionismo penal y qué se le critica?
Sigue en debate. La evidencia le da parte de razón: la cárcel no reduce la reincidencia más que las penas que no privan de libertad, y su idea del conflicto robado inspiró la justicia restaurativa. Su punto débil es la violencia grave: no ofrece una respuesta convincente ante el agresor peligroso. Por eso Luigi Ferrajoli, y el propio Christie en su última etapa, defendieron un derecho penal mínimo en lugar de su abolición.
¿Qué villano del archivo ilustra mejor el abolicionismo penal?
El inspector Javert, de «Los Miserables». No es corrupto ni cruel por placer: es el sistema penal funcionando según sus propias reglas, persiguiendo durante décadas a Jean Valjean por un pan robado y una condicional rota. En toda esa maquinaria nadie pregunta qué daño queda por reparar; el conflicto original se perdió hace años y solo sobrevive la pena.
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