// Caso 483 · Procesos y control Desviación Primaria y Secundaria →

Sofía Falcone (La Verdugo): La heredera a la que llamaron Verdugo hasta que lo fue

Sofía Falcone y la desviación primaria y secundaria de Lemert: cómo el etiquetado —el apodo, el chivo expiatorio, el manicomio— reorganiza una identidad hasta que la persona asume el papel que le impusieron. Se convirtió en lo que dijeron que era.

Póster de Sofía Falcone, villano de The Penguin
The Penguin · Series
Sofía Falcone
alias La Verdugo

En The Penguin (HBO, 2024), Sofía Falcone entra en escena precedida por un nombre que no eligió: «la Verdugo», the Hangman, la hija del capo Carmine Falcone a la que se atribuye una cadena de asesinatos de mujeres en Gotham. Ese apodo llega antes que ella, la explica antes de que hable y la condena antes de que se defienda. Cuando por fin conocemos su historia, descubrimos que buena parte de ese relato fue construido sobre ella y no por ella: una familia criminal que necesitaba un culpable la señaló, un padre la entregó, un manicomio la encerró diez años. Y al salir, la mujer que regresa ya no es del todo la que entró. Para la teoría de la desviación primaria y secundaria de Edwin Lemert, Sofía no es la excepción monstruosa que su leyenda pregona: es el ejemplo casi didáctico de cómo una etiqueta, repetida el tiempo suficiente y respaldada por instituciones, acaba fabricando aquello que decía describir.

// La teoríaNo el primer acto, sino la reacción que lo sigue

El sociólogo Edwin Lemert, en Social Pathology (1951), dio uno de los giros decisivos de la criminología: dejar de preguntar solo por qué alguien comete el primer delito para preguntar qué ocurre después. Distinguió dos momentos. La desviación primaria es el acto inicial de ruptura de la norma —puntual, a veces ambiguo, con causas de todo tipo— que no altera la imagen que la persona tiene de sí misma. La desviación secundaria es lo que surge cuando la sociedad reacciona: cuando se etiqueta, castiga y trata a alguien como «un criminal» hasta que reorganiza su identidad en torno a ese papel y hace del delito una forma de vida. El giro radical de Lemert es que la carrera desviada —la identidad delincuente estable— no es la causa de la reacción social, sino su producto. La sociedad, al reaccionar con estigma y exclusión, no siempre descubre a un criminal: a menudo lo fabrica. Es la semilla de la que brotarían Becker con Outsiders y Goffman con su análisis del estigma. Sobre esa distinción se lee mejor a Sofía Falcone que sobre cualquier diagnóstico de «maldad innata». Puedes recorrer el marco completo en nuestra ficha de la desviación primaria y secundaria.

"Los llaman locos hasta que dejan de contar."Paráfrasis del arco de Sofía Falcone
Concepto clave

La etiqueta que se cumple

El corazón de la teoría es el paso de un acto a una identidad: en la desviación primaria el delito es algo que se hace; en la secundaria, algo que se es. Sofía ilustra ese tránsito con precisión. Al principio hay actos ambiguos y muertes atribuidas dentro de una familia que vive del crimen —material perfecto para la duda razonable—. Pero encima de esa ambigüedad se deposita una maquinaria de etiquetado: el apodo mediático de «la Verdugo», el padre que la usa de chivo expiatorio para proteger al verdadero responsable, y el internamiento en Arkham que convierte la sospecha en sentencia. Diez años tratada como una asesina peligrosa, marcada por un diagnóstico y un expediente, cerradas todas las puertas a verse de otro modo. Llega un punto en que asumir el papel deja de ser una traición a su identidad y pasa a ser su identidad: si el mundo entero te ha llamado Verdugo y te ha tratado como tal durante una década, ser la Verdugo se vuelve la respuesta más coherente al trato recibido. La etiqueta, repetida y respaldada por instituciones, se cumple.

Llévate gratis el mapa de las teorías

Suscríbete al archivo criminal —un caso a la semana, sin spam— y te regalo El mapa de las teorías: las grandes corrientes de la criminología en una sola lámina.

// El sujetoLa familia que necesitaba una culpable

Lo revelador del caso de Sofía es que el etiquetado no es un accidente: es una función dentro del clan Falcone. Una familia mafiosa que produce cadáveres necesita administrar la culpa, y Sofía —mujer, sensible, «demasiado» para el molde patriarcal de la organización— resulta el chivo expiatorio ideal. Aquí la teoría de Lemert se cruza con el estigma como institución que describió Goffman: no basta con señalar, hay que encerrar la etiqueta en un lugar que la haga oficial. Arkham es ese lugar. El internamiento no corrige nada; consagra el papel, lo vuelve historial, lo convierte en el primer dato que cualquiera leerá sobre ella para siempre. Y hay un matiz de género imposible de ignorar: a Sofía la castigan por sentir demasiado, la declaran loca y peligrosa por reacciones que en un heredero varón del clan se habrían leído como carácter o como firmeza. La dominación patriarcal de la familia elige dónde cae la etiqueta, y elige el cuerpo de la hija. Nada de esto niega su agencia posterior; sí explica por qué el terreno estaba preparado para que la desviación secundaria echara raíces. Cuando Sofía sale de Arkham y decide, por fin, tomar por su cuenta el nombre que le colgaron —volverse contra la familia que la vendió y reclamar el poder por la vía sangrienta—, no está descubriendo una maldad latente: está ocupando el hueco que le llevaban diez años reservando.

Sofía Falcone

La Verdugo · The Penguin
INT 86MAN 82VIO 78EMP 44
EstigmatizadaVengativaEstratega
Publicidad
Espacio publicitario in-article (responsive)

// La grietaExplicar la carrera no anula la elección

La grieta con Sofía es doble, y es la misma que persigue a toda la teoría del etiquetamiento. La primera es el determinismo: leer su historia como «la familia y Arkham la hicieron, ella no es responsable». Lemert no dice eso. La reacción social empuja hacia la desviación secundaria; no la impone. El etiquetado explica la carrera desviada y el papel de las instituciones —por qué el camino hacia la Verdugo estaba tan despejado—, pero no borra las decisiones que Sofía toma después. Hay personas etiquetadas con la misma dureza que resisten la etiqueta y no hacen carrera del crimen: Derek Vinyard, en American History X, demuestra que incluso una identidad secundaria consolidada se puede desandar. Que a Sofía la señalaran injustamente al principio no convierte en inocentes a las personas concretas que elige matar al final. Explicar no es exculpar.

La segunda grieta es la contraria: negar que la etiqueta importe, sostener que Sofía «ya era así» y que el manicomio y el estigma son irrelevantes —justo la versión que le conviene a la familia que la usó—. Décadas de investigación desmienten esa comodidad: el estigma, el internamiento y la exclusión sí aumentan la probabilidad de reincidencia y de reorganización identitaria en torno al rol desviado. La lectura honesta sostiene las dos cosas a la vez. Sofía fue víctima de un etiquetado atroz —de un padre que la vendió, de una institución que la selló, de un clan patriarcal que necesitaba una culpable con nombre de mujer— y es responsable de lo que elige hacer con la libertad que recupera. Entre esas dos verdades no hay contradicción: hay una carrera desviada que un sistema ayudó a fabricar y unos actos que siguen siendo suyos. La memoria, como siempre, es para quienes cayeron por el camino, no para la leyenda de la Verdugo.

Por qué importa

Cuidado con a quién llamamos monstruo

El caso de Sofía Falcone importa porque enseña a desconfiar de las etiquetas que llegan antes que la persona. La criminología del etiquetamiento insiste en ello: cuando una institución —una familia, un tribunal, un psiquiátrico, un titular— fija demasiado pronto y demasiado fuerte el papel de «peligrosa», puede estar produciendo el desenlace que dice temer. Y el matiz de género lo agrava: históricamente, a las mujeres se las ha patologizado por emociones que en los hombres pasaban por temperamento, encerrándolas donde a ellos se les daba una segunda oportunidad. La lección no es absolver a Sofía, sino mirar el proceso que fabrica a las Verdugos antes de aplaudir su caída: quién colgó el nombre, quién lo hizo oficial, quién ganó tapándose con él. Una sociedad decente no se mide por lo bien que castiga a la villana ya formada, sino por si supo no fabricarla —por si supo, a tiempo, no llamar monstruo a quien todavía no lo era—.

En resumen

Tres ideas clave

  • Sofía Falcone (The Penguin, HBO 2024) ilustra la desviación primaria y secundaria de Lemert: unos actos iniciales ambiguos dentro de una familia criminal (primaria) y un etiquetado brutal —apodo de «la Verdugo», chivo expiatorio, Arkham, estigma— que reorganiza su identidad hasta que asume el papel impuesto (secundaria).
  • La etiqueta no es un accidente sino una función del clan: el estigma como institución (Goffman) —Arkham vuelve oficial la sospecha— y un matiz de género —la castigan por «sentir demasiado» y la encierran donde a un heredero varón no lo habrían encerrado—.
  • Explicar no es exculpar: el etiquetado explica la carrera desviada y el papel de las instituciones, pero no anula la agencia de Sofía ni la hace inocente de lo que elige hacer después. Fue víctima de una etiqueta injusta y es responsable de sus actos.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Lemert, E. M. (1951). Social Pathology. McGraw-Hill.
  • Becker, H. S. (1963). Outsiders: Studies in the Sociology of Deviance. Free Press.
  • Goffman, E. (1963). Stigma: Notes on the Management of Spoiled Identity. Prentice Hall.
  • Chesney-Lind, M. (2006). «Patriarchy, Crime, and Justice». Feminist Criminology, 1(1).

Dudas del expedientePreguntas frecuentes

¿Por qué Sofía Falcone (La Verdugo) se convierte en villano?

Sofía Falcone y la desviación primaria y secundaria de Lemert: cómo el etiquetado —el apodo, el chivo expiatorio, el manicomio— reorganiza una identidad hasta que la persona asume el papel que le impusieron. Se convirtió en lo que dijeron que era.

¿Qué teoría criminológica explica a Sofía Falcone?

El caso de Sofía Falcone se analiza desde la Desviación Primaria y Secundaria. La teoría de la desviación primaria y secundaria (Edwin Lemert, 1951) distingue la falta puntual de la identidad criminal que la reacción social acaba fabricando. Sofía Falcone, de The Penguin (HBO, 2024), es un caso casi de manual: unos primeros actos ambiguos y unas muertes atribuidas dentro de una familia mafiosa (desviación primaria) desencadenan un etiquetado brutal —el apodo de «la Verdugo», el papel de chivo expiatorio, el internamiento en Arkham, el estigma público— que reorganiza su identidad hasta que asume el rol impuesto y se convierte en la asesina que dijeron que era. Profecía autocumplida, cambio de rol social y estigma como institución, con un matiz de género: es castigada por «sentir demasiado» y encerrada donde a un hombre no lo habrían encerrado.

Compártelo𝕏Reddit