Medea (Eurípides, 431 a. C.) empieza con una nodriza a la puerta de una casa de Corinto, deseando que la nave Argo no hubiera zarpado nunca hacia la Cólquide. Dentro, su señora no come, llora tendida y no soporta ver a sus hijos; la nodriza teme lo que esté tramando. Jasón, por quien Medea traicionó a su padre y dejó su tierra, la ha abandonado para casarse con la hija del rey Creonte. Se la oye gritar dentro de la casa; cuando sale, en cambio, habla con calma a las mujeres de Corinto y les explica que, de todo lo que tiene vida y entendimiento, las mujeres son lo más desdichado, porque compran con su dote a un marido que se convierte en su amo. El rey la destierra con sus hijos; ella consigue un día de plazo y lo usa para enviar a la novia un vestido y una corona envenenados. La princesa muere abrasada y su padre muere al abrazarla. Después Medea mata a sus dos hijos y escapa en el carro del Sol con sus cuerpos. Jasón la maldice; ella le responde que la culpa es suya.
// La teoríaNi loca ni monstruo
La criminología feminista nació en los años setenta con una crítica sencilla: la disciplina había estudiado casi solo a hombres, y cuando miraba a las mujeres delincuentes lo hacía con estereotipos. Carol Smart (1976) mostró cómo se explicaba su delito por la biología, la sexualidad o la enfermedad, nunca por las mismas razones sociales que el de los hombres. Investigadoras como Belinda Morrissey estudiaron después los relatos sobre mujeres que matan y encontraron dos guiones dominantes: la loca, a la que se niega la responsabilidad, y el monstruo, a la que se niega la humanidad. Los dos tienen el mismo efecto: impiden entender a la mujer como alguien que decide.
El filicidio por venganza
En 1969 el psiquiatra Phillip Resnick clasificó los casos de padres que matan a sus hijos y describió una categoría específica: el filicidio por venganza contra el cónyuge, en el que el hijo se convierte en el instrumento para dañar a la pareja. Es la menos frecuente de sus categorías y la que más recuerda a Medea. La investigación posterior encuentra este patrón tanto en hombres como en mujeres, y lo asocia a separaciones conflictivas. Lo que la criminología feminista añade es que, cuando lo comete un hombre, rara vez se le llama Medea.
// El sujetoUna extranjera sin nada que perder
Eurípides no presenta a Medea como una loca. Al contrario: es la persona más lúcida de la obra. Calcula, finge reconciliarse con Jasón, prepara el veneno y decide el momento. Su situación es también la de alguien sin ninguna salida: es extranjera, ha traicionado a su familia, no tiene ciudad a la que volver y va a ser desterrada con dos hijos. Su famoso discurso sobre la condición de las mujeres, que deben comprar un marido con su dote y aceptar a un amo, es una de las críticas más antiguas del teatro a la situación de las mujeres. Nada de eso justifica lo que hace, pero explica por qué su venganza apunta a lo único que todavía puede quitarle a Jasón.
El texto le da tres momentos en los que se ve a alguien que piensa. Ante Creonte, que admite temerla porque es sabia y entendida en malas artes, suplica un solo día; en cuanto el rey se marcha, explica al coro que nunca le habría adulado si no fuera para ganar algo con ello. Luego aparece Egeo, rey de Atenas, que viene de consultar el oráculo de Delfos porque no tiene hijos; Medea le hace jurar por la Tierra y por el Sol que la acogerá, y solo con la huida asegurada expone su plan completo. Por último, en el gran monólogo, cambia de idea varias veces al mirar a los niños, se ablanda, vuelve a endurecerse y da sus razones: no piensa dejarlos en manos de enemigos que los ultrajen, ni soporta la idea de que esos enemigos se rían de ella. Ninguna de esas escenas encaja con la loca de la tradición, y tampoco con el monstruo, porque Eurípides la hace dudar delante del público. Lo que enseñan es a una mujer que mide el coste de cada paso, incluido el más alto.
Medea
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// La grietaEntender no es justificar, y tampoco es absolver
La lectura feminista de Medea tiene un riesgo evidente: convertir a una filicida en heroína de la resistencia. La criminología feminista no lo pretende. Lo que reclama es que a Medea se la trate como lo que es en la obra, una persona que elige, y que su crimen se analice con las mismas herramientas que el de un hombre. Los niños son las víctimas, y ninguna injusticia sufrida por su madre cambia eso.
Hay un segundo límite. Medea es un mito, y los mitos tienden a fijar estereotipos más que a describir la realidad. Los estudios sobre madres filicidas muestran que la mayoría de los casos reales se asocian a enfermedad mental grave, aislamiento o maltrato, y muy pocos a la venganza calculada. El riesgo de Medea es que la excepción se convierta en la imagen.
La violencia vicaria
En España, la ley reconoce desde 2021 la violencia vicaria: el daño a los hijos para causar sufrimiento a la madre, una forma de violencia de género que en la gran mayoría de los casos ejercen hombres contra sus parejas o exparejas. La figura literaria más antigua de esa violencia es una mujer, Medea, lo que recuerda lo que señala la criminología feminista: los mitos fijan la imagen de un delito, y no siempre coinciden con quién lo comete en la realidad. Prevenirla exige atención a las separaciones conflictivas y a las amenazas que usan a los hijos como arma.
Tres ideas clave
- La criminología feminista (Smart, 1976; Morrissey, 2003) critica que a las mujeres que matan se las explique como locas o monstruos, en vez de como personas que deciden.
- Medea, extranjera y abandonada, mata a la nueva esposa de Jasón, al rey y a sus propios hijos para destruirle: el «filicidio por venganza contra el cónyuge» que describió Resnick (1969).
- La grieta: entender a Medea no la absuelve, y el mito no describe la realidad: la mayoría de los filicidios reales se asocian a enfermedad, aislamiento o maltrato, y la violencia vicaria la ejercen sobre todo hombres.
Fuentes · para seguir leyendo
- Smart, C. (1976). Women, Crime and Criminology: A Feminist Critique. Routledge & Kegan Paul.
- Resnick, P. J. (1969). «Child Murder by Parents: A Psychiatric Review of Filicide». American Journal of Psychiatry, 126(3), 325-334.
- Morrissey, B. (2003). When Women Kill: Questions of Agency and Subjectivity. Routledge.
- Eurípides (431 a. C.). Medea.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Medea?
Medea es un villano de Tragedia griega, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Le quedaba un día antes del destierro.
¿Por qué Medea se convierte en villano?
La criminología feminista rescata a Medea de las dos etiquetas de siempre, loca o monstruo: Eurípides la pinta lúcida, extranjera y sin salida, y eso obliga a leer su crimen como una decisión.
¿Qué teoría criminológica explica a Medea?
El caso de Medea se analiza desde la Criminología feminista. La criminología feminista denuncia que la disciplina se construyó estudiando a hombres, y que a las mujeres que delinquen se las ha explicado como enfermas o como monstruos antes que como personas que toman decisiones. Medea (Eurípides, 431 a. C.) es la figura de la que nace esa doble etiqueta. Extranjera, abandonada por Jasón para casarse con la hija del rey de Corinto y condenada al destierro, mata a la novia y al rey con un vestido envenenado y después a sus dos hijos, para destruir a Jasón. La psiquiatría llamaría «filicidio por venganza contra el cónyuge» a lo que Eurípides escribió como tragedia.








