En Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993), Dennis Nedry es el hombre que construyó el sistema informático del parque: conectó las máquinas, escribió el código y es el único que lo entiende de verdad. También es, según él, alguien mal pagado. Cuando John Hammond se queja de los errores, Nedry le contesta que nadie más le depuraría dos millones de líneas de código por lo que él cobró. En un café de San José, en Costa Rica, se cita con Lewis Dodgson, de la empresa rival Biosyn, que le ofrece setecientos cincuenta mil dólares por adelantado y cincuenta mil más por cada embrión viable: un millón y medio si saca de la isla las quince especies. Dodgson le entrega una lata de espuma de afeitar con un compartimento refrigerado dentro. La noche de la tormenta, Nedry lanza un programa que apaga los sistemas de seguridad, roba los embriones de la cámara frigorífica y conduce hacia el muelle este, donde lo espera un barco. La carretera está inundada, se pierde, y un dilofosaurio lo mata. El parque que ha apagado se queda apagado.
// La teoríaEl delincuente calcula, pero con la cabeza que tiene
La criminología clásica imaginó al delincuente como un calculador racional que sopesa costes y beneficios. El economista Herbert Simon ya había demostrado en los años cincuenta que ninguna persona real decide así: tenemos poco tiempo, información incompleta y una mente que toma atajos. Simon lo llamó racionalidad limitada, y acuñó el término satisficing —quedarse con la primera opción que parece suficiente en lugar de buscar la mejor—. En 1986 Derek Cornish y Ronald Clarke llevaron la idea a la criminología. Su delincuente es racional, pero de forma limitada: decide por etapas, se centra en la situación inmediata, sobrevalora lo que ve e infravalora lo que no ve, y casi nunca tiene un plan B. El modelo explica dos cosas a la vez: por qué el delito sigue una lógica reconocible y por qué tantos delitos fracasan de maneras ridículas.
Dos decisiones, dos clases de razón
Cornish y Clarke distinguen entre la decisión de implicarse —si cometer o no un tipo de delito— y la decisión del suceso —cómo cometer este delito concreto, aquí y ahora—. Nedry ilustra las dos. La decisión de implicarse es coherente: se siente explotado por Hammond, necesita dinero y un comprador le ofrece una suma que nunca ganaría de otro modo. La decisión del suceso es donde se nota la racionalidad limitada. Su plan depende de una ventana de tiempo fija, de que nadie note el apagón, de una carretera abierta y de una sola ruta hasta el muelle. No tiene margen para que nada salga mal, y deja todo el parque —con visitantes dentro— sin seguridad para que un solo hombre haga su entrega. Un planificador racional con toda la información nunca lo habría hecho así. Un hombre cansado, resentido y con prisa, sí.
// El sujetoEl hombre que tenía las llaves
La posición de Nedry importa tanto como su móvil. No es un extraño que fuerza la entrada: es el de dentro, el que diseñó las cerraduras. La película lo enseña con una broma que se convierte en horror: cuando el ingeniero jefe, Ray Arnold, intenta restaurar el sistema, la pantalla responde con un Nedry animado que mueve el dedo y repite «¡Ah, ah, ah! ¡No has dicho la palabra mágica!». Nadie más puede deshacer lo que hizo, porque nadie más entiende el código. Esa concentración de conocimiento es lo que hace posible el delito y lo que convierte un robo en una catástrofe. Nedry solo piensa en su entrega; no piensa que las vallas electrificadas de los recintos de los depredadores forman parte del sistema que está apagando. Su punto ciego no es, al principio, moral. Es cognitivo: mira la parte del problema que le importa e ignora el resto.
Dennis Nedry
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// La grietaLa razón limitada no explica el resentimiento
El delincuente racional limitado explica muy bien la ejecución chapucera y solo a medias la decisión de robar. ¿Por qué un especialista bien pagado vende a su empresa a un rival? La película ofrece el resentimiento —se siente infravalorado y engañado— y una deuda que no se explica. Ese es el terreno de la teoría de la tensión y de la privación relativa: Nedry se compara con Hammond, que no repara en gastos para el parque, y concluye que merece más. La elección racional da esas preferencias por supuestas; no pregunta de dónde vienen. También tiende a infravalorar algo que la película pone en el centro: el de dentro. La mayor parte del daño en el delito empresarial lo causan personas que ya tienen acceso, y las defensas están pensadas para dejar fuera a los de fuera.
Hay un segundo límite, y es moral. Llamar «limitado» al plan puede sonar a excusa, como si el desastre fuera un accidente de mala suerte. No lo fue. Nedry sabía que había gente en el parque y eligió apagar sus protecciones el tiempo que durase su entrega porque le convenía a su horario. La racionalidad limitada describe cómo decidió, no si es responsable. Lo que añade la teoría es la lección práctica: la prevención no necesita que los delincuentes sean perfectamente racionales ni perfectamente morales. Necesita sistemas que no dependan de una sola persona y planes que fallen de forma segura cuando alguien como Nedry toma atajos.
El peligro de un único punto de fallo
Nedry es el ejemplo de ficción más famoso de un problema que las organizaciones reales conocen bien: el empleado con acceso privilegiado que además es el único que entiende un sistema crítico. La investigación sobre amenazas internas encuentra una y otra vez el mismo perfil —una persona técnicamente indispensable, un agravio por el sueldo o el reconocimiento y un contacto externo que ofrece dinero—. Los remedios son poco vistosos: separación de funciones, sistemas que fallan cerrados y no abiertos, documentación que no viva en una sola cabeza y atención a las señales de resentimiento antes de que se conviertan en una venta. Jurassic Park no tenía ninguno. «No reparamos en gastos» valía para los dinosaurios, no para el hombre que tenía las llaves.
Tres ideas clave
- La elección racional limitada (Simon; Cornish y Clarke, 1986) sostiene que el delincuente calcula con poco tiempo, poca información y atención limitada, y acepta el primer plan que le parece suficiente. Por eso el delito sigue una lógica y aun así fracasa de maneras absurdas.
- Dennis Nedry vende quince embriones a Biosyn por hasta un millón y medio de dólares, apaga la seguridad del parque con un programa que solo él sabe deshacer y se pierde en una carretera inundada durante la tormenta. Su plan no tenía margen para que nada saliera mal.
- La grieta: la teoría explica la ejecución chapucera, no el resentimiento detrás de la decisión, y puede sonar a excusa. Nedry sabía que había gente en el parque. La lección es de sistema: ningún sistema crítico debería depender de una sola persona.
Fuentes · para seguir leyendo
- Cornish, D. B. y Clarke, R. V. (eds.) (1986). The Reasoning Criminal: Rational Choice Perspectives on Offending. Springer-Verlag.
- Clarke, R. V. y Cornish, D. B. (1985). «Modeling Offenders’ Decisions: A Framework for Research and Policy». Crime and Justice, 6, 147-185.
- Simon, H. A. (1957). Models of Man. Wiley.
- Spielberg, S. (dir.) (1993). Jurassic Park. Universal Pictures. Basada en la novela de Michael Crichton (1990).
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Dennis Nedry?
Dennis Nedry («El programador») es un villano de Jurassic Park, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. Tenía el tiempo justo para llegar al muelle este, entregar quince embriones y volver a su puesto antes de que nadie notara que el parque estaba a oscuras.
¿Por qué Dennis Nedry (El programador) se convierte en villano?
Dennis Nedry y el delincuente racional limitado: el informático de Jurassic Park hizo bien las cuentas y mal todo lo demás. Apagó la seguridad del parque para robar embriones, calculó el tiempo con un reloj y una lata de espuma de afeitar, y no previó la lluvia. La criminología sabe que el delincuente decide con la cabeza que tiene, no con la que necesitaría.
¿Qué teoría criminológica explica a Dennis Nedry?
El caso de Dennis Nedry se analiza desde la Delincuente Racional Limitado. La teoría del delincuente racional limitado (Cornish y Clarke, a partir de Herbert Simon) sostiene que quien delinque sí calcula, pero con información incompleta, con prisa y con los sesgos de cualquiera: no busca la mejor opción, sino la primera que le parece suficiente. Dennis Nedry es su caso de manual. Su decisión de robar es razonable dentro de su lógica —deudas, resentimiento, un comprador que paga bien—, y su ejecución es una cadena de atajos: un plan sin margen, una noche de tormenta y un sistema que solo él sabía volver a encender.








