// JUJUTSU KAISEN · CRIMINAL NATO / ATAVISMO

Sukuna y el mito del «nacido para el mal»: lo que la criminología dice del criminal nato

Sukuna es cruel sin origen trágico ni redención: la fantasía perfecta del monstruo puro. Justo por eso sirve para desmontar una de las ideas más seductoras y falsas de la historia de la criminología: que hay caras de criminal.

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Ryomen Sukuna, de Jujutsu Kaisen
Ryomen Sukuna · el Rey de las Maldiciones

Ryomen Sukuna es, seguramente, el villano más limpio de «Jujutsu Kaisen». No en el sentido moral —es todo lo contrario— sino en el narrativo: no arrastra un trauma que lo explique, no busca redención, no tiene una infancia rota que la trama nos enseñe para ablandarnos. El Rey de las Maldiciones es cruel por egoísmo, y punto. La obra, que terminó en 2024 y arrasó por medio mundo, nos entrega al monstruo puro. Y esa pureza, tan satisfactoria en la pantalla, es exactamente lo que la criminología lleva siglo y medio intentando desmontar en la vida real.

Porque la idea del «nacido para el mal» es vieja, poderosa y falsa. Antes de entrar, el eje de esta casa: explicar no es exculpar… pero «nació malo» tampoco explica nada, solo cierra la conversación. Decir que alguien es un monstruo de fábrica nos ahorra la incómoda tarea de mirar las causas. Sukuna es la coartada perfecta de ese atajo, y por eso es el mejor caso para hablar del criminal nato y de por qué la ciencia lo enterró.

// La teoríaLombroso y la seductora mentira del atavismo

En 1876, el médico italiano Cesare Lombroso publicó «L'uomo delinquente» y encendió la criminología moderna con una idea magnética: existía el criminal nato. Para Lombroso, el delincuente era un atavismo, un retroceso evolutivo, un salvaje nacido por error en la civilización. Y —esto es lo escalofriante— creía que se le reconocía por la cara: mandíbula prominente, frente huidiza, orejas grandes, asimetrías. El crimen, sostenía, estaba escrito en el cuerpo.

La teoría fue un éxito precisamente porque era cómoda. Convertía un problema social espinoso en una cuestión de biología visible: si el criminal se reconoce de un vistazo, no hay que preguntarse por la pobreza, la exclusión ni la decisión. Era, además, una historia perfecta para la ficción. El villano con «cara de malo» nace aquí. Sukuna, con sus marcas y su presencia inhumana, es un descendiente estético directo de esa fantasía: el mal que se ve.

Hay que decirlo sin rodeos: el atavismo no fue solo un error científico, fue un error peligroso. Sirvió para justificar el racismo, la eugenesia y la idea de que ciertos pueblos o clases estaban biológicamente destinados al crimen. Cuando crees que el delito se hereda y se ve, el paso siguiente es tratar a personas enteras como defectos de fábrica. Por eso desmontarlo no es un capricho académico: es una vacuna contra una de las mentiras más caras que se ha contado sobre el ser humano.

Buscar el crimen en la forma de una cara es dejar de buscarlo donde de verdad ocurre.Sobre la tentación de leer el mal en el cuerpo

// La refutaciónGoring midió las caras, y no encontró al monstruo

La ciencia hizo lo que la ficción nunca hace: comprobarlo. En 1913, el médico inglés Charles Goring publicó «The English Convict», un estudio estadístico sobre miles de presos comparados con población no reclusa. Midió cráneos, rasgos, proporciones. Y no halló ningún «tipo criminal» físico: los rasgos que Lombroso pintaba como sellos del delito estaban repartidos por todas partes, dentro y fuera de la cárcel. El criminal nato, como categoría anatómica, simplemente no existía.

Fue un golpe demoledor, aunque el fantasma tardó en morir. Lo que Goring enterró no fue la idea de que la biología importe —importa, y luego volvemos a ello— sino la idea de que el destino criminal esté escrito en la cara, sellado desde la cuna. Esa versión determinista y fisiognómica es pseudociencia. Y sin embargo sobrevive, disfrazada, cada vez que alguien mira una foto policial y siente que «ya se le nota».

El detalle importante es que Goring no ganó con una opinión más elocuente, sino con datos. Ahí está la línea que separa la criminología de la fisiognomía de feria: contar, comparar, someter la corazonada a prueba. Sukuna nunca pasa por ese filtro porque no lo necesita; es un personaje, y a un personaje le basta con resultar amenazante. El problema empieza cuando trasladamos la lógica del guion —«se le ve el mal en la cara»— a un tribunal, una comisaría o un prejuicio cotidiano.

Por qué importa

la ficción adora al villano puro porque nos exime

Un Sukuna sin causa es cómodo para el espectador: no exige empatía ni análisis, solo permite disfrutar del espectáculo del mal. El problema es trasladar esa comodidad a la realidad. Cuando creemos que hay personas «nacidas criminales», dejamos de investigar los factores —crianza, entorno, oportunidad, elección— que sí producen daño. El mito del monstruo puro no es solo inexacto: es desmovilizador.

// Lo que sí sabemosde la cara de criminal a los factores biosociales

¿Significa esto que la biología no pinta nada? No. La neurocriminología seria, la de Adrian Raine en «The Anatomy of Violence», muestra que ciertos factores biológicos —déficits en la corteza prefrontal, alteraciones en la respuesta al miedo, complicaciones perinatales— se asocian con más riesgo de conducta violenta. Pero la palabra clave es interacción: esos factores actúan con el ambiente, no en su lugar. Un cerebro de riesgo en un entorno protector muchas veces no lleva a ningún crimen. Riesgo no es destino.

Conviene un matiz que la ficción borra: la mayoría de las personas con esos factores de riesgo nunca cometen un delito grave. Los estudios trabajan con probabilidades sobre poblaciones, no con profecías sobre individuos. Un mismo perfil biológico puede terminar en un neurocirujano meticuloso o en un depredador, y lo que a menudo inclina la balanza es la biografía: apego, oportunidades, límites, decisiones. El determinismo vende porque es simple; la evidencia es más aburrida y más honesta: casi todo depende de casi todo.

Lo mismo vale para la psicopatía. Robert Hare, en «Without Conscience», describió al psicópata por su falta de empatía y remordimiento, su encanto superficial, su instrumentalidad fría. Es la etiqueta que más se acerca a Sukuna y a villanos como Hannibal Lecter o Hisoka. Pero psicopatía no es sinónimo de «nacido criminal»: es un perfil de rasgos, con base parcialmente biológica y desarrollo modulado por el entorno, y la mayoría de quienes puntúan alto no son asesinos en serie. La ficción funde ambas cosas; la ciencia las separa con cuidado.

El cerebro carga los dados; no reparte las cartas ni juega la partida por ti.Sobre biología, ambiente y elección

Por eso Sukuna, tan disfrutable en la pantalla, es un pésimo modelo del crimen real. Un villano sin causa funciona en un manga porque su función es ser obstáculo y espectáculo, no explicación. Pero el crimen del mundo tiene siempre biografía: un antes, un entorno, una serie de puertas que se abrieron o se cerraron. Renunciar a mirar ese antes por comodidad narrativa no nos hace más duros con el mal; nos hace más ciegos ante cómo se produce.

Aquí aparece la pregunta grande, la del libre albedrío. Si hay factores que empujan, ¿queda margen para elegir? La respuesta honesta de la criminología no es ni el determinismo total ni la libertad absoluta: es que la conducta emerge de una interacción, y que la responsabilidad sigue en pie. Villanos como Kefka o Frieza son fascinantes justamente porque parecen mal en estado puro; pero son fantasías. En el mundo real, el daño casi siempre tiene una cadena de causas y una decisión al final de la cadena.

Para llevarte

el monstruo nato, en tres verdades

  • El criminal nato de Lombroso —el mal legible en la cara— fue seductor y falso: Goring lo refutó midiendo, y ninguna ciencia seria lo sostiene hoy.
  • La biología importa, pero como factor de riesgo que interactúa con el ambiente, nunca como destino escrito en la cuna. Riesgo no es sentencia.
  • La ficción ama al villano puro porque nos exime de mirar las causas; «nació malo» no explica el daño, solo apaga la pregunta.

Fuentes

  • Lombroso, C. (1876). L'uomo delinquente. Hoepli.
  • Goring, C. (1913). The English Convict: A Statistical Study. HMSO.
  • Raine, A. (2013). The Anatomy of Violence: The Biological Roots of Crime. Pantheon.
  • Hare, R. D. (1993). Without Conscience: The Disturbing World of the Psychopaths Among Us. Guilford Press.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el "criminal nato" de Lombroso?

Es la idea, propuesta por Cesare Lombroso en 1876, de que ciertas personas nacen predispuestas al delito y se reconocen por rasgos físicos, como un retroceso evolutivo o atavismo. Fue muy influyente, pero la ciencia posterior la refutó.

¿Se puede saber si alguien es criminal por su cara?

No. Charles Goring lo desmintió en 1913 con un estudio estadístico: no existe un tipo físico de criminal. Creer que el mal se lee en el rostro es pseudociencia y alimenta prejuicios.

¿Entonces la biología no influye en el crimen?

Sí influye, pero como factor de riesgo que interactúa con el ambiente, no como destino. La neurocriminología y los estudios sobre psicopatía hablan de probabilidades y desarrollo, nunca de un criminal escrito en los genes o en la cara.