// Teoría criminológica Teoría del desarrollo

Desarrollo moral

Kohlberg dijo que la moral se sube como una escalera, peldaño a peldaño, de niño a adulto. El delincuente, según esta idea, es quien se quedó abajo: aún mide el bien y el mal por el castigo y el propio interés.

6 min de lectura 4 villanos la ilustran

La mujer de Heinz se muere. Existe un fármaco que la salvaría, pero el farmacéutico lo vende diez veces más caro de lo que cuesta y Heinz no puede pagarlo. ¿Debe robarlo? La pregunta —el dilema de Heinz— no busca un sí o un no. A Lawrence Kohlberg no le importaba la respuesta, sino el razonamiento: por qué crees que está bien o mal. Y en ese «porqué», descubrió, se esconde toda una escalera del desarrollo moral.

Infografía

Desarrollo moral de un vistazo

Autor
Lawrence Kohlberg (sobre Jean Piaget)
Época
Desde 1958
Familia
Psicológica · del desarrollo
Idea
La moral madura por etapas; quien delinque se quedó en peldaños bajos
En una fórmula3 niveles · 6 etapas: preconvencional → convencional → posconvencional
Peldaño bajode media, quien delinque razona en etapas preconvencionales: castigo e interés propio
Estado actualMatizada

// OrigenKohlberg, Piaget y la escalera moral

Sobre los pasos de Jean Piaget, Kohlberg (desde 1958) propuso que la moral madura por etapas fijas, en tres niveles. En el preconvencional (el del niño pequeño) el bien y el mal son externos: está mal lo que me castigan y está bien lo que me conviene. En el convencional importan la aprobación de los demás y respetar la ley y el orden. Y en el posconvencional, el más alto y más raro, la moral se vuelve principio: la justicia y la conciencia por encima incluso de la ley.

La aplicación criminológica es directa: de media, quienes delinquen razonan en etapas más bajas que sus pares que no delinquen —un retraso en el desarrollo moral—. No es que sean «malos» en abstracto: es que siguen resolviendo los dilemas como un niño de seis años, con la pregunta «¿qué gano y me pillan?», sin haber subido a los peldaños donde aparecen el otro y el principio.

Concepto clave

No es maldad: es un peldaño que falta

El delincuente de Kohlberg no eligió el mal desde la cima moral: se quedó atascado abajo. Solo ve dos cosas —el castigo que evitar y el beneficio que sacar—; nunca subió a los peldaños donde el bien es la aprobación, la ley o, más arriba, la conciencia. Por eso la palanca no es solo castigar: es ayudar a subir, a razonar tomando la perspectiva del otro.

El esquema

La escalera moral, peldaño a peldaño

  1. 1
    PreconvencionalEl bien y el mal son externos: está mal lo que me castigan, bien lo que me conviene
  2. 2
    ConvencionalImportan la aprobación de los demás y respetar la ley y el orden
  3. 3
    PosconvencionalLa justicia y la conciencia por principio, por encima incluso de la ley
  4. 4
    RetrasoDe media, quien delinque razona en peldaños más bajos que sus pares

Pero razonar bien no garantiza obrar bien: entre el juicio y la conducta hay un abismo.

// En la ficciónAtascados en el primer peldaño

La ficción rebosa de razonadores del primer peldaño. Joffrey es el preconvencional coronado: rey a destiempo, mide el bien y el mal por el único rasero de «soy el rey, ¿quién me va a castigar?» —poder sin conciencia—. Biff es su versión de patio de colegio: un matón cuya moral entera cabe en «lo cojo si no me pillan». Freezer lleva la misma lógica a escala cósmica: arrasa planetas por conveniencia, con la serenidad de quien nunca concibió que el otro cuente. Y Kefka es el escalón cero: el que, al no haber subido a ninguna regla, encuentra en la destrucción un juego sin sentido ni freno.

// La otra crítica¿Y si primero sentimos?

La objeción más moderna al edificio de Kohlberg no viene de la criminología, sino de la psicología moral. Jonathan Haidt propuso el intuicionismo social: ante un dilema, primero sentimos una reacción visceral —asco, indignación, ternura— y solo después buscamos argumentos que la justifiquen. La razón sería «el abogado de las emociones», no su juez. Si es así, Kohlberg midió sobre todo la elocuencia moral —la habilidad de argumentar—, no lo que de verdad mueve la conducta. Encaja con un dato incómodo para la teoría: muchos delincuentes, y hasta psicópatas, razonan los dilemas con toda normalidad; lo que les falla no es saber qué está bien, sino sentirlo.

// De la teoría al programaEnseñar a razonar a quien delinque

Pese a todo, la idea de que la moral se desarrolla dio pie a intervenciones reales. John Gibbs y sus colaboradores crearon el programa EQUIP, que combina la discusión de dilemas (subir peldaños de razonamiento) con entrenamiento en habilidades sociales y el desmontaje de las distorsiones cognitivas —esas neutralizaciones que blindan la conducta antisocial—. La clave del giro es asumir el abismo entre juicio y acción que hundía la versión clásica: no basta con hacer razonar mejor; hay que unir ese razonamiento a la empatía y a la práctica. Los programas que solo debaten ideas apenas cambian la conducta; los que además entrenan a ponerse en el lugar del otro y a resistir las excusas sí reducen la reincidencia en algunos jóvenes. Kohlberg tenía media razón: la moral se cultiva, pero no solo en la cabeza.

// Críticas¿Pensar bien o actuar bien?

La grieta más grande: razonar bien no es actuar bien. Mucha gente resuelve el dilema de Heinz con brillantez y luego miente, roba o pega —y al revés—. Ese abismo entre juicio y conducta hunde buena parte de la aplicación criminológica. Además, Carol Gilligan denunció que Kohlberg construyó su escalera con muestras solo de varones y premió una «ética de la justicia» sobre la «ética del cuidado», sesgando el modelo. Y las etapas altas huelen a individualismo occidental: fuera de ese contexto, casi nadie «puntúa» posconvencional. La correlación con el delito, además, es modesta y se confunde con la inteligencia verbal o la clase social.

Relevancia histórica

La escalera que dominó la psicología moral

Durante casi tres décadas, el modelo de Kohlberg fue la psicología moral: se enseñaba en las facultades, inspiró la educación en valores y sus «comunidades justas» en las escuelas, y dio pie a programas de rehabilitación con delincuentes. Su empeño en medir el razonamiento y no la respuesta fue una revolución metodológica. Luego llegaron las grietas —el sesgo de género de Gilligan, el giro emocional de Haidt— que lo destronaron sin borrarlo: hoy sobrevive matizado, más como una pieza que como el edificio entero.

  1. 1958La tesis doctoral de Kohlberg propone las etapas del juicio moral.
  2. 1982Gilligan (In a Different Voice) denuncia su sesgo de género.
  3. 1995Gibbs y cols. crean el programa EQUIP para delincuentes juveniles.
  4. 2001Haidt propone el intuicionismo social: primero sentimos, luego razonamos.

// Por qué importaEnseñar a subir

Su promesa educativa es real: si la moral se desarrolla, se puede cultivar —con debate de dilemas, juegos de perspectiva, programas que hacen razonar poniéndose en el lugar del otro—, y hay evidencia de que suben las etapas. Pero con humildad: como pensar bien no basta para obrar bien, la meta no es fabricar buenos argumentadores, sino tender el puente entre lo que alguien es capaz de razonar y lo que de verdad hace. Subir la escalera ayuda; recorrerla de verdad es otra cosa.

Luces y sombras

Fortalezas
  • Primer modelo riguroso y medible del desarrollo moral: mide el razonamiento, no la respuesta.
  • Hallazgo replicado: quien delinque razona, de media, en etapas más bajas (metaanálisis de Stams, 2006).
  • Dio pie a intervenciones reales: educación moral, «comunidades justas», programa EQUIP.
  • Desestigmatiza: habla de un retraso en el desarrollo, no de una maldad esencial.
Límites y críticas
  • Abismo juicio-conducta: razonar bien no equivale a actuar bien (y viceversa).
  • Sesgo de género (Gilligan: la «ética del cuidado») y cultural (individualismo occidental).
  • Haidt: primero sentimos, luego argumentamos; mediría la elocuencia moral, no la conducta.
  • Su correlación con el delito es modesta y se confunde con la inteligencia verbal o la clase social.
En resumen

Tres ideas clave

  • Desarrollo moral (Kohlberg): la moral madura en 6 etapas y 3 niveles (preconvencional, convencional, posconvencional); se mide por el razonamiento ante dilemas, no por la respuesta.
  • Aplicación: de media, quienes delinquen razonan en etapas más bajas (preconvencionales: castigo e interés propio) que sus pares —un retraso, no una maldad esencial—.
  • Críticas: razonar bien no es actuar bien (abismo juicio-conducta), sesgo de género (Gilligan) y cultural, y correlación modesta con el delito.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Kohlberg, L. (1984). The Psychology of Moral Development. Harper & Row.
  • Piaget, J. (1932). El criterio moral en el niño (The Moral Judgment of the Child).
  • Gilligan, C. (1982). In a Different Voice. Harvard University Press.
  • Stams, G. J. y cols. (2006). «The Moral Judgment of Juvenile Delinquents: A Meta-Analysis». Journal of Abnormal Child Psychology, 34(5).
  • Haidt, J. (2001). «The Emotional Dog and Its Rational Tail». Psychological Review, 108(4).
  • Gibbs, J. C. y cols. (1995). The EQUIP Program. Research Press.