El capitán Philip Lombard llega a la isla con un revólver en el equipaje. Un hombre llamado Isaac Morris le ha pagado cien guineas para que vaya, tenga los ojos abiertos y vaya armado, sin decirle por qué. Lombard es un soldado de fortuna que ha recorrido África y otras partes del mundo, encantador, cínico y acostumbrado al peligro. Cuando el gramófono lo acusa de la muerte de veintiún hombres de una tribu del este de África, no protesta. Cuenta a los demás, con calma, que es verdad: se perdió en la selva con ellos, no había comida suficiente, y se llevó la que había y se marchó. Dice que la propia supervivencia es el primer deber de un hombre, y añade, con el racismo despreocupado de su clase y de su época, que a aquellos hombres no les importaba morir tanto como a un europeo. De todos los invitados, es el más capaz de sobrevivir a la isla: se queda con el revólver, sospecha de todos, está siempre alerta. Al final, en la playa, solo quedan él y Vera Claythorne. Ella le ha quitado el revólver, y cuando él se abalanza sobre ella, le dispara.
// La teoríaEl egoísmo a la luz de la evolución
El evolucionismo criminológico aplica al delito la lógica de la selección natural. Los psicólogos Martin Daly y Margo Wilson, en Homicide (1988), mostraron que los patrones del homicidio —quién mata a quién, a qué edad, por qué— encajan con predicciones derivadas de la teoría evolutiva, como el mayor riesgo que corren los hijastros o el papel de la competencia por el estatus entre hombres jóvenes. Lee Ellis y Anthony Walsh revisaron las teorías evolutivas del delito basadas en los genes, incluidas las estrategias de «tramposo»: la idea de que en algunos entornos explotar a los demás puede ser una forma viable de conseguir recursos. El enfoque tiene una regla explícita que sus practicantes serios repiten sin parar: explicar por qué una conducta pudo evolucionar no la hace buena, inevitable ni excusable. Confundir lo «natural» con lo correcto es un error clásico que la filosofía llama falacia naturalista.
La supervivencia como coartada
La justificación de Lombard suena a realismo evolutivo: en una situación de escasez sobrevive el individuo que se queda con los recursos, y así funciona la naturaleza. El evolucionismo criminológico puede explicar, en efecto, por qué el egoísmo en la escasez extrema es una conducta humana recurrente. Pero también explica lo que Lombard deja fuera. Los seres humanos evolucionaron como animales intensamente sociales, y la cooperación, la reciprocidad y el castigo de los tramposos forman tanta parte de nuestra naturaleza evolucionada como el egoísmo. La mayoría de la gente, en situaciones de peligro compartido, comparte. La elección de Lombard no la dictó la biología; la hizo posible una situación sin testigos ni consecuencias, y la creencia de que las vidas de los hombres a los que abandonó valían menos que la suya. El verdadero elemento «evolutivo» de su historia no es el instinto de supervivencia, sino la antigua capacidad humana de trazar una línea alrededor de «nosotros» y dejar fuera a «ellos».
// El sujetoEl cínico honrado
Lombard es el más atractivo de los invitados, y Christie lo sabe. Es valiente, competente y de una honradez refrescante sobre su crimen en un momento en que los demás mienten o se esconden. Es también el ejemplo más claro de una posición moral que la novela juzga: el hombre que se ve a sí mismo como un realista, para quien las normas son para quien puede permitírselas. No siente culpa y no intenta ninguna excusa más allá de su máxima. Esa honradez no es una virtud; es indiferencia. La isla vuelve su credo contra él. En un lugar donde todos son asesinos en potencia, el hombre que solo cree en su propia supervivencia acaba siendo, simplemente, la última amenaza para la última superviviente.
Philip Lombard
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// La grietaLa otra explicación es colonial
Una lectura evolutiva de Lombard explica la tentación universal del egoísmo en la escasez, pero oculta el elemento más concreto de su crimen: el contexto colonial. Lombard pudo abandonar a veintiún africanos sin consecuencias porque ningún tribunal de su tiempo habría tratado sus muertes como un crimen cometido por un oficial blanco. Sus propias palabras revelan la deshumanización que lo hizo posible: la creencia de que aquellos hombres no sentían la muerte como un europeo. Eso no es biología; es la ideología del imperio, que la criminología poscolonial y la teoría de la desconexión moral de Bandura explican mejor.
El evolucionismo criminológico ha recibido además críticas por el uso que puede hacerse de sus ideas: las versiones populares de la «supervivencia del más apto» han servido históricamente para justificar el racismo, la eugenesia y el abandono de los débiles. Los investigadores serios rechazan esos usos, pero la máxima de Lombard muestra lo fácil que es convertir el lenguaje de la naturaleza en coartada. Lombard eligió llevarse la comida y dejar morir a aquellos hombres. Lo que añade la teoría, bien leída, es la advertencia de que lo que puede ser natural no es por eso correcto.
La falacia naturalista en los tribunales y en la calle
Las apelaciones a la naturaleza aparecen una y otra vez en las justificaciones de la violencia y la explotación: «es la naturaleza humana», «sobreviven los fuertes», «ellos habrían hecho lo mismo». La propia psicología evolutiva muestra que los seres humanos desarrollaron también disposiciones poderosas hacia la justicia, la empatía y la cooperación, y que cuáles predominan depende mucho del entorno social. La historia de Lombard recuerda que la biología de la supervivencia explica tentaciones, no decisiones. La pregunta que importa, en la selva y en la isla, no es de qué somos capaces bajo presión, sino a quién decidimos contar como uno de los nuestros.
Tres ideas clave
- El evolucionismo criminológico (Daly y Wilson, 1988; Ellis y Walsh, 1997) busca las raíces de ciertas conductas violentas y egoístas en estrategias favorecidas por la selección natural, e insiste en que explicar una conducta no la justifica.
- Philip Lombard admite que abandonó a veintiún hombres de una tribu del este de África llevándose la comida, y lo justifica con que «la propia supervivencia es el primer deber de un hombre». Se queda con el revólver en la isla y sobrevive casi hasta el final; Vera Claythorne lo mata en la playa.
- La grieta: su coartada es la falacia naturalista, y su crimen se explica mejor por la deshumanización colonial que por la biología. Aun así, Lombard eligió dejar morir a aquellos hombres.
Fuentes · para seguir leyendo
- Daly, M. y Wilson, M. (1988). Homicide. Aldine de Gruyter.
- Ellis, L. y Walsh, A. (1997). «Gene-Based Evolutionary Theories in Criminology». Criminology, 35(2), 229-276.
- Bandura, A. (1999). «Moral Disengagement in the Perpetration of Inhumanities». Personality and Social Psychology Review, 3(3), 193-209.
- Christie, A. (1939). And Then There Were None. Collins Crime Club.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Philip Lombard?
Philip Lombard («Capitán Lombard») es un villano de Y no quedó ninguno, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. No lo negó. Se encogió de hombros, dijo que se había salvado él y que la supervivencia es el primer deber de un hombre. Fue el único de la isla que no fingió arrepentimiento.
¿Por qué Philip Lombard (Capitán Lombard) se convierte en villano?
Philip Lombard y el evolucionismo criminológico: en Y no quedó ninguno, el soldado de fortuna que abandonó en la selva a veintiún hombres de una tribu africana, llevándose la comida, se justifica con el instinto de supervivencia. El evolucionismo busca en la selección natural las raíces de la violencia. Lombard lo usa como coartada, y la coartada dice más de él que de la biología.
¿Qué teoría criminológica explica a Philip Lombard?
El caso de Philip Lombard se analiza desde la Evolucionismo Criminológico. El evolucionismo criminológico (Daly y Wilson, Ellis, Walsh) busca en la lógica de la selección natural las raíces de ciertas conductas violentas y egoístas: estrategias que pudieron favorecer la supervivencia y la reproducción en entornos ancestrales. Philip Lombard, el aventurero de Y no quedó ninguno (1939), invoca una versión de café de esa idea para justificar lo que hizo en el este de África: se quedó con la comida y dejó morir a veintiún hombres. Es el único invitado que admite su crimen sin rodeos. Su caso enseña la distancia entre explicar una conducta por la evolución y justificarla con ella.








