Los tres mosqueteros empieza con un insulto. En una posada de Meung, en 1625, el joven d’Artagnan, recién llegado de Gascuña con una carta de recomendación para el capitán de los mosqueteros, ve a un caballero moreno con una cicatriz en la sien que se ríe de su caballo amarillo. Lo desafía, los criados del caballero lo apalean y se despierta sin su carta. El hombre es el conde de Rochefort, agente de confianza del cardenal Richelieu. Durante el resto de la novela aparece en los peores momentos: se cita con Milady en Meung, participa en la intriga contra la reina y ayuda a los hombres del cardenal a raptar a Constance Bonacieux, la costurera de la reina a la que ama d’Artagnan. D’Artagnan se pasa todo el libro buscando al «hombre de Meung». Al final, después de que el cardenal le dé su nombramiento, los dos zanjan por fin la disputa. El epílogo cuenta que se batieron tres veces y que d’Artagnan lo hirió las tres; después se abrazaron y se hicieron amigos. En la continuación, Veinte años después, Rochefort, al que Mazarino ha encarcelado, se pone del lado de la Fronda y muere en una refriega callejera por la espada de d’Artagnan.
// La teoríaLos valores que se esconden debajo
En 1961, cuatro años después de su famoso artículo sobre la neutralización, David Matza y Gresham Sykes publicaron «Juvenile Delinquency and Subterranean Values». Su pregunta era qué quieren en realidad los delincuentes, si comparten las normas de la sociedad. Su respuesta: quieren lo que quiere todo el mundo. Persiguen la emoción, la aventura, las sensaciones fuertes; muestran desprecio por el trabajo y la rutina; valoran la dureza y la agresividad masculina; y les gusta gastar dinero a la vista de todos. Ninguno de esos valores es ajeno a la sociedad respetable. Son subterráneos: están presentes, se admiran, se celebran en películas y novelas, pero se reservan para el ocio, el deporte y la guerra. La falta del delincuente, sostenían Matza y Sykes, no es tener valores extraños, sino vivirlos en el momento y el lugar equivocados. La diferencia entre un héroe y un delincuente depende a menudo menos de lo que valoran que de quién los autoriza a actuar en consecuencia.
La tesis de David Matza y Gresham Sykes, «Juvenile Delinquency and Subterranean Values» (1961)
Los valores que hay detrás de buena parte de la delincuencia juvenil son mucho menos desviados de lo que suele pintarse».
Dos caras de la misma cultura
La novela de Dumas es un laboratorio perfecto para esta teoría, porque sus héroes son, con criterios modernos, delincuentes. Los mosqueteros se baten en duelo desafiando los edictos reales, beben y se juegan un dinero que no tienen, Porthos vive del bolsillo de una mujer casada, d’Artagnan seduce a la doncella de Milady para sacarle información y los cuatro consideran que trabajar está por debajo de ellos. Se les celebra porque actúan por el rey y por la reina. Rochefort tiene exactamente los mismos valores: el valor, la lealtad a su señor, el gusto por la intriga y por el duelo. Sus delitos —el robo de la carta, el rapto de Constance— son el mismo tipo de actos que los mosqueteros cometen por su bando. La línea moral de la novela no pasa entre valores distintos, sino entre amos distintos. Por eso la reconciliación final resulta natural. Cuando termina la guerra entre sus señores, nada los separa.
// El sujetoEl profesional de las sombras
Rochefort es un villano secundario, pero memorable. Es un noble valiente, leal y discreto, el tipo de hombre al que el cardenal confía las misiones delicadas. Nunca muestra la crueldad de Milady ni el fanatismo de Felton. Hace su trabajo, y su trabajo lo coloca enfrente de los héroes. Sus rasgos más reconocibles son físicos: la cicatriz, la sonrisa fría de Meung. En las novelas posteriores, Dumas completa el retrato de un hombre que ha servido a un solo amo toda su vida y al que el siguiente, Mazarino, desecha encerrándolo en la Bastilla. Su decisión de unirse a la Fronda no es una conversión moral. Es la elección de otro bando para el mismo apetito de acción.
Conde de Rochefort
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// La grietaLos mismos valores, otras víctimas
La teoría de los valores subterráneos se escribió sobre adolescentes de clase obrera de las ciudades estadounidenses, no sobre nobles del siglo XVII. Aplicada a Rochefort, explica muy bien el parecido entre el villano y los héroes, y peor sus delitos concretos: esos nacen de su lealtad al cardenal, que pertenece a las teorías de la obediencia y del crimen de Estado. El rapto de Constance no es una aventura en busca de emociones; es una operación política contra una mujer cuya única falta es servir a la reina.
La teoría señala además un hecho incómodo sobre los lectores de la novela. Celebramos los duelos, las borracheras y el desprecio por las normas de los mosqueteros porque nos gusta su bando, y condenamos los mismos actos en Rochefort porque no nos gusta el suyo. Rochefort eligió robar, engañar y ayudar a raptar a una mujer. Lo que añaden Matza y Sykes es que la línea entre héroe y villano, en Dumas como en la vida, la traza a menudo el bando al que se sirve más que los valores que se tienen.
La aventura con licencia y sin ella
La investigación inspirada en Matza y Sykes ha mostrado que a muchos jóvenes los atrae al delito lo mismo que atrae a otros a los deportes extremos, al servicio militar o al cine de acción: la emoción, el riesgo y la ocasión de demostrar lo que valen. Criminólogos culturales como Jack Katz y Stephen Lyng estudiaron después en esa línea las «seducciones» del delito y el edgework, la búsqueda deliberada del límite. La lección práctica es que prevenir ciertos delitos pasa por ofrecer salidas legítimas a esos apetitos en lugar de fingir que no existen. Rochefort y d’Artagnan tenían la misma hambre de aventura. Solo uno de ellos tenía un nombramiento del rey.
Tres ideas clave
- La teoría de los valores subterráneos (Matza y Sykes, 1961) sostiene que los delincuentes persiguen valores que la sociedad respetable también tiene —emoción, aventura, dureza, desprecio por la rutina—, solo que en el momento y el lugar equivocados.
- El conde de Rochefort, agente de Richelieu, humilla a d’Artagnan en Meung, le roba la carta y ayuda a raptar a Constance. Al final se baten tres veces y se hacen amigos; en Veinte años después se une a la Fronda y muere por la espada de d’Artagnan.
- La grieta: la teoría explica por qué el villano y los héroes se parecen tanto, no sus delitos políticos, que nacen de su lealtad al cardenal. Aun así, el rapto de Constance fue una elección.
Fuentes · para seguir leyendo
- Matza, D. y Sykes, G. M. (1961). «Juvenile Delinquency and Subterranean Values». American Sociological Review, 26(5), 712-719.
- Katz, J. (1988). Seductions of Crime: Moral and Sensual Attractions in Doing Evil. Basic Books.
- Lyng, S. (1990). «Edgework: A Social Psychological Analysis of Voluntary Risk Taking». American Journal of Sociology, 95(4), 851-886.
- Dumas, A. (1844). Les Trois Mousquetaires.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Conde de Rochefort?
Conde de Rochefort («El hombre de Meung») es un villano de Los tres mosqueteros, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Se batieron tres veces y d’Artagnan lo hirió las tres.
¿Por qué Conde de Rochefort (El hombre de Meung) se convierte en villano?
El conde de Rochefort y los valores subterráneos: en Los tres mosqueteros, el agente del cardenal que humilla a d’Artagnan en Meung, le roba la carta y ayuda a secuestrar a Constance acaba siendo su amigo. Matza y Sykes explicaron que el delincuente no tiene valores distintos: busca la aventura, el riesgo y el desafío que la sociedad respetable también admira. Rochefort y los mosqueteros querían lo mismo.
¿Qué teoría criminológica explica a Conde de Rochefort?
El caso de Conde de Rochefort se analiza desde la Teoría de los Valores Subterráneos. La teoría de los valores subterráneos de David Matza y Gresham Sykes (1961) sostiene que los jóvenes delincuentes no tienen una moral opuesta a la de la sociedad: persiguen valores que la sociedad respetable también tiene, aunque los reserve para el ocio —la emoción, la aventura, la dureza, el desprecio por la rutina—. El conde de Rochefort, agente del cardenal en Los tres mosqueteros, es el espejo de los héroes: duelos, intrigas, lealtad a un señor y gusto por el peligro. Dumas lo convierte en villano por su bando y en amigo cuando cambia el bando. La teoría explica por qué es tan fácil pasar de un lado a otro.








