El doctor Henry Wu es el único científico que recorre toda la saga Jurassic. En Jurassic Park (1993) es el genetista jefe de InGen y explica orgulloso a los visitantes que todos los animales del parque son hembras, para que no puedan reproducirse. En Jurassic World (2015), más de veinte años después, el parque está abierto y las visitas bajan, así que la empresa pide algo nuevo. Wu crea la Indominus rex, un híbrido hecho con varias especies cuya receta completa mantiene en secreto. Cuando el dueño del parque, Simon Masrani, le pide cuentas por lo que ha fabricado, Wu responde que nada en Jurassic World es natural, que siempre han rellenado los huecos del genoma con ADN de otros animales y que, si el código fuera puro, los dinosaurios tendrían un aspecto muy distinto. «No pedisteis realidad», le dice, «pedisteis más dientes». En El reino caído (2018) diseña el Indoraptor para la subasta clandestina de Eli Mills, y solo protesta porque todavía es un prototipo. En Dominion (2022), trabajando para Biosyn, se ve obligado a crear las langostas que devoran las cosechas del mundo. Esta vez advierte de un colapso ecológico, y al final ayuda a detener los enjambres.
// La teoríaEl deseo sin techo
Émile Durkheim introdujo la idea de anomia en La división del trabajo social (1893) y la desarrolló en El suicidio (1897). Su punto de partida es una observación sobre la naturaleza humana: a diferencia de otros animales, nuestros deseos no están limitados por el cuerpo. Siempre podemos querer más, y solo la sociedad pone los límites: normas que dicen a cada cual qué es razonable esperar, qué es suficiente y qué es demasiado. Cuando la sociedad cambia demasiado deprisa, por una crisis pero también por una prosperidad repentina, esas normas pierden fuerza. Durkheim llamó al resultado anomia, un estado de desregulación, y describió su forma psicológica como un «mal del infinito»: querer sin fin, porque nada marca el punto de llegada. La veía sobre todo en el mundo del comercio y la industria, que en su época escapaba de las viejas regulaciones morales. Criminólogos posteriores, como Nikos Passas, aplicaron el concepto a la desviación empresarial: organizaciones en las que la meta se eleva sin parar y los medios nunca se cuestionan.
Cada película sube el listón
La saga se puede leer como una historia de la anomia. En 1993 la norma todavía existe, al menos sobre el papel: los animales son hembras, los recintos están vallados y los científicos creen tener el control. En 2015 el público se aburre de los dinosaurios de verdad, y la empresa responde como responde un mercado anómico: más grande, más ruidoso, más dientes. Wu no fija la meta; la recibe. Pero nadie —ni el consejo, ni los reguladores, ni su propia ética profesional— le dice dónde está el límite. Cada éxito fija un nuevo punto de partida que el siguiente producto debe superar. La Indominus tiene rasgos que nadie quiso saber; el Indoraptor está diseñado para venderse como arma; las langostas son una plaga fabricada para ganar cuota de mercado. La escalada no viene de una decisión malvada. Viene de que no hay ningún momento en que alguien diga basta.
// El sujetoUn artesano sin cláusula de conciencia
Wu no es un científico loco en el sentido clásico. Es tranquilo, profesional, está orgulloso de su trabajo y recuerda enseguida a los demás quién se lo encargó. Su posición moral durante casi toda la saga es la del técnico: hace lo que se le pide, tan bien como se puede hacer, y deja al cliente las preguntas sobre el uso. Esa es precisamente la actitud que produce la anomia. Cuando no hay una norma compartida sobre lo que la ciencia debe o no debe crear, la única medida que queda es la excelencia técnica y la satisfacción del cliente. Su reacción en El reino caído es reveladora: su objeción a vender el Indoraptor no es que sea un arma viva, sino que no está terminado. Solo en Dominion, cuando ve que las langostas se extienden fuera del control de nadie, habla de colapso ecológico, y la película le concede una redención tardía: diseña la solución y ayuda a acabar con la plaga.
Henry Wu
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// La grietaLa anomia describe una sociedad, no a un hombre
La anomia de Durkheim es una propiedad de las sociedades, no de los individuos. Explica por qué suben las tasas de ciertas conductas cuando las normas se debilitan, no por qué una persona concreta hace una cosa concreta. Aplicada a Wu, corre el riesgo de convertirse en excusa: el sistema no puso límites, luego el científico no tiene la culpa. Esa lectura es errónea. Mucha gente en la posición de Wu se niega —Owen Grady se niega a convertir a los raptores en armas, Ian Malcolm avisa desde la primera película—, y el propio Wu demuestra al final que siempre pudo decir que no. La anomia explica la presión y la ausencia de frenos; no borra la elección. Pasa por alto, además, algo que la saga muestra con mucha claridad: Wu trabaja para corporaciones cuyos dueños se benefician de su trabajo. Un criminólogo crítico diría que el problema no es una falta de normas en general, sino el poder de quienes se benefician de que no las haya.
Hay también un hueco que la teoría no puede llenar por sí sola: por qué Wu, y no otro científico, llega tan lejos. Su orgullo profesional, su lealtad a quien paga y su curiosidad genuina pertenecen a otras explicaciones, de la socialización profesional a la desconexión moral. Wu creó animales que mataron a personas, y sabía lo que podían hacer. Lo que añade Durkheim es una advertencia sobre el entorno: cuando la innovación corre más que las normas que deberían regirla, hasta personas competentes y corrientes acaban construyendo monstruos, un encargo detrás de otro.
La ciencia que deja atrás sus reglas
Las preguntas que la saga plantea sobre Wu se están haciendo sobre tecnologías reales: la edición genética, la biología sintética, la inteligencia artificial. En todos los casos la capacidad de crear crece más deprisa que las reglas sobre qué debería crearse, y la presión comercial empuja hacia lo espectacular. El sociólogo Ulrich Beck lo llamó la sociedad del riesgo: un mundo en el que los principales peligros los produce nuestro propio progreso. La lección de Durkheim sigue valiendo un siglo después. Las normas no aparecen solas; las construyen sociedades que deciden a tiempo dónde están los límites. Henry Wu es lo que pasa cuando nadie lo hace.
Tres ideas clave
- Para Durkheim (1893, 1897), la anomia es la desregulación que aparece cuando la sociedad cambia más deprisa que sus normas: el deseo no tiene límite natural y, sin límites sociales, se convierte en un «mal del infinito». Passas la aplicó a la desviación empresarial.
- Henry Wu recorre toda la saga: los animales todos hembras de 1993, la Indominus rex («pedisteis más dientes»), el Indoraptor vendido en la subasta de Mills y las langostas de Biosyn. Cada encargo sube el listón y nadie le dice dónde parar, hasta que en Dominion ayuda a acabar con la plaga.
- La grieta: la anomia describe una sociedad, no a una persona, y puede sonar a excusa. Otros en la posición de Wu se negaron. La teoría explica la presión y la falta de frenos; la elección fue suya.
Fuentes · para seguir leyendo
- Durkheim, É. (1893). De la division du travail social. Alcan.
- Durkheim, É. (1897). Le suicide: étude de sociologie. Alcan.
- Passas, N. (1990). «Anomie and Corporate Deviance». Contemporary Crises, 14(2), 157-178.
- Beck, U. (1992). Risk Society: Towards a New Modernity. Sage.
- Trevorrow, C. (dir.) (2015). Jurassic World. Universal Pictures.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Henry Wu?
Henry Wu («Doctor Wu») es un villano de Jurassic Park, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. «No pedisteis realidad, pedisteis más dientes».
¿Por qué Henry Wu (Doctor Wu) se convierte en villano?
Henry Wu y la anomia de Durkheim: el científico de Jurassic Park pasó treinta años creando animales cada vez más peligrosos porque cada cliente pedía más y ninguna norma le ponía techo. Durkheim llamó anomia al estado de una sociedad en la que el deseo ya no tiene límites. Wu es su laboratorio.
¿Qué teoría criminológica explica a Henry Wu?
El caso de Henry Wu se analiza desde la Anomia (Durkheim). Para Émile Durkheim, la anomia es el estado de desregulación en que caen las sociedades cuando cambian más deprisa que sus normas: los deseos humanos no tienen límite natural, es la sociedad quien se lo pone, y cuando deja de hacerlo, la aspiración se vuelve infinita. Henry Wu es esa aspiración convertida en ciencia. En cada película de la saga crea algo más grande, más fiero o más vendible —el parque de 1993, la Indominus rex, el Indoraptor, las langostas de Biosyn—, siempre por encargo de alguien que pedía más y nunca frenado por nadie.








