// Teoría criminológica Teoría del aprendizaje

Teoría de la identificación diferencial

No hace falta un mentor criminal de carne y hueso. A veces basta con querer ser como el gánster de la pantalla, el ídolo, el personaje. Daniel Glaser explicó el delito como un acto de identificación —con quien admiras, real o imaginario—.

7 min de lectura 5 villanos la ilustran

Un chico ve una película de gánsteres y sale del cine caminando distinto. Otro memoriza los gestos de su ídolo hasta hacerlos suyos. La mayoría se queda ahí, en la fantasía inofensiva. Pero algunos cruzan una línea y actúan desde la piel del personaje que admiran —matan, acosan, destruyen, como creen que lo haría él—. Daniel Glaser puso nombre a ese salto: no delinquimos solo por las malas compañías que tenemos, sino por las figuras con las que nos identificamos.

Infografía

Identificación diferencial de un vistazo

Autor
Daniel Glaser
Año
1956
Familia
Procesos · Aprendizaje social
Idea
Delinquimos al identificarnos con modelos —reales o imaginarios— desde cuya perspectiva el delito parece aceptable
En una fórmulaModelo admirado (real o imaginario) → identificación selectiva → adoptar su perspectiva ⇒ el delito parece aceptable
«Imaginarias»la clave de Glaser: el modelo criminal puede estar en una pantalla o un libro, no en tu barrio
Estado actualVigente y muy influyente

// OrigenLa corrección a Sutherland

La asociación diferencial de Sutherland decía que el delito se aprende en la interacción con otros: cuantos más contactos con definiciones favorables al crimen, más probable delinquir. Era una teoría poderosa, pero tenía un hueco. Explicaba al chico rodeado de delincuentes, ¿pero y el que delinque sin haberse criado entre criminales? ¿El fan que imita a un ídolo al que nunca ha tocado? Glaser, en 1956, cerró ese hueco con un matiz decisivo: lo que importa no es solo con quién te asocias, sino con quién te identificas.

Su fórmula: «una persona comete un delito cuando se identifica con personas —reales o imaginarias— desde cuya perspectiva su conducta delictiva parece aceptable». La palabra clave es «imaginarias». El modelo criminal no tiene por qué estar en tu barrio: puede estar en una pantalla, en un libro, en una leyenda. Basta con que lo adoptes como referente, con que te veas a ti mismo a través de sus ojos. Así, un solitario sin un solo amigo delincuente puede volverse criminal identificándose con un héroe oscuro, un asesino de cine o un ídolo caído.

"No hace falta un mentor criminal de carne y hueso: a veces basta con querer ser como el gánster que admiras en la pantalla."La tesis de la identificación diferencial
Concepto clave

Identificarse no es solo imitar

La identificación es más profunda que la imitación. Imitar es copiar una conducta; identificarse es adoptar una perspectiva —ver el mundo, y verse a uno mismo, como lo haría el modelo—. Por eso el criminal por identificación no siente que hace algo ajeno: siente que hace lo que su figura haría, lo que encaja con quien él aspira a ser. Glaser subrayó que esa identificación es selectiva: de todos los modelos posibles, elegimos aquellos que confirman lo que ya deseamos ser. El fan no se vuelve violento «por» su ídolo; elige un ídolo que legitima la violencia que ya latía en él. La flecha va en las dos direcciones.

El esquema

De la admiración al delito, paso a paso

  1. 1
    ExposiciónAparece un modelo atractivo: real, mediático o de ficción —el ídolo, el gánster de cine, el asesino célebre—
  2. 2
    Identificación selectivaEl sujeto elige, entre todos los modelos, el que legitima lo que ya deseaba ser
  3. 3
    Adopción de perspectivaDeja de solo imitar: ve el mundo, y se ve a sí mismo, como lo haría el modelo
  4. 4
    Paso al actoActúa «desde la piel» del personaje, para quien esa conducta parece aceptable —incluso admirable—

Identificarse no es copiar una conducta, es adoptar una identidad: por eso el criminal no siente que hace algo ajeno.

// En la ficciónCinco identificaciones que se volvieron delito

Ninguna teoría es tan cómplice de la cultura pop como esta, porque la cultura pop es, precisamente, la gran fábrica de modelos con los que identificarse. el rey por una noche es el caso puro: un don nadie que se identifica hasta el delirio con un ídolo de la televisión, y secuestra para convertirse en él —«mejor rey por una noche que pringado toda la vida»—. el Enigma lleva la identificación al terreno moderno: un solitario que se construye una persona —el Enigma— a partir de asesinos reales y de una comunidad online que lo jalea, y desde esa máscara comete lo que Edward Nashton jamás se habría atrevido a cometer. Y Ghostface es la teoría hecha broma meta: un asesino que ha aprendido a matar de las películas de terror, que cita sus reglas y se ve a sí mismo como el villano de un slasher.

Los otros dos muestran los polos del fenómeno. el fan es la identificación parasocial con un ídolo deportivo: una relación imaginaria, unilateral y total, que cuando se rompe se convierte en violencia posesiva. Y Red Mist es la identificación con los villanos de ficción misma: un niño rico que, incapaz de ser el héroe, decide ser el supervillano que ha visto en los cómics, disfraz incluido. Fama, persona online, cine de terror, ídolo deportivo, cómic: cinco espejos distintos, un mismo mecanismo —volverse lo que se admira—.

// Los medios¿Crean los medios criminales?

La identificación diferencial está en el corazón del debate más viejo y más manipulado de la criminología: ¿los medios violentos fabrican delincuentes? Glaser ofrece la respuesta matizada que ni los alarmistas ni los negacionistas quieren oír. Por un lado, sí: los medios amplían el catálogo de modelos con los que identificarse, y para una minoría vulnerable, un personaje puede convertirse en el referente que legitima el paso al acto. Por otro, no en el sentido simplista: ver violencia no «programa» a nadie —millones ven las mismas películas y no matan—. La clave es la identificación selectiva: el medio no crea el deseo, ofrece una forma y una justificación a un deseo que ya buscaba modelo. Billy Loomis lo dice mejor que ningún manual: «las películas no crean psicópatas; los hacen más creativos».

Esa frase es toda la teoría en una línea. El cine no le dio a Loomis las ganas de matar; le dio el guion, la estética y la coartada de estar «dentro de una película». Culpar a los medios de crear al asesino es tan falso como negar que le dieron su lenguaje. La verdad incómoda está en medio: la cultura pop no siembra la semilla, pero sí reparte, gratis, todos los modelos que esa semilla puede elegir para crecer.

// La grietaNi pánico moral, ni "los ídolos son inocentes"

La teoría tiene dos filos peligrosos. El primero es el pánico moral: usar la identificación diferencial para culpar a un videojuego, una canción o una película de cada crimen, censurando la cultura como si fuera la causa. Glaser no dice eso —la identificación es selectiva y minoritaria, y la inmensa mayoría de los fans no delinque—; convertir la teoría en una cruzada contra la ficción es traicionarla. El segundo filo es el contrario: negar toda influencia, como si los modelos culturales no importaran en absoluto. También es falso: para el sujeto vulnerable, el referente sí puede ser el empujón que faltaba.

Y la cautela de siempre, aquí especialmente necesaria: identificarse con un villano no exculpa nada. Que Pupkin se creyera una estrella o que Red Mist se disfrazara de supervillano no rebaja su responsabilidad; la identificación explica desde dónde actuaron, no los absuelve de lo que hicieron. El modelo importa para entender y prevenir, no para repartir culpas a los guionistas.

Relevancia histórica

El eslabón entre Sutherland y Bandura

La identificación diferencial ocupa un lugar bisagra en la historia del aprendizaje criminal. Glaser tendió el puente entre la asociación diferencial de Sutherland —que exigía contacto directo con delincuentes— y la teoría del aprendizaje social de Bandura, que probaría en laboratorio que basta observar un modelo para imitarlo. Con ese matiz, Glaser anticipó en dos décadas el debate contemporáneo sobre los efectos de los medios y los crímenes copycat: su idea sigue siendo el marco más citado para pensar por qué la cultura pop ofrece modelos sin fabricar, por sí sola, criminales.

  1. 1947Sutherland consolida la asociación diferencial: el delito se aprende en la interacción directa.
  2. 1956Glaser publica «Criminality Theories and Behavioral Images» y añade la identificación con modelos imaginarios.
  3. 1961–63Bandura y los experimentos del muñeco Bobo: se imita al modelo solo con observarlo.
  4. 1977Bandura formaliza la teoría del aprendizaje social, heredera directa de esta línea.

// Por qué importaOfrecer mejores espejos

Si el delito puede nacer de una identificación, la prevención no es prohibir los malos modelos —imposible y contraproducente—, sino competir con ellos: ofrecer referentes reales, vínculos y sentido de pertenencia que hagan innecesario buscar identidad en un ídolo destructivo o en una comunidad online que jalea el odio. El adolescente aislado que se construye una persona a partir de asesinos lo hace, casi siempre, porque no encontró antes un «yo» más habitable. La respuesta a la identificación tóxica es dar mejores espejos: mentores, causas, comunidades que ofrezcan estatus e identidad sin pedir sangre a cambio.

La teoría de Glaser es, en el fondo, una advertencia y una esperanza a la vez. Advertencia: en la era de las pantallas y los algoritmos, nunca ha habido tantos modelos disponibles para identificarse, ni tan fácil encontrar la comunidad que celebre el peor de ellos. Esperanza: si el problema es con quién nos identificamos, la solución empieza por ampliar, y mejorar, las figuras en las que un joven perdido puede reconocerse.

Luces y sombras

Fortalezas
  • Cierra un hueco real de Sutherland: explica al delincuente solitario, sin compañías criminales, que se identifica con un modelo lejano o de ficción.
  • Anticipa el aprendizaje social de Bandura y sigue siendo el marco más útil para el debate sobre medios violentos y crímenes copycat.
  • La idea de identificación selectiva evita el determinismo: el medio no crea el deseo, ofrece forma y coartada a uno que ya buscaba modelo.
  • Tiene lectura preventiva concreta: no prohibir modelos, sino ofrecer mejores espejos —referentes, vínculos y pertenencia reales—.
Límites y críticas
  • Es difícil de falsar: «se identificó con un modelo» puede explicarlo casi todo a posteriori sin predecir nada.
  • No dice por qué unos hacen la identificación selectiva tóxica y otros, expuestos a lo mismo, no: el mecanismo del salto al acto queda sin cuantificar.
  • Se presta al pánico moral: mal usada, culpa a videojuegos, canciones o películas de cada crimen y justifica censurar la ficción.
  • Deja fuera las causas estructurales (pobreza, exclusión) que explican por qué unos jóvenes están más expuestos que otros a buscar identidad en modelos destructivos.
En resumen

Tres ideas clave

  • Glaser corrige a Sutherland: no delinquimos solo por las compañías que tenemos, sino por las figuras —reales o imaginarias— con las que nos identificamos y desde cuya perspectiva el delito parece aceptable.
  • Identificarse es adoptar una perspectiva, no solo copiar; y es selectivo: elegimos el ídolo que legitima lo que ya deseábamos. Por eso los medios no "crean" criminales, pero sí ofrecen modelos y coartadas.
  • Los filos: el pánico moral (culpar a la ficción) y negar toda influencia. Identificarse con un villano no exculpa. La prevención no es prohibir modelos, sino ofrecer mejores espejos: referentes y pertenencia reales.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Glaser, D. (1956). «Criminality Theories and Behavioral Images». American Journal of Sociology, 61(5).
  • Sutherland, E. H. & Cressey, D. R. (1978). Criminology. Lippincott.
  • Bandura, A. (1977). Social Learning Theory. Prentice-Hall.
  • Surette, R. (2015). Media, Crime, and Criminal Justice. Cengage.