En el sexto episodio de El juego del calamar (Netflix, 2021), los jugadores forman parejas para una partida de canicas sin saber que de cada pareja solo saldrá vivo uno. Oh Il-nam, el jugador 001, un anciano frágil con un tumor cerebral, se empareja con Gi-hun, el protagonista, y parece perder el hilo de la partida; Gi-hun se aprovecha de su aparente demencia para quitarle las canicas con trampas. Al final Il-nam le entrega la última, le llama gganbu, amigo del alma, y se queda atrás, dado por eliminado. Sabía desde el principio que le estaban engañando. En el último episodio, ya moribundo, le cuenta a Gi-hun por qué: él inventó el juego para unos clientes muy ricos que ya no disfrutaban de nada, y se apuntó a jugar porque mirar desde la tribuna había dejado de bastarle. Esa confesión convierte la serie en un caso de criminología cultural, la que estudia el delito como emoción, espectáculo y consumo.
// La teoríaEl delito como emoción y como espectáculo
En Seductions of Crime (1988), el sociólogo Jack Katz sostuvo que la criminología olvidaba algo obvio: el delito produce emociones intensas, y a veces se comete por ellas. Stephen Lyng llamó edgework a la búsqueda deliberada del riesgo extremo. A partir de esas ideas, Jeff Ferrell, Keith Hayward y Jock Young desarrollaron la criminología cultural, que estudia el delito como experiencia, como imagen y como mercancía: la violencia convertida en espectáculo que otros consumen, y las emociones que se buscan en ella cuando la vida cotidiana no ofrece ninguna.
Mirar ya no basta
Il-nam es el caso extremo del consumidor de emociones. Lo tiene todo, y por eso mismo nada le satisface. El juego del calamar es su forma de recuperar la intensidad: primero como espectáculo, para él y para los VIP que apuestan sobre los jugadores como si fueran caballos, y después como participación, porque mirar ya no es suficiente. La criminología cultural describe esa lógica: la violencia como producto de entretenimiento, consumida por quienes pueden pagarla, y el riesgo como último lujo de quien ya no tiene nada que desear.
// El sujetoUn abuelo amable
Durante casi toda la serie, Il-nam es el personaje más entrañable: un anciano olvidadizo que juega con ilusión, que recuerda su infancia y que se encariña con Gi-hun. Esa ternura no era del todo falsa, y ahí está lo perturbador. Il-nam disfruta de verdad de los juegos de su niñez; lo que no le importa es que, para disfrutarlos, cientos de personas tengan que morir.
La serie siembra pistas que solo se leen al revés. En el segundo episodio, cuando los supervivientes votan si siguen, el empate a 100 lo deshace el jugador 001, que vota por detener los juegos: el creador deja que todos vuelvan a casa, y él mismo regresa, como si prefiriera no morir ahí fuera. En el cuarto, durante la pelea a oscuras en el dormitorio, son los gritos del anciano encaramado a lo alto de una torre de literas los que ponen fin a la paliza, y las luces vuelven a encenderse. Y en el último, después de la confesión, propone una apuesta más: un hombre borracho yace en la calle nevada, e Il-nam apuesta a que nadie se detendrá a ayudarlo antes de medianoche. Alguien se detiene. Il-nam muere en ese momento, la víspera de Navidad, sin llegar a verlo. El hombre que convirtió la desesperación ajena en espectáculo muere apostando por la indiferencia de los demás, y pierde.
Oh Il-nam
Llévate gratis el mapa de las teorías
Suscríbete al archivo criminal —un caso a la semana, sin spam— y te regalo El mapa de las teorías: las grandes corrientes de la criminología en una sola lámina.
// La grietaLa emoción no explica la desigualdad
La criminología cultural explica bien por qué Il-nam juega, pero menos por qué los demás aceptan jugar. Los 456 jugadores no buscan emociones: buscan una salida a deudas imposibles. El juego del calamar es, sobre todo, una alegoría de la desigualdad económica, y esa dimensión estructural queda en segundo plano si se mira solo a la emoción del creador.
Además, la serie es a su vez un espectáculo de violencia que millones de personas consumen con entusiasmo, como los VIP de la ficción. La criminología cultural lo señalaría: la crítica del espectáculo forma parte del espectáculo.
El sufrimiento como entretenimiento
La criminología cultural ha estudiado cómo los medios convierten el delito y el sufrimiento en entretenimiento: los programas que muestran detenciones reales, los vídeos de peleas que circulan en redes o los retos peligrosos que se graban para ganar seguidores. Su argumento es que no basta con preguntar por qué alguien comete un delito; hay que preguntar también quién lo mira, quién lo vende y qué gana con ello.
Tres ideas clave
- La criminología cultural (Ferrell, Hayward, Young) y las «seducciones del delito» de Katz (1988) estudian el delito como emoción, espectáculo y mercancía.
- Oh Il-nam, el jugador 001, es el creador de El juego del calamar: un millonario aburrido que convierte la desesperación de los endeudados en espectáculo y que se apunta a jugar para volver a sentir algo.
- La grieta: la emoción explica al creador, no a los jugadores, que juegan por deudas, y la propia serie es el espectáculo de violencia que critica.
Fuentes · para seguir leyendo
- Katz, J. (1988). Seductions of Crime: Moral and Sensual Attractions in Doing Evil. Basic Books.
- Ferrell, J., Hayward, K. y Young, J. (2008). Cultural Criminology: An Invitation. Sage.
- Lyng, S. (1990). «Edgework: A Social Psychological Analysis of Voluntary Risk Taking». American Journal of Sociology, 95(4), 851-886.
- Young, J. (2007). The Vertigo of Late Modernity. Sage.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Oh Il-nam?
Oh Il-nam («El jugador 001») es un villano de El juego del calamar, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Tenía tanto dinero que ya nada le divertía.
¿Por qué Oh Il-nam (El jugador 001) se convierte en villano?
La criminología cultural ve en el jugador 001 de El juego del calamar a un consumidor de emociones: un millonario que compró la muerte ajena como espectáculo y bajó a la arena cuando mirar dejó de bastarle.
¿Qué teoría criminológica explica a Oh Il-nam?
El caso de Oh Il-nam se analiza desde la Criminología cultural. La criminología cultural, desarrollada por Jeff Ferrell, Keith Hayward y Jock Young a partir de las ideas de Jack Katz, estudia el delito no solo como cálculo o necesidad, sino como experiencia emocional, espectáculo y producto de consumo. Oh Il-nam, el jugador 001 de El juego del calamar (Netflix, 2021), es un anciano con un tumor cerebral que entabla amistad con Gi-hun durante los juegos. Al final se revela que es su creador: un millonario que organizó una competición a muerte para personas desesperadas, con espectadores ricos que apuestan sobre ellas, y que decidió participar porque ver el juego desde la tribuna había dejado de emocionarle.








