Rupert Pupkin ensaya entrevistas de televisión en el sótano de su madre, ante recortes de cartón de estrellas y un público imaginario que ríe sus chistes. Se ve a sí mismo como una celebridad; solo le falta que el mundo lo confirme. Cuando la fantasía deja de bastar, secuestra a Jerry Langford —el presentador al que idolatra— y exige, como rescate, actuar en su programa. Para la identificación diferencial de Glaser, Pupkin no es un loco cualquiera: es alguien que se identificó tan a fondo con su ídolo que delinquió para ser él.
// La teoríaDelinquir desde la piel del ídolo
Daniel Glaser corrigió a Sutherland con un matiz: no basta con las compañías que uno tiene; importa con quién uno se identifica, aunque sea una figura imaginaria o inalcanzable. Delinquimos, dijo, cuando adoptamos la perspectiva de alguien —un modelo— desde la cual nuestra conducta parece aceptable. Pupkin no tiene ningún mentor criminal; tiene un ídolo televisivo, y desde la identidad que ha construido a su imagen, secuestrar «tiene sentido»: es solo el atajo lógico hacia el estrellato que él ya siente merecer.
La película es de 1982 y resulta profética: Pupkin es el ancestro directo del que hoy hace cualquier cosa por «ser alguien». Su delito no nace de la maldad ni de la necesidad, sino de una identificación delirante con la fama —vista como el único modo válido de existir—. La cultura de la celebridad le ofreció el modelo; su vacío hizo el resto.
La identificación selectiva
Glaser subrayó que la identificación es selectiva: de todos los modelos posibles, elegimos el que confirma lo que ya queremos ser. Pupkin no se vuelve ambicioso «por» Jerry Langford; elige idolatrar a Langford porque encarna la fama que Pupkin ya ansiaba desesperadamente. El ídolo no crea el deseo, le da una forma y un rostro. Por eso millones ven al mismo presentador y solo un Pupkin secuestra: la diferencia no está en el modelo, sino en el vacío que lo elige y en hasta dónde está dispuesto a llegar para fundirse con él.
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// El sujetoEl vacío que buscaba un yo prestado
Bajo la identificación de Pupkin hay una carencia de identidad. No tiene un «yo» habitable —ni logros, ni vínculos, ni lugar—, así que toma prestado el de su ídolo. La fama no es para él un capricho: es la única forma de existencia que reconoce como real. Glaser lo enmarcaría con precisión: cuanto más pobre es el yo propio, más total puede volverse la identificación con un modelo externo, hasta el punto de delinquir para habitarlo. Pupkin secuestra, en el fondo, porque sin ser Langford siente que no es nadie.
Rupert Pupkin
// La grietaNi "loco inofensivo", ni la fama como coartada
La grieta de Pupkin es su tono de comedia, que tienta a verlo como un bufón inofensivo. Pero secuestra a un hombre, lo aterroriza y lo hace por pura ambición: su delirio no lo vuelve inocente. Explicar que se identificó con un ídolo no exculpa el secuestro. Y la grieta contraria —culpar a «la televisión» o a la cultura de la fama de crearlo— también falla: el medio le ofreció el modelo, no las ganas ni la decisión. La cultura de la celebridad es el caldo, no el criminal. La lectura justa: Pupkin es responsable de su delito y es un producto reconocible de una sociedad que enseña que solo importas si eres famoso.
El final del film es genial y perturbador: Pupkin cumple condena y sale convertido, de verdad, en una celebridad menor. Su identificación «funcionó». Es la sátira definitiva de una cultura donde el crimen puede ser, literalmente, una vía de acceso a la fama que se idolatra.
Dar un "yo" antes de que se tome uno prestado
Pupkin señala una prevención que la teoría de Glaser hace evidente: frente a la identificación tóxica con la fama, la respuesta no es censurar a las estrellas, sino ofrecer fuentes de identidad y valor que no dependan de ser famoso. El vacío que empuja a alguien a tomar prestado el «yo» de un ídolo —y a delinquir para habitarlo— se llena con vínculos, logros propios, pertenencia real. En una cultura que enseña que solo existes si te miran millones, habrá siempre Pupkins dispuestos a cualquier cosa por esa mirada. Darles antes un yo propio es la única prevención de fondo.
«Rey por una noche», dice Pupkin, y prefiere una noche de fama a una vida de anonimato. Su tragedia —y la de la cultura que lo produjo— es que tenga que robar una identidad porque nunca aprendió a construir la suya.
Tres ideas clave
- Pupkin es la identificación diferencial pura (Glaser): sin ningún mentor criminal, se identifica con un ídolo televisivo y secuestra para convertirse en él. Delinque desde la perspectiva de su modelo.
- La identificación es selectiva y llena un vacío: no idolatra la fama por Langford, elige a Langford porque encarna la fama que ya ansiaba. El ídolo da forma al deseo, no lo crea.
- Ni bufón inofensivo ni culpa de "la tele": responsable del secuestro y producto de una cultura de la celebridad. La prevención es dar un yo propio antes de que se tome uno prestado.
Fuentes · para seguir leyendo
- Glaser, D. (1956). «Criminality Theories and Behavioral Images». American Journal of Sociology, 61(5).
- Lipovetsky, G. (1983). La era del vacío. Gallimard.
- Braudy, L. (1986). The Frenzy of Renown: Fame and Its History. Oxford University Press.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Por qué Rupert Pupkin (el rey por una noche) se convierte en villano?
Rupert Pupkin y la identificación diferencial de Glaser: el don nadie que se identifica hasta el delirio con un ídolo de la televisión y comete un delito para, literalmente, convertirse en él.
¿Qué teoría criminológica explica a Rupert Pupkin?
El caso de Rupert Pupkin se analiza desde la Teoría de la identificación diferencial. La teoría de la identificación diferencial de Daniel Glaser sostiene que se delinque al identificarse con una figura —real o imaginaria— desde cuya perspectiva el delito parece aceptable. Rupert Pupkin es su caso puro: un aspirante a cómico que se identifica obsesivamente con un ídolo de la tele y secuestra a su modelo para forzar su propio ascenso a la fama.


