El nombre de la rosa: buscar al culpable o fabricarlo
Bernardo Gui cierra el caso con una confesión arrancada por miedo, y el asesino sigue suelto. Encontrar un culpable y fabricarlo pueden parecerse mucho.

En noviembre de 1327, el franciscano inglés Guillermo de Baskerville llega con su novicio Adso de Melk a una abadía benedictina del norte de Italia. Un monje ha aparecido muerto al pie de un torreón, y el abad le pide discreción. En los días siguientes mueren otros. Guillermo, que fue inquisidor y dejó de serlo, investiga como lo haría un detective: huellas, testimonios, libros, la letra de un manuscrito. El apellido y el narrador que lo admira, como Watson a Holmes, no son casualidad.
A mitad de la novela llega el otro investigador. Bernardo Gui, inquisidor dominico, existió de verdad: fue inquisidor en Toulouse y escribió un manual para interrogar herejes. En El nombre de la rosa (1980), Umberto Eco lo pone frente a Guillermo para enseñar dos maneras opuestas de buscar al culpable de un crimen.
// La teoríaBuscar un culpable o buscar la verdad
La teoría del etiquetamiento (Frank Tannenbaum, Edwin Lemert, Howard Becker en Outsiders, 1963) sostiene que la desviación no está en el acto, sino en la reacción: alguien con poder define una conducta como desviada y aplica esa etiqueta a personas concretas. Lo decisivo no es lo que hicieron, sino quién tiene la autoridad para nombrarlo y a quién le resulta fácil colgárselo.
Bernardo Gui es esa autoridad en estado puro. No le interesan los asesinatos de la abadía, sino los herejes, porque su oficio consiste en encontrarlos. Y los encuentra en las tres personas más débiles que tiene a mano: el cillerero Remigio, que fue dolcinista en su juventud; su ayudante Salvatore y una muchacha pobre del pueblo, acusada de bruja. Bajo amenaza de tortura, Remigio confiesa todo lo que le piden, incluidos los asesinatos que no cometió. Gui cierra el caso. El asesino sigue suelto en la biblioteca.
La confesión como fábrica
Becker insistió en que el desviado es aquel a quien se le ha aplicado con éxito la etiqueta. La confesión obtenida por miedo es la forma más eficaz de conseguirlo: convierte la sospecha del inquisidor en la palabra del acusado. Guillermo lo explica a Adso con una frase que podría estar en cualquier manual de criminología: bajo tortura se dice lo que el interrogador quiere oír.
Bernardo Gui
Lee el expediente completo de Bernardo Gui · Etiquetamiento →
// Los sospechososCinco hombres de la abadía
El verdadero responsable es Jorge de Burgos, el monje ciego que envenena el único ejemplar del libro de Aristóteles sobre la comedia para que nadie aprenda a reírse de lo sagrado: un caso extremo de sobreconformidad, el celo que lleva una norma tan lejos que mata. Su brazo es Malaquías, el bibliotecario, atado por una lealtad tan fuerte que da la vuelta a la teoría del control social.
Remigio de Varagine es el hombre que dejó la violencia pero no construyó otra vida, un desistimiento incompleto que su pasado termina cobrándose. El abad Abbone no mata a nadie, pero dirige una institución que vive de guardar secretos. Y Bernardo Gui completa el cuadro: la institución que no necesita encontrar al culpable porque puede fabricarlo.
La ironía final es que el método de Guillermo tampoco es infalible. Llega hasta Jorge siguiendo una pauta, la de las siete trompetas del Apocalipsis, que no existía; fue el propio asesino quien la adoptó al saber que Guillermo la buscaba. Eco no opone un método perfecto a uno corrupto, sino la duda honesta a la certeza que no necesita pruebas.
// En el archivoLos expedientes de El nombre de la rosa
Los cinco tienen expediente completo, con la teoría que mejor explica a cada uno y el punto donde falla. Están reunidos en el hub de villanos de El nombre de la rosa.
Tres ideas clave
- El nombre de la rosa enfrenta dos formas de investigar un crimen: Guillermo de Baskerville busca pruebas y el inquisidor Bernardo Gui busca herejes.
- La teoría del etiquetamiento explica a Gui: no descubre a los culpables, los define, y la confesión bajo amenaza de tortura convierte su sospecha en verdad oficial.
- El asesino real, Jorge de Burgos, sigue suelto mientras Gui cierra el caso; y Guillermo llega a él siguiendo una pauta equivocada.
Fuentes · para seguir leyendo
- Becker, H. S. (1963). Outsiders: Studies in the Sociology of Deviance. Free Press.
- Gui, B. (c. 1323). Practica inquisitionis heretice pravitatis.
- Eco, U. (1980). El nombre de la rosa. Bompiani.
// Mini-reto¿Qué teoría explica mejor a Bernardo Gui?
Preguntas frecuentes
¿Quién es el asesino en El nombre de la rosa?
El responsable de las muertes es Jorge de Burgos, el monje ciego que envenenó las páginas del libro perdido de Aristóteles sobre la comedia. No todas las muertes son obra directa suya: una es un suicidio y a Severino lo mata Malaquías, el bibliotecario.
¿Existió Bernardo Gui?
Sí. Fue un fraile dominico francés (c. 1261-1331), inquisidor en Toulouse, que escribió un manual para interrogar herejes, la Practica inquisitionis. Eco lo usó como personaje, aunque su papel en la abadía es invención de la novela.
¿Qué libro esconde la biblioteca de El nombre de la rosa?
El segundo libro de la Poética de Aristóteles, dedicado a la comedia, que se considera perdido. Jorge de Burgos lo esconde y envenena sus páginas porque cree que la risa destruye el temor de Dios.