// Teoría criminológica Teoría crítica

Criminología Poscolonial

Los colonizadores impusieron sus leyes y llamaron «criminales» a quienes ya tenían las suyas. La criminología poscolonial denuncia que buena parte de lo que llamamos delito, justicia y castigo se construyó como herramienta de conquista —y que esa herencia sigue viva—.

7 min de lectura 5 villanos la ilustran

La criminología nació y creció en el corazón de los imperios europeos, en el mismo momento en que estos conquistaban y administraban medio mundo. La criminología poscolonial hace una pregunta que la disciplina evitó durante un siglo: ¿y si buena parte de nuestras ideas sobre el crimen, la justicia y el castigo se forjaron como instrumentos de dominación colonial? Su tesis es que el poder colonial no solo robó tierras y cuerpos: impuso su ley, criminalizó las costumbres de los pueblos sometidos y construyó al «nativo» como un criminal natural que había que vigilar y castigar. Y que esa herencia no ha desaparecido.

Infografía

Criminología poscolonial de un vistazo

Autores
Frantz Fanon · Biko Agozino
Época
Raíz en 1961 · formalizada hacia 2003
Familia
Crítica, anticolonial
Idea
El delito y el castigo se forjaron como herramientas de conquista
En una fórmulaEl colono impone su ley → criminaliza la resistencia + legaliza su saqueo → el «nativo» nace sospechoso
Fanonla violencia colonial se declara a sí misma legal, pacífica y civilizadora
Estado actualCorriente crítica emergente y en expansión

// OrigenFanon, Agozino y la mirada de los conquistados

La corriente bebe de los grandes pensadores anticoloniales del siglo XX, sobre todo de Frantz Fanon, el psiquiatra martiniqués que en Los condenados de la tierra (1961) analizó la violencia colonial desde el lado de los colonizados: mostró cómo el sistema colonial es en sí mismo una violencia permanente, y cómo criminaliza cualquier resistencia mientras legaliza su propia brutalidad. En las últimas décadas, el criminólogo nigeriano Biko Agozino la formalizó como criminología poscolonial (o «contra-colonial»), acusando a la criminología clásica de haber sido una «ciencia del control imperial»: una disciplina que estudió a los colonizados como objetos peligrosos y nunca se preguntó por los crímenes de la colonización misma.

Su denuncia central es doble. Primero: el colonialismo fabricó delito al imponer leyes ajenas sobre pueblos que tenían las suyas —de repente, prácticas ancestrales, formas de propiedad comunal o de justicia tradicional se volvieron «crímenes»—. Segundo: el colonialismo cometió los mayores crímenes de la historia —esclavitud, genocidio, expolio, hambrunas provocadas— y jamás se juzgaron como tales, porque el que define el delito era el mismo que lo cometía. La criminología poscolonial invierte la mirada: en lugar de preguntar por qué el colonizado delinque, pregunta por qué la violencia del colonizador nunca fue delito.

"Impusieron su ley sobre pueblos que ya tenían la suya, llamaron crimen a resistir y civilización a saquear. La mayor criminalidad de la historia se cometió en nombre del orden."El espíritu de la criminología poscolonial
Concepto clave

La violencia fundadora que se declara legal

El concepto decisivo, tomado de Fanon, es que el orden colonial se funda sobre una violencia que se declara a sí misma legal y pacífica. El colonizador llega por la fuerza —masacres, despojo, esclavitud—, pero una vez instalado, presenta ese estado de cosas como «orden», «ley» y «paz», y reclasifica cualquier resistencia a él como «crimen», «terrorismo» o «salvajismo». Así, la violencia originaria del conquistador se vuelve invisible (es «el orden natural»), mientras la reacción del oprimido se vuelve hipervisible (es «el delito»). La criminología poscolonial desenmascara ese truco: recuerda que la «ley y el orden» coloniales fueron el nombre respetable de un saqueo, y que la etiqueta de «criminal» sirvió, ante todo, para justificar el control de los pueblos sometidos. Ver quién tuvo el poder de nombrar el delito es ver de qué lado estuvo siempre la verdadera violencia.

El esquema

Cómo el colonialismo fabrica al criminal, paso a paso

  1. 1
    Conquista por la fuerzaMasacre, despojo y esclavitud instauran el dominio colonial
  2. 2
    La violencia se declara «orden»El estado de cosas impuesto se presenta como ley, paz y civilización
  3. 3
    Se criminaliza la resistenciaCostumbres ancestrales y toda oposición pasan a ser «crimen», «terrorismo» o «salvajismo»
  4. 4
    Se fabrica al «nativo criminal»El colonizado queda construido como sospechoso natural que hay que vigilar y castigar

Y los mayores crímenes —esclavitud, genocidio, expolio— nunca se juzgan, porque quien define el delito es quien lo comete.

// En la ficciónCinco rostros de la violencia colonial

El cine ha retratado la violencia colonial con una lucidez que la criminología tardó en alcanzar. Kurtz, en Apocalypse Now, es su símbolo más profundo: un oficial que, llevado al extremo la lógica colonial, descubre «el horror» en su propio corazón —la revelación de que la civilización que decía defender era, en su raíz, una máquina de matar—. Quaritch, en Avatar, es el colonialismo en su forma más desnuda: el militar que combate a un pueblo indígena para expoliar su tierra, convencido de que su tecnología y su fuerza le dan derecho a hacerlo. Y Lord Beckett, en Piratas del Caribe, encarna su cara corporativa: el lord de la Compañía de las Indias Orientales para quien el genocidio es «solo un buen negocio», recordándonos que el colonialismo fue, ante todo, una empresa comercial.

Los otros dos muestran la brutalidad sobre el terreno. Tavington, en El patriota, es el oficial colonial que quema iglesias con la gente dentro —la crueldad del imperio que castiga cualquier resistencia con el terror—. Y Clayton, el cazador de Tarzán, es la mentalidad colonial en miniatura: el que llega a una tierra ajena viendo solo presas y botín, incapaz de reconocer humanidad ni derecho en lo que encuentra. En los cinco, la criminología poscolonial ve lo que el relato oficial ocultaba: que el verdadero criminal de la historia colonial no fue el «nativo salvaje», sino el orden que lo llamó así.

// La herenciaLo colonial que sigue vivo

La criminología poscolonial no habla solo del pasado: sostiene que las estructuras coloniales siguen operando, transformadas. Los sistemas penales de muchos países del Sur global son herencia directa de los códigos coloniales, pensados para controlar a la población, no para hacer justicia. Y en el Norte, las poblaciones que fueron colonizadas —o sus descendientes migrantes— siguen sufriendo una criminalización desproporcionada: son vigiladas, detenidas y encarceladas muy por encima de su peso demográfico, en una continuidad directa con la vieja construcción del colonizado como sospechoso natural. La «guerra contra las drogas», el control de fronteras, la vigilancia de los barrios migrantes: la corriente lee en todo ello la larga sombra de la lógica colonial, que sigue decidiendo quién es peligroso según de dónde viene.

// La grietaNi coartada para el presente, ni negación del daño real

La primera grieta es usar la denuncia colonial como coartada: «todo delito de un descendiente de colonizados es resistencia anticolonial». Es falso y peligroso. Que el sistema penal tenga raíces coloniales y sesgos reales no convierte cada delito concreto en un acto político ni borra a sus víctimas —que suelen ser, además, de la misma comunidad—. La criminología poscolonial explica el sesgo estructural del sistema; no exculpa el daño individual. La segunda grieta es el reduccionismo: explicarlo todo por el colonialismo, como si no existieran otras causas del delito o como si las sociedades precoloniales no tuvieran sus propias violencias e injusticias. La versión madura de la corriente no idealiza un pasado precolonial idílico; señala que el colonialismo añadió una capa brutal de dominación y criminalización cuyas consecuencias perduran, sin pretender que sea la única clave de todo.

Hay una tercera tensión, la que encarna Fanon: la cuestión de la violencia anticolonial. Fanon la analizó como respuesta casi inevitable a la violencia del colono, pero la corriente honesta no la romantiza: reconoce su lógica sin santificar cada acto, consciente de que la violencia liberadora también deja víctimas y puede engendrar nuevas tiranías.

Relevancia histórica

Del pensamiento anticolonial a la criminología

La criminología poscolonial es joven como corriente, pero hunde sus raíces en la gran tradición del pensamiento anticolonial del siglo XX. Su recorrido va de la denuncia filosófica y psiquiátrica de Fanon a la autocrítica formal de la disciplina que emprendió Agozino, acusando a la criminología clásica de haber sido una «ciencia del control imperial». Hoy conecta con la criminología indígena y los estudios decoloniales, y presiona para que la disciplina reconozca el sesgo histórico de sus propias categorías.

  1. 1961Fanon publica Los condenados de la tierra: la violencia colonial vista desde los colonizados.
  2. 1978Edward Said publica Orientalismo: cómo Occidente construyó al «otro» como objeto de dominio.
  3. 2003Biko Agozino formaliza la Counter-Colonial Criminology: la disciplina como control imperial.
  4. 2016Cunneen y Tauri publican Indigenous Criminology: la voz de los pueblos estudiados como sospechosos.

Luces y sombras

Fortalezas
  • Revela que las categorías criminológicas —«criminal», «orden», «civilización»— no son neutrales, sino que cargan una historia de dominación.
  • Visibiliza los crímenes coloniales impunes (esclavitud, genocidio, expolio), jamás juzgados porque el que definía el delito era quien lo cometía.
  • Explica la criminalización desproporcionada actual de pueblos colonizados y migrantes como continuidad de la vieja lógica.
  • Da voz a los pueblos que la criminología clásica estudió como objetos peligrosos, invirtiendo el punto de vista.
Límites y críticas
  • Puede usarse como coartada: no todo delito de un descendiente de colonizados es resistencia anticolonial.
  • Reduccionismo: pretende explicarlo todo por el colonialismo, ignorando otras causas del delito.
  • Riesgo de idealizar un pasado precolonial idílico, ignorando las violencias propias de esas sociedades.
  • Sus tesis, muy históricas y estructurales, son difíciles de contrastar empíricamente caso por caso.

// Por qué importaDescolonizar la mirada sobre el crimen

La criminología poscolonial importa porque obliga a la disciplina a una autocrítica radical: a reconocer que sus categorías —«criminal», «orden», «civilización»— no son neutrales, sino que cargan una historia de dominación. Descolonizar la mirada significa preguntar siempre quién definió el delito y a quién sirvió esa definición; escuchar a los pueblos que fueron estudiados como objetos peligrosos; y contabilizar por fin, como crímenes, los daños masivos que el poder cometió en nombre del orden. No es solo una cuestión histórica: mientras el control penal siga recayendo desproporcionadamente sobre los descendientes de los colonizados, la vieja lógica seguirá operando bajo nombres nuevos.

La corriente nos deja, en el fondo, una inversión saludable del punto de vista: durante siglos preguntamos por qué delinquían los conquistados; ella nos enseña a preguntar por qué nunca juzgamos a los conquistadores. Kurtz murmura «el horror» al descubrir, demasiado tarde, de qué lado estuvo siempre la barbarie. La criminología poscolonial intenta que no lleguemos tarde a esa lucidez.

En resumen

Tres ideas clave

  • La criminología poscolonial (Fanon, Agozino): buena parte de nuestras ideas sobre el delito y el castigo se forjaron como herramientas de conquista. El colonialismo fabricó delito (imponiendo leyes ajenas) y cometió los mayores crímenes de la historia sin juzgarlos jamás.
  • Concepto clave (Fanon): el orden colonial se funda sobre una violencia que se declara legal y pacífica; hace invisible la brutalidad del conquistador e hipervisible la resistencia del oprimido. Quien nombra el delito decide de qué lado está la violencia.
  • Sus grietas: la coartada (no todo delito de un colonizado es resistencia; no borra a las víctimas) y el reduccionismo (no todo se explica por el colonialismo). Pero deja una inversión imborrable: dejar de preguntar por qué delinque el conquistado y empezar a juzgar al conquistador.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Fanon, F. (1961). Los condenados de la tierra. Maspero.
  • Agozino, B. (2003). Counter-Colonial Criminology: A Critique of Imperialist Reason. Pluto Press.
  • Said, E. (1978). Orientalismo. Pantheon.
  • Cunneen, C. & Tauri, J. (2016). Indigenous Criminology. Policy Press.