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¿Qué es el delito de cuello blanco?
La teoría del delito de cuello blanco sostiene que el crimen no es cosa de pobres: también lo cometen personas respetables y de alto estatus en el ejercicio de su profesión, con fraudes, sobornos o pactos de precios que rara vez llegan a juicio. Edwin Sutherland la formuló en 1939 y la desarrolló en «White Collar Crime» (1949).
El 27 de diciembre de 1939, en Filadelfia, el presidente de la American Sociological Society subió al estrado para decir a sus colegas que llevaban décadas estudiando a los criminales equivocados. Edwin Sutherland no habló de carteristas, sino de directivos, banqueros, médicos y políticos que delinquen desde un despacho y nunca aparecen en una estadística policial. Bautizó aquello como delito de cuello blanco, y la criminología perdió una de sus comodidades más antiguas: creer que el crimen vive abajo.
El delito de cuello blanco de un vistazo
- Autor
- Edwin H. Sutherland
- Año
- 1939 (discurso) · 1949 (libro) · 1983 (versión íntegra)
- Familia
- Procesos (aprendizaje social)
- Idea
- El delito también se comete desde la respetabilidad, en el ejercicio de la profesión
Alto estatus + confianza ajena + oficio → delito que se tramita como infracción, no como crimen// OrigenSutherland contra la estadística de la pobreza
El discurso se publicó en 1940 en la American Sociological Review como «White-Collar Criminality». Su blanco eran las teorías que explicaban el delito por la pobreza o el barrio degradado. Sutherland les señaló un problema de muestra: se habían construido con detenidos y presos, es decir, con quien el sistema penal atrapa. Si los ricos también delinquen y rara vez llegan a juicio, esas teorías describen el filtro, no el delito. Y los ricos delinquían: balances falseados, sobornos, fraudes bursátiles, pactos de precios, con un coste que, según él, multiplicaba el de todos los robos del país.
La prueba llegó con White Collar Crime (1949). Sutherland revisó el historial de las 70 mayores corporaciones industriales y comerciales de Estados Unidos y contó 980 resoluciones contra ellas, una media de 14 por empresa. Apenas un 16 % salió de tribunales penales; el resto fueron sanciones civiles y administrativas, y casi todas las compañías reincidían. El libro salió mutilado: la editorial Dryden y la Universidad de Indiana, temerosas de demandas y del enfado de sus donantes, exigieron borrar los nombres. La versión íntegra esperó hasta 1983.
La tesis de Sutherland
El delito no es cosa de pobres: también lo cometen, desde el despacho, quienes gozan de respeto.
La definición de 1949
Sutherland lo definió como «un delito cometido por una persona de respetabilidad y alto estatus social en el curso de su ocupación». La respetabilidad deja fuera al mafioso trajeado, cuyo negocio es el propio delito. La ocupación separa el fraude del directivo de su vida privada. Y el estatus es la llave de la impunidad: la posición que da la oportunidad de delinquir da también los medios para que la conducta no se llame delito.
Cómo se fabrica la impunidad, paso a paso
- 1PosiciónEl cargo da acceso a dinero ajeno, información y confianza
- 2DelitoFraude, soborno o pacto de precios, cometido como parte del trabajo
- 3Vía administrativaSe resuelve con una multa o un acuerdo, no con un proceso penal
- 4Sin etiquetaEl autor conserva su reputación y nunca se ve como delincuente
Sutherland lo explicó con su propia teoría: el fraude se aprende en la cultura de la empresa, como el hurto en la esquina.
// La impunidadPor qué el despacho no huele a cárcel
Sutherland atribuyó el trato desigual a tres factores. El estatus: legisladores y jueces pertenecen al mismo mundo que los acusados y a menudo los admiran o los temen. Una tendencia a no castigar: con las empresas, el derecho prefería regular antes que encarcelar. Y un resentimiento público desorganizado. El robo de un bolso tiene una víctima con cara; un sobreprecio repartido entre millones de consumidores no tiene ninguna, y nadie sale a la calle por unos céntimos de más en cada factura.
Los propios autores ayudan. Una gran empresa paga abogados que convierten la acusación en negociación, influye en las normas que la regulan y reparte cada decisión entre tantas mesas que nadie la tomó del todo. Marshall Clinard y Peter Yeager lo comprobaron en Corporate Crime (1980) con las 582 mayores corporaciones estadounidenses: la infracción era endémica y las sanciones, en su mayoría, leves.
// En la ficciónVillanos con nómina y despacho
Henry F. Potter, el banquero de ¡Qué bello es vivir!, ofrece la escena perfecta de la asimetría: cuando el tío Billy deja olvidados 8.000 dólares de la cooperativa dentro de su periódico, Potter se los queda en silencio, y es George Bailey, el gerente modesto, quien acaba amenazado con una orden de detención por el descuadre. Gekko, en Wall Street, hace de la información privilegiada un método de trabajo y de la codicia una virtud que sus imitadores admiran. Axe, en Billions, trata la ley como un riesgo más que gestionar mientras un fiscal federal lo persigue temporada tras temporada.
Otros dos muestran el delito cometido para la empresa. —, el ejecutivo de la Weyland-Yutani en Aliens: el regreso, envía a los colonos a revisar la nave abandonada sin advertirles de lo que contiene; cuando Ripley lo descubre, lo llama «una mala decisión», el idioma del informe trimestral. Y Logan, en Succession, preside un imperio que tapó abusos y muertes en su división de cruceros; cuando el escándalo llega al Senado, busca a alguien que cargue con la culpa. La organización está diseñada para que el delito exista y el culpable no.





Del banquero que se queda el dinero ajeno al patriarca que busca un chivo expiatorio: cinco delitos cometidos desde la respetabilidad. Pulsa para abrir su expediente.
// HoyDe Enron a 2008: el delito que sigue sin celda
La quiebra de Enron en diciembre de 2001, tras años de contabilidad maquillada, llevó a Estados Unidos a endurecer el control de las cuentas empresariales; la crisis de 2008, en cambio, dejó millones de desahucios y casi ningún alto directivo en prisión, la paradoja que Jesse Eisinger investigó en The Chickenshit Club (2017). La investigación también ha corregido a Sutherland: el equipo de David Weisburd y Stanton Wheeler mostró en Crimes of the Middle Classes (1991), con expedientes federales, que la mayoría de los condenados por delitos económicos son de clase media y que los jueces no siempre eran más blandos con los de arriba.
// La grietaDefinir el delito por quién lo comete
Su debilidad está en la propia definición. Al atar el concepto al estatus del autor, Sutherland mezcló dos preguntas: qué clase de delito es y qué clase de persona lo comete. Si el mismo fraude fiscal es cuello blanco cuando lo firma un consejero delegado y no cuando lo comete un fontanero, el concepto clasifica personas, no conductas. Susan Shapiro le dio la vuelta en 1990: lo que define estos delitos es el abuso de confianza, sea quien sea el que la traiciona, y su impunidad se explica mejor por lo opacos y difíciles de probar que son que por la clase de sus autores.
Del estrado de Filadelfia a la versión sin censura
El concepto nació como un ataque y acabó convertido en un campo de estudio, que con el tiempo separó el delito ocupacional, el del empleado que se enriquece a costa de su empresa o sus clientes, del corporativo, el que la organización comete en su propio beneficio.
- 1939Sutherland acuña el delito de cuello blanco en su discurso presidencial en Filadelfia.
- 1945Responde a sus críticos en «Is "White Collar Crime" Crime?».
- 1947Paul Tappan le replica en «Who Is the Criminal?»: sin condena penal no hay criminal.
- 1949Aparece White Collar Crime, sin los nombres de las 70 empresas.
- 1983Se publica White Collar Crime: The Uncut Version.
// Por qué importaMirar hacia arriba
Sutherland cambió el lugar desde el que mira la criminología. Después de él, buena parte de la relación entre pobreza y delito resultó ser un efecto del filtro policial y judicial. Su concepto obligó a preguntar quién decide qué es delito, abrió el camino a la criminología crítica y dio nombre a un daño que hoy ocupa fiscalías anticorrupción, programas de cumplimiento normativo y leyes como la responsabilidad penal de las personas jurídicas, que España introdujo en 2010. Cada vez que una compañía se sienta en el banquillo, y no solo su contable, se pisa el terreno que él desbrozó.
Luces y sombras
- Desmontó la ecuación entre pobreza y delito: las estadísticas solo veían a quien el sistema atrapa.
- Dio nombre y método al estudio del fraude, la corrupción y el delito empresarial.
- Explicó la impunidad por la estructura (estatus, vía administrativa, víctimas dispersas).
- Abrió el camino a la criminología crítica y a la responsabilidad penal de las empresas.
- Define el delito por el estatus del autor y mezcla la conducta con la persona.
- Llamó criminales a empresas que ningún tribunal penal había condenado (la objeción de Tappan).
- La mayoría de los condenados por delitos económicos son de clase media, no de la élite.
- Sus cálculos del coste del fraude eran estimaciones difíciles de verificar.
Tres ideas clave
- El delito de cuello blanco (Sutherland, 1939-1949) es el que comete una persona respetable y de alto estatus en el ejercicio de su ocupación.
- Su golpe fue de método: si las teorías de la pobreza se basan en los detenidos, describen el filtro del sistema penal. Las 70 mayores corporaciones de EE. UU. sumaban 980 resoluciones en su contra.
- Queda impune por el estatus de sus autores, la vía administrativa y unas víctimas dispersas. Su punto débil es definirlo por la persona y no por la conducta.
Fuentes · para seguir leyendo
- Sutherland, E. H. (1940). «White-Collar Criminality». American Sociological Review, 5(1), 1-12.
- Sutherland, E. H. (1945). «Is "White Collar Crime" Crime?». American Sociological Review, 10(2), 132-139.
- Sutherland, E. H. (1949). White Collar Crime. Dryden Press (trad. esp.: El delito de cuello blanco, trad. de Rosa del Olmo, La Piqueta, 1999).
- Sutherland, E. H. (1983). White Collar Crime: The Uncut Version. Yale University Press.
- Tappan, P. W. (1947). «Who Is the Criminal?». American Sociological Review, 12(1), 96-102.
- Clinard, M. B. y Yeager, P. C. (1980). Corporate Crime. Free Press.
- Shapiro, S. P. (1990). «Collaring the Crime, Not the Criminal: Reconsidering the Concept of White-Collar Crime». American Sociological Review, 55(3), 346-365.
- Weisburd, D., Wheeler, S., Waring, E. y Bode, N. (1991). Crimes of the Middle Classes: White-Collar Offenders in the Federal Courts. Yale University Press.
- Eisinger, J. (2017). The Chickenshit Club: Why the Justice Department Fails to Prosecute Executives. Simon & Schuster.
// Pon a prueba la teoría¿A cuál de estos villanos analiza KRIMINIS con Delito de cuello blanco?
Dudas de la teoríaPreguntas frecuentes
¿Qué es el delito de cuello blanco?
La teoría del delito de cuello blanco sostiene que el crimen no es cosa de pobres: también lo cometen personas respetables y de alto estatus en el ejercicio de su profesión, con fraudes, sobornos o pactos de precios que rara vez llegan a juicio. Edwin Sutherland la formuló en 1939 y la desarrolló en «White Collar Crime» (1949).
¿Quién formuló el concepto de delito de cuello blanco y cuándo?
Edwin H. Sutherland, en su discurso como presidente de la American Sociological Society, en Filadelfia, en diciembre de 1939. Lo publicó en 1940 como «White-Collar Criminality» en la American Sociological Review y lo desarrolló en el libro «White Collar Crime» (Dryden Press, 1949), que salió sin los nombres de las empresas estudiadas. La versión íntegra, «White Collar Crime: The Uncut Version», llegó en 1983 (Yale University Press).
¿Sigue vigente el concepto de delito de cuello blanco y qué se le critica?
El concepto se impuso y hoy sostiene fiscalías, leyes y todo un campo de estudio. Lo que se discute es su definición: al atarla al estatus del autor, mezcla el tipo de delito con el tipo de persona. Susan Shapiro (1990) propuso definirlo por el abuso de confianza, y el equipo de Weisburd y Wheeler (1991) mostró que la mayoría de los condenados por delitos económicos son de clase media, no de la élite.
¿Qué villano del archivo ilustra mejor el delito de cuello blanco?
El Sr. Potter, de «¡Qué bello es vivir!». Es el banquero más poderoso de Bedford Falls y, cuando el tío Billy deja olvidados 8.000 dólares de la cooperativa dentro de su periódico, se los queda en silencio. Quien acaba amenazado con una orden de detención por el descuadre es George Bailey, el gerente modesto. El robo lo comete el poderoso; la sospecha cae sobre el otro.
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