// Teoría criminológica Teoría ambiental

Criminología Ambiental

La criminología ambiental no es una teoría, sino una familia: la que deja de preguntar por qué alguien delinque y pregunta dónde, cuándo y en qué situación ocurre el delito. Nació con Jeffery (1971) y los Brantingham (1981), y hoy reúne las actividades rutinarias, la prevención situacional, los puntos calientes, el patrón delictivo y el diseño del espacio. Esta página es el mapa de esa familia: qué explica cada pieza y dónde leerla.

8 min de lectura

Leer en lectura fácil

Suscríbete al podcast de KRIMINIS: las 100 teorías, a dos voces →

// Definición

¿Qué es la criminología ambiental?

La criminología ambiental estudia dónde y cuándo ocurre el delito y por qué ahí. Paul y Patricia Brantingham (1981) mostraron que los delitos se concentran en el espacio de actividad del delincuente —sus rutas entre casa, trabajo y ocio— cuando este se cruza con oportunidades, una de las bases del perfil geográfico.

Casi toda la criminología pregunta por qué alguien delinque. La criminología ambiental pregunta dónde, cuándo y en qué situación. Mira al suceso y no al delincuente: el robo de esta noche en este portal, la pelea de las dos de la madrugada a la puerta de ese bar. Y descubre que los delitos se concentran en lugares, horas y situaciones muy concretos, que se pueden estudiar y cambiar. Es una tradición con varias piezas, cada una con su página en este archivo; esta página las ordena.

Infografía

La criminología ambiental de un vistazo

Autores
C. Ray Jeffery · Paul y Patricia Brantingham · Cohen y Felson · Ronald Clarke
Año / época
De 1971 a hoy
Familia
Ambiental y ecológica
Idea
El delito es un suceso situado: ocurre en un lugar y un momento que se pueden estudiar y modificar
En una fórmulaDelito = ley + delincuente + objetivo + lugar (la «cuarta dimensión»)
1971año en que C. Ray Jeffery acuña la expresión «criminología ambiental», en la última página de su libro
Estado actualConsolidadaPredice dónde y cuándo; dice poco del porqué

// OrigenDe Jeffery a los Brantingham: una tradición con nombre

La expresión la acuñó en 1971 el criminólogo estadounidense C. Ray Jeffery, en la última página de Crime Prevention Through Environmental Design, un libro que sostenía que el delito puede prevenirse modificando su entorno inmediato. Tenía precedentes: Jane Jacobs había defendido en The Death and Life of Great American Cities (1961) que una calle es segura cuando tiene «ojos» que la miran, y el arquitecto Oscar Newman publicaría Defensible Space (1972), sobre cómo el diseño de la vivienda social ayudaba o impedía a sus vecinos mantener el control.

El nombre se convirtió en campo en 1981, cuando Paul y Patricia Brantingham reunieron en Environmental Criminology (Sage) trabajos sobre la geometría del delito, la territorialidad y el robo en viviendas. Todo delito, sostenían, tiene cuatro dimensiones (una ley, un delincuente, un objetivo y un lugar en el espacio y el tiempo), y la criminología casi había olvidado la cuarta. En esos años llegaron, desde orígenes distintos, las otras piezas: la teoría de las actividades rutinarias (Cohen y Felson, 1979), la prevención situacional de Ronald Clarke (1980) y la elección racional aplicada al delito por Cornish y Clarke (1986). Sociólogos, investigadores del Ministerio del Interior británico, psicólogos y urbanistas acabaron compartiendo una convicción: el delito necesita una situación, y la situación es más fácil de cambiar que la persona.

En una frase

El principio de la criminología ambiental

El delito no solo tiene autor: tiene un lugar y una hora. Y el lugar y la hora se pueden cambiar.

Concepto clave

El suceso, no el delincuente

Lo que une a la familia es un cambio de unidad de análisis. La criminología clásica estudia la criminalidad, la propensión de ciertas personas a delinquir. La criminología ambiental estudia el delito como suceso: qué tuvo que coincidir para que ocurriera aquí y ahora. La primera pregunta pide cambiar a las personas, una tarea lenta e incierta; la segunda pide cambiar las situaciones, a veces con una cerradura, una farola o un horario de cierre. Marcus Felson y Ronald Clarke lo resumieron en el título de un informe de 1998: Opportunity Makes the Thief, la ocasión hace al ladrón. Hay personas más dispuestas que otras, pero incluso ellas delinquen mucho menos cuando la ocasión no se presenta.

El esquema

Las piezas de la tradición, de la más amplia a la más concreta

  1. 1
    Actividades rutinariasPor qué coinciden un delincuente motivado, un objetivo atractivo y la ausencia de un guardián capaz (Cohen y Felson, 1979).
  2. 2
    Elección racional y prevención situacionalCómo decide el delincuente ante una situación concreta, y cómo cambiarla para que no le compense (Cornish y Clarke; Clarke).
  3. 3
    Diseño del espacioCómo la arquitectura y el urbanismo facilitan o dificultan el delito: espacio defendible (Newman, 1972) y CPTED (Jeffery, 1971).
  4. 4
    Puntos calientesDónde se concentra el delito: un puñado de direcciones y tramos de calle acumula buena parte del total (Sherman, 1989; Weisburd, 2015).
  5. 5
    Patrón delictivoPor qué un delincuente actúa en esos sitios y no en otros: su geografía cotidiana cruzada con la oportunidad (los Brantingham).

Cada pieza tiene su página en el archivo. Esta solo dibuja el mapa que las une.

// En el archivoUn expediente para cada pieza de la tradición

Dos de estos expedientes, Whitechapel y el Zodiaco, son crímenes reales nunca resueltos, vistos a través de su versión en pantalla. Jack, en From Hell, es el caso fundacional de la geografía como pista: los asesinatos se apiñan en tan pocas calles de Whitechapel que la densidad del mapa sugería que el autor vivía en el barrio. Es el terreno de la teoría del patrón delictivo, que explica esa concentración por los nodos, rutas y bordes de la vida diaria del delincuente. Zodiac, en la película de Fincher, ilustra las actividades rutinarias: ataca a parejas en lugares apartados (un aparcamiento solitario, la orilla de un lago) y a un taxista, objetivos sin nadie que los proteja; y su dispersión por varios condados de la bahía de San Francisco, con policías que no compartían información, recuerda que el mapa solo ayuda si alguien lo junta.

el Dragón Rojo, el «Dragón Rojo», elige a sus víctimas viendo las películas domésticas que revela en el laboratorio, de modo que su espacio de conciencia lo dibuja el trabajo y no el vecindario. Mr. Brooks es el delincuente calculador de la elección racional: planifica durante semanas y reduce cada riesgo, y lo pierde una cortina abierta, porque un vecino del edificio de enfrente lo fotografía en pleno crimen. Es la «vigilancia natural» de Jacobs y del CPTED derrotando al mejor planificador. Daniel Robitaille convierte el espacio en mito: una leyenda anclada a las torres de Cabrini-Green, donde un hueco tras el botiquín del baño comunica un piso con el contiguo, el tipo de fallo que preocupa al espacio defendible de Newman.

// La aplicaciónDel mapa a la prevención

La criminología ambiental cambió la práctica más que casi ninguna otra tradición, porque ofrece predicciones comprobables e intervenciones que se pueden evaluar. Los puntos calientes llevaron a concentrar la patrulla en unas pocas direcciones, con ensayos aleatorizados a favor. La prevención situacional se convirtió en un catálogo de técnicas para aumentar el esfuerzo y el riesgo de delinquir y reducir sus beneficios, provocaciones y excusas. El CPTED y el espacio defendible llegaron a la mesa del arquitecto. Y el estudio de las instalaciones criminógenas mostró que, dentro de cada categoría (bares, moteles, aparcamientos), unos pocos locales mal gestionados concentran casi todo el problema.

Aportó además un hallazgo tranquilizador, que Clarke y Weisburd bautizaron en 1994 como difusión de beneficios. La objeción intuitiva es que el delito «se mudará» a la calle de al lado. Los estudios de desplazamiento muestran que se muda mucho menos de lo temido, y que a menudo la mejora se contagia a las zonas vecinas: si el delito depende de la situación, quitar la situación no lo traslada intacto a otra parte.

// La grietaNi el mapa lo explica todo, ni es neutral

La primera grieta es la superficialidad: la criminología ambiental explica magníficamente dónde y cuándo, y casi nada del por qué. Puede mostrar que una esquina concentra robos, pero no qué empuja a quienes los cometen, ni por qué ese barrio acabó como está (para eso hacen falta teorías como la desorganización social). Tomada como explicación completa, lleva a políticas que gestionan el síntoma sin tocar las raíces.

La segunda grieta es política: los mapas no son neutrales. La vigilancia predictiva alimentada con datos históricos hereda sus sesgos: si la policía patrulló siempre más un barrio pobre, allí se registraron más delitos, y el algoritmo enviará más policía allí, una profecía autocumplida con apariencia de objetividad matemática. Llevada al extremo, proteger lugares acaba en excluir personas: verjas, bancos en los que nadie puede tumbarse, espacios que expulsan a quien «no pinta nada» allí. Su prima, la teoría de las ventanas rotas (Wilson y Kelling, 1982), muestra cómo una idea sobre el estado de un lugar puede terminar en tolerancia cero contra quienes lo habitan.

Relevancia histórica

De la escuela de Chicago al mapa de calor

La criminología ambiental hereda la ecología del delito de la escuela de Chicago, cuyos mapas de delincuencia juvenil (Shaw y McKay) ya mostraban que el delito se concentra en zonas concretas de la ciudad. En los años setenta cambiaron la escala y la pregunta: de las zonas a los lugares, y del porqué de la delincuencia al cómo del suceso.

La familia no ha dejado de crecer (microlugares, instalaciones de riesgo, perfil geográfico, análisis delictivo policial), y es también el terreno donde se libra el debate sobre la vigilancia predictiva y sus sesgos.

  1. 1942Shaw y McKay publican Juvenile Delinquency and Urban Areas: el delito se concentra por zonas.
  2. 1961Jane Jacobs defiende los «ojos en la calle» en The Death and Life of Great American Cities.
  3. 1971Jeffery publica Crime Prevention Through Environmental Design y acuña la expresión «criminología ambiental».
  4. 1972Oscar Newman publica Defensible Space.
  5. 1979Cohen y Felson formulan la teoría de las actividades rutinarias.
  6. 1981Los Brantingham editan Environmental Criminology: la tradición se convierte en campo.

// Por qué importaLa ciudad como herramienta

Bien usada, esta tradición pone la prevención al alcance de decisiones cotidianas y no punitivas. Iluminar una calle, abrir un local en una esquina muerta, cambiar una parada de autobús, regular el horario de un bar conflictivo, diseñar un parque con visibilidad: son intervenciones que reducen delitos sin encarcelar a nadie. No hay que reformar almas ni esperar a que cambie la sociedad entera; a veces basta con rediseñar cien metros de acera.

Luces y sombras

Fortalezas
  • Predicciones comprobables: la vigilancia de puntos calientes y la prevención situacional tienen evaluaciones experimentales sólidas.
  • Ofrece prevención no punitiva: iluminar una calle, rediseñar un portal o cambiar un horario reduce delitos sin encarcelar a nadie.
  • Hallazgo tranquilizador: la difusión de beneficios; el delito se desplaza mucho menos de lo temido cuando se protege un lugar.
  • Une disciplinas que no solían hablarse: sociología, psicología, geografía, urbanismo y práctica policial.
Límites y críticas
  • Superficialidad causal: explica magníficamente el dónde y el cuándo, y casi nada del por qué.
  • Los mapas no son neutrales: la vigilancia predictiva con datos históricos sesgados crea profecías autocumplidas.
  • Riesgo de ciudad fortaleza: proteger lugares puede acabar en excluir personas.
  • Es una familia, no una teoría: sin las demás piezas, cada una confunde su parte con el todo.
En resumen

Tres ideas clave

  • La criminología ambiental es una tradición, no una sola teoría: estudia el delito como suceso situado (dónde, cuándo y en qué situación ocurre) en lugar de la criminalidad de las personas. Jeffery acuñó el nombre en 1971 y los Brantingham lo convirtieron en campo en 1981.
  • Sus piezas: actividades rutinarias, elección racional y prevención situacional, diseño del espacio, puntos calientes y patrón delictivo. Ninguna basta sola.
  • Su fuerza es práctica: prevención no punitiva, evaluable y con difusión de beneficios. Sus grietas: explica el dónde y casi nada del porqué, y sus mapas pueden convertir en sospechosos a los mismos barrios de siempre.

Fuentes · para seguir leyendo

  • Jeffery, C. R. (1971). Crime Prevention Through Environmental Design. Sage.
  • Newman, O. (1972). Defensible Space: Crime Prevention Through Urban Design. Macmillan.
  • Cohen, L. E. & Felson, M. (1979). «Social Change and Crime Rate Trends: A Routine Activity Approach». American Sociological Review, 44(4).
  • Clarke, R. V. (1980). «Situational Crime Prevention: Theory and Practice». British Journal of Criminology, 20(2).
  • Brantingham, P. J. & Brantingham, P. L. (eds.) (1981). Environmental Criminology. Sage.
  • Wortley, R. & Mazerolle, L. (eds.) (2008). Environmental Criminology and Crime Analysis. Willan.

// Pon a prueba la teoría¿A cuál de estos villanos analiza KRIMINIS con Criminología Ambiental?

Lee el expediente de Francis Dolarhyde →

Dudas de la teoríaPreguntas frecuentes

¿Qué es la criminología ambiental?

La criminología ambiental estudia dónde y cuándo ocurre el delito y por qué ahí. Paul y Patricia Brantingham (1981) mostraron que los delitos se concentran en el espacio de actividad del delincuente —sus rutas entre casa, trabajo y ocio— cuando este se cruza con oportunidades, una de las bases del perfil geográfico.

¿Quién formuló la criminología ambiental y cuándo?

El criminólogo C. Ray Jeffery acuñó la expresión en 1971, en la última página de «Crime Prevention Through Environmental Design». El campo tomó forma en 1981, cuando Paul y Patricia Brantingham editaron el volumen «Environmental Criminology» (Sage), con aportaciones afines como las actividades rutinarias de Cohen y Felson (1979) y la prevención situacional de Ronald Clarke (1980).

¿Sigue vigente la criminología ambiental y cuál es su principal crítica?

Está vigente y muy aplicada. Su primera crítica es que explica muy bien dónde y cuándo, y casi nada del porqué: gestiona el síntoma sin tocar las raíces. La segunda es política: los mapas no son neutrales, y la vigilancia predictiva alimentada con datos históricos hereda sus sesgos y puede generar una profecía autocumplida. Llevada al extremo, proteger lugares acaba en excluir personas.

¿Qué teorías forman parte de la criminología ambiental?

Es un paraguas que reúne varias tradiciones: los «ojos en la calle» de Jane Jacobs (1961), el espacio defendible de Oscar Newman (1972), la prevención mediante el diseño ambiental de Jeffery (1971), las actividades rutinarias de Cohen y Felson (1979), la prevención situacional de Clarke (1980) y la teoría del patrón delictivo de los Brantingham. Todas comparten el foco en el lugar del delito.

¿Das clase? Planes de clase y salas para tu grupo →

Cita esta página

¿Lo citas en un TFG? Cómo hacerlo bien →