// Caso 555 · Teoría crítica Etiquetamiento →

Hiromi Higuruma: El abogado que se hizo verdugo del sistema que lo quemó

Hiromi Higuruma y la teoría del etiquetamiento: cómo la reacción social y la etiqueta de «culpable» fabrican al desviado. Un defensor agotado que decidió juzgar y ejecutar en persona.

Póster de Hiromi Higuruma, villano de Jujutsu Kaisen
Jujutsu Kaisen · Anime
Hiromi Higuruma
alias

Hiromi Higuruma, abogado defensor en Jujutsu Kaisen, no llega a la violencia por ambición ni por placer, sino por agotamiento moral. Ha pasado su carrera viendo lo mismo una y otra vez: personas cuya suerte quedaba sellada antes del juicio: por su aspecto, por su barrio, por un antecedente, por la etiqueta que alguien les colgó cuando aún no habían abierto la boca. Cuando por fin obtiene poder —una técnica maldita que despierta en él una obsesión por juzgar—, no lo usa para reformar los tribunales: monta el suyo propio, con su martillo y su verdugo, y empieza a dictar sentencias definitivas. Para la teoría del etiquetamiento, Higuruma es un caso fascinante porque nace como crítico del sistema que etiqueta y termina convertido en su versión más extrema: el que ya no defiende de la etiqueta, sino que la aplica con una espada.

// La teoríaLa desviación no está en el acto, sino en quien lo nombra

La teoría del etiquetamiento da la vuelta a la pregunta clásica de la criminología. En lugar de preguntar «¿por qué delinque esta persona?», pregunta «¿quién decide qué es delito y a quién se persigue?». Frank Tannenbaum (1938) lo llamó dramatización del mal: señalar, juzgar y castigar públicamente a alguien acaba fijando en él la identidad que se pretendía corregir. Edwin Lemert distinguió entre desviación primaria —el acto aislado que el sujeto aún no integra en su identidad— y desviación secundaria —la que aparece cuando, tras ser etiquetado y tratado como desviado, la persona reorganiza su vida en torno a esa etiqueta—. Y Howard Becker, en Outsiders (1963), dio la formulación canónica: la desviación no es una cualidad del acto, sino de la reacción social a él. Becker añadió dos piezas decisivas: los emprendedores morales, que tienen el poder de crear y aplicar las etiquetas, y el estatus dominante, esa etiqueta de «criminal» que se traga todas las demás identidades —vecino, padre, trabajador— y pasa a organizar cómo lo ve el mundo. Higuruma conoce esa maquinaria mejor que nadie: la ha visto funcionar desde el asiento del defensor, viendo cómo la reacción social condenaba antes que la prueba.

"La culpa se decide mucho antes del juicio."Hiromi Higuruma (paráfrasis)
Concepto clave

Etiquetar es un acto de poder

La lección incómoda del etiquetamiento es que la sociedad no solo descubre criminales: en parte los fabrica al nombrarlos. No todos los actos dañinos se persiguen, y no todos los perseguidos son igual de dañinos; lo que separa una cosa de otra es el poder de quien coloca la etiqueta. Higuruma ha dedicado su vida profesional a pelear contra esa asimetría: a defender a quienes ya cargaban con el estatus dominante de «sospechoso» antes de que empezara el proceso. Sabe que el estigma no describe, produce; que un antecedente cierra puertas al empleo y a la vivienda y empuja a reincidir; que la etiqueta oficial funciona como profecía autocumplida. Por eso su desencanto es tan lúcido: no es un cínico, es alguien que entendió demasiado bien que el veredicto rara vez pesa la verdad, y que la maquinaria del castigo suele confirmar el prejuicio con el que empezó. La tragedia es lo que hace con ese conocimiento.

Llévate gratis el mapa de las teorías

Suscríbete al archivo criminal —un caso a la semana, sin spam— y te regalo El mapa de las teorías: las grandes corrientes de la criminología en una sola lámina.

// El sujetoEl crítico que se convirtió en el tribunal

Lo revelador de Higuruma es la forma exacta que toma su poder. Su técnica no es un fuego ni un veneno: es un tribunal. Un dominio en el que él ejerce de fiscal, jurado y —cuando declara la culpabilidad— de verdugo, con una espada de ejecución que solo aparece tras la sentencia. Es, en clave de ficción, la materialización literal de la crítica del etiquetamiento: el poder de nombrar a alguien culpable y de que ese nombre tenga consecuencias irreversibles. Higuruma empieza siendo la figura opuesta al emprendedor moral —el defensor, el que discute la etiqueta, el que exige que el acto pese más que la reacción social—. Pero su desesperación ante un sistema que no escucha lo empuja al otro extremo: si nadie juzga con verdad, juzgará él. Y ahí la teoría lo alcanza sin piedad: al montar su propio tribunal, Higuruma no destruye la lógica de la etiqueta, la perfecciona. Sustituye la reacción social difusa y prejuiciosa por una sentencia individual y absoluta, pero sigue siendo eso: un veredicto que decide quién es «culpable» y lo convierte en tal con un golpe de martillo. El crítico del estigma termina siendo su emprendedor moral definitivo.

Hiromi Higuruma

· Jujutsu Kaisen
INT 88MAN 55VIO 78EMP 45
DesengañadoBrillanteImplacable
Publicidad
Espacio publicitario in-article (responsive)

// La grietaDenunciar la etiqueta no autoriza a repartirla

La grieta con Higuruma es la propia del etiquetamiento llevada a su límite. La teoría explica magníficamente la amplificación de la desviación —cómo la reacción social agranda lo que teme—, pero no su origen: no nos dice por qué se cometió el primer acto, ni justifica el daño real de las víctimas. Higuruma cae en las dos tentaciones. Primero, la de creer que si el sistema etiqueta mal, cualquier alternativa personal es mejor: pero un tribunal de uno solo, sin garantías, sin defensa, sin posibilidad de error corregible, no es menos etiqueta, es más, concentrada en una sola mano. Segundo, la de convertir el diagnóstico en coartada: entender que el castigo suele confirmar prejuicios no autoriza a repartir muerte por cuenta propia. Explicar no es exculpar. Comprender que Higuruma llegó ahí desde un agotamiento moral legítimo no borra lo que hace cuando su martillo cae: ejecutar sin apelación es exactamente el poder desbocado que él denunciaba, ahora sin siquiera la ficción de un proceso.

La lectura honesta sostiene las dos cosas a la vez. El sistema que Higuruma critica es real: la etiqueta oficial cierra vidas, el prejuicio precede a la prueba, y el poder decide a quién se persigue. Pero la respuesta al etiquetamiento no es un verdugo mejor, sino menos etiqueta: procesos con garantías, penas que castiguen el acto sin marcar de por vida a la persona, salidas que dejen una puerta de vuelta. La memoria que importa aquí no es la del juez que se creyó justicia, sino la de todos aquellos —culpables o no— a quienes una sentencia sin apelación pretendió reducir a una sola palabra.

Por qué importa

El estigma no se combate con más estigma

Higuruma importa porque encarna una tentación muy real: la de quien, harto de un sistema injusto, concluye que la solución es tomarse la justicia por su mano y dictar la etiqueta él mismo. La criminología crítica advierte justo de lo contrario. Si el problema es que la reacción social fabrica desviados —que la etiqueta de «criminal» se traga a la persona entera y le recorta las oportunidades reales—, la salida no puede ser una etiqueta aún más absoluta e irreversible. De ahí nacieron las alternativas más fértiles del último medio siglo: la justicia restaurativa, la vergüenza reintegradora de Braithwaite —avergonzar el acto sin estigmatizar de por vida a la persona—, los programas de diversión y la cancelación de antecedentes. Todas comparten una consigna que Higuruma, con su espada de verdugo, olvidó: etiquetar el acto, nunca a la persona. No es blandura; es lo único que rompe la profecía autocumplida en lugar de sellarla.

En resumen

Tres ideas clave

  • Hiromi Higuruma encarna la teoría del etiquetamiento (Becker, Lemert): la desviación no está en el acto, sino en la reacción social que lo nombra. Su carrera de defensor es una denuncia en vivo de cómo el poder etiqueta antes de que hable la prueba.
  • Su dominio en forma de tribunal materializa la crítica y la traiciona: el crítico del estigma se convierte en el emprendedor moral definitivo, un juez-verdugo que reparte la etiqueta de «culpable» con una sentencia absoluta e irreversible.
  • Explicar no es exculpar. Comprender el agotamiento moral del que parte no legitima ejecutar sin garantías. Al estigma no se responde con más estigma, sino con menos: proceso, reparación y una puerta de vuelta.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Becker, H. S. (1963). Outsiders: Studies in the Sociology of Deviance. Free Press.
  • Lemert, E. M. (1951). Social Pathology. McGraw-Hill.
  • Tannenbaum, F. (1938). Crime and the Community. Ginn and Company.
  • Braithwaite, J. (1989). Crime, Shame and Reintegration. Cambridge University Press.

Dudas del expedientePreguntas frecuentes

¿Quién es Hiromi Higuruma?

Hiromi Higuruma es un villano de Jujutsu Kaisen, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Pasó años defendiendo a personas condenadas por su cara, su barrio o su antecedente antes de pisar el estrado.

¿Por qué Hiromi Higuruma se convierte en villano?

Hiromi Higuruma y la teoría del etiquetamiento: cómo la reacción social y la etiqueta de «culpable» fabrican al desviado. Un defensor agotado que decidió juzgar y ejecutar en persona.

¿Qué teoría criminológica explica a Hiromi Higuruma?

El caso de Hiromi Higuruma se analiza desde la Etiquetamiento. La teoría del etiquetamiento (Tannenbaum, Lemert, Becker) sostiene que la desviación no está en el acto, sino en la reacción social que lo nombra: la etiqueta de «criminal» fabrica al criminal. Hiromi Higuruma, abogado defensor de Jujutsu Kaisen, encarna la crítica a ese sistema: harto de ver cómo se condena por prejuicio y no por verdad, se convierte en hechicero con un dominio en forma de tribunal que juzga y ejecuta. Su figura ilumina el diagnóstico —el poder decide a quién se etiqueta— y a la vez su grieta: quien denuncia la etiqueta acaba repartiéndola como juez y verdugo.

Compártelo𝕏Reddit