Los villanos de 2025, leídos con criminología
Del gestor del juego al niño radicalizado, de la anciana que no lo es al militar que deshumaniza: 2025 nos dejó una galería de antagonistas memorables. Los recorremos con la lupa de la criminología, preguntando a cada uno lo mismo: ¿qué mecanismo produjo tu daño?

Todo año de estrenos deja su cosecha de héroes, pero lo que de verdad se queda grabado suele ser el villano. 2025 fue especialmente generoso: una anciana que no era lo que parecía, un gestor impecable de un juego macabro, un niño de trece años convertido en noticia, un demonio con corazón roto y un coronel que hablaba siempre de seguridad. Cinco antagonistas distintos, cinco conversaciones distintas en redes, cinco formas distintas de hacer daño.
Y ahí está el truco que nos gusta jugar en KRIMINIS: la criminología no busca una única causa del mal, sino los mecanismos que lo producen en cada caso. Si preguntáramos a estos cinco villanos por qué hicieron lo que hicieron, ninguno respondería lo mismo. Este es un repaso a los más comentados del año con esa pregunta en la mano. Aviso de siempre: nada de spoilers de trama, y recordemos el principio que guía la casa, explicar no es exculpar.
// 1 · Las máscarasAunt Gladys y el Front Man: el daño con cara de calma
Empecemos por los dos villanos que mejor engañan. Aunt Gladys, la antagonista de Weapons (2025), funciona porque explota el último lugar donde esperaríamos una amenaza: la fragilidad de una anciana. Esa máscara de debilidad que desarma sospechas es manual de psicopatía en su sentido clínico más clásico: encanto superficial, ausencia de culpa y un uso instrumental de la confianza ajena. No hay tormenta emocional detrás del daño; hay cálculo frío. La víctima baja la guardia justo antes de convertirse en presa.
El Front Man de El juego del calamar lleva esa calma a otro terreno. No es un sádico que disfrute: es un gestor. Administra un juego atroz con la pulcritud de un funcionario, amparado en reglas, eufemismos y la coartada de que los jugadores "eligieron libremente" estar ahí. Es el ejemplo de libro de la desconexión moral de Albert Bandura: el conjunto de maniobras mentales —lenguaje aséptico, difusión de la responsabilidad, culpar a la víctima— que permiten a una persona normal cometer atrocidades y seguir durmiendo tranquila. El Front Man no apaga su conciencia de golpe; la desactiva pieza a pieza.
Dos calmas muy distintas
Gladys y el Front Man comparten la superficie —ninguno de los dos grita—, pero el mecanismo es opuesto. La psicopatía describe un déficit estructural: la culpa no está porque nunca llegó a encenderse. La desconexión moral describe lo contrario: una conciencia que sí funciona, pero a la que su dueño le ha puesto el silenciador con relatos. Uno no siente; el otro se convence de que no debe sentir. Distinguirlos importa, porque solo el segundo mecanismo podría, en principio, revertirse.
// 2 · Lo aprendidoJamie Miller: el villano que nadie vio venir
Si un villano de 2025 dominó la sobremesa fue el de Adolescence. Jamie Miller tiene trece años, una familia que lo quiere y ninguna de las señales que esperaríamos de un agresor. Precisamente por eso resultó tan perturbador: no encaja en el molde del monstruo. Su caso ilustra la asociación diferencial de Edwin Sutherland, la tesis de que el comportamiento delictivo se aprende igual que cualquier otro: en interacción con otros, absorbiendo definiciones favorables al daño hasta que pesan más que las contrarias.
Lo que cambia respecto a 1939, cuando Sutherland formuló la idea, es el aula. El grupo que le enseña a Jamie a despreciar ya no está en una esquina del barrio, sino en un feed: la llamada manosfera, los foros y vídeos donde se normaliza el resentimiento hacia las mujeres. El contenido llega solo, sin necesidad de buscarlo, y un algoritmo lo refuerza cada vez que retiene la atención. La serie no excusa nada; muestra un proceso lento, casi imperceptible para los adultos de alrededor. Y ese es el mensaje criminológico más útil que dejó el año: el riesgo no es destino, pero se cultiva en los entornos —físicos o digitales— en los que aprendemos qué está bien y qué está mal, y a menudo los frenos familiares llegan tarde porque ni siquiera ven la pantalla.
// 3 · El dolor y el ordenAkaza y el Coronel Lockjaw: la herida y la doctrina
Los dos últimos villanos del repaso hacen daño desde lugares opuestos. Akaza, la Luna Superior Tres de Guardianes de la Noche, es el antagonista al que la vida arrancó a todos sus seres queridos antes de convertirlo en demonio. Su desprecio por los débiles no es gratuito: es dolor sin cauce, una pérdida tan grande que se transformó en su contrario. La criminología lleva décadas estudiando cómo la tensión acumulada —la distancia entre lo que uno anhela y lo que la vida le concede— puede canalizarse hacia la agresión cuando faltan vías legítimas para aliviarla. El duelo que no encuentra salida se endurece, se vuelve rencor, y el rencor busca un objeto. Akaza es esa ecuación hecha personaje: fuerza que admira y debilidad que detesta, porque la debilidad le recuerda lo que perdió.
El Coronel Lockjaw de One Battle After Another (2025) representa el extremo opuesto: no un dolor privado, sino una doctrina pública. Es el militar que deshumaniza en nombre de la seguridad, que coloca el orden por encima de la ley y trata a quien cae fuera del grupo como una amenaza a neutralizar. Encarna lo que la criminología conoce como el realismo de derecha llevado a su caricatura autoritaria: la idea de que frente al desorden solo cabe el control duro, y de que algunos seres humanos sencillamente sobran. Donde Akaza hace daño por una herida, Lockjaw lo hace por una convicción.
Ningún villano es un accidente
La tentación, ante un personaje odioso, es archivarlo como "maldad" y pasar página. Pero cada uno de estos cinco apunta a un resorte real: un rasgo de personalidad, un discurso que silencia la culpa, un entorno que enseña, una pérdida sin elaborar, una ideología que deshumaniza. Entender el resorte no disculpa el acto; es, de hecho, la única forma seria de prevenirlo. La ficción de 2025 nos regaló cinco casos de estudio perfectos para practicar esa mirada.
Un villano, un mecanismo
- Aunt Gladys
- Psicopatía: la máscara de fragilidad
- Front Man
- Desconexión moral: conciencia con silenciador
- Jamie Miller
- Asociación diferencial: el odio se aprende
- Coronel Lockjaw
- Realismo de derecha autoritario
Lo que los estrenos de 2025 enseñan sobre el mal
- No hay un único molde del villano: cada antagonista destacado del año ilustra un mecanismo criminológico diferente.
- Aunt Gladys y el Front Man comparten la calma, pero no el motivo: psicopatía (culpa ausente) frente a desconexión moral (culpa silenciada).
- Jamie Miller muestra que el daño se aprende: la asociación diferencial explica la radicalización online sin convertir el riesgo en destino.
- Akaza encarna la tensión no elaborada: una pérdida inmensa canalizada hacia la violencia por falta de cauces legítimos.
- El Coronel Lockjaw representa la deshumanización doctrinal: el orden por encima de la ley, la caricatura autoritaria del realismo de derecha.
Fuentes · para seguir leyendo
- Psicopatía — el perfil del daño sin culpa.
- Desconexión moral — cómo una persona normal silencia su conciencia.
- Asociación diferencial — el delito como conducta aprendida.
- Realismo de derecha — control, orden y sus riesgos autoritarios.
- Albert Bandura, 'Moral Disengagement' (2016) — los ocho mecanismos que desactivan los frenos morales.
- Edwin Sutherland, 'Principles of Criminology' (1939) — la formulación original de la asociación diferencial.
- Robert Hare, 'Sin conciencia' (1993) — referencia clásica sobre psicopatía y su evaluación.
Preguntas frecuentes
¿Por qué Aunt Gladys y el Front Man, siendo los dos tan fríos, representan teorías distintas?
Porque la calma esconde mecanismos opuestos. La psicopatía de Aunt Gladys describe un déficit: la culpa no aparece porque nunca llega a encenderse, y el encanto superficial es pura herramienta de caza. La desconexión moral del Front Man describe lo contrario: una conciencia que sí funciona, pero a la que su dueño pone el silenciador mediante reglas, eufemismos y el relato de que las víctimas eligieron su suerte. Uno no siente; el otro se convence de que no debe sentir.
¿Es realista lo que cuenta Adolescence sobre la radicalización de un menor?
El proceso que retrata encaja con lo que la criminología lleva décadas describiendo. La asociación diferencial de Sutherland sostiene que el comportamiento delictivo se aprende en interacción con otros, absorbiendo definiciones favorables al daño. Lo que cambia hoy es el entorno: ese 'grupo' que enseña el resentimiento puede vivir en foros y vídeos, no solo en la calle. La serie no excusa nada; muestra cómo un entorno digital hostil puede normalizar el odio en un menor aparentemente sin señales.
¿Entender el pasado de un villano como Akaza no es justificarlo?
No, y es justo la distinción que sostiene la criminología seria: explicar no es exculpar. Reconocer que Akaza sufrió una pérdida devastadora ayuda a entender de dónde salió su violencia, pero no la convierte en legítima. El entorno reparte las cartas; la persona sigue jugando la mano. Comprender el mecanismo que produjo el daño es, de hecho, la condición para prevenirlo, no una forma de perdonarlo.