Higuruma: la justicia como arma que fabrica al culpable
Hiromi Higuruma es el abogado que dejó de creer en la justicia y terminó convirtiéndola en un arma que sentencia a muerte. Usamos la teoría del etiquetamiento de Becker y Lemert para entender una idea inquietante: a veces no es el delito lo que crea al culpable, sino la etiqueta que el sistema le cuelga.

Hiromi Higuruma entra en Jujutsu Kaisen por la puerta menos épica posible: no es un hechicero criado en un templo ni un genio del clan, sino un abogado de oficio quemado, con ojeras de expediente atrasado y una fe hecha añicos. Y sin embargo, cuando despierta su poder, lo que aparece no es un puño ni un rayo: es un tribunal. Higuruma no golpea a sus enemigos, los juzga. Su técnica invoca una sala de juicio, un juez y una sentencia, y si el veredicto es culpable, la pena puede ser la muerte. Pocas veces la ficción ha dibujado con tanta nitidez la vieja pesadilla criminológica: qué pasa cuando la justicia deja de ser una balanza y se convierte en un arma.
Conviene decirlo antes de seguir, porque es la línea que separa la criminología de la excusa: explicar no es exculpar. Entender por qué un hombre razonable acaba deseando ejecutar sentencias con sus propias manos no borra el peligro de lo que hace ni lo convierte en héroe. Pero sí nos deja ver algo que las historias de tribunales prefieren callar: que la etiqueta de culpable no siempre describe un hecho; a veces lo fabrica. Para verlo, hace falta una herramienta clásica, la teoría del etiquetamiento.
// El defensor quemadoEl abogado que dejó de creer en la justicia
Higuruma fue, durante años, un defensor honesto en un sistema al que la verdad le importaba menos que el procedimiento. Defendía a personas que creía inocentes y veía cómo el veredicto dependía de quién argumentaba mejor, de quién tenía menos que perder, de a quién ya había señalado la opinión pública antes de entrar en la sala. Su desencanto no es un capricho de guion: es la constatación de que un tribunal no busca la verdad, busca una decisión. Y una decisión, una vez tomada, pesa más que los hechos que dice representar.
Ese hartazgo es la semilla de su transformación. Cuando Higuruma obtiene poder, no sueña con dinero ni con venganza personal: sueña con una justicia que funcione, que castigue de verdad a quien lo merece. El problema es que, para lograrlo, se convierte en juez, jurado y verdugo a la vez. Su técnica le permite dictar una sentencia inapelable, sin defensa posible, sin recurso. La ironía es feroz: el hombre que perdió la fe en el sistema por injusto termina montando el sistema más injusto de todos, uno donde una sola persona decide quién vive. Su recorrido completo está en el expediente de Higuruma.
El poder de nombrar
Lo que hace peligroso a un tribunal no es la ley, sino quién sostiene el poder de nombrar. Declarar a alguien culpable es un acto que crea realidad: cambia cómo lo trata el mundo, qué derechos conserva y, en el caso de Higuruma, si sigue respirando. La técnica del abogado es una metáfora perfecta de ese poder llevado al extremo.
// La reacción crea al desviadoLa etiqueta que fabrica al culpable
En 1963, el sociólogo Howard Becker publicó Outsiders y le dio la vuelta a la pregunta central de la criminología. Hasta entonces se preguntaba qué tiene de raro el delincuente; Becker preguntó qué tiene de raro la sociedad que lo señala. Su tesis es demoledora: la desviación no es una cualidad del acto que una persona comete, sino la consecuencia de que otros le apliquen reglas y etiquetas. El delito no existe hasta que alguien con autoridad lo nombra. Y quien nombra, elige. Un tribunal, en esta lectura, no descubre culpables: los produce.
Edwin Lemert había afinado antes el mecanismo con dos conceptos que en la historia de Higuruma se ven a cámara lenta. La desviación primaria es el acto inicial, a menudo menor o circunstancial. La desviación secundaria llega después: cuando la persona, tratada y castigada como desviada, asume la etiqueta como identidad y organiza su vida en torno a ella. Entre una y otra opera la profecía autocumplida de Robert Merton: una definición falsa de la situación provoca conductas que acaban volviéndola verdadera. Trata a alguien como enemigo del orden el tiempo suficiente y le habrás enseñado a serlo.
Aquí está el núcleo incómodo que Higuruma pone sobre la mesa. Si la culpa es en parte una construcción de quien juzga, entonces darle a una sola persona el poder absoluto de etiquetar y ejecutar no corrige la injusticia del sistema: la concentra. El abogado quería una justicia limpia y creó una máquina de etiquetar sin apelación. La teoría del etiquetamiento advierte precisamente contra eso: cuanto más irreversible es el veredicto, más peligroso es el error de quien lo dicta.
// Tres verdugos con togaCuando la justicia se convierte en arma
Higuruma no está solo en el anime. Comparte familia con otros personajes que empezaron creyendo en la justicia y terminaron convertidos en su instrumento de exterminio. La comparación ayuda a ver el patrón: en los tres casos, el problema no es el mal, sino el bien sin límites.
Light Yagami, en Death Note, es la versión más pura del etiquetador absoluto. Un cuaderno le da el poder de matar escribiendo un nombre, y él lo usa para juzgar al mundo entero según su propio criterio. Cada nombre que apunta es una etiqueta convertida en sentencia de muerte: sin juicio, sin defensa, sin duda. Empieza queriendo limpiar la sociedad de criminales y termina siendo el mayor criminal de todos, precisamente porque nadie le puso encima el freno que él negaba a los demás. Su caso está en el expediente de Light Yagami.
Akainu, en One Piece, encarna la misma lógica desde el otro lado, el del Estado. Su lema, la justicia absoluta, justifica cualquier atrocidad mientras se cometa en nombre del orden. Donde Higuruma es un individuo que usurpa el poder de juzgar, Akainu es la institución que lo ejerce sin conciencia: para él, la etiqueta de enemigo basta para borrar a quien la lleva, inocentes incluidos. Es el etiquetamiento hecho política de Estado. Lo analizamos en el expediente de Akainu.
Tres formas de convertir la justicia en arma
- Higuruma
- El defensor quemado: se hace juez, jurado y verdugo para lograr una justicia que sienta real.
- Light Yagami
- El etiquetador absoluto: mata escribiendo nombres y confunde su criterio con la ley.
- Akainu
- La justicia absoluta del Estado: la etiqueta de enemigo basta para exterminar.
- El patrón común
- No es el mal, es el bien sin límites ni apelación: la etiqueta que nadie puede revisar.
// Por qué importaEl espejo que nos pone delante
La fuerza de un personaje como Higuruma no está en que dé miedo, sino en que da la razón a medias. Tiene razón en su diagnóstico: los sistemas de justicia reales también fallan, también etiquetan antes de escuchar, también condenan a quien ya venía marcado. Su error está en la solución. Sustituir un tribunal imperfecto por un verdugo infalible no arregla nada: solo elimina la única defensa que tiene el débil, que es la posibilidad de que la etiqueta se revise, se discuta y, a veces, se retire.
Explicar el desencanto no legitima el verdugo
Entender por qué Higuruma perdió la fe no lo convierte en modelo. La teoría del etiquetamiento no defiende que nadie sea culpable; defiende que el poder de nombrar culpables debe estar limitado, repartido y sujeto a error. Cuanto más irreversible es el castigo, más garantías hace falta, no menos. Esa es la lección que el abogado olvidó al empuñar su sentencia.
Lo que Higuruma nos enseña sobre la justicia
- Higuruma es el abogado que perdió la fe en un sistema que buscaba decisiones, no verdad, y terminó convirtiendo la justicia en un arma.
- Becker (Outsiders, 1963): la desviación no está en el acto, sino en la reacción social que lo etiqueta; quien nombra al culpable, en parte lo crea.
- Lemert y Merton explican el mecanismo: la etiqueta se vuelve identidad y la profecía autocumplida la hace realidad.
- Light Yagami y Akainu comparten el patrón: la justicia sin límites ni apelación se convierte en la mayor injusticia.
- Explicar no es exculpar: entender el desencanto ayuda a exigir garantías, no a legitimar al verdugo.
Fuentes · para seguir leyendo
- Becker, H. S. (1963). Outsiders: Studies in the Sociology of Deviance. The Free Press.
- Lemert, E. M. (1951). Social Pathology: A Systematic Approach to the Theory of Sociopathic Behavior. McGraw-Hill.
- Merton, R. K. (1948). The Self-Fulfilling Prophecy. The Antioch Review, 8(2), 193-210.
- Goffman, E. (1963). Stigma: Notes on the Management of Spoiled Identity. Prentice-Hall.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Higuruma en Jujutsu Kaisen?
Hiromi Higuruma es un abogado defensor que despierta como hechicero durante el Juego de Exterminio. Años de trabajar en un sistema judicial que le parecía injusto le hicieron perder la fe en la justicia. Su técnica invoca un tribunal capaz de dictar una sentencia inapelable, lo que lo convierte en juez y verdugo a la vez.
¿Qué es la teoría del etiquetamiento y cómo se aplica a Higuruma?
Es la idea, formulada por Howard Becker en 1963, de que la desviación no está en el acto sino en la reacción social que lo señala: quien tiene poder para nombrar al culpable, en parte lo fabrica. La técnica de Higuruma lleva esa idea al extremo, porque convierte el veredicto en una condena irreversible sin defensa posible.
¿Higuruma es un villano o un héroe?
Es un personaje ambiguo. Sus motivos nacen de un desencanto legítimo con la justicia, pero su método (juzgar y ejecutar sin apelación) reproduce el peligro que denunciaba. Explicar su desencanto no legitima al verdugo: la lección criminológica es que el poder de castigar necesita límites y garantías, no menos.