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Las villanas más fascinantes de la ficción (y la criminología)

De Cersei a Villanelle: por qué la mujer que delinque nos fascina y perturba a partes iguales. La criminología feminista explica qué se esconde tras el morbo de la 'mujer mala'.

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Retrato conceptual de una villana de ficción, luz fría y mirada desafiante
Las villanas · 10 mujeres que rompen dos veces la norma

Cuando un hombre mata en la ficción, solemos preguntarnos cómo. Cuando lo hace una mujer, preguntamos por qué —y, casi siempre, qué le pasó. Esa diferencia de trato no es inocente: revela cuánto nos incomoda todavía la mujer que delinque. Las mejores villanas del cine, la serie y el anime nos fascinan precisamente porque tocan ese nervio. Y hay una corriente que lleva medio siglo explicándolo: la criminología feminista.

// LA TEORÍAPor qué la 'mujer mala' se estudió tan mal

Durante décadas, la criminología clásica trató a la delincuente como una rareza estadística que no merecía teoría propia. Cuando se ocupó de ella, lo hizo con las peores lentes: Cesare Lombroso, en La donna delinquente (1893), la describía como una anomalía biológica, más 'masculina' y más monstruosa que cualquier criminal varón. La idea de fondo —que la maldad femenina es antinatural— sobrevivió mucho después de que la ciencia enterrara a Lombroso.

En 1976, la británica Carol Smart publicó Women, Crime and Criminology y puso el dedo en la llaga: la disciplina había ignorado a las mujeres o las había caricaturizado. Frances Heidensohn añadió que ellas delinquen menos, en parte, porque están sometidas a un control social informal mucho más férreo (la familia, la reputación, la mirada del barrio). Y Meda Chesney-Lind mostró cómo el sistema penal castiga más a las chicas que se salen del rol esperado que por el daño real que causan.

Concepto clave

La doble desviación

La villana rompe la norma dos veces: transgrede la ley y el guion de lo que se supone que debe ser una mujer —cuidadora, contenida, no violenta. Por eso su castigo social (y el morbo del público) es doble. La criminología feminista llama a esto doble desviación: no la juzgamos solo por lo que hace, sino por atreverse a hacerlo siendo mujer.

De ahí nacen tres etiquetas que la cultura pop repite sin parar: mad (loca: su violencia se explica por una patología), bad (mala: una aberración monstruosa, casi inhumana) o victim (víctima: en realidad no eligió, la empujaron). Fíjate en cuál te tienta usar con cada una de las villanas que vienen: casi ninguna cabe entera en una sola casilla, y ahí está lo interesante.

// EL CATÁLOGODiez villanas que rompen la norma dos veces

Cersei Lannister (Juego de Tronos). Su fascinación está en que juega al poder con las mismas reglas despiadadas que los hombres de su mundo, pero se le exige el doble para tener la mitad. Es el retrato perfecto de cómo el techo de cristal empuja a la ambición a volverse brutal: no es 'loca', es una estratega a la que el sistema solo dejó una puerta abierta, la de la crueldad.

Villanelle (Killing Eve). Una asesina que disfruta, se divierte y viste de alta costura: rompe de raíz el estereotipo de que la mujer solo mata acorralada o por amor. Su placer sin culpa es justo lo que la vuelve tan perturbadora —y tan comercial—, porque niega el guion de la 'victim' que el público espera para poder perdonarla.

Esdeath (Akame ga Kill!). Encarna la fantasía del poder militar absoluto sin coartada emocional: cree, sinceramente, que el fuerte debe aplastar al débil. Es la villana 'bad' en estado puro, y por eso incomoda: no nos ofrece el trauma con el que reconciliarnos.

Himiko Toga (My Hero Academia). Aquí sí opera la casilla 'mad', pero con matiz: su violencia se lee como el desborde de una adolescente a la que su sociedad marcó como monstruo por sentir distinto. Es un caso de manual de cómo la etiqueta crea al desviado que dice describir.

Kathryn Merteuil (Crueles intenciones). Su arma es la reputación: manipula desde el privilegio y la máscara de 'buena chica' porque sabe que a una mujer se la juzga por su imagen antes que por sus actos. Convierte el control social informal que debería reprimirla en su herramienta favorita.

Mystique (X-Men). Literalmente cambia de forma: la metáfora perfecta de la identidad femenina como actuación forzada. Su radicalización nace del rechazo a esconderse, y plantea una pregunta política incómoda: ¿es villana la que se niega a interpretar el papel que le tocó?

Sofía Falcone (The Penguin). Una de las mejores ilustraciones recientes de la doble desviación: la encierran en un psiquiátrico no tanto por lo que hizo como por resultar inconveniente para los hombres de su familia. Cuando 'se vuelve mala', el público entiende que el sistema la fabricó.

Annie Wilkes (Misery). El terror de que la figura cuidadora por excelencia —la enfermera, la fan devota— sea la depredadora. Su fuerza dramática viene de pervertir el rol de género 'seguro': nadie sospecha del ángel del hogar hasta que es tarde.

La enfermera Ratched (Alguien voló sobre el nido del cuco). La villana institucional: no necesita un arma porque su poder es burocrático y frío. Representa cómo el control puede vestirse de cuidado, y cómo una mujer en un puesto de autoridad se lee como más siniestra que cualquier carcelero varón.

Bellatrix Lestrange (Harry Potter). El fanatismo hecho personaje: su lealtad enfermiza y su placer sádico la convierten en la excepción que confirma la regla, la mujer 'mad' y 'bad' a la vez. Interesa porque su devoción a un líder masculino la retrata como fuerza y como jaula al mismo tiempo.

Infografía

La villana de un vistazo

Etiquetas
Mad / Bad / Victim
Concepto
Doble desviación
Autora fundacional
Carol Smart (1976)
Control clave
Informal (reputación)
~2xel castigo social de la mujer que delinque, según la doble desviación

// EL ESPEJOQué dice de nosotros que nos fascinen

El patrón salta a la vista: cuando un guion no sabe qué hacer con una villana, la mete en una de las tres cajas. La declara loca (así su violencia no cuestiona nada), monstruosa (así es una excepción y no un síntoma) o víctima (así recuperamos la mujer 'dañada' que sí sabemos compadecer). Las villanas que de verdad perduran —Villanelle, Cersei, Sofía Falcone— son las que se resisten a caber en una sola caja.

Por qué importa

Explicar no es exculpar

Leer a estas villanas con la criminología feminista no las convierte en heroínas ni disculpa el daño que causan en la ficción. Sirve para algo más útil: detectar cuándo un relato usa el género como atajo —la 'loca', el 'ángel corrompido'— en lugar de darnos un personaje de verdad. Y para entender, fuera de la pantalla, por qué el sistema penal real sigue tratando distinto a quien delinque según su género.

El delito tiene género, y la teoría también lo tuvo.Síntesis de Carol Smart
En resumen

Lo que te llevas

  • La criminología clásica ignoró o caricaturizó a la mujer delincuente; la criminología feminista (Smart, Heidensohn, Chesney-Lind) corrigió el foco.
  • La 'doble desviación' explica por qué la villana nos fascina más: rompe la ley y el rol de género a la vez.
  • Los guiones recurren a tres etiquetas de atajo —mad, bad, victim— y las mejores villanas son las que no caben en ninguna.
  • Mirar la ficción con esta lente afina el ojo crítico sin exculpar: explicar no es justificar.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Smart, C. (1976). Women, Crime and Criminology: A Feminist Critique. Routledge & Kegan Paul.
  • Heidensohn, F. (1985). Women and Crime. Macmillan.
  • Chesney-Lind, M. (1997). The Female Offender: Girls, Women and Crime. Sage.
  • Lombroso, C. & Ferrero, G. (1893). La donna delinquente. (referencia histórica del enfoque que la teoría feminista critica).

Preguntas frecuentes

¿Qué es la doble desviación en criminología?

Es la idea de que la mujer que delinque es juzgada dos veces: por infringir la ley y por romper el rol de género que se espera de ella (cuidadora, no violenta). Por eso suele recibir un castigo social y un escrutinio moral mayores que los de un hombre por un delito equivalente.

¿Por qué hay menos villanas que villanos en la ficción?

En parte porque la delincuencia femenina real es menor —Frances Heidensohn lo atribuye a un control social informal más estricto sobre las mujeres— y en parte porque la industria tardó en escribir personajes femeninos complejos. Cuando aparecen villanas memorables, suelen romper esquemas justo por lo poco habituales que resultan.

¿Analizar a estas villanas justifica la violencia?

No. La criminología feminista explica los mecanismos sociales y narrativos detrás de estos personajes; no aprueba sus actos. Es la diferencia entre entender por qué un relato construye a una villana de cierto modo y avalar lo que hace: explicar no es exculpar.