V lucha contra Norsefire, un régimen fascista que gobierna una Inglaterra distópica a base de campos de concentración, vigilancia total y terror. Su causa es indiscutiblemente justa. Sus métodos, no: asesina a sus enemigos uno a uno, vuela edificios emblemáticos, tortura psicológicamente incluso a quien quiere salvar. Para la desviación positiva, V es el caso que ninguna teoría puede cerrar: la máscara sonriente detrás de la cual no sabemos si hay un libertador o un terrorista.
// La teoríaCuando la causa es justa y los medios no
La desviación positiva sostiene que violar una norma injusta puede ser legítimo. Con V, la norma que se rompe —la ley de una dictadura— es sin duda injusta; en eso, es un desviado positivo de manual. El problema es el método. La teoría no bendice cualquier transgresión con causa noble: exige mirar la proporcionalidad, el respeto a los inocentes, la existencia o no de alternativas. Y V camina justo por ese filo —contra un régimen que no deja vías legítimas de cambio, pero con una violencia que roza (o cruza) la línea del terror—. Su expediente no es una respuesta; es la pregunta hecha personaje.
Alan Moore diseñó a V precisamente para negarnos el veredicto. Lo hace admirable —culto, valiente, defensor de la libertad— y a la vez inquietante —vengativo, teatral, capaz de manipular con crueldad—. La obra se niega a decirnos si aplaudir o condenar, porque su tesis es que esa duda es honesta: contra una tiranía real, la línea entre el héroe y el fanático se vuelve borrosa de verdad.
El test que casi todos suspenden
V somete a la teoría a su prueba más dura: casi todo terrorista cree ser V. El yihadista, el pistolero «patriota», el que pone una bomba «por el pueblo» comparten su certeza de servir a un bien superior contra un poder injusto. ¿Qué separa a V de ellos? La desviación positiva responde con criterios exigentes: ¿es la tiranía real o imaginada? ¿existen vías pacíficas cerradas de verdad? ¿la violencia es proporcionada y evita a los inocentes, o los usa como medio? V pasa algunos de esos tests y suspende otros —y esa mezcla es lo que lo hace tan perturbador—. La lección: la sinceridad de la causa no basta; el que tenga la respuesta demasiado clara es el más peligroso.
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// El sujetoLa venganza personal bajo la causa política
V complica aún más su propio caso con un ingrediente que la teoría vigila: parte de su lucha es venganza personal. Fue víctima de los experimentos del régimen, y muchos de sus objetivos son sus antiguos torturadores. ¿Es un revolucionario que además se venga, o un vengador que se envuelve en una causa? La obra deja la duda abierta, y con razón: es el filo donde la desviación «positiva» puede degradarse en ajuste de cuentas con coartada ideológica. Que la causa sea justa no garantiza que el motivo lo sea, ni que el daño quede justificado.
V
// La grietaNi icono acrítico, ni terrorista sin contexto
La grieta más grande de V está fuera de la obra: su máscara se ha convertido en un icono despolitizado, usado por causas de todo signo, muchas veces sin la ambigüedad que Moore construyó. Convertir a V en un héroe sin sombra traiciona la teoría —celebra la transgresión con causa sin hacer las preguntas incómodas—. Pero la grieta contraria, descartarlo como «solo un terrorista», ignora que combate un mal real y sin vías legales. La lectura fiel es la que la obra impone: sostener la incomodidad. V no queda exculpado por su causa —sus víctimas y sus métodos siguen ahí—, pero tampoco puede condenarse sin más contra el telón de fondo de un fascismo genocida. Es, a propósito, un caso sin sentencia.
Esa irresolución es su genialidad y su utilidad. V nos entrena para el juicio más difícil de la vida política: reconocer una causa justa sin firmar en blanco sus métodos, y sospechar de nuestra propia certeza cuando aplaudimos la violencia de «los nuestros».
Vigilar la coartada del "bien mayor"
V importa porque encarna el dilema real de toda resistencia: cuándo la desobediencia violenta contra un poder injusto es legítima y cuándo se convierte en terror con eslogan. La desviación positiva no da una regla mecánica, pero sí un método: examinar la realidad de la opresión, el agotamiento de las vías pacíficas, la proporción y el trato a los inocentes —caso por caso, sin dejarse llevar por la nobleza del discurso—. En un mundo donde cada bando llama «terroristas» a los otros y «libertadores» a los suyos, el valor de V es obligarnos a hacer esas preguntas en lugar de elegir equipo. La máscara sonríe precisamente porque no piensa respondernos.
«Los gobiernos deberían temer a su pueblo», dice V, y tiene razón. Lo que la obra —y la teoría— nos deja sin resolver es hasta dónde puede llegar ese pueblo, o su vengador enmascarado, sin convertirse en aquello que combate.
Tres ideas clave
- V es la desviación positiva en su punto más incómodo: causa justa (contra un fascismo real) y métodos terroristas (asesinato, explosivos, terror). La obra se niega, a propósito, a darnos un veredicto.
- Casi todo terrorista se cree V: la sinceridad de la causa no basta. La teoría exige criterios duros —opresión real, vías pacíficas cerradas, proporción, respeto a inocentes— que V pasa a medias.
- Su causa no lo exculpa (víctimas y métodos siguen ahí), pero tampoco puede condenarse sin contexto. La lección es sostener la incomodidad y desconfiar de la propia certeza al aplaudir la violencia "justa".
Fuentes · para seguir leyendo
- Moore, A. & Lloyd, D. (1988). V for Vendetta. DC/Vertigo.
- Durkheim, É. (1895). Las reglas del método sociológico. Alcan.
- Cohen, S. (2001). States of Denial: Knowing about Atrocities and Suffering. Polity.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Por qué V se convierte en villano?
V y la desviación positiva en su punto más incómodo: un hombre que vuela edificios, mata y aterroriza contra una tiranía real, y una obra que se niega, a propósito, a darnos un veredicto limpio.
¿Qué teoría criminológica explica a V?
El caso de V se analiza desde la Teoría de la desviación positiva. La desviación positiva reconoce que romper la ley puede ser legítimo, pero no ofrece una fórmula para distinguir al héroe del criminal. V, de V de Vendetta, es ese dilema encarnado: un revolucionario que combate una dictadura real con métodos terroristas —asesinato, explosivos, terror—. La obra deja deliberadamente sin resolver si es un libertador o un fanático, y ahí reside toda la lección.


