Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg, 1989) transcurre en 1938. Walter Donovan es un rico empresario estadounidense y coleccionista de antigüedades, mecenas del museo donde trabaja Marcus Brody. Le enseña a Indiana una tablilla de piedra que señala dónde está el Santo Grial y le cuenta que el director de su proyecto, el profesor Henry Jones —el padre de Indiana— ha desaparecido. Indiana sale a buscarlo y descubre que Donovan trabaja con los nazis y con la historiadora del arte austriaca Elsa Schneider; lo había utilizado para recuperar el diario del Grial que llevaba su padre. En el templo oculto del Cañón de la Luna Creciente, la expedición nazi está atascada: el Grial está protegido por tres pruebas mortales. Donovan resuelve el problema disparando a Henry Jones padre en el estómago, para que su hijo tenga que superar las pruebas y traer el Grial, lo único que puede curar la herida. En la cámara del fondo, entre decenas de copas, Donovan deja que Elsa elija por él. Ella le da un cáliz de oro con piedras preciosas. Bebe, envejece en segundos y se deshace en polvo. El antiguo caballero que custodia el Grial lo resume: «Ha elegido... mal».
// La teoríaLa conciencia como coste
Los primeros modelos de elección racional del delito solo contaban los costes externos: la probabilidad y la dureza del castigo. En los años noventa, criminólogos como Raymond Paternoster y Sally Simpson demostraron que eso era incompleto. En sus estudios sobre delito empresarial, los directivos a los que se preguntaba si cometerían infracciones como pactar precios o saltarse normas ambientales sopesaban las ganancias y el riesgo legal, pero también costes morales: si el acto estaba mal, si les daría vergüenza, cómo encajaba con la idea que tenían de sí mismos. Para muchos de ellos, el juicio moral bastaba por sí solo; las amenazas legales importaban sobre todo para los que tenían inhibiciones morales débiles. Otras investigaciones encontraron lo mismo en otros delitos. El modelo tiene un corolario evidente: el coste moral no es un muro fijo sino un peso, y como cualquier peso en una cuenta, puede ser superado. Cuanto mayor parece el premio, más tiene que resistir la conciencia.
Una recompensa infinita
Lo que convierte a Donovan en un caso extremo es el tamaño del premio. La mayoría de los delitos ofrecen una ganancia finita: dinero, poder, venganza. El Grial ofrece la vida eterna. En la lógica del coste-beneficio moral, una recompensa infinita hace que cualquier coste finito parezca pequeño, incluida la vida de un anciano, la colaboración con un régimen de asesinos y la traición a quienes confiaron en él. El comportamiento de Donovan encaja con esa lectura. No muestra ninguna rabia hacia los Jones; dispara a Henry padre con calma de hombre de negocios y explica la lógica en voz alta: solo el Grial puede salvarlo, así que Indiana tiene que ir a buscarlo. El disparo no es un arrebato. Es un incentivo pensado para que otro corra el riesgo de las pruebas. Donovan paga el coste moral sin dar señales de sentirlo, porque la cuenta, para él, ya ha salido.
// El sujetoUn caballero con buenos amigos
Donovan no es un soldado ni un fanático. Es un estadounidense respetable, rico, bien relacionado, cómodo en museos y salones. Su colaboración con los nazis no es ideológica: es una sociedad de conveniencia con el único poder capaz de pagar y proteger la búsqueda. Esa respetabilidad forma parte del delito: le permite acercarse a Indiana y a Brody como amigo y mecenas, y evita que nadie haga preguntas. También delega. Otros excavan, disparan y se arriesgan; él aparece cuando hay algo que recoger. Su muerte es el veredicto moral de la película: ante el verdadero Grial, una sencilla copa de carpintero, deja que otra persona elija y bebe de la más ostentosa. La vanidad que lo medía todo por su valor lo incapacitó para reconocer lo que buscaba.
Walter Donovan
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// La grietaNo todo lo que importa es un coste
Tratar la conciencia como un coste que se sopesa es útil para investigar e incómodo como descripción de la vida moral. Para la mayoría de la gente, disparar a un anciano indefenso no es una opción cara: no es una opción. Los filósofos llaman a estos límites restricciones laterales, y el modelo del coste moral solo sabe representarlos como precios altísimos. La teoría da además por supuesta la valoración que Donovan hace del premio. ¿Por qué un hombre que ya lo tiene todo quiere vivir para siempre a cualquier precio? Ese deseo pertenece a otras explicaciones: el narcisismo, el miedo a la muerte, la convicción de que su vida vale más que la de los demás.
Está también la cuestión de sus socios. La cuenta de Donovan es posible porque los nazis ponen las armas, los hombres y la protección, y porque personas como Elsa comparten su disposición a pagar cualquier precio. Donovan eligió disparar a Henry Jones y servir a un régimen que sabía peligroso. Lo que aporta el modelo del coste-beneficio moral es una advertencia sobre cómo falla la conciencia: rara vez desapareciendo, más a menudo quedando superada por una recompensa que alguien ha decidido que lo vale todo.
Gente respetable y premios enormes
La investigación sobre el delito de cuello blanco y empresarial encuentra una y otra vez autores que se parecen a Donovan: educados, prósperos y bien considerados, que cruzan líneas cuando las ganancias son muy grandes y el coste moral se puede diluir, delegar o racionalizar. El hallazgo de Paternoster y Simpson tiene una cara práctica: reforzar el juicio moral dentro de las organizaciones —una ética que se toma en serio, directivos que la practican, compañeros que se oponen— previene más delitos que las amenazas por sí solas. La última cruzada convierte la lección en fábula. El hombre que creía que la conciencia tenía precio lo pagó con su vida, en el momento en que creía haber ganado.
Tres ideas clave
- Los modelos de elección racional con coste moral (Paternoster y Simpson, 1996) muestran que la culpa, la vergüenza y la imagen de uno mismo pesan en la decisión de delinquir, a menudo más que las amenazas legales. Pero el coste moral es un peso, y un premio lo bastante grande puede superarlo.
- Walter Donovan, un rico coleccionista, trabaja con los nazis para encontrar el Grial, dispara a Henry Jones padre para que Indiana tenga que superar las pruebas y salvarlo, y muere tras beber de la copa falsa que Elsa eligió por él: «Ha elegido... mal».
- La grieta: para la mayoría, ciertos actos no son opciones caras sino imposibles, y el modelo da por supuesta la valoración que Donovan hace de la vida eterna. Aun así, el disparo fue decisión suya.
Fuentes · para seguir leyendo
- Paternoster, R. y Simpson, S. (1996). «Sanction Threats and Appeals to Morality: Testing a Rational Choice Model of Corporate Crime». Law & Society Review, 30(3), 549-583.
- Bachman, R., Paternoster, R. y Ward, S. (1992). «The Rationality of Sexual Offending: Testing a Deterrence/Rational Choice Conception of Sexual Assault». Law & Society Review, 26(2), 343-372.
- Cornish, D. B. y Clarke, R. V. (eds.) (1986). The Reasoning Criminal: Rational Choice Perspectives on Offending. Springer-Verlag.
- Spielberg, S. (dir.) (1989). Indiana Jones y la última cruzada. Paramount Pictures / Lucasfilm.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Walter Donovan?
Walter Donovan es un villano de Indiana Jones, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Le disparó a un anciano desarmado delante de su hijo y luego le explicó, con toda la calma del mundo, que solo el Grial podía salvarlo.
¿Por qué Walter Donovan se convierte en villano?
Walter Donovan y el coste-beneficio moral: en Indiana Jones y la última cruzada, un millonario respetable financia a los nazis y dispara a Henry Jones padre para obligar a su hijo a atravesar las pruebas del Grial. La criminología sabe que la conciencia también pesa en el cálculo del delito. Donovan encontró un premio que la hacía parecer barata.
¿Qué teoría criminológica explica a Walter Donovan?
El caso de Walter Donovan se analiza desde la Coste-Beneficio Moral. Los modelos de elección racional que estudian el coste moral (Paternoster y Simpson, entre otros) sostienen que la gente no solo calcula dinero y castigo: también pesan la culpa, la vergüenza y la idea que uno tiene de sí mismo. Para la mayoría, ese coste basta para no delinquir. Walter Donovan, magnate y coleccionista en La última cruzada (1989), es el hombre para quien el premio es tan grande —la vida eterna— que cualquier coste moral parece insignificante. Su caso enseña lo que pasa con la conciencia cuando alguien se convence de que la recompensa es infinita.








