El Mago de Oz: la farsa que se vuelve poder en Wicked
Detrás de la cortina no hay un hechicero, sino un hombre con una máquina de humo que gobierna Oz convencido de que solo da a la gente lo que quiere.

Detrás de la cortina no hay un hechicero: hay un hombre con una máquina de humo. En Wicked, el Mago de Oz —esa figura entrañable de la infancia— se revela como lo que siempre fue en el fondo del cuento: un farsante sin poderes que llegó a Oz por accidente y se quedó a mandar. No conquistó con magia, porque no la tiene; conquistó con espectáculo, con voz de trueno y con la promesa de un enemigo del que protegerse. Su poder es una función de teatro que no puede permitirse bajar el telón.
Lo inquietante no es su crueldad —es, de hecho, afable y cobarde—, sino su relato. El Mago no se ve a sí mismo como un tirano: se ve como un servidor público que «solo da a la gente lo que quiere». Esa frase es la clave criminológica del personaje. No niega los hechos; los reescribe hasta que dejan de pesarle. Y para eso la sociología del delito tiene un nombre exacto: las técnicas de neutralización de Sykes y Matza. Entender cómo se absuelve a sí mismo no lo absuelve a él.
// La teoríaLas técnicas de neutralización, en corto
En 1957, Gresham Sykes y David Matza publicaron «Techniques of Neutralization: A Theory of Delinquency» y cambiaron una pregunta incómoda. La criminología clásica asumía que el delincuente tenía valores propios, opuestos a los de la sociedad. Sykes y Matza observaron lo contrario: la mayoría comparte esos valores y, sin embargo, delinque. ¿Cómo? Neutralizando la culpa antes o durante el acto, mediante justificaciones que desactivan los frenos morales sin negar del todo la norma. No es que no crean en la regla; es que se fabrican una excepción a su medida. Puedes leerlo desarrollado en nuestra ficha de la teoría de la neutralización.
Los autores describieron cinco técnicas. La negación de la responsabilidad: «no fue culpa mía, las circunstancias me arrastraron». La negación del daño: «en realidad nadie sale malparado». La negación de la víctima: «se lo merecían, ellos empezaron». La condena de quienes condenan: «los que me juzgan son hipócritas peores que yo». Y la apelación a lealtades superiores: «lo hice por algo más grande que yo mismo». Cinco puertas de salida moral que permiten hacer daño sin sentirse un villano.
El farsante no niega el poder: se cuenta que lo merece
La neutralización no borra el acto; borra su peso. El Mago sabe perfectamente que gobierna sobre una mentira y que persigue a inocentes, pero cada decisión llega envuelta en un relato que la vuelve tolerable: es por el bien de Oz, el pueblo lo pidió, los Animales eran una amenaza. La farsa hacia fuera —el gran mago todopoderoso— se sostiene sobre una farsa hacia dentro: la de un hombre que ha aprendido a no sentirse responsable de nada de lo que hace.
La clave está en que estas justificaciones operan como coartadas psicológicas, no como argumentos honestos. Sykes y Matza insistían en que aparecen a menudo antes del acto, allanando el camino: no son excusas que uno inventa después de ser pillado, sino permisos que uno se concede de antemano. Por eso son tan peligrosas. Quien domina las cinco técnicas puede cometer casi cualquier cosa manteniendo intacta la imagen de sí mismo como buena persona. El Mago de Oz es, en este sentido, una máquina de neutralizaciones.
El personaje del Mago en Wicked
La gente cree que soy bueno. Es más fácil creer en un enemigo que en un fraude.
El Mago de Oz
Lee el expediente completo de El Mago de Oz · Neutralización →
// El casoEl Mago: fabricar un enemigo para no ser el villano
El mecanismo político del Mago es sencillo y antiguo: si el pueblo tiene miedo de algo, no mirará quién manda ni cómo llegó. Por eso convierte a los Animales que hablan en sospechosos, les retira la voz y los empuja al margen; por eso necesita una «Bruja Mala» a la que señalar, y Elphaba —que se niega a colaborar con la farsa— es la candidata perfecta. La propaganda hace el resto: un enemigo nítido y visible unifica a Oz detrás de su protector. Es la fabricación deliberada de un chivo expiatorio, y encaja punto por punto con la negación de la víctima: los perseguidos, en el relato oficial, se lo han buscado.
Sobre esa base, el Mago despliega el resto del repertorio. Niega la responsabilidad: él no pidió el trono, cayó en Oz por azar y solo respondió a lo que la gente necesitaba. Niega el daño: se dice que mantiene el orden, que Oz es próspero, que su reinado es benévolo. Y sobre todo apela a una lealtad superior: todo lo hace por el bien de Oz, por la unidad, por la estabilidad. Su expediente describe justo eso: no un monstruo con colmillos, sino un hombre corriente y asustado cuyas consecuencias son monstruosas. La afabilidad no es lo contrario del daño; a veces es su envoltorio.
// El mismo guionEl humo, la voz y el enemigo de turno
El patrón del poder que se sostiene fabricando enemigos y neutralizando su propia culpa recorre la ficción y, sobre todo, la historia real. El líder que promete seguridad a cambio de señalar a una minoría; el jefe que justifica cada abuso con un «es por el bien de la empresa»; el propagandista que convence a un pueblo de que sus vecinos son el peligro. Todos comparten la gramática del Mago: no se presentan como agresores, sino como escudos frente a una amenaza que ellos mismos han inflado. La neutralización es el idioma común de quien hace daño sin dejar de sentirse el bueno de la historia.
La racionalización no es una justificación
Aquí está el ancla del caso. «Yo solo di a la gente lo que quería» explica la conducta del Mago; no la disculpa. Una racionalización describe cómo un farsante se permite mentir y perseguir sin sentirse culpable; una justificación diría que tenía razón para hacerlo, y no la tenía. Por muchas neutralizaciones que acumule, el humbug sigue eligiendo la mentira: nadie lo obligó a inventar una bruja, a callar a los Animales, a preferir el espectáculo a la verdad. Nombrar las cinco técnicas sirve precisamente para lo contrario de exculpar: para reconocer la coartada en cuanto la oímos.
El Mago de Oz, descifrado
- Las técnicas de neutralización (Sykes y Matza, 1957) explican cómo alguien que comparte los valores de la sociedad delinque igual: desactivando la culpa con justificaciones a medida.
- Son cinco: negación de la responsabilidad, del daño y de la víctima; condena de quienes condenan; y apelación a lealtades superiores.
- El Mago de Oz de Wicked es un farsante sin poderes que conquistó Oz con espectáculo y fraude, y que gobierna fabricando enemigos a los que temer.
- Convierte a los Animales en sospechosos y a Elphaba en «Bruja Mala»: un chivo expiatorio deliberado que encaja con la negación de la víctima.
- «Solo doy a la gente lo que quiere» es su neutralización maestra: apelación a una lealtad superior —el bien de Oz— que reescribe la persecución como servicio.
- Una racionalización no es una justificación: explicar cómo se absuelve el Mago no lo absuelve. El humbug sigue eligiendo la mentira.
Fuentes · para seguir leyendo
- Sykes, G. M. & Matza, D. (1957). «Techniques of Neutralization: A Theory of Delinquency». American Sociological Review, 22(6), 664-670.
- Matza, D. (1964). Delinquency and Drift. New York: John Wiley & Sons.
- Maruna, S. & Copes, H. (2005). «What Have We Learned from Five Decades of Neutralization Research?». Crime and Justice, 32, 221-320.
// Mini-reto¿Qué teoría explica mejor a El Mago de Oz?
Los 2 capítulos
- Madame Morrible inventó a la Bruja Mala del Oeste con un titular
- El Mago de Oz: la farsa que se vuelve poder en Wicked
Preguntas frecuentes
¿Qué son las técnicas de neutralización?
Son cinco justificaciones que, según Gresham Sykes y David Matza (1957), permiten a una persona desactivar su propia culpa y delinquir sin dejar de creer en las normas: negar la responsabilidad («no fue culpa mía»), negar el daño («nadie sale perjudicado»), negar a la víctima («se lo merecían»), condenar a quienes condenan («mis jueces son peores») y apelar a lealtades superiores («lo hice por una causa mayor»). No niegan la regla; se fabrican una excepción a su medida, a menudo antes del acto.
¿Cómo encaja el Mago de Oz de Wicked con la teoría de la neutralización?
El Mago es un farsante sin magia que gobierna Oz mediante fraude y espectáculo, y necesita justificarse ante sí mismo. Niega su responsabilidad (llegó a Oz por azar), niega el daño (dice mantener el orden), niega a las víctimas (convierte a los Animales y a Elphaba en amenazas) y apela a una lealtad superior (todo «por el bien de Oz»). Su frase «solo doy a la gente lo que quiere» es la neutralización perfecta: reescribe la persecución de inocentes como un servicio público.
Explicar al Mago con la neutralización, ¿no es justificar su farsa?
No. Una racionalización explica cómo alguien se permite hacer daño sin sentirse culpable; una justificación afirmaría que tenía razón para hacerlo. En kriminis lo resumimos así: explicar no es exculpar. Describir las coartadas del Mago sirve para reconocerlas cuando las oímos en la vida real, no para darle la razón. Por muchas neutralizaciones que acumule, el farsante sigue eligiendo la mentira: nadie lo obligó a inventar una bruja.