Immortan Joe: el señor de la guerra, el agua y la criminología verde
En el páramo de «Furiosa», el agua no es un recurso: es un cetro. Immortan Joe convirtió un bien común en instrumento de poder, y ese gesto tiene nombre en criminología. Bienvenidos a la mirada verde del delito.

Hay una imagen que resume media película sin necesidad de una sola línea de diálogo: una multitud reseca, con la boca abierta hacia arriba, esperando el chorro que un hombre decide abrir o cerrar desde lo alto de una roca. Immortan Joe no gobierna la Ciudadela con un ejército, aunque lo tenga. La gobierna con una válvula. El agua —su «Aqua-Cola»— baja unos segundos, la gente se abalanza, y él vuelve a cerrarla antes de que nadie beba de más. En ese gesto minúsculo está todo su régimen: quien controla el recurso vital controla a los cuerpos que dependen de él.
«Furiosa» (2024) y «Mad Max: Furia en la carretera» (2015) construyen a este señor de la guerra como el amo de un páramo donde el planeta ya reventó. Y aquí conviene el eje de esta casa antes de seguir: explicar no es exculpar. Analizar cómo se acapara un bien común y se transforma en látigo no disculpa a quien aprieta el látigo; lo hace más legible. Immortan Joe nos sirve de lente para una pregunta muy real, la que se hace la criminología verde: ¿qué pasa cuando el mayor daño de una sociedad no está tipificado como delito porque lo comete quien escribe las reglas?
// La teoríala criminología que mira más allá del código penal
Durante más de un siglo, la criminología miró casi en exclusiva el catálogo de delitos del Estado: robo, homicidio, fraude. En 1990, Michael Lynch propuso «enverdecer» esa mirada. Su idea era incómoda: los daños más graves y masivos —la contaminación que enferma a barrios enteros, la deforestación, el envenenamiento del agua— a menudo no son delitos, porque los cometen empresas y poderes que participan en redactar qué cuenta como crimen y qué no.
Nigel South amplió el marco: propuso un «campo verde» para la criminología, uno que tomara en serio el daño ambiental como objeto propio y no como una nota al pie. Y Rob White, en «Crimes Against Nature», sistematizó la idea de una justicia ecológica: hay víctimas humanas, sí, pero también no humanas —especies, ecosistemas, generaciones que aún no han nacido— que nunca se sientan en un tribunal. La criminología verde no pregunta solo «¿es legal?». Pregunta «¿es dañino, y para quién?».
El giro es más radical de lo que parece. Durante décadas, la disciplina asumió que el objeto del criminólogo lo definía el Estado: si el código no lo llamaba delito, no era asunto suyo. La corriente verde rompe ese contrato. Sostiene que el criminólogo puede —y debe— estudiar el daño social y ecológico por sí mismo, midiéndolo por sus consecuencias reales sobre cuerpos, aguas y suelos, y no por la etiqueta que le ponga el poder de turno. Es un cambio de brújula: del catálogo legal al mapa del sufrimiento.
Esa distinción entre delito y daño es la llave. En la Ciudadela, racionar el agua hasta la sed no viola ninguna ley: Immortan Joe es la ley. Y sin embargo, medido en sufrimiento, es el acto más criminal del páramo. La criminología verde existe precisamente para nombrar lo que el poder prefiere dejar sin nombre.
// El mecanismoconvertir un bien común en cetro
El agua, el aire, la tierra fértil: los teóricos los llaman bienes comunes, recursos de los que en principio depende todo el mundo y que nadie debería poder confiscar. El arte de Immortan Joe —y el de los depredadores ambientales reales— consiste en romper esa lógica: cercar el común, ponerle una válvula, y racionarlo de tal modo que la dependencia física se convierta en obediencia política. No necesitas encadenar a nadie si controlas lo que bebe.
Y no se detiene en el agua. Acapara el combustible, la «leche materna» de sus cautivas, los cuerpos convertidos en objetos reproductivos o en carne de guerra. Es la misma gramática aplicada a cada recurso: escasez administrada desde arriba. Vittorio Ruggiero y Nigel South lo describieron como crímenes de la economía: daños ambientales y humanos que brotan no del margen de la sociedad, sino de su centro productivo, de la lógica de acumular sin límite. Immortan Joe es feudal en la estética y perfectamente capitalista en el fondo.
Fíjate en cómo blinda el sistema: no solo controla el grifo, también fabrica la fe que lo sostiene. Promete a sus War Boys una recompensa gloriosa por morir en su nombre, envuelve el racionamiento en liturgia y presenta la escasez como voluntad casi divina. Es la coartada cultural del ecocidio, la que convierte el despojo en orden natural. La criminología verde subraya justamente esto: los grandes daños ambientales rara vez se imponen solo por la fuerza; se sostienen también con relatos que los hacen parecer inevitables, necesarios o merecidos.
la escasez casi nunca es solo natural
El páramo es seco por la catástrofe, cierto. Pero la sed de la Ciudadela es una decisión de gestión. Hay agua suficiente arriba; abajo falta porque alguien decide que falte. La criminología verde insiste en esto: muchas escaseces que vivimos como fatalidad natural son, en realidad, distribuciones diseñadas. Distinguir una cosa de otra es el primer acto de justicia.
// Las víctimasquién sufre el ecocidio, dentro y fuera del plano
La criminología verde reparte a las víctimas en círculos. El primero es humano y desigual: en el mundo real, la contaminación y la falta de agua golpean primero a los pobres, a los pueblos sin poder para litigar. Es lo que se llama justicia ambiental, y encaja con lo que estudia la economía política del castigo: el daño y su reparto siguen las líneas del poder. En la Ciudadela, los de abajo mueren de sed mientras los War Boys reciben su ración; la geografía del agua es la geografía de la jerarquía.
El segundo círculo es el que solemos olvidar: la tierra misma, el ecosistema arruinado, las generaciones futuras condenadas a heredar un desierto. White insistía en que la justicia ecológica obliga a contar entre las víctimas a quienes no pueden querellarse: los ríos secos, las especies extintas, los niños que aún no existen y ya han sido despojados de su parte del mundo. Aquí la ficción pop hace de espejo. Piensa en el Once-ler talando el último árbol trufula por pura codicia, en Hexxus como la contaminación hecha carne, en la corporación de Shinra succionando la energía viva del planeta, o en Ratcliffe destripando una tierra ajena en busca de oro. Todos son variaciones del mismo Immortan Joe: el que trata un mundo vivo como una despensa privada.
Conviene la cautela de la criminología crítica, hermana mayor de la verde: señalar el daño estructural no borra la elección individual. El páramo no obligó a Immortan Joe a cerrar la válvula; él eligió el racionamiento como método de dominio. Riesgo no es destino, y contexto no es coartada. La criminología verde amplía el foco sin apagar la responsabilidad de quien decide.
la lente verde en tres trazos
- El delito no agota el daño: hay heridas enormes —ecocidio, acaparamiento de agua, contaminación— que la ley no nombra porque las comete quien escribe la ley.
- La escasez suele ser gestionada, no solo natural: quien controla un bien común puede convertir la dependencia física en obediencia política.
- Hay víctimas humanas y no humanas, y el daño se reparte por líneas de poder; explicar ese reparto no exime a quien aprieta la válvula.
Fuentes
- Lynch, M. J. (1990). "The Greening of Criminology: A Perspective for the 1990s". The Critical Criminologist.
- South, N. (1998). "A Green Field for Criminology? A Proposal for a Perspective". Theoretical Criminology.
- White, R. (2008). Crimes Against Nature: Environmental Criminology and Ecological Justice. Willan.
- Ruggiero, V. & South, N. (2013). "Green Criminology and Crimes of the Economy". Critical Criminology.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la criminología verde?
Es una corriente que amplía el objeto de la criminología del delito tipificado al daño ambiental y ecológico. Estudia la contaminación, el ecocidio o el acaparamiento de recursos como perjuicios graves, aunque sean legales, y reconoce víctimas humanas y no humanas.
¿Por qué Immortan Joe sirve para explicarla?
Porque convierte un bien común, el agua, en instrumento de poder mediante el racionamiento. Ilustra cómo la escasez puede diseñarse desde arriba y cómo el mayor daño de una sociedad puede quedar fuera del código penal.
¿Explicar el ecocidio con su contexto lo justifica?
No. La criminología verde y la crítica amplían el foco hacia lo estructural, pero mantienen la responsabilidad de quien elige dañar. El contexto explica el mecanismo; no borra la decisión de cerrar la válvula.