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Tommy DeVito: El carácter que apretaba el gatillo

Uno de los nuestros y la teoría de la personalidad criminal: ¿hay temperamentos hechos para delinquir? Tommy DeVito mata por un chiste, por una mirada, por aburrimiento. Hans Eysenck creyó que gente así nace con un sistema nervioso que no aprende el miedo al castigo — y ahí empieza el problema.

Póster de Tommy DeVito, villano de Uno de los nuestros
Uno de los nuestros · Cine
Tommy DeVito
alias Tommy

Hay una escena que define a Tommy DeVito: cuenta una anécdota, todos ríen, y de pronto se queda muy quieto — «¿gracioso cómo? ¿gracioso como un payaso? ¿te divierto?»—. Durante unos segundos nadie sabe si va a reírse o a matar. Esa incertidumbre es el personaje: un hombre cuya violencia no obedece a un plan ni a un beneficio, sino a un temperamento con el freno roto. Mata por un chiste, por una tardanza, por una humillación de hace años. Si alguna teoría criminológica intentó explicar a la gente así —que parece hecha para delinquir—, fue la de la personalidad criminal.

// La teoría¿Hay temperamentos para el delito?

En 1964, el psicólogo Hans Eysenck publicó Crime and Personality y propuso algo audaz: la criminalidad no es solo pobreza ni mala compañía, sino que se apoya en la personalidad, y esta tiene base biológica. Midió a las personas en tres grandes dimensiones: extraversión (E), neuroticismo (N) y, más tarde, psicoticismo (P). No son etiquetas morales: son formas heredadas de reaccionar del sistema nervioso. El extravertido, decía, tiene un cerebro «poco activado» que busca constantemente estímulo y emoción; el neurótico es inestable y reactivo; el psicótico (P alto) es frío, impulsivo, agresivo y con poca empatía.

La pieza clave es cómo une eso con el delito. Para Eysenck, la conciencia no es innata: se aprende, como un reflejo condicionado. De niños asociamos «portarse mal» con castigo y miedo, y esa asociación, repetida, se interioriza hasta convertirse en la voz que nos frena. Pero condicionar depende del sistema nervioso — y los extravertidos, sostenía, condicionan peor: la lección del castigo no «prende» en ellos con la misma facilidad. Resultado: quien combina E, N y P altos tiene más papeletas para no desarrollar del todo ese freno interno. No es que elija el mal; es que aprendió flojo a temerlo.

"Funny how? I mean, funny like I'm a clown? I amuse you?"Tommy DeVito — Uno de los nuestros
Concepto clave

La conciencia como freno que no prendió

La idea más útil de Eysenck es tratar la conciencia como un freno aprendido, no como un don. Casi todos lo desarrollamos porque, de pequeños, el castigo dejó una huella de miedo que hoy nos detiene sin pensar. En quien condiciona mal, ese freno queda a medio instalar: sabe que algo está prohibido, pero no lo siente, no le da el vuelco en el estómago que a los demás nos para. Tommy DeVito es ese perfil llevado al extremo — extravertido ávido de acción, inestable, insensible al dolor ajeno—. La violencia le sale con la naturalidad de quien nunca aprendió a temerla: para él no hay señal de alarma entre el impulso y el acto. Donde otros dudan, él ya ha disparado.

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// El sujetoSin freno entre el impulso y el acto

Lo que hace de Tommy un caso de manual —y no solo un psicópata más— es la desproporción. No mata por dinero ni por poder: mata por estímulo y por orgullo, gatillos ridículos para consecuencias enormes. Dispara a un chaval que le sirve una copa; apalea hasta la muerte a un «hombre hecho» por una afrenta antigua; su humor y su furia son la misma energía sin regular. Es el retrato del P alto de Eysenck: frío en el daño, caliente en el desaire, incapaz de calcular el coste porque el freno que haría ese cálculo nunca terminó de instalarse. Y sin embargo la película no lo aísla: Tommy florece dentro de la mafia, un mundo que premia justo su temperamento — un recordatorio de que ni el peor carácter delinque en el vacío.

Tommy DeVito

Tommy · Uno de los nuestros
INT 42MAN 45VIO 92EMP 8
ExplosivoImpulsivoDespiadado
MotivaciónEstallar en violencia a la menor sombra de falta de respeto a su hombría
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// La grietaEl temperamento no es el destino

La teoría de Eysenck es seductora y, en buena parte, no aguantó los datos. La pata más débil es la extraversión: los estudios no confirman de forma robusta que los extravertidos delincan más; de las tres dimensiones, solo el psicoticismo (P) muestra una relación consistente con la conducta antisocial — y «psicoticismo» resultó ser un cajón que se solapa con la impulsividad y la falta de empatía más que una entidad limpia. Además, la teoría es reductora: explica el gatillo (el temperamento) pero apenas el contexto (la mafia que arma a Tommy, la subcultura que lo premia, la oportunidad que lo rodea). La psicología moderna del delito abandonó el modelo E-N-P por otros —los «cinco grandes», el autocontrol— que miden mejor eso mismo sin la maquinaria nerviosa de Eysenck.

Y hay una sombra que conviene nombrar. Decir que alguien «nace» con un carácter criminal roza el viejo error del criminal nato: convierte una predisposición en una condena, y de ahí al fatalismo —«esta gente no cambia»— hay un paso corto y peligroso. El propio Eysenck, biólogo de la conducta, coqueteó con terrenos resbaladizos. Lo honesto es lo intermedio: el temperamento existe, pesa y se hereda en parte — pero correlación no es destino. La mayoría de las personas impulsivas y ávidas de emoción nunca matan a nadie; canalizan eso en un ring, una moto, una sala de urgencias o una sala de juntas.

Por qué importa

Lo que sí sobrevive de Eysenck

Aunque su mecánica nerviosa no resistiera, Eysenck acertó en el fondo: la personalidad importa. Décadas de investigación confirman que rasgos como la impulsividad, la búsqueda de sensaciones y la baja empatía —el corazón de su «P»— predicen bastante bien la conducta antisocial; el célebre modelo del bajo autocontrol de Gottfredson y Hirschi es, en el fondo, Eysenck sin la biología. La consecuencia práctica es esperanzadora, no fatalista: si la conciencia es un freno que se aprende, se puede enseñar. Los programas que funcionan con delincuentes impulsivos no les cambian el alma — les entrenan el freno: parar, prever la consecuencia, tolerar la frustración. A Tommy DeVito no lo condenó su temperamento; lo condenó un mundo que lo afiló en vez de amansarlo.

Por eso Tommy da tanto miedo en pantalla: su violencia no parece una decisión, parece quién es, y eso toca una intuición muy honda —la de que hay gente «así», nacida rota—. La teoría de la personalidad criminal nos obliga a matizar esa intuición sin negarla del todo: sí, los temperamentos existen y algunos lo ponen todo más difícil; no, ninguno aprieta el gatillo por sí solo. Entre el impulso y el acto hay un espacio —el del freno aprendido— y ese espacio se puede ensanchar. Tommy nunca lo tuvo. La pregunta seria no es si nació con menos, sino por qué nadie, nunca, le enseñó a llenarlo.

En resumen

Tres ideas clave

  • La personalidad criminal de Eysenck (1964) liga el delito a tres dimensiones biológicas —extraversión, neuroticismo, psicoticismo— vía un mecanismo: la conciencia es miedo condicionado al castigo, y quien condiciona mal no instala bien ese freno. Tommy DeVito es el perfil extremo.
  • Su violencia es desproporcionada e impulsiva —mata por un chiste o una tardanza—: el P alto de Eysenck, sin freno entre impulso y acto. Pero florece dentro de la mafia: ni el peor carácter delinque en el vacío.
  • La grieta: la evidencia hundió la pata de la extraversión (solo el psicoticismo/impulsividad correlaciona), y «nacer criminal» roza a Lombroso. Lo que sobrevive: la personalidad importa (impulsividad, baja empatía, bajo autocontrol) — y el freno, si se aprende, se puede enseñar.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Eysenck, H. J. (1964). Crime and Personality. Routledge & Kegan Paul.
  • Gottfredson, M. y Hirschi, T. (1990). A General Theory of Crime. Stanford University Press.
  • Farrington, D. P. (1994). «Human Development and Criminal Careers», en The Oxford Handbook of Criminology.
  • Cale, E. M. (2006). «A Quantitative Review of the Relations Between the Big 3 Higher-Order Personality Dimensions and Antisocial Behavior». Journal of Research in Personality, 40.

Dudas del expedientePreguntas frecuentes

¿Por qué Tommy DeVito se convierte en villano?

Uno de los nuestros y la teoría de la personalidad criminal: ¿hay temperamentos hechos para delinquir? Tommy DeVito mata por un chiste, por una mirada, por aburrimiento. Hans Eysenck creyó que gente así nace con un sistema nervioso que no aprende el miedo al castigo — y ahí empieza el problema.

¿Qué teoría criminológica explica a Tommy DeVito?

El caso de Tommy DeVito se analiza desde la Personalidad criminal. Hans Eysenck propuso en 1964 que la criminalidad se asocia a dimensiones de personalidad de base biológica: extraversión, neuroticismo y psicoticismo. Su mecanismo: la conciencia es miedo condicionado al castigo, y quien tiene un sistema nervioso que «condiciona» mal no aprende bien esa lección — no interioriza el freno. Tommy DeVito, explosivo, impulsivo, insensible y ávido de estímulo, es el retrato de ese perfil. Pero la teoría, seductora, choca con la evidencia: el temperamento correlaciona con el delito, no lo dicta.

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