Al principio de La lección (Eugène Ionesco, 1951), un Profesor de unos cincuenta años, tímido y extremadamente cortés, le pregunta a su nueva alumna cuánto son uno y uno. «Dos», contesta ella, y él se deshace en elogios: está muy adelantada en sus estudios y sacará sin esfuerzo el «doctorado total» para el que ha venido a prepararse. La alumna ha llegado alegre y segura de sí misma, y ese elogio es el primer paso de un guion que acabará con un cuchillo. Sabe sumar, pero no restar, y ha aprendido de memoria todos los productos posibles de la multiplicación. La criada, Marie, intenta advertir al Profesor de que no siga con la filología. Él no la escucha. Pasa a una disertación absurda sobre las lenguas neoespañolas, cada vez más autoritaria, mientras la alumna, que se queja sin parar de dolor de muelas, se va apagando. Al final, el Profesor coge un cuchillo, obliga a la alumna a repetir la palabra «cuchillo» y la mata. Marie le riñe como a un niño: es la cuadragésima de ese día. Le coloca un brazalete con una insignia, que la acotación sugiere que puede ser la esvástica, y entre los dos sacan el cuerpo. Suena el timbre. Llega otra alumna, y la obra vuelve a empezar.
// La teoríaLa violencia como guion
En 1988, el psicólogo L. Rowell Huesmann propuso que la conducta social, incluida la agresiva, se guía por guiones cognitivos: esquemas almacenados en la memoria que indican qué va a pasar en una situación, cómo hay que comportarse y cuál será el resultado. Los guiones se aprenden por observación y por experiencia, y se refuerzan cada vez que se ensayan o se ejecutan con éxito. Una persona que ha interiorizado un guion agresivo lo activa automáticamente ante ciertas señales, sin deliberar. Cuanto más se repite, más accesible se vuelve y más difícil es salir de él.
Cuarenta veces al día
La estructura de La lección es la de un guion. Todo está escrito de antemano: la llegada de la alumna, la cortesía inicial, la aritmética, la filología, la inversión del poder, el dolor de muelas, el cuchillo y la retirada del cadáver. La criada conoce la secuencia y sabe en qué punto se rompe, la filología, y aun así no puede impedirla. El Profesor no decide matar: ejecuta una rutina aprendida que, una vez iniciada, se desarrolla hasta el final. Es lo que describe Huesmann: la violencia que no nace de una decisión, sino de un guion que se activa ante una señal y se cumple por sí solo.
// El sujetoUn tímido que se vuelve tirano
Ionesco construye al Profesor con una transformación progresiva. Empieza servil, casi temeroso, frotándose las manos y pidiendo perdón. Con cada pequeño triunfo sobre la alumna, cada error que corrige, cada explicación que ella no entiende, gana seguridad, y con la seguridad llega la agresividad. El lenguaje es el instrumento de su poder: impone definiciones absurdas, corrige con desprecio y acaba convirtiendo la palabra «cuchillo» en el arma misma. La obra sugiere que la violencia está ya contenida en la relación de autoridad, y que basta con alimentarla para que estalle.
Ionesco marca el guion con señales que se repiten. La alumna se queja del dolor de muelas una y otra vez, cada vez con menos fuerza, y el Profesor deja de oírla: la queja ya no interrumpe la lección, la acompaña. Marie entra a advertirle y él la despide con fastidio, como quien aparta una distracción. En la última escena, el Profesor hace repetir a la alumna la palabra «cuchillo» hasta que la palabra misma parece el arma, y el golpe llega cuando ya ha hecho su trabajo. Huesmann habría reconocido la secuencia: un guion bien ensayado se activa con señales concretas, se desarrolla sin deliberación y deja a quien lo ejecuta una sensación de normalidad. Por eso lo más terrible de la obra no es el crimen, sino lo que viene después. Marie riñe al Profesor como a un niño que ha vuelto a romper algo, le ayuda a sacar el cuerpo y, cuando suena el timbre, recibe a la siguiente alumna con la misma amabilidad del principio. La criada no es una testigo del guion: es parte de él, la que lo cierra y lo deja listo para la próxima vez.
El Profesor
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// La grietaUna teoría para un absurdo
Aplicar una teoría psicológica a una obra del teatro del absurdo tiene un riesgo evidente: Ionesco no pretende retratar a un asesino verosímil, sino denunciar el poder del lenguaje, la autoridad del maestro y, con el brazalete final, el totalitarismo. El Profesor es una idea, no un caso clínico. Leerlo como un sujeto con guiones agresivos es útil, pero reduce una alegoría política a un problema individual.
La teoría de Huesmann tiene además su propio límite: explica cómo se mantiene una conducta agresiva, pero menos cómo surge la primera vez. La obra empieza cuando el guion ya existe, cuarenta veces repetido. Lo que la obra sí ilustra bien es su efecto final: la violencia como rutina, ejecutada sin emoción y recogida después como un trámite.
Romper el guion
Los programas de tratamiento de la agresividad basados en la psicología cognitiva trabajan sobre los guiones: ayudan a las personas a identificar las señales que los activan, a detenerse antes de que se desarrollen y a ensayar respuestas alternativas. Lo decisivo es intervenir pronto, en el punto en que la secuencia aún se puede romper. En La lección, Marie sabe dónde está ese punto, la filología, pero su advertencia es inútil porque nadie le hace caso. La prevención exige que alguien escuche a quien conoce el guion.
Tres ideas clave
- La teoría de los guiones cognitivos (Huesmann, 1988) sostiene que la agresión se guía por secuencias aprendidas que se activan ante ciertas señales y se refuerzan con cada repetición.
- El Profesor de La lección recibe a una alumna, se vuelve dominante con cada ejercicio y la mata con un cuchillo; la criada le recuerda que es la cuadragésima del día y llega la siguiente.
- La grieta: Ionesco escribió una alegoría del poder y del totalitarismo, no un caso clínico, y la teoría explica mejor la repetición que el origen de la violencia.
Fuentes · para seguir leyendo
- Huesmann, L. R. (1988). «An Information Processing Model for the Development of Aggression». Aggressive Behavior, 14(1), 13-24.
- Huesmann, L. R. (1998). «The Role of Social Information Processing and Cognitive Schema in the Acquisition and Maintenance of Habitual Aggressive Behavior». En R. G. Geen y E. Donnerstein (eds.), Human Aggression. Academic Press.
- Esslin, M. (1961). The Theatre of the Absurd. Anchor Books.
- Ionesco, E. (1954). La Leçon. En Théâtre I. Gallimard.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es El Profesor?
El Profesor («La lección») es un villano de La lección, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. La criada se lo había advertido: la aritmética lleva a la filología, y la filología lleva a lo peor.
¿Por qué El Profesor (La lección) se convierte en villano?
Los guiones cognitivos de Huesmann explican la violencia que se ejecuta sin decidirla. El Profesor de Ionesco cumple el suyo por cuadragésima vez en un día, y su criada ya sabe en qué punto se tuerce.
¿Qué teoría criminológica explica a El Profesor?
El caso de El Profesor se analiza desde la Teoría de los Guiones Cognitivos. La teoría de los guiones cognitivos de L. Rowell Huesmann (1988) sostiene que la conducta agresiva se guía por guiones aprendidos, secuencias de acción almacenadas en la memoria que se activan ante ciertas señales y se refuerzan cada vez que se repiten. En La lección (Eugène Ionesco, 1951), un Profesor tímido y educado recibe a una alumna que prepara el «doctorado total». A medida que la lección avanza, de la aritmética a una absurda filología de las lenguas neoespañolas, él se vuelve agresivo y ella se apaga, hasta que la mata con un cuchillo. La criada recoge el cuerpo: es la cuadragésima alumna del día. Suena el timbre. Llega la siguiente.








