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Lord Farquaad: quién decide quién es 'monstruo'

Shrek entra al catálogo de Netflix y con él vuelve Lord Farquaad, el señor de DuLoc que deporta a las criaturas de cuento para 'purificar' su reino. Usamos la criminología crítica para mostrar que no persigue a criminales: fabrica monstruos. El verdadero villano no es el ogro, es quien tiene el poder de definir el delito.

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Lord Farquaad, el diminuto y autoritario señor de DuLoc en Shrek, símbolo de la criminalización de la diferencia: el poder que decide quién es un monstruo al que hay que expulsar
Lord Farquaad · el señor de DuLoc que deportó a los cuentos para tener un reino perfecto

La llegada de las cuatro películas de Shrek al catálogo de Netflix trae de vuelta a un villano que solemos recordar por su estatura y su castillo desmesurado, y no por lo que de verdad hace. Porque Lord Farquaad, el señor de DuLoc, no es un tirano cualquiera: su primer acto de gobierno es firmar una orden de deportación. Reúne a los tres cerditos, a Pinocho, al ratón ciego, al lobo y al resto de criaturas de cuento —seres que no han cometido delito alguno— y los expulsa de su reino para construir un lugar «perfecto». No persigue a criminales: los inventa. Y ahí, en ese gesto administrativo y sonriente, se esconde una de las preguntas más incómodas de la criminología crítica: ¿quién decide quién es un monstruo? Como siempre en esta casa, la regla es explicar no es exculpar: entender la mecánica del poder no lo absuelve, lo desnuda.

// El delito no es un hecho naturalEl delito no se descubre, se construye

El sentido común nos dice que el delito es algo objetivo: hay actos malos y una ley que los castiga. La criminología crítica gira ese tablero. Para autores como Ian Taylor, Paul Walton y Jock Young, que en The New Criminology (1973) rompieron con la tradición que buscaba la causa del crimen dentro del delincuente, el delito no es un hecho de la naturaleza que esté ahí esperando a ser detectado. Es una construcción social: una etiqueta que ciertas conductas reciben —y otras, a menudo más dañinas, no— según quién tiene el poder de repartirla. La pregunta deja de ser «¿por qué este individuo delinque?» y pasa a ser «¿por qué esta conducta, y no otra, se define como delito, y a quién beneficia esa definición?».

Antes que ellos, el sociólogo Howard Becker lo había formulado en Outsiders (1963) con una claridad brutal: la desviación no es una cualidad del acto que una persona comete, sino una consecuencia de que otros le apliquen reglas y sanciones. El desviado, escribe Becker, es simplemente alguien a quien esa etiqueta se le ha pegado con éxito. Trasladado a DuLoc: las criaturas de cuento no hacen nada; su único «crimen» es existir de una forma que a Farquaad le estorba. El delito lo pone él, no ellas.

// No persigue criminales, los fabricaFarquaad no combate el mal: administra la diferencia

Fíjate en la coreografía del poder en DuLoc. Farquaad no acusa a las criaturas de un hecho concreto —un robo, una agresión—, porque no lo hay. Las trata como una categoría: «alimañas de cuento» a las que hay que reubicar en un pantano lejos de la vista. Es exactamente el mecanismo que la criminología crítica denuncia como criminalización de la diferencia: convertir en objeto de castigo no una acción, sino una identidad. El poder no reacciona ante un daño; produce el daño al redefinir a un grupo como sobrante. Y lo hace con la estética de la limpieza y el orden: DuLoc es blanco, cuadriculado, con su jingle y sus normas, un reino que confunde pulcritud con virtud.

El desviado es aquel a quien la etiqueta se ha aplicado.Howard Becker

El sociólogo William Chambliss mostró con datos cómo funciona ese reparto desigual de la etiqueta. En su clásico estudio The Saints and the Roughnecks (1973) observó a dos grupos de jóvenes que cometían travesuras y delitos menores parecidos; sin embargo, solo uno —el de clase trabajadora— fue perseguido, fichado y tratado como delincuente, mientras el otro —el de familias acomodadas— pasó por «buenos chicos con futuro». La conducta era casi la misma; lo que cambiaba era la posición social y, con ella, la mirada del poder. DuLoc es esa lógica llevada al cuento: la desviación no está en lo que haces, sino en el lugar que ocupas cuando alguien con autoridad decide mirarte.

Infografía

La maquinaria de fabricar monstruos

El acto
Las criaturas no delinquen: solo existen de forma distinta a lo que DuLoc tolera.
La etiqueta
Farquaad las define como 'alimañas': el delito lo pone quien nombra, no quien actúa.
El interés
Purificar DuLoc no protege a nadie; consolida el poder y la estética del gobernante.
El daño real
El castigo recae sobre un grupo marginado, no sobre una conducta lesiva.
1973el año de The New Criminology: el delito deja de ser un hecho natural para verse como construcción del poder

// La ley como herramienta de poder¿Quién decide quién es monstruo?

La broma central de Shrek —que el ogro feo y gruñón resulta ser el bueno, y el señor pulcro del castillo el malo— es, sin proponérselo, una tesis de criminología crítica. La película nos entrega el prejuicio hecho y luego lo desmonta: dábamos por sentado que el monstruo era Shrek por su aspecto, cuando el verdadero peligro estaba en quien tenía el poder de declarar quién es monstruo. Ese es el desplazamiento decisivo. El villano no es el que da miedo; es el que tiene la potestad de decidir a quién hay que temer y expulsar. La ley, en manos de Farquaad, no protege a la comunidad: es la herramienta con la que un poder decide sobre quién cae su fuerza.

Conviene ser sobrios al bajar esto a la realidad, sin frivolizar. La criminología crítica no dice que no exista el daño ni que no haya que responder a él; dice que debemos vigilar cómo se construye la categoría de 'criminal', porque históricamente ha recaído con más fuerza sobre los grupos con menos poder para defenderse de la etiqueta: migrantes tratados como amenaza por el hecho de llegar, minorías vigiladas por lo que son más que por lo que hacen, colectivos empobrecidos sobre los que el sistema penal aprieta con desigualdad. Reconocer ese patrón no es negar los delitos reales; es exigir que la palabra 'delito' no se convierta en un modo elegante de decir 'el que me sobra'. DuLoc es un cuento; el mecanismo, no.

Por eso el expediente de Lord Farquaad es tan revelador: su crimen no cabe en un artículo del código penal clásico, porque su crimen es precisamente haberse apropiado del código. No infringe la ley: la escribe a su medida. Y ese es el villano más difícil de ver, porque llega firmado, sellado y con apariencia de orden público.

Por qué importa

Vigilar al que etiqueta, no solo al etiquetado

Mirar a Farquaad con la criminología crítica no lo disculpa: lo señala mejor. Nos enseña a no dar por buena la etiqueta de 'monstruo' sin preguntar quién la reparte y a quién beneficia. En la ficción es cómodo verlo, porque el relato ya nos da la vuelta al prejuicio; en la realidad cuesta más, porque el poder que criminaliza suele hablar el idioma tranquilizador del orden y la seguridad. Explicar cómo se fabrica un monstruo no es exculpar el daño; es impedir que el nombre 'delito' se use para gobernar la diferencia.

En resumen

Lo que Farquaad enseña sobre el poder de nombrar

  • La criminología crítica sostiene que el delito no es un hecho natural, sino una construcción del poder: una etiqueta, no un descubrimiento.
  • Farquaad no persigue criminales; criminaliza a un grupo marginado —las criaturas de cuento— por existir, no por actuar.
  • Becker y Chambliss mostraron que la etiqueta de 'desviado' recae según la posición social, no según la conducta.
  • El giro de Shrek —el ogro es bueno, el señor del castillo malo— es una lección: el villano es quien decide quién es monstruo.
  • El paralelo con la criminalización de migrantes y minorías es sobrio, no frívolo: vigilar al que etiqueta, no solo al etiquetado.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Taylor, I., Walton, P. & Young, J. (1973). The New Criminology: For a Social Theory of Deviance. Routledge & Kegan Paul.
  • Becker, H. S. (1963). Outsiders: Studies in the Sociology of Deviance. The Free Press.
  • Chambliss, W. J. (1973). The Saints and the Roughnecks. Society, 11(1), 24-31.
  • Young, J. (1999). The Exclusive Society: Social Exclusion, Crime and Difference in Late Modernity. Sage.

Preguntas frecuentes

¿Por qué Lord Farquaad es el verdadero villano de Shrek y no el ogro?

Porque el peligro no está en el aspecto de Shrek, sino en que Farquaad tiene el poder de decidir quién es un monstruo y expulsarlo. Las criaturas de cuento no cometen ningún delito: su único 'crimen' es existir de una forma que estorba al gobernante. La criminología crítica lo resume así: el villano no es el que da miedo, sino el que tiene la potestad de declarar a quién hay que temer.

¿Qué es la criminología crítica y qué dice sobre el delito?

Es una corriente que sostiene que el delito no es un hecho natural y objetivo, sino una construcción social ligada al poder. Autores como Taylor, Walton y Young (The New Criminology, 1973) desplazan la pregunta desde '¿por qué alguien delinque?' hacia '¿por qué esta conducta se define como delito y a quién beneficia esa definición?'. La ley se analiza como herramienta que reparte de forma desigual la etiqueta de 'criminal'.

¿Analizar así a Farquaad no es justificar a los villanos?

No. Explicar no es exculpar. Aplicar la criminología crítica a Farquaad no lo disculpa: lo señala mejor, porque muestra que su crimen es haberse apropiado del poder de definir el delito para criminalizar a un grupo inocente. Entender el mecanismo sirve para reconocerlo cuando se repite en la realidad, no para restarle gravedad.