// Teoría criminológica Procesos y control

Desviación Primaria y Secundaria

El primer delito es casi un accidente. El problema empieza después, cuando el castigo y la etiqueta te convencen de que ya eres «de los malos». La teoría de Lemert distingue la falta puntual de la identidad criminal que la sociedad, al reaccionar, acaba fabricando.

7 min de lectura 5 villanos la ilustran

Casi todo el mundo ha roto alguna regla: un pequeño hurto de adolescente, una pelea, una mentira grave. Para la inmensa mayoría, eso queda en una anécdota sin consecuencias para su identidad. Pero para algunos, ese primer paso desencadena algo distinto: son descubiertos, señalados, castigados, etiquetados… y poco a poco empiezan a convertirse en lo que se les dijo que eran. La teoría de la desviación primaria y secundaria pone nombre a esa diferencia crucial: no es el primer delito lo que hace al delincuente, sino la reacción social que lo sigue.

Infografía

Desviación primaria y secundaria de un vistazo

Autor
Edwin M. Lemert
Año
1951 · Social Pathology
Familia
Procesos y control (raíz del etiquetamiento)
Idea
No el primer delito, sino la reacción social crea al delincuente
En una fórmulaFalta puntual (primaria) + castigo y etiqueta → identidad criminal (secundaria)
Secundariala identidad delincuente que la sociedad, al reaccionar, acaba fabricando
Estado actualVigente · fundó la teoría del etiquetamiento

// OrigenLemert y el giro hacia la reacción social

La formuló el sociólogo Edwin Lemert en Social Pathology (1951), y con ella dio uno de los giros más importantes de la criminología: dejar de preguntar solo por qué alguien comete el primer delito, para preguntar qué ocurre después. Lemert distinguió dos momentos. La desviación primaria es el acto inicial de ruptura de la norma —puntual, a menudo trivial, con causas de todo tipo (curiosidad, necesidad, presión del grupo)— que no altera la imagen que la persona tiene de sí misma: sigue viéndose como alguien normal que hizo algo malo una vez. La desviación secundaria es lo que surge cuando la sociedad reacciona: cuando se etiqueta, castiga y trata a esa persona como «un delincuente», hasta que ella reorganiza su identidad en torno a ese papel y hace del delito una forma de vida.

El giro es radical: para Lemert, la desviación secundaria —la carrera criminal, la identidad delincuente estable— no es la causa de la reacción social, sino su producto. La sociedad, al reaccionar con estigma y exclusión, no descubre a un criminal: en muchos casos, lo fabrica. Becker, Goffman y toda la teoría del etiquetamiento partirían de esta semilla.

"El primer delito casi no cuenta. Lo decisivo es lo que la sociedad hace después: si te convence de que ya eres un criminal, acabarás dándole la razón."El principio de la desviación secundaria
Concepto clave

La identidad que se reorganiza

El corazón de la teoría es el paso de un acto a una identidad. En la desviación primaria, el delito es algo que la persona hace; en la secundaria, es algo que la persona es. Y ese tránsito lo empuja la reacción social a través de un mecanismo concreto: cuando alguien es tratado sistemáticamente como delincuente —marcado por unos antecedentes, rechazado en el empleo, vigilado, señalado por su entorno—, se le van cerrando las vías legales y se le va haciendo cada vez más difícil verse a sí mismo de otro modo. Llega un punto en que asumir la identidad desviada es la respuesta más coherente a cómo el mundo ya lo trata: si todos te ven como un criminal y te tratan como tal, ser un criminal deja de ser una traición a tu identidad y pasa a ser tu identidad. La etiqueta, repetida el tiempo suficiente, se cumple.

El esquema

De la falta puntual a la identidad criminal, paso a paso

  1. 1
    Desviación primariaUn acto puntual de ruptura de la norma que no altera la imagen que la persona tiene de sí misma
  2. 2
    Reacción socialLa sociedad descubre, señala, castiga y etiqueta a esa persona como «delincuente»
  3. 3
    Cierre de víasAntecedentes, rechazo laboral, vigilancia y estigma le van cerrando las salidas legales
  4. 4
    Desviación secundariaAsumir la identidad desviada se vuelve la respuesta más coherente al trato recibido: la etiqueta se cumple

El giro clave de Lemert: la carrera criminal no es la causa de la reacción social, sino su producto.

// En la ficciónCinco identidades fabricadas por la etiqueta

La ficción adora las historias de origen, y muchas son, sin saberlo, relatos de desviación secundaria. Benjamin Barker, en Sweeney Todd, es el caso puro: Benjamin Barker era un barbero honrado hasta que un juez corrupto lo condenó en falso y le arruinó la vida; al volver, ya no es Barker sino «Sweeney Todd», un asesino cuya identidad entera se ha reorganizado en torno a la venganza —el hombre que la injusticia fabricó—. la Bruja Mala del Oeste, en Wicked, cuenta la historia antes del cuento: una joven idealista a la que el rechazo por su piel verde y la propaganda del poder convierten, paso a paso, en «la Bruja Mala del Oeste» —la villana que la sociedad necesitaba y acabó creando—. Y Derek, en American History X, muestra el ciclo completo: radicalizado y encarcelado, y luego —crucialmente— capaz de desandar el camino, demostrando que la identidad secundaria, aunque real, no es irreversible.

Los otros dos muestran la etiqueta que nace del rechazo. Raven encarna la desviación secundaria de un grupo entero: rechazada y temida por ser mutante, acaba abrazando con orgullo militante («mutante y orgullosa») la identidad que la sociedad le impuso como estigma —convirtiendo el insulto en bandera—. Y Victor Fries, Victor Fries, era un científico brillante hasta que una tragedia y un accidente lo transformaron; su identidad de «Mr. Freeze» se cristaliza en torno a una pérdida que el mundo no le dejó elaborar de otro modo. En los cinco, el villano no nació villano: fue nombrado villano hasta serlo.

// La aplicaciónNo fabricar delincuentes

La consecuencia práctica de la teoría es enorme y contraintuitiva: a veces, reaccionar menos previene más. Si la reacción social excesiva —el estigma, el antecedente permanente, el trato como criminal— es lo que empuja de la desviación primaria a la secundaria, entonces castigar con dureza una primera falta menor puede ser exactamente lo que fabrica al delincuente de carrera. De aquí nacen políticas con evidencia real: la desjudicialización (sacar del sistema penal las faltas menores de jóvenes para no marcarlos), los registros que se cancelan, la justicia juvenil que evita la etiqueta, los programas que tratan el primer delito como un tropiezo y no como una condena de identidad. La idea de Lemert, llevada a la práctica, dice: no le des a un adolescente que robó una vez el papel de «delincuente», porque puede que se lo aprenda.

// La grietaNi "la sociedad lo hizo", ni "la etiqueta no importa"

La primera grieta es el determinismo del etiquetado: «la sociedad lo convirtió en criminal, él no es responsable». La teoría no dice eso. La reacción social empuja hacia la desviación secundaria; no la impone. Muchas personas etiquetadas resisten la etiqueta y no hacen carrera del delito —Derek Vinyard demuestra que se puede desandar el camino—. Explicar cómo el estigma facilita la identidad criminal no elimina la agencia de quien la asume ni borra a las víctimas de sus actos: Sweeney Todd fue víctima de una injusticia atroz y es responsable de los inocentes que degüella. La segunda grieta es la contraria: negar que la etiqueta importe, creer que el delincuente «ya era así» y que la reacción social es irrelevante. Décadas de investigación desmienten eso —el estigma y la exclusión sí aumentan la reincidencia—. La verdad está en la interacción: ni la sociedad fabrica autómatas, ni la etiqueta es inofensiva.

Relevancia histórica

La semilla del etiquetamiento

La distinción de Lemert fue una de las bisagras de la criminología del siglo XX: desplazó el foco del infractor a la reacción social y abrió la puerta a toda la teoría del etiquetamiento que dominaría los años sesenta con Becker y Goffman. Su influencia desbordó la teoría: inspiró políticas reales de desjudicialización juvenil, cancelación de antecedentes y justicia restaurativa, todas basadas en la idea de no fijar la etiqueta antes de tiempo.

  1. 1938Frank Tannenbaum describe la «dramatización del mal»: señalar al joven lo empuja al rol.
  2. 1951Lemert publica Social Pathology y distingue desviación primaria y secundaria.
  3. 1963Becker (Outsiders) y Goffman (Estigma) convierten la semilla en teoría del etiquetamiento.
  4. 1967Lemert amplía su modelo en Human Deviance, Social Problems and Social Control.

Luces y sombras

Fortalezas
  • Distingue con precisión el acto (lo que se hace) de la identidad (lo que se es): un giro conceptual fértil.
  • Fundó la teoría del etiquetamiento y desplazó el foco al papel de la reacción social en la carrera criminal.
  • Tiene respaldo empírico: el estigma, los antecedentes y la exclusión sí aumentan la reincidencia.
  • Genera políticas eficaces: desjudicialización juvenil, cancelación de antecedentes, tratar el primer delito como reversible.
Límites y críticas
  • Riesgo de determinismo: sugerir que «la sociedad lo hizo» y diluir la responsabilidad de quien asume la etiqueta.
  • Explica bien la carrera menor, pero peor el delito grave que aparece sin etiquetado previo.
  • Se centra en lo que ocurre después y deja sin explicar las causas de la desviación primaria.
  • Mal usada, puede borrar a las víctimas del delito real cometido por la persona etiquetada.

// Por qué importaLa segunda oportunidad como política

La teoría de Lemert convierte una intuición moral —la de la segunda oportunidad— en una recomendación técnica. Si la identidad criminal es en parte un producto de cómo tratamos a quien cometió un primer error, entonces ofrecer una salida antes de que la etiqueta se fije es una de las intervenciones más eficaces que existen: no marcar de por vida a un joven por una falta, permitir que los antecedentes se cancelen, tratar el primer delito como reversible. No por ingenuidad, sino porque la alternativa —estigmatizar temprano— es la que produce carreras criminales. La sociedad que quiere menos delincuentes debería, paradójicamente, tener mucho cuidado con a cuánta gente llama «delincuente».

La teoría nos deja una idea sobria: que buena parte del mal no viene ya hecho, sino que se fabrica en el proceso mismo de señalarlo. No para excusar a quien lo comete, sino para dejar de participar, sin darnos cuenta, en su fabricación. Elphaba lo dice al rendirse a la etiqueta: «ya que me llaman malvada, seámoslo». Entre el primer paso en falso y esa rendición hay un camino —y en ese camino, la reacción de todos nosotros importa más de lo que creemos.

En resumen

Tres ideas clave

  • La desviación primaria/secundaria (Lemert, 1951): la primaria es el acto inicial (puntual, no altera la identidad); la secundaria es la identidad criminal que surge cuando la sociedad reacciona, etiqueta y excluye, hasta que la persona se reorganiza en torno a ese papel.
  • El giro clave: la carrera criminal no es la causa de la reacción social, sino su producto. La sociedad, al reaccionar con estigma, a menudo no descubre a un criminal: lo fabrica. La etiqueta, repetida, se cumple.
  • Sus grietas: el determinismo ("la sociedad lo hizo" —empuja, no impone; hay quien resiste) y negar que la etiqueta importe (el estigma sí aumenta la reincidencia). Su lección: reaccionar menos ante una primera falta menor a veces previene más —la segunda oportunidad como política—.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Lemert, E. M. (1951). Social Pathology. McGraw-Hill.
  • Lemert, E. M. (1967). Human Deviance, Social Problems and Social Control. Prentice Hall.
  • Becker, H. S. (1963). Outsiders. Free Press.
  • Goffman, E. (1963). Estigma. Prentice Hall.