En la primera parte de Carrie (1974), la novela con la que Stephen King debutó, Carrie White tiene su primera regla en las duchas del instituto Ewen, delante de sus compañeras, que le tiran compresas entre risas. No sabe qué le ocurre: nadie se lo ha explicado. Esa tarde, en casa, la espera su madre. Margaret White, viuda, trabajadora de una lavandería, fanática de una fe que se ha construido casi sola, ya sabe lo que ha pasado porque la han llamado del instituto. No la consuela. La golpea, la obliga a arrodillarse y le recita su versión del Génesis: Eva fue débil, soltó sobre el mundo un cuervo llamado Pecado, y el primer Pecado fue el coito; después vino la Maldición de la Sangre. Luego la encierra en el armario de rezar, un cuarto diminuto lleno de imágenes religiosas, hasta que Carrie pide perdón por un pecado que no ha cometido. Margaret White es la madre más temida de la literatura de terror, y la miniserie de Mike Flanagan para Prime Video, ocho episodios estrenados a la vez el 7 de octubre de 2026, con Samantha Sloyan en el papel, la ha vuelto a poner en el centro. Según las primeras críticas, Flanagan la retrata menos monstruosa y más asustada; este expediente lee a la Margaret de la novela.
// La teoríaLa culpa que busca un culpable
Sigmund Freud no escribió una criminología, pero dejó una de sus ideas más inquietantes. En 1916, en «Algunos tipos de carácter descubiertos en la labor psicoanalítica», describió a los delincuentes por sentimiento de culpa: personas que no se sienten culpables porque han delinquido, sino que delinquen porque ya se sentían culpables, y el castigo les alivia. En El yo y el ello (1923) dio nombre a la instancia que juzga desde dentro, el superyó, y advirtió que puede volverse cruel con el propio yo. Sus seguidores llevaron la idea al delito. Theodor Reik habló en 1925 de una compulsión a confesar unida a la necesidad de castigo. Anna Freud, en El yo y los mecanismos de defensa (1936), ordenó las maniobras con las que el yo se protege de lo que no tolera, entre ellas la proyección: atribuir a otro el deseo propio para poder condenarlo fuera.
Castigar fuera lo que no se perdona dentro
Margaret White no delinque para recibir castigo, como los pacientes de Freud. Hace algo vecino: convierte su culpa en castigo para otra. La sexualidad que se reprocha, la noche en que concibió a Carrie, la ve después en el cuerpo de su hija, en su regla, en su pecho, en su vestido de baile, y la persigue allí. El superyó de Margaret es tan feroz que no le basta con juzgarla a ella; necesita una acusada a mano, y la tiene en casa. Por eso sus castigos no corrigen nada: no responden a lo que Carrie hace, sino a lo que Margaret siente.
// El sujetoTres escenas en la casa de los White
La novela, montada con informes, entrevistas y fragmentos de libros sobre la tragedia, deja ver a Margaret a través de varios ojos. El primero es el de una vecina, Estelle Horan, que recuerda un día de cuando Carrie tenía tres años: la niña se fijó en ella mientras tomaba el sol en traje de baño y le preguntó por su pecho. Margaret salió gritando, se arañó, se llevó a su hija dentro, y sobre la casa de los White cayó una lluvia de piedras que nadie supo explicar. La segunda escena llega en la segunda parte, la mañana del baile: Margaret suplica a Carrie que queme el vestido y rece con ella, anuncia que habrá un juicio y, cuando su hija se niega, dice que se lava las manos. Carrie le responde que eso lo dijo Pilato. La tercera es la noche del baile. Mientras Carrie está en el gimnasio, Margaret afila un cuchillo en la cocina, pensando en Abraham e Isaac y en que el pecado solo se ahoga en sangre. Cuando Carrie vuelve a casa, cubierta de sangre de cerdo y tras haber arrasado el pueblo (spoiler), la madre se lo confiesa todo: que Ralph, su marido, llegó una noche borracho y la tomó, que aquello le dio placer y no se lo perdonó, que pensó en matarse, que cogió un cuchillo cuando empezaron los dolores del parto para hacer su sacrificio y que volvió a cogerlo cuando la niña tenía tres años. Después se lo clava en el hombro. Carrie le para el corazón con la mente.
Margaret White
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// La grietaEl viejo vicio de culpar a la madre
La lectura psicoanalítica de Margaret es redonda, y ese es su problema. Karl Popper criticó que conceptos como la represión o la proyección explican cualquier conducta a posteriori sin permitir predecir ni refutar nada: si Margaret hubiera sido indulgente con su hija, también podría leerse como defensa contra la culpa. Además, la propia novela desconfía de las explicaciones únicas. King la construye con documentos que se contradicen, y ninguno, ni el científico ni el periodístico, termina de explicar a Carrie ni a su madre.
Hay una grieta más incómoda. El psicoanálisis tiene un historial de cargar sobre las madres lo que no sabía explicar: en 1948, Frieda Fromm-Reichmann acuñó la idea de la «madre esquizofrenógena», que culpaba a las madres de la esquizofrenia de sus hijos y que hoy está descartada. Margaret es una agresora, no una víctima de ese prejuicio, pero leerla solo por dentro deja fuera lo que la rodea: una vecina que vio la escena de las piedras, un instituto que veía a diario cómo la acosaban, un pueblo entero que miró hacia otro lado. Ahí encajan mejor otras teorías, como el control social o el apego. La versión de Flanagan, según las críticas, mueve el foco en esa dirección.
El maltrato que se reza
El maltrato ligado a creencias religiosas es difícil de ver desde fuera porque se presenta como educación moral, y quien lo ejerce suele estar convencido de que salva a su hijo. Los servicios de protección de la infancia de algunos países ya lo tratan como un riesgo específico, que pide formación propia. La lectura psicoanalítica ayuda a entender por qué el castigo de Margaret crece cuanto más crece su hija: no castiga lo que Carrie hace, sino lo que Carrie es. Explicar no es exculpar. Margaret White encierra, golpea y apuñala, y ningún mecanismo de defensa le quita la responsabilidad de hacerlo.
Tres ideas clave
- El psicoanálisis criminológico, desde Freud (1916) y Reik (1925), describe una culpa inconsciente que busca castigo, y Anna Freud (1936) explicó la proyección: condenar en otro el deseo propio.
- Margaret White, la madre de Carrie, castiga en el cuerpo de su hija la sexualidad que no se perdona a sí misma, la encierra en el armario de rezar y, la noche del baile, la apuñala.
- La grieta: la lectura no es falsable, tiende a cargar el mal sobre la madre y deja fuera a un pueblo que vio el maltrato y no hizo nada.
Fuentes · para seguir leyendo
- Freud, S. (1916). «Einige Charaktertypen aus der psychoanalytischen Arbeit» [«Algunos tipos de carácter descubiertos en la labor psicoanalítica»]. Imago, 4.
- Freud, S. (1923). Das Ich und das Es [El yo y el ello]. Internationaler Psychoanalytischer Verlag.
- Reik, T. (1925). Geständniszwang und Strafbedürfnis [Compulsión a confesar y necesidad de castigo]. Internationaler Psychoanalytischer Verlag.
- Freud, A. (1936). Das Ich und die Abwehrmechanismen [El yo y los mecanismos de defensa]. Internationaler Psychoanalytischer Verlag.
- Popper, K. R. (1963). Conjectures and Refutations: The Growth of Scientific Knowledge. Routledge & Kegan Paul.
- King, S. (1974). Carrie. Doubleday.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Margaret White?
Margaret White («Momma») es una villana de Carrie, analizada en KRIMINIS con la lente de la criminología. Cuando su hija llegó a casa sangrando por primera vez, Margaret White no le explicó qué le pasaba.
¿Por qué Margaret White (Momma) se convierte en villana?
Margaret White, la madre de Carrie, y el psicoanálisis criminológico: ve el pecado en el cuerpo de su hija, la castiga por él y acaba empuñando un cuchillo. Freud describió la culpa que busca castigo; ella la descarga en su hija.
¿Qué teoría criminológica explica a Margaret White?
El caso de Margaret White se analiza desde la Psicoanálisis criminológico. El psicoanálisis criminológico lee el delito como síntoma de un conflicto inconsciente: un superyó demasiado severo, una culpa que busca castigo, unos deseos reprimidos que vuelven disfrazados. Margaret White, la madre de Carrie (Stephen King, 1974), es una fanática religiosa que ve en la sexualidad el primer pecado, castiga en su hija lo que no se perdona a sí misma y, la noche del baile, intenta matarla. La miniserie de Mike Flanagan para Prime Video (2026), con Samantha Sloyan, la ha devuelto a la actualidad con un retrato más compasivo.








