El coronel Tavington es el oficial británico más temido de El patriota: reprime la rebelión de las colonias americanas con una crueldad calculada —ejecuta prisioneros, arrasa granjas y, en su acto más infame, encierra a los habitantes de un pueblo en una iglesia y le prende fuego con todos dentro—. No es un sádico descontrolado; es un hombre que usa el terror como herramienta de gobierno. Para la criminología poscolonial, Tavington encarna una verdad que la disciplina subraya: que el terror no fue un exceso del dominio colonial, sino uno de sus métodos centrales.
// La teoríaEl terror como política, no como exceso
La criminología poscolonial de Fanon insiste en que la violencia colonial no es un accidente ni un desbordamiento ocasional, sino la estructura misma del dominio: un pueblo se mantiene sometido, contra su voluntad y en su propia tierra, solo mediante la amenaza permanente de la fuerza. Tavington lo entiende con lucidez profesional: para que una población numerosa acepte el yugo de un poder extranjero, hay que enseñarle que resistir se paga con la aniquilación. Sus atrocidades no son arrebatos; son mensajes —castigos ejemplares diseñados para aterrorizar a los demás—. La teoría desmonta así la imagen del colonialismo como orden benévolo salpicado de abusos aislados: el terror era el sistema operativo, y oficiales como Tavington, sus ingenieros. La brutalidad no traicionaba la lógica colonial; la cumplía.
La atrocidad ejemplar
Tavington ilustra la lógica de la atrocidad ejemplar: una crueldad tan extrema y pública que su función no es solo eliminar a sus víctimas, sino aterrorizar a los espectadores. Quemar una iglesia llena de gente no tiene sentido militar inmediato; tiene un sentido psicológico —comunicar a toda una región que el imperio es capaz de cualquier cosa y que la resistencia es suicida—. La criminología poscolonial documenta que esta táctica fue central en incontables represiones coloniales reales: masacres, ejecuciones públicas, castigos colectivos, todos diseñados como espectáculo del poder. Y señala su paradoja, que Fanon analizó a fondo: el terror colonial, lejos de pacificar de forma estable, suele engendrar el odio y la determinación que alimentan la revuelta. Tavington siembra miedo, sí; pero también, sin saberlo, siembra los mártires y la rabia que harán imparable la resistencia.
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// El sujetoEl ambicioso que se sirve del imperio
Tavington no actúa por convicción ideológica ni por odio a los colonos: lo mueve la ambición personal —busca ascender, ganar tierras, medrar en la jerarquía imperial—, y la brutalidad es su atajo. La criminología poscolonial lo lee como un tipo recurrente: el que usa la máquina colonial para su provecho, ejecutando sus peores violencias no por creer en ella, sino porque le conviene. Esto no lo exculpa —es plenamente responsable de cada atrocidad—, pero ilumina cómo el sistema colonial reclutaba a sus verdugos: no necesitaba fanáticos, le bastaban ambiciosos dispuestos a hacer lo que hiciera falta a cambio de una recompensa. Tavington quema a inocentes no porque los odie, sino porque quemarlos lo acerca a lo que desea. Y esa frialdad interesada es, a su modo, tan escalofriante como el fanatismo.
Coronel Tavington
// La grietaNi "el malo de la película de acción", ni una excusa para toda revuelta
La grieta con Tavington es el marco de El patriota: una película que usa el terror colonial británico para glorificar la causa estadounidense, cayendo en su propia hipocresía —los mismos colonos que la película presenta como víctimas heroicas eran, muchos, esclavistas, y el nuevo país que fundaron ejerció su propio colonialismo brutal sobre los pueblos indígenas—. La criminología poscolonial no reparte héroes y villanos según el bando: denuncia el terror colonial venga de donde venga, incluido el de quienes luego se presentan como liberadores. La grieta opuesta es usar la brutalidad de Tavington para justificar cualquier violencia de la resistencia: la teoría, siguiendo a un Fanon leído con matiz, explica la reacción del oprimido sin santificarla ni ignorar que también puede engendrar nuevas opresiones. El terror de Tavington es un crimen; y señalarlo no obliga a idealizar a quienes lo combatieron.
Que la nación que se fundó combatiendo el terror de Tavington construyera su propia grandeza sobre la esclavitud y el despojo de otros pueblos es la ironía que la criminología poscolonial nunca deja pasar: el liberado de ayer es, con demasiada frecuencia, el colonizador de mañana.
Nombrar el terror sin elegir bando
Tavington importa porque enseña a aplicar la mirada poscolonial con coherencia: a condenar el terror colonial sin convertirlo en la coartada del bando propio. Es fácil indignarse con la crueldad del imperio ajeno; lo difícil, y lo que la teoría exige, es reconocer el mismo terror cuando lo ejerce el bando con el que simpatizamos. Los castigos colectivos, las masacres ejemplares, la aniquilación de la resistencia como método siguen practicándose hoy en conflictos de todo signo, y con demasiada frecuencia los juzgamos según quién los cometa, no según lo que son. La criminología poscolonial pide una vara de medir única: el terror contra una población sometida es un crimen, lo cometa el imperio que despreciamos o la causa que admiramos. Tavington es el recordatorio de que el horror no cambia de naturaleza según el uniforme de quien lo ejerce.
Tres ideas clave
- El coronel Tavington encarna el terror colonial de la criminología poscolonial: reprime la resistencia con atrocidades ejemplares (quemar civiles vivos) porque el miedo es el método más eficaz para someter a una población.
- Ilustra la "atrocidad ejemplar": una crueldad extrema y pública cuya función es aterrorizar a los espectadores, no solo eliminar víctimas. El terror era el sistema operativo del colonialismo, no un exceso —aunque, como vio Fanon, engendra la revuelta que teme—.
- Ni "el malo de la peli de acción" (El patriota usa su terror para glorificar a colonos que eran esclavistas) ni excusa para toda revuelta. La teoría pide una vara única: el terror contra un pueblo sometido es un crimen, lo cometa el imperio o la causa que admiramos.
Fuentes · para seguir leyendo
- Fanon, F. (1961). Los condenados de la tierra. Maspero.
- Said, E. (1978). Orientalismo. Pantheon.
- Agozino, B. (2003). Counter-Colonial Criminology. Pluto Press.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Por qué Coronel Tavington se convierte en villano?
El coronel Tavington y la criminología poscolonial: la brutalidad del imperio sobre el terreno. El oficial que castiga cualquier resistencia con el terror, porque el miedo es su herramienta.
¿Qué teoría criminológica explica a Coronel Tavington?
El caso de Coronel Tavington se analiza desde la Criminología Poscolonial. La criminología poscolonial (Fanon) analiza el terror como herramienta central del dominio colonial. El coronel Tavington, de El patriota, lo encarna: un oficial que reprime la resistencia con atrocidades ejemplares —quemar civiles vivos— porque el terror es el método más eficaz para mantener sometida a una población. La violencia colonial no como exceso, sino como política deliberada.


