// LA ODISEA (CHRISTOPHER NOLAN) · ETIQUETAMIENTO

Polifemo, el cíclope de La Odisea de Nolan: ¿monstruo o víctima?

Lo recordamos como la bestia de un solo ojo que devoraba hombres en su cueva. Pero ¿y si Polifemo es una víctima etiquetada por quien cuenta la historia? Releemos al cíclope de La Odisea con la lente de la criminología crítica.

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Polifemo, el cíclope de La Odisea de Christopher Nolan
Polifemo · el cíclope

Un pastor gigante vuelve a su cueva al caer la tarde y encuentra a doce desconocidos comiéndose sus quesos. Han entrado sin permiso, han encendido su fuego, se han servido de sus reservas. El gigante bloquea la entrada, exige saber quiénes son y qué hacen allí. Así empieza, en realidad, uno de los episodios más famosos de La Odisea. Y con el estreno de la versión de Christopher Nolan en cines desde el 17 de julio de 2026, millones de espectadores volverán a temblar ante Polifemo, el cíclope de un solo ojo. Pero mira de nuevo esa escena inicial. ¿Quién invade la casa de quién?

Llevamos casi tres mil años llamando a Polifemo el monstruo: la bestia caníbal, el ogro tuerto, el obstáculo que el astuto héroe supera. Y algo de eso hay en el mito. Pero si desactivas la simpatía automática hacia el protagonista y observas los hechos desnudos, emerge una pregunta incómoda que la criminología lleva décadas haciéndose: ¿quién decide quién es el monstruo? Vamos a releer la cueva del cíclope no como una hazaña, sino como la escena de un delito narrado por su autor.

// 1 · Los hechosQuién entró en casa de quién

Repasemos el mito de Homero sin el filtro heroico. Odiseo y sus hombres arriban a la tierra de los cíclopes. No conocen a nadie, no piden permiso: entran en una cueva ajena, la de Polifemo, y empiezan a comerse la comida que encuentran. Cuando el dueño regresa con su rebaño y descubre a los intrusos, hace lo que haría cualquiera al hallar extraños devorando su despensa: pregunta quiénes son. La violencia, feroz, viene después. Pero el primer movimiento del tablero no lo hace la bestia. Lo hace el visitante.

Esto no exculpa lo que Polifemo hace luego —devorar hombres es indefendible—, pero cambia por completo el encuadre. En la versión que todos heredamos, el cíclope es el agresor y Odiseo la víctima que se defiende con ingenio. En los hechos, el orden es el inverso: hay una allanamiento previo, un robo de alimento y solo entonces la respuesta desmedida del dueño. La historia que recordamos empieza a mitad de la película, justo en el fotograma que conviene al héroe.

Concepto clave

El primer movimiento importa

En criminología, reconstruir la secuencia completa de un conflicto —quién actuó primero, qué provocó qué— es lo que separa una agresión de una defensa. El relato heroico borra el primer acto: la intrusión. Al empezar la historia en la reacción de Polifemo y no en la invasión de Odiseo, convierte al dueño de la casa en el monstruo y al intruso en la víctima. Es un truco de montaje tan viejo como el mito.

// 2 · La etiquetaEl "otro": vive apartado, come distinto, tiene un ojo

¿Por qué nos resulta tan fácil aceptar a Polifemo como bestia? Porque cumple, punto por punto, el retrato del otro. Vive apartado, sin ciudad ni asambleas. No cultiva el grano como los griegos: pastorea, come queso, bebe leche. No conoce el vino hasta que Odiseo se lo da. Y, sobre todo, tiene un solo ojo en mitad de la frente. Todo en él grita diferencia. Y la diferencia, para la mirada que cuenta la historia, es lo primero que se traduce en amenaza.

Aquí entra una de las ideas más potentes de la criminología moderna: la teoría del etiquetamiento. Su tesis es incómoda: la desviación no es una cualidad que llevas dentro, sino una etiqueta que otros te pegan. Ningún acto es delito en sí mismo hasta que un grupo con poder lo define como tal y aplica esa definición a una persona concreta. El monstruo no nace monstruo; alguien lo nombra monstruo. Y quien tiene el poder de nombrar casi nunca es el nombrado.

"Nadie me mata con engaño y no con fuerza."Polifemo, La Odisea (Homero)

Fíjate en el juego de palabras del que Odiseo se enorgullece: dice llamarse "Nadie", de modo que cuando Polifemo grita pidiendo auxilio, sus vecinos entienden que nadie lo ataca y se marchan. El cíclope queda solo con su dolor, incapaz de hacerse creer. Es la imagen exacta de la etiqueta funcionando: la voz del señalado no cuenta, su versión no circula, su grito no encuentra oído. Como pasa con quien ya carga el sello de "peligroso", su palabra vale menos por defecto.

// 3 · El poder de definirEl vencedor escribe el relato

Hay un detalle narrativo que casi nadie recuerda: el episodio del cíclope no lo cuenta un narrador neutral. Lo cuenta el propio Odiseo, sentado a la mesa de los feacios, relatando sus aventuras para impresionar a sus anfitriones. Es decir: la única versión que tenemos de Polifemo es la del hombre que lo cegó y huyó. Nunca oímos al cíclope contar su tarde. El monstruo lo dibuja quien tenía todos los motivos para pintarlo espantoso.

Esto es exactamente lo que denuncia la criminología crítica: definir quién es el criminal y quién la víctima no es un acto neutro, es un ejercicio de poder. Las etiquetas de "delincuente", "monstruo" o "salvaje" no caen del cielo; las reparte quien controla el relato —la institución, el vencedor, el que tiene voz—. Y suelen caer sobre el mismo perfil: el que vive al margen, el que es distinto, el que no puede replicar. El poder de nombrar el mal es, casi siempre, el poder a secas.

Concepto clave

Quien narra, absuelve

El relato heroico funciona como una sentencia sin juicio: hay un acusado (Polifemo), un veredicto (monstruo) y ninguna defensa. Odiseo es a la vez la parte agraviada, el fiscal, el testigo y el juez de su propia historia. La criminología crítica nos enseña a preguntar siempre lo mismo ante cualquier "monstruo": ¿quién construyó esa etiqueta y qué ganaba construyéndola?

// 4 · La ley violadaLa hospitalidad que rompió el héroe

Para el mundo griego, había una ley sagrada por encima de casi todas: la xenía, la hospitalidad. El huésped debía respetar la casa que lo acogía; el anfitrión, proteger y alimentar al huésped. Era el pegamento moral de un mundo sin Estado. Y aquí está la ironía más filosa del episodio: quien primero rompe la xenía no es el cíclope. Es Odiseo, que entra sin invitación, consume bienes ajenos y exige regalos de hospitalidad a punta de reclamación. Polifemo responde negándose a esa ley y devorando a los invasores: una barbarie, sí, pero la segunda del relato, no la primera.

Cuando el propio Odiseo, ya seguro en su barco, se gira para gritar burlas al cíclope ciego y revelarle su nombre verdadero, el gesto lo delata: no huye humillado del monstruo, huye triunfante del rival al que ha vencido con trampa. Esa carcajada final es la firma del narrador que necesita quedar como héroe. Y para que él brille, alguien tiene que quedar como bestia.

La neutralización completa el cuadro: para no cargar con la culpa de haber invadido, robado y cegado a un pastor en su propia casa, el relato niega a la víctima. "Era un monstruo, un salvaje, un caníbal": deshumanizado el otro, el daño deja de pesar. Es el mismo mecanismo con que cualquier agresor se cuenta que su víctima "se lo merecía".

// 5 · La profecíaCuando la etiqueta se vuelve destino

Y aquí llega el giro más oscuro. La teoría del etiquetamiento describe un mecanismo llamado desviación secundaria: una vez que te cuelgan el sello de "monstruo", ese sello empieza a moldear lo que eres. Tratado como bestia, aislado, negada su voz, al señalado no le queda más papel social que el de bestia. La etiqueta no describe: fabrica. Se convierte en profecía autocumplida.

Polifemo, cegado y humillado, hace lo único que el relato le deja hacer: rugir venganza. Suplica a su padre, Poseidón, que persiga a Odiseo por los mares. Y con esa maldición, el cíclope queda sellado para siempre en el papel de antagonista rencoroso, confirmando la etiqueta que lo condenó. El monstruo se comporta como monstruo porque el mundo —y el narrador— ya no le ofrecen otro guion. No es una excusa para lo que hizo. Es una explicación de cómo se construye un villano.

Ninguna de estas lecturas convierte a Polifemo en un inocente ni borra el horror de sus actos. Lo que hacen es recordarnos algo esencial sobre cómo consumimos historias de villanos, en el mito y en el cine de Nolan por igual: el monstruo casi siempre es una construcción del narrador. Y aprender a preguntar quién sostiene la cámara, quién empezó el conflicto y a quién le conviene que odiemos es, quizá, la lección criminológica más útil que un cíclope tuerto puede darnos.

En resumen

Polifemo, leído en frío

  • La historia empieza con una invasión: Odiseo entra sin permiso en la cueva del cíclope y se sirve de su comida. La reacción de Polifemo, feroz, viene después.
  • Polifemo cumple el retrato del "otro" —vive apartado, come distinto, tiene un solo ojo— y esa diferencia es lo que se traduce en etiqueta de bestia.
  • La teoría del etiquetamiento lo explica: el monstruo no nace, lo nombra alguien con poder. Y el juego de "Nadie" muestra a Polifemo sin voz creíble.
  • El episodio lo narra el propio Odiseo: el vencedor escribe el relato. La criminología crítica nos enseña que definir al monstruo es un ejercicio de poder.
  • Fue Odiseo quien rompió primero la hospitalidad sagrada, y sus burlas finales delatan al narrador que necesita quedar como héroe a costa de una bestia.
  • La etiqueta se vuelve profecía autocumplida: tratado como monstruo, a Polifemo solo le queda rugir venganza y confirmar el papel que lo condenó.

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Preguntas frecuentes

¿Es Polifemo realmente el villano de La Odisea?

Depende de quién cuente la historia. En el mito de Homero, el episodio lo narra el propio Odiseo, que fue quien invadió la cueva del cíclope, se sirvió de su comida y, tras cegarlo, huyó entre burlas. Polifemo comete actos indefendibles al devorar hombres, pero el primer movimiento —la intrusión y el robo— lo hace el héroe. La teoría del etiquetamiento nos recuerda que el monstruo lo dibuja quien tiene el poder de narrar.

¿Qué teoría criminológica explica mejor a Polifemo?

La teoría del etiquetamiento, apoyada en la criminología crítica. Sostiene que la desviación no es una cualidad interna sino una etiqueta que un grupo con poder aplica a otros. Polifemo encaja: es el "otro" —vive apartado, come distinto, tiene un solo ojo— al que el narrador vencedor sella como bestia, sin darle voz para replicar. Y esa etiqueta acaba volviéndose profecía autocumplida.