Londres, una noche de abril de 1894. Sherlock Holmes, al que todos daban por muerto desde hacía tres años, lleva a Watson a Camden House, una casa vacía frente al 221B de Baker Street. En la ventana de enfrente se recorta su silueta: es un busto de cera que la señora Hudson, arrodillada para no hacer sombra, mueve cada cuarto de hora. Cerca de la medianoche, un hombre entra en la misma casa vacía, monta un arma de culata extraña, apunta a la silueta y dispara. Holmes salta sobre su espalda, Watson le golpea con la culata del revólver y entra Lestrade. El detenido es el coronel Sebastian Moran, antiguo oficial del ejército de la India, lugarteniente del difunto profesor Moriarty y, según el índice de Holmes, «el segundo hombre más peligroso de Londres». Es quien intentó rematar a Holmes en las cataratas de Reichenbach, y quien acaba de matar al joven Ronald Adair con un fusil de aire comprimido, a través de una ventana de Park Lane. Holmes se lo explica con su propio oficio: esta casa vacía es mi árbol, y usted es mi tigre. (Este expediente cuenta el final del relato.)
// La teoríaLa violencia que vuelve a casa
Conan Doyle publicó «La aventura de la casa vacía» en 1903 para resucitar a Holmes, y lo que trae de vuelta a Londres con él es un veterano de las colonias. La criminología poscolonial sabe leer esa llegada. Frantz Fanon, en Los condenados de la tierra (1961), analizó la violencia colonial desde los colonizados, y el criminólogo nigeriano Biko Agozino formalizó la crítica en Counter-Colonial Criminology (2003): la criminología clásica funcionó como una ciencia del control imperial, que estudió a los colonizados como peligrosos y nunca investigó los crímenes cometidos para colonizarlos. Chris Cunneen y Juan Tauri la ampliaron con la criminología indígena (2016). Antes, en su Discurso sobre el colonialismo (1950), Aimé Césaire había sostenido que la colonización «descivilizaba» al propio colonizador: lo embrutecía, y esa brutalidad acababa regresando a Europa. Hannah Arendt (1951) habló del «efecto boomerang» del imperialismo sobre la metrópoli.
El boomerang imperial
La violencia que un imperio practica fuera no se queda fuera. Las destrezas que en la colonia se llaman servicio o deporte regresan a la metrópoli con quienes las aprendieron. Moran es un caso de manual porque el propio Holmes dibuja el paralelismo: el cabrito atado bajo el árbol como cebo, el cazador escondido arriba, el tiro paciente. Lo que en la India era la shikar, la caza mayor con la que los oficiales británicos demostraban su temple, en Londres es un asesinato a través de una ventana. La técnica es la misma; solo cambia quién está al otro lado del cañón.
// El sujetoLa hoja de servicios de un asesino
El relato construye a Moran en tres momentos. El primero es la ficha del índice de biografías de Holmes, que Watson lee esa noche: hijo de un antiguo ministro británico en Persia, educado en Eton y Oxford, oficial de los 1.º Pioneros de Bangalore, veterano de la campaña contra los jowaki y de la guerra de Afganistán, con mención en los despachos en Charasiab, autor de dos libros de caza mayor en el Himalaya y la jungla, socio del club Anglo-Indio. Watson se asombra: es la carrera de un soldado honorable. Holmes le da la razón hasta cierto punto, y recuerda que en la India aún se cuenta cómo Moran se metió por un desagüe detrás de un tigre devorador de hombres herido.
El segundo momento es su historia criminal, que Holmes reconstruye. Sin escándalo público, Moran se hizo la India «demasiado caliente», volvió a Londres y Moriarty lo reclutó como jefe de su estado mayor; en El valle del miedo (1915), Holmes dice que le pagaba seis mil libras al año, más que al primer ministro. Holmes lo cree culpable de la muerte de una tal señora Stewart en 1887, aunque nunca pudo probarlo. El tercer momento es el de la detención: con un policía a cada lado, Moran pide a Lestrade que, si está en manos de la ley, las cosas se hagan legalmente. El móvil, según una conjetura que Holmes presenta como tal, es vulgar: Moran vivía de hacer trampas a las cartas, Adair lo descubrió y la expulsión de los clubes habría sido su ruina.
Coronel Sebastian Moran
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// La grietaUn imperio sin colonizados
Lo más llamativo del relato es lo que falta. La India aparece como un currículum, una palabra prestada (shikari, cazador) y unos cuantos tigres. No sale ni un indio ni un afgano. Todas las víctimas de Moran son británicas: Adair, hijo del gobernador de una colonia australiana, la señora Stewart y el propio Holmes. Es la crítica de Agozino aplicada a Moran: su violencia en la frontera afgana nunca fue delito, sino méritos de su hoja de servicios. Solo se vuelve crimen cuando cae sobre Park Lane. Watson, que fue a la misma guerra, recuerda en Estudio en escarlata a los afganos que casi lo capturan en Maiwand como «gazis asesinos». En su memoria, la violencia de aquella guerra la ponen siempre los otros.
La teoría también debe vigilarse. El relato ofrece su propia explicación: Holmes sostiene que hay árboles que crecen hasta cierta altura y de pronto se deforman, y que cada individuo resume la historia de sus antepasados, una idea hereditaria muy de su época, la de Lombroso y el criminal nato. Watson la llama fantasiosa y Holmes no insiste. Cambiar ese determinismo biológico por uno colonial sería el mismo error: muchísimos veteranos de aquellas campañas no mataron a nadie al volver, y el móvil que propone Holmes es la codicia de un tramposo. Explicar a Moran no es exculparlo. El Imperio le dio el oficio y una reputación que lo protegía, pero el dedo que apretó el gatillo en Park Lane era suyo.
El Imperio vuelve a casa en Baker Street
Moran no es una excepción en el canon. Watson define Londres en Estudio en escarlata como el gran pozo negro adonde van a parar los ociosos y vagos del Imperio, y la estudiosa Yumna Siddiqi (2008) tomó esa imagen para titular su capítulo sobre Holmes: relatos en los que el Imperio regresa a Londres convertido en delito. El tesoro de Agra de El signo de los cuatro viene de la India, y el doctor Roylott de «La banda de lunares» mató a golpes a su mayordomo nativo en Calcuta y se libró por poco de la pena capital. La criminología poscolonial pide fijarse en la diferencia: por el criado indio, una larga condena; por el joven aristócrata de Park Lane, Holmes anuncia que las balas bastan para ponerle a Moran la soga al cuello.
Tres ideas clave
- La criminología poscolonial (Fanon, 1961; Agozino, 2003; Cunneen y Tauri, 2016) acusa a la criminología de estudiar a los colonizados como peligrosos e ignorar los crímenes de la colonización, y recoge la advertencia de Césaire (1950): la violencia colonial embrutece al colonizador y vuelve a la metrópoli.
- El coronel Sebastian Moran, lugarteniente de Moriarty en «La aventura de la casa vacía» (1903), veterano de la frontera afgana y cazador de tigres, mata a Ronald Adair con un fusil de aire comprimido e intenta matar a Holmes con la técnica de la caza del tigre: el cebo y el tiro desde el escondite.
- La grieta: en el relato no aparece ningún colonizado, y la violencia de Moran solo se vuelve delito cuando cae sobre británicos; pero el colonialismo no lo explica todo, y su móvil, según Holmes, es la codicia de un tramposo de naipes.
Fuentes · para seguir leyendo
- Conan Doyle, A. (1903). «The Adventure of the Empty House». Collier’s y The Strand Magazine. Recogido en The Return of Sherlock Holmes (1905). Texto en Project Gutenberg, n.º 108.
- Conan Doyle, A. (1915). The Valley of Fear. Smith, Elder & Co.
- Agozino, B. (2003). Counter-Colonial Criminology: A Critique of Imperialist Reason. Pluto Press.
- Césaire, A. (1950). Discours sur le colonialisme. Réclame. Edición revisada: Présence Africaine, 1955.
- Siddiqi, Y. (2008). Anxieties of Empire and the Fiction of Intrigue. Columbia University Press.
- Sramek, J. (2006). «“Face Him Like a Briton”: Tiger Hunting, Imperialism, and British Masculinity in Colonial India, 1800-1875». Victorian Studies, 48(4), 659-680.
- MacKenzie, J. M. (1988). The Empire of Nature: Hunting, Conservation and British Imperialism. Manchester University Press.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Coronel Sebastian Moran?
Coronel Sebastian Moran («El segundo hombre más peligroso de Londres») es un villano de Sherlock Holmes, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Esperaba escondido, con un cebo a la vista y el rifle apoyado.
¿Por qué Coronel Sebastian Moran (El segundo hombre más peligroso de Londres) se convierte en villano?
El coronel Sebastian Moran, mano derecha de Moriarty, y la criminología poscolonial: el mejor tirador de la India mata en Londres con la técnica con la que cazaba tigres. El Imperio le dio el oficio.
¿Qué teoría criminológica explica a Coronel Sebastian Moran?
El caso de Coronel Sebastian Moran se analiza desde la Criminología Poscolonial. La criminología poscolonial (Fanon, 1961; Agozino, 2003) denuncia que la criminología estudió a los colonizados como peligrosos y nunca investigó los crímenes de la colonización, y recoge una vieja advertencia de Aimé Césaire (1950): la violencia colonial embrutece al colonizador y acaba volviendo a casa. El coronel Sebastian Moran, el villano de «La aventura de la casa vacía» (Arthur Conan Doyle, 1903), es ese regreso hecho persona: veterano de las guerras de la frontera afgana, cazador de tigres con libros publicados y jefe del estado mayor de Moriarty, mata en Londres con la técnica que el Imperio le enseñó y le premió.








