En Y no quedó ninguno (1939), de Agatha Christie, diez personas son invitadas a una isla frente a la costa de Devon por un anfitrión que firma «U. N. Owen». En la cena, un disco de gramófono acusa a cada una de ellas de una muerte que la ley nunca castigó. Después empiezan a morir, una a una, siguiendo el orden de una canción infantil sobre diez soldaditos, mientras desaparecen de la mesa del comedor unas figuritas de porcelana. Entre los invitados está Lawrence Wargrave, un juez retirado con fama de «juez de la horca», al que el disco acusa de haber enviado a la horca a un inocente, Edward Seton. A mitad de la historia aparece Wargrave, al parecer, con un tiro en la cabeza. Cuando los diez han muerto y la policía no logra entender nada de lo que ocurrió en la isla, un pesquero encuentra en el mar una botella con su confesión. Wargrave era U. N. Owen. Toda su vida había sentido dos impulsos: el deseo de matar y un sentido de la justicia muy intenso. Su carrera de juez le había permitido satisfacer los dos. Cuando le dijeron que tenía una enfermedad terminal, decidió cometer un crimen perfecto contra personas que merecían castigo y lo habían eludido. Con la ayuda del doctor Armstrong, al que engañó, fingió su propia muerte, mató a los demás y finalmente se pegó un tiro.
// La teoríaDos muros contra la tentación
En 1961, Walter Reckless resumió su teoría de la contención en un artículo breve. Todo el mundo, sostenía, está sometido a fuerzas que empujan o atraen hacia el delito: presiones como la pobreza y los conflictos, atracciones como las malas compañías y las oportunidades, y empujes desde dentro, como la inquietud, la hostilidad o la agresividad. Lo que frena a la mayoría es la contención. La contención exterior la proporciona el entorno social: papeles con sentido, una supervisión eficaz, normas claras, un sentimiento de pertenencia. La contención interior la proporciona la persona: un buen autoconcepto, autocontrol, tolerancia a la frustración, orientación a metas y sentido de la responsabilidad. Con sus colegas, Reckless comprobó en sus estudios con chicos de barrios de alta delincuencia que un autoconcepto favorable parecía «aislarlos» del delito. La teoría predice que la conducta delictiva se vuelve probable cuando uno o los dos muros se debilitan, y que la forma que toma depende de lo que queda en pie.
Walter C. Reckless, «A New Theory of Delinquency and Crime» (1961)
La contención interior y la exterior actúan como un amortiguador que protege al individuo frente a las presiones y las atracciones hacia el delito».
Una salida legal, y luego ninguna
La confesión de Wargrave se lee casi como un estudio de caso de la contención. Describe un fuerte empuje interior: desde niño había disfrutado con la muerte y con causarla. Frente a él estaba su contención interior, un poderoso sentido de la justicia: no soportaba la idea de que sufriera un inocente. Su carrera le dio la contención exterior más eficaz que cabe imaginar, y algo más: un papel legítimo en el que su deseo podía satisfacerse sin infringir la ley. Como juez podía ver temblar a los culpables y mandarlos a la horca. La jubilación debilitó ese muro exterior; el diagnóstico de una enfermedad terminal se llevó lo que quedaba, el futuro que de otro modo habría querido proteger. Lo que quedó fue el sentido interior de la justicia, y moldeó todo lo que hizo después. No mató al azar. Eligió a personas que, a su juicio, eran culpables de asesinato y estaban fuera del alcance de los tribunales, y las juzgó, las condenó y las ejecutó en la isla.
// El sujetoEl juez que escribió su propio crimen
Wargrave es uno de los asesinos más insólitos de la novela policiaca porque es a la vez el juez, el fiscal y el autor de la historia. Elige a los acusados reuniendo rumores y relatos de muertes que quedaron impunes; escribe las acusaciones; pone en escena el juicio con un gramófono; usa una canción infantil como sentencia y la ejecuta con un cuidado de artesano. Su confesión es orgullosa: quiere que alguien sepa lo listo que fue. Es también escalofriante por su coherencia. No ve contradicción entre su amor por la justicia y su gusto por matar, porque en su cabeza lo segundo siempre ha estado al servicio de lo primero. Los diez soldaditos no son sus víctimas; son sus condenados.
Juez Wargrave
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// La grietaUn sentido de la justicia no es un freno
La teoría de la contención se construyó para explicar por qué la mayoría de la gente, sometida a las mismas presiones, no delinque. Aplicada a Wargrave, explica mejor la forma de sus crímenes que su origen. El empuje que lo mueve no es uno corriente: es un placer de toda la vida en matar, más cerca del terreno del sadismo y de la psicopatía que de la inquietud de un adolescente de un barrio pobre. La teoría revela además algo incómodo. La contención interior de Wargrave no lo frenó; eligió a sus víctimas. Un fuerte sentido de la justicia, sin los procedimientos que la hacen justa —las pruebas, la defensa, el recurso—, no es una barrera contra la violencia sino un guion para ejercerla.
La novela deja otra pregunta abierta: qué contuvo su carrera y qué escondió. Durante décadas, un hombre que disfrutaba enviando gente a la muerte tuvo el poder de hacerlo, y nadie en el sistema notó otra cosa que severidad. Wargrave eligió matar a nueve personas, después de haber usado a una de ellas, el doctor Armstrong, como cómplice. Lo que añade la teoría es una advertencia sobre los cargos: una posición legítima puede contener durante años un deseo peligroso, y esa misma posición puede ocultarlo.
Los justicieros y el atractivo de la justicia privada
El plan de Wargrave tiene un atractivo perenne: castigar a quienes escaparon de la ley. Los casos reales de justicia por mano propia, de los linchamientos a las campañas en línea contra presuntos delincuentes, muestran el mismo patrón que la isla: acusaciones sin pruebas, juicios sin defensa y castigos elegidos por personas que están seguras de tener razón. Los criminólogos que estudian el vigilantismo subrayan que suele dirigirse contra los débiles, los estigmatizados y a veces los inocentes, y que crece donde se confía poco en la justicia formal. Christie escribió un rompecabezas, pero el rompecabezas descansa sobre un peligro real. Cuando alguien decide que es el único juez que queda, lo primero que desaparece son las reglas que protegen al acusado.
Tres ideas clave
- La teoría de la contención de Reckless (1961) sostiene que una contención interior (autoconcepto, autocontrol, responsabilidad) y otra exterior (papeles, normas, supervisión) frenan los empujes y atracciones hacia el delito; delinquir se vuelve probable cuando cae uno de los muros.
- El juez Lawrence Wargrave, con un deseo de matar de toda la vida y un sentido de la justicia igual de fuerte, satisface ambos como juez de la horca. Enfermo terminal, atrae a una isla a nueve personas que mataron con impunidad, finge su propia muerte, las ejecuta siguiendo una canción infantil y deja su confesión en una botella.
- La grieta: la teoría explica mejor la forma de sus crímenes que su origen, y muestra que un sentido de la justicia sin garantías elige víctimas en lugar de evitar la violencia. Aun así, Wargrave eligió matar a nueve personas.
Fuentes · para seguir leyendo
- Reckless, W. C. (1961). «A New Theory of Delinquency and Crime». Federal Probation, 25, 42-46.
- Reckless, W. C., Dinitz, S. y Murray, E. (1956). «Self Concept as an Insulator Against Delinquency». American Sociological Review, 21(6), 744-746.
- Johnston, L. (1996). «What Is Vigilantism?». British Journal of Criminology, 36(2), 220-236.
- Christie, A. (1939). And Then There Were None. Collins Crime Club (publicada primero con otro título; en español se conoció durante décadas como Diez negritos).
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Juez Wargrave?
Juez Wargrave («U. N. Owen») es un villano de Y no quedó ninguno, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Durante treinta años, su deseo de matar estuvo dentro de la ley: dictaba sentencias de muerte.
¿Por qué Juez Wargrave (U. N. Owen) se convierte en villano?
El juez Wargrave y la teoría de la contención: en Y no quedó ninguno, de Agatha Christie, un magistrado retirado reúne en una isla a nueve personas que mataron sin que la ley las tocara y las ejecuta una a una. Walter Reckless explicó que no delinquimos porque nos frenan dos muros, uno interior y otro exterior. Wargrave tenía los dos, y una enfermedad le quitó uno.
¿Qué teoría criminológica explica a Juez Wargrave?
El caso de Juez Wargrave se analiza desde la Teoría de la contención. La teoría de la contención de Walter Reckless (1961) sostiene que todos sentimos empujes y atracciones hacia el delito, y que nos frenan dos barreras: la contención interior —el autoconcepto, el autocontrol, el sentido de la responsabilidad— y la exterior —los papeles, las normas y las personas que nos sostienen—. Lawrence Wargrave, el juez de Y no quedó ninguno (1939), es un caso extraordinario: confiesa que siempre tuvo un deseo de matar y un sentido de la justicia igual de fuerte, y que su cargo le permitió satisfacer los dos dentro de la ley. Cuando la enfermedad le quita el futuro, la contención exterior desaparece, y la interior decide la forma de sus crímenes: solo mata a culpables.








