En el capítulo 61 del manga de Fullmetal Alchemist, en los últimos días de la guerra de Ishval, un oficial de pelo largo recogido en una coleta sujeta entre los dientes una piedra roja. Es la piedra filosofal que el ejército le ha entregado para acabar antes la campaña, y acaba de usarla. Sus soldados se maravillan; a él le parece que podría haber hecho algo más artístico. Cuando estalla un ataque cerca, agarra a uno de sus hombres y lo usa como escudo. El soldado muere, y lo que le irrita es que se le ha ensuciado la chaqueta. Poco después, desde un tejado, hace volar el barrio donde se esconde la familia de Scar, y se deleita con el estruendo. Ese hombre es Solf J. Kimblee, el Alquimista Carmesí (en japonés, Guren, «loto carmesí»), comandante del ejército de Amestris y alquimista estatal en el manga de Hiromu Arakawa (2001-2010) y en su adaptación fiel, Fullmetal Alchemist: Brotherhood (Bones, 2009-2010). Lleva un círculo de transmutación tatuado en cada palma, el sol en la derecha y la luna en la izquierda, y al juntar las manos convierte en explosivo lo que toca. Tras la guerra pasa años en la prisión de Central. Cuando sale, con un traje blanco hecho a medida, trabaja para el Führer y para los homúnculos.
// La teoríaEl delito visto desde dentro
La mayoría de las teorías explican el delito desde fuera: la pobreza, la familia, la tensión, el cálculo. En Seductions of Crime (1988), el sociólogo Jack Katz les reprochó que olvidaran el primer plano, lo que se siente al cometerlo. Muchos delitos, sostuvo, no se entienden por lo que consiguen, sino por la experiencia que ofrecen: atracciones morales y sensuales, la sensación de imponerse a una situación y de trascender la rutina. Su libro recorre el homicidio de la ira justiciera, el atraco, la pose del tipo duro y los pequeños hurtos por emoción, y dedica un capítulo al asesinato a sangre fría que parece no tener sentido. En 1990, Stephen Lyng llamó edgework a la búsqueda voluntaria del límite entre la vida y la muerte, donde quien arriesga pone a prueba su pericia y siente que controla lo incontrolable. Sobre esas ideas, Jeff Ferrell, Keith Hayward y Jock Young construyeron la criminología cultural, que estudia el delito como experiencia, como estilo y como imagen.
Una estética de la destrucción
Kimblee no roba ni cobra. Su botín es la explosión misma, y la vive en tres registros que la criminología cultural reconoce. El primero es el sonido: en el capítulo 13, encerrado en la prisión de Central, oye derrumbarse el Laboratorio 5, al lado, reconoce el ruido de los explosivos y se pone eufórico porque le recuerda a Ishval. El segundo es la forma: juzga sus destrucciones como obras, más o menos logradas, y cuida su traje con la misma atención. El tercero es el riesgo, el edgework de Lyng: en el episodio 33 de Brotherhood, después de que Scar estuviera a punto de matarlo en un tren, ordena seguir hacia el norte celebrando que la muerte le persigue, porque un trabajo en el que uno se juega la vida es el único que merece la pena.
// El sujetoEl alquimista que no aparta la mirada
Kimblee es educado, observador y coherente, y tres momentos lo retratan. El primero está en Ishval (capítulo 60; episodio 30 de Brotherhood). La joven Riza Hawkeye pregunta a Roy Mustang por qué unos soldados que deberían proteger a los ciudadanos los están matando, y Kimblee, que lo oye, responde que ese es su trabajo. Les pregunta si se pusieron el uniforme sin saber que tendrían que matar, pregunta a la francotiradora si nunca siente orgullo por un buen disparo, y les pide que no aparten la mirada de la muerte: que miren a la cara a quienes matan y no los olviden, porque ellos no los olvidarán. El segundo llega al terminar la guerra (capítulo 61; episodio 31). Unos oficiales le exigen que devuelva la piedra filosofal; él se la traga y los hace estallar. Lo encierran por ese crimen, no por los ishvalitas, y un guardia comenta al soltarlo que debieron ejecutarlo por matar a cinco oficiales. El tercero ocurre en la fortaleza de Briggs (capítulos 70 y 71; episodio 37). Kimblee ha hecho venir a Winry, la mecánica de Edward, como rehén, y se presenta ante ella como admirador de sus padres, los médicos Rockbell, a los que, según da a entender el manga, le habían enviado a eliminar en Ishval. Cuando Edward le pregunta por qué sirve a los homúnculos, contesta que por curiosidad: quiere ver qué bando elige el mundo, humanos u homúnculos, y que sobreviva el más fuerte. El anime de 2003 cuenta otra versión del personaje, más sádica; este expediente sigue el manga y Brotherhood.
Solf J. Kimblee
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// La grietaLa seducción necesita un Estado
A Katz se le ha criticado que mira el momento y olvida el mundo que lo rodea. En 2003, Jock Young pidió una criminología que juntara a «Merton con energía» y a «Katz con estructura»: las emociones del delito importan, pero nacen en un orden social concreto. Kimblee le da la razón. Su placer por el ruido no explica Ishval. El exterminio lo ordena el Führer King Bradley con la Orden Ejecutiva 3066, que lleva a los alquimistas estatales al frente, y la piedra que Kimblee muerde se fabricó en el Laboratorio 5 con las almas de prisioneros ishvalitas, según confiesa el doctor Marcoh en el episodio 30. El ejército no castiga al esteta de la explosión: le da un arma hecha de vidas humanas, lo encarcela solo cuando mata a los suyos y lo libera en cuanto vuelve a serle útil. No fue cosa de un hombre con aficiones raras: fue una política de Estado, y su gusto lo convirtió en el empleado ideal.
Tampoco hay que confundir su coherencia con una moral. Kimblee incomoda porque dice en voz alta lo que el uniforme tapa a los demás: Mustang también quemó a ishvalitas, y Hawkeye eligió el fusil porque, dice, así la muerte se queda menos tiempo en las manos. Pero su código, que respeta a quien actúa con convicción, deja sitio para un soldado propio usado como escudo y para una chica tomada como rehén. (Atención, destripe.) Su final le es fiel. En Central, Kimblee acude a rescatar al homúnculo Pride, y Heinkel, un soldado convertido en quimera al que había abandonado en las minas, le muerde el cuello (capítulo 92; episodio 52). Pride lo absorbe. Ya dentro de Pride, Kimblee conserva su conciencia entre las almas, dice que sus lamentos le calman como una nana, y le impide quedarse con el cuerpo de Edward: un ser que presume de superior y huye a un cuerpo humano le parece una vergüenza (capítulo 106; episodio 61). Explicar a Kimblee no es exculparlo. Katz describe la seducción de la violencia; no la justifica.
Los ejércitos también reclutan el placer
Kimblee es fantasía, pero la seducción que encarna no lo es. En An Intimate History of Killing (1999), la historiadora Joanna Bourke reunió cartas, diarios y memorias de combatientes del siglo XX, y en ellos aparece con frecuencia algo que la propaganda calla: el entusiasmo y hasta el placer de matar. La criminología cultural invita a tomarse en serio esas emociones en lugar de negarlas, porque una institución armada puede contenerlas con reglas, mandos y tribunales, o puede premiarlas. Amestris eligió premiarlas. La pregunta que deja Kimblee no es por qué existe alguien como él, sino quién le dio la piedra.
Tres ideas clave
- La criminología cultural (Katz, 1988; Lyng, 1990; Ferrell, Hayward y Young) estudia el delito desde dentro, como experiencia: las emociones, el riesgo y el estilo que buscan quienes lo cometen, más allá de lo que consiguen.
- Solf J. Kimblee, el Alquimista Carmesí de Fullmetal Alchemist, vive la destrucción como una obra: el ruido, la forma y el riesgo; arrasa barrios de Ishval con una piedra filosofal, hace estallar a los oficiales que se la reclaman y sirve a los homúnculos por curiosidad.
- La grieta: su gusto no explica el exterminio. Ishval fue una política de Estado, con una orden del Führer y una piedra hecha con prisioneros, y el esteta de la explosión fue su empleado ideal.
Fuentes · para seguir leyendo
- Katz, J. (1988). Seductions of Crime: Moral and Sensual Attractions in Doing Evil. Basic Books.
- Lyng, S. (1990). «Edgework: A Social Psychological Analysis of Voluntary Risk Taking». American Journal of Sociology, 95(4), 851-886.
- Ferrell, J., Hayward, K. y Young, J. (2008). Cultural Criminology: An Invitation. Sage.
- Young, J. (2003). «Merton with Energy, Katz with Structure: The Sociology of Vindictiveness and the Criminology of Transgression». Theoretical Criminology, 7(3), 389-414.
- Bourke, J. (1999). An Intimate History of Killing: Face-to-Face Killing in Twentieth-Century Warfare. Granta.
- Arakawa, H. (2001-2010). Fullmetal Alchemist, capítulos 13, 60, 61, 70, 71, 92 y 106. Monthly Shōnen Gangan, Square Enix.
- Irie, Y. (dir.) (2009-2010). Fullmetal Alchemist: Brotherhood, episodios 30, 31, 33, 37, 52 y 61. Bones.
Dudas del expedientePreguntas frecuentes
¿Quién es Solf J. Kimblee?
Solf J. Kimblee («el Alquimista Carmesí») es un villano de Fullmetal Alchemist, analizado en KRIMINIS con la lente de la criminología. No mata por dinero ni por venganza.
¿Por qué Solf J. Kimblee (el Alquimista Carmesí) se convierte en villano?
Solf J. Kimblee, el Alquimista Carmesí de Fullmetal Alchemist, y la criminología cultural: el veterano de Ishval que disfruta del ruido de la destrucción. Un esteta del delito al que un Estado dio una piedra filosofal.
¿Qué teoría criminológica explica a Solf J. Kimblee?
El caso de Solf J. Kimblee se analiza desde la Criminología cultural. La criminología cultural (Katz, 1988; Lyng, 1990; Ferrell, Hayward y Young) estudia el delito desde dentro, como experiencia: las emociones, el riesgo y el estilo que buscan quienes lo cometen. Solf J. Kimblee, el Alquimista Carmesí de Fullmetal Alchemist, es su caso extremo: un alquimista estatal que convierte en explosivo lo que toca, que en la guerra de Ishval arrasa barrios enteros con una piedra filosofal y que vive cada explosión como una obra de arte. Pero su gusto solo pudo convertirse en matanza porque un Estado lo necesitaba.








