Gellert Grindelwald, el mago oscuro que precede a Voldemort en el mundo de Harry Potter y protagoniza Animales Fantásticos, no es un asesino que actúe a escondidas ni un fanático que balbucee su odio. Es algo más incómodo: un orador. Convoca multitudes, seduce con una visión, promete un futuro. Su causa tiene un lema pulido —«Por el Bien Mayor»— y una tesis: que los magos, superiores por naturaleza, deberían salir de la clandestinidad y gobernar abiertamente sobre los muggles, «por el bien de todos». Para la teoría del conflicto de clases, Grindelwald es un caso de laboratorio, porque hace explícito lo que la teoría acusa de operar siempre en la sombra: que el orden social no es un acuerdo neutral, sino el resultado de una lucha entre grupos con poder desigual, y que quien gana esa lucha escribe las reglas y las llama justicia.
// La teoríaLa sociedad como lucha de grupos
Con raíces en Marx, la criminología del conflicto rompe el supuesto del consenso —la idea cómoda de que todos coincidimos en qué está mal y la ley solo lo recoge—. Para George Vold (Theoretical Criminology, 1958), la sociedad es un choque permanente de grupos con intereses opuestos, y el que domina el proceso legislativo criminaliza las conductas del rival. Richard Quinney lo radicalizó en The Social Reality of Crime (1970): el delito no es una cualidad del acto, sino una definición que imponen quienes tienen el poder para proteger sus intereses. De ahí una pregunta que desplaza el foco: no «¿por qué delinque el débil?», sino «¿quién decide qué es delito, y a quién beneficia esa decisión?». La ley, dice esta escuela, no es neutral: es lo que gana el más fuerte. Puedes leer la teoría completa en nuestro dosier sobre el conflicto de clases.
Quien manda define el orden
El giro de la teoría del conflicto no es negar que exista el orden, sino señalar que alguien lo define y ese alguien no es imparcial: es el grupo que ha ganado la pugna por el poder. Grindelwald convierte esa tesis abstracta en un programa político. Donde la teoría denuncia que la ley suele servir en secreto a los intereses del que manda, él propone hacerlo a cara descubierta: que los magos dejen de esconderse y asuman abiertamente el derecho a gobernar. No discute las reglas del juego —el estatuto que separa a magos y muggles, el poder desigual entre unos y otros—; solo quiere invertir quién queda arriba y grabar esa jerarquía en la ley. Su supremacismo es, leído en clave criminológica, la forma más descarnada de la idea del conflicto: la convicción de que el orden legítimo es sencillamente el que impone el grupo con más poder, y de que llamarlo «bien mayor» basta para bautizar la dominación como justicia. Grindelwald no oculta el conflicto de grupos: lo proclama, lo organiza y aspira a ganarlo.
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// El sujetoEl supremacista que se disfraza de libertador
Lo peligroso de Grindelwald es que su discurso no tiene la forma del odio, sino la de la liberación. No dice «odiemos a los muggles»; dice «dejemos de escondernos», «protejamos nuestro mundo», «pensemos en el futuro de todos». Envuelve la dominación de un grupo sobre otro en el lenguaje del cuidado, la seguridad y el progreso —la ideología, en el sentido exacto que le da la teoría crítica: el relato que hace que una jerarquía de poder parezca natural, necesaria y hasta benévola—. En su versión de la historia, los magos no serían opresores, sino guardianes; la sumisión de los muggles no sería tiranía, sino orden. Esa es la maquinaria que la criminología del conflicto pone al descubierto: cómo el grupo que aspira a mandar produce una justificación que presenta su interés particular como el interés general. Grindelwald es tan eficaz porque comprende algo que los brutos no entienden —que el poder duradero no se impone solo con varitas, sino convenciendo a la gente de que la jerarquía que la somete es, en realidad, para su bien—. Y, sin embargo, la película de su causa termina donde terminan todas: en campos, en purgas, en la certeza de que «el bien mayor» era siempre el suyo.
Gellert Grindelwald
// La grietaExplicar la estructura no exculpa al demagogo
La teoría del conflicto ilumina la estructura del caso Grindelwald con nitidez: nos enseña a leer su supremacismo no como locura individual, sino como una disputa por quién tiene el poder de definir el orden, y a desconfiar de todo relato que presente la dominación de un grupo como «el bien de todos». Pero tiene sus límites cuando se aplica a él. El primero es que la teoría explica la lógica del conflicto de grupos, no el carisma ni la crueldad de este hombre en concreto: hay algo irreductiblemente individual en su capacidad de seducir, en su frialdad, en la traición a quien lo amó. La estructura describe el tablero; no fabrica al jugador que disfruta moviendo las piezas. El segundo límite es el que la propia escuela se reprocha: su tendencia a idealizar al que se rebela contra el orden establecido. Grindelwald se presenta como rebelde frente a un statu quo injusto —y sabe usar agravios reales—, pero su alternativa no es menos poder, sino más: una jerarquía todavía más brutal con él en la cima. No todo el que desafía el orden lucha por la justicia.
Y aquí la línea que no se cruza: explicar no es exculpar. Entender que Grindelwald encarna la lógica del conflicto —que el orden lo escribe quien gana— no lo convierte en un síntoma inocente de una estructura, sino en un agente que la impulsa: eligió el discurso, eligió la violencia, eligió a quién sacrificar por su «bien mayor». La teoría sirve para ver la maquinaria que hace posible a los Grindelwald —las jerarquías que ya existen, los agravios que explota, la seducción de un orden «natural»—, no para diluir su responsabilidad en ella. La memoria, como siempre, es para aquellos a quienes su utopía de dominación consideró prescindibles.
Desconfiar del que llama «bien» a la dominación
Grindelwald importa porque enseña a reconocer el peligro antes de que enseñe los dientes. La teoría del conflicto insiste en una pregunta sencilla y demoledora: cuando alguien propone un orden nuevo, ¿a quién beneficia? ¿Quién queda arriba y quién abajo, y quién ha decidido que así sea? El supremacismo rara vez llega vestido de odio explícito; llega, como el de Grindelwald, vestido de futuro, de seguridad, de «bien mayor», de una jerarquía presentada como el orden natural de las cosas. Aprender a leer esa maquinaria —a preguntar qué grupo gana cuando se define quién manda y quién obedece— es una defensa contra los demagogos que prometen liberación mientras diseñan la próxima dominación. No hay que esperar al mago que quiere gobernar el mundo: basta con desconfiar, desde el principio, de quien insiste en que someter a otros es, en realidad, por su propio bien.
Tres ideas clave
- Gellert Grindelwald encarna la teoría del conflicto de clases (Vold, 1958; Quinney, 1970): la sociedad como lucha de grupos con poder desigual, y el orden como aquello que impone y define el que gana. Su supremacismo hace explícita esa lógica.
- Su fuerza es la ideología: disfraza la dominación de un grupo sobre otro de liberación —«Por el Bien Mayor»—, convirtiendo el interés de los magos en supuesto interés de todos. Así el poder duradero se convence, no solo se impone.
- Explicar no es exculpar. La teoría ilumina la estructura del conflicto, pero su carisma y su crueldad son individuales, y su rebeldía solo busca más poder para sí. Eligió el fuego: la responsabilidad es suya y la memoria, de sus víctimas.
Fuentes · para seguir leyendo
- Vold, G. B. (1958). Theoretical Criminology. Oxford University Press.
- Quinney, R. (1970). The Social Reality of Crime. Little, Brown.
- Chambliss, W. J. (1975). «Toward a Political Economy of Crime». Theory and Society, 2(2).
- Turk, A. T. (1969). Criminality and Legal Order. Rand McNally.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Gellert Grindelwald?
Gellert Grindelwald es un villano de Harry Potter, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. No niega que exista una jerarquía entre magos y muggles: la proclama, la celebra y quiere convertirla en ley.
¿Por qué Gellert Grindelwald se convierte en villano?
Gellert Grindelwald y la teoría del conflicto de clases: la sociedad como lucha de grupos con poder desigual, y el orden como aquello que impone el que gana. Cómo un supremacista disfraza la dominación de liberación.
¿Qué teoría criminológica explica a Gellert Grindelwald?
El caso de Gellert Grindelwald se analiza desde la Conflicto de clases. La teoría del conflicto de clases (Vold, Quinney; con raíz en Marx) entiende la sociedad no como un consenso sino como una lucha de grupos con poder desigual: la ley y el orden los define quien manda, para sostener su posición. Gellert Grindelwald, mago oscuro de Harry Potter y Animales Fantásticos, lleva esa lógica a su extremo más nítido: teoriza y moviliza una jerarquía de dominación —los magos sobre los muggles— y la presenta como liberación bajo el lema «Por el Bien Mayor». No esconde el conflicto: quiere ganarlo y escribir desde arriba qué cuenta como orden legítimo.







