// THE BOYS · CRIMINOLOGÍA CRÍTICA

Homelander y la criminología de la impunidad: cuando el crimen lo comete el más poderoso

Homelander mata a plena luz del día y el sistema lo llama heroísmo. The Boys no va de superpoderes: va de quién tiene el poder de decidir qué es un delito. Bienvenidos a la criminología crítica.

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Homelander, de The Boys
Homelander · el dios de Vought

Imagina a un hombre capaz de derretir a una persona con la mirada, que lo hace, y que a la mañana siguiente sale sonriente en la campaña publicitaria de la empresa que lo fabricó. Eso es The Boys en una frase. Homelander no es interesante porque sea el ser más poderoso del planeta, sino porque su poder incluye algo mucho más aterrador que el láser ocular: el poder de que sus atrocidades no se llamen atrocidades. Cuando él aprieta el gatillo, la maquinaria de Vought no cuenta un crimen. Cuenta un acto de heroísmo.

Antes de seguir, el eje de esta casa: explicar no es exculpar. Señalar que el sistema blinda a Homelander no diluye su responsabilidad personal; la subraya. La criminología crítica no dice «pobre poderoso, es la estructura»: dice que hay una responsabilidad estructural —la del aparato que lo encubre— y una responsabilidad individual —la de quien decide matar sabiendo que puede—. La ficción exagera el mecanismo para que lo veamos. En la realidad opera igual, solo que sin láser.

// La pregunta incómodaquién tiene el poder de decidir qué es un delito

La criminología tradicional daba el delito por sentado: hay leyes, hay quien las rompe, estudiemos a ese. En los años setenta, un grupo de criminólogos le dio la vuelta a la pregunta. En The New Criminology (1973), Taylor, Walton y Young plantearon que la cuestión previa no es «quién delinque», sino quién tiene el poder de definir qué cuenta como delito. Porque la ley no cae del cielo: la escriben, la aplican y la interpretan actores con intereses, y no todos tienen la misma capacidad de influir en ella.

De ahí nace la criminología crítica: una mirada que estudia el delito como una categoría social y política, no como un hecho natural. Su tesis es incómoda a propósito: el sistema penal tiende a perseguir con lupa los delitos de los débiles —el robo callejero, la pequeña droga— mientras deja en penumbra los daños masivos de los poderosos, que muchas veces ni siquiera están tipificados como delito, o que cuando lo están, rara vez terminan en una condena.

La ley es una red: atrapa a los peces pequeños y deja pasar a los grandes, que además ayudaron a tejerla.Sobre el poder de definir el delito

Vought es esa red hecha corporación. La empresa no solo produce superhéroes: produce la narrativa que decide qué de lo que hacen es «salvar el mundo» y qué se entierra en un acuerdo de confidencialidad. Homelander mata, y Vought fabrica el marco en el que ese acto se lee como fuerza, autoridad o daño colateral necesario. El delito, en su mundo, es literalmente lo que el departamento de márketing decide no llamar heroísmo.

// La teoríasutherland, reiman y los crímenes que casi nunca se juzgan

La intuición viene de lejos. En 1949, Edwin Sutherland acuñó el concepto de white-collar crime, el delito de cuello blanco, y sacudió a su disciplina: el crimen no es cosa de pobres, decía; los daños más costosos los cometen personas respetables desde posiciones de poder, y precisamente por eso escapan al radar penal. No encajan en la imagen del «criminal», así que ni los vemos.

Décadas después, Jeffrey Reiman lo llevó al hueso con un título que lo dice todo: The Rich Get Richer and the Poor Get Prison (1979). Su argumento es que el sistema penal no fracasa al no perseguir a los poderosos: funciona exactamente como está diseñado para funcionar. Selecciona hacia abajo. Convierte en «el crimen» aquello que hacen los de abajo y naturaliza, invisibiliza o legaliza el daño de los de arriba. Homelander es la caricatura perfecta de esa asimetría: cuanto más poderoso, más lejos de la celda.

Por qué importa

el daño no es menor por venir de arriba

El punto ciego que denuncian Sutherland y Reiman es moral antes que estadístico: tendemos a temer al carterista y a admirar al que nos hace un daño mil veces mayor desde un despacho o un plató. La criminología crítica no pide compasión para el poderoso; pide simetría en la mirada. Que el traje, la marca o la capa no funcionen como una amnistía automática. Homelander exagera lo que ya ocurre: el poder compra, sobre todo, el privilegio de no ser llamado criminal.

// Por dentrocómo se blinda la conciencia del que se cree un dios

Queda la pregunta psicológica: ¿cómo hace daño alguien y sigue durmiendo, e incluso creyéndose bueno? Albert Bandura lo estudió bajo el nombre de desconexión moral (1999): el conjunto de trucos mentales con los que una persona desactiva la autocensura que normalmente frena la crueldad. Justificar el daño como un bien mayor, deshumanizar a la víctima, difuminar la responsabilidad en el grupo, minimizar las consecuencias… No hacen falta superpoderes para ninguno de ellos.

Homelander los usa todos, amplificados. Se ve a sí mismo como una especie de divinidad al servicio de un pueblo que debería estarle agradecido; a quienes daña los reduce a obstáculos, ingratos o menos-que-humanos; y cuando algo sale mal, la culpa siempre es del entorno, nunca suya. La desconexión moral es el software que le permite ser, a la vez, verdugo y, en su propia cabeza, el héroe de la historia. El poder externo de Vought y el blindaje interno de la conciencia se retroalimentan.

Conviene una cautela: describir estos mecanismos no es psicoanalizar a nadie a distancia ni convertir la maldad en un diagnóstico. Es nombrar procesos documentados que operan en personas corrientes, no solo en supervillanos. Esa es justo la utilidad de la ficción: Homelander hace visible, a escala monstruosa, algo que a escala humana pasa desapercibido todos los días.

// No está solouna galería de villanos a los que la ley nunca alcanzó

Homelander encabeza una estirpe de villanos definidos no por su ferocidad, sino por su impunidad. Lex Luthor comete a plena vista lo que, viniendo de otro, sería cárcel segura, pero su fortuna y su imagen reescriben la lectura de cada acto. Logan Roy demuestra que un imperio mediático puede fabricar la realidad que le conviene, incluida la definición de qué es un abuso y qué es «hacer negocios».

Immortan Joe lleva la idea al extremo distópico: cuando controlas el agua, tú eres la ley, y tu crueldad se viste de orden. Y el contrapunto lo pone Bill Butcher, el cazador de supers que, en su cruzada contra la impunidad, se contamina de los mismos métodos que combate —recordatorio de que señalar el crimen del poderoso no exime de examinar el propio. Puedes empezar el recorrido por el expediente de Homelander y tirar del hilo.

Cuando el poderoso comete el crimen, primero desaparece el castigo; después, con paciencia, desaparece hasta la palabra crimen.Sobre la impunidad

La criminología crítica no propone dejar de mirar al ladrón de la esquina, sino dejar de mirar solo ahí. Su incomodidad es sana: nos obliga a preguntarnos por qué llamamos delincuente al que roba una cartera y visionario al que arruina a miles, por qué la etiqueta de criminal se pega con tanta facilidad a unos cuerpos y resbala en otros. Homelander no existe. La asimetría que caricaturiza, sí. Y esa es la parte que deberíamos tomarnos en serio cuando se apaga la pantalla.

Para llevarte

Lo que Homelander nos enseña sobre el poder y el delito

  • La criminología crítica cambia la pregunta: no «quién delinque», sino quién tiene el poder de definir qué cuenta como delito. La ley no es neutral en su aplicación.
  • Sutherland y Reiman muestran que el sistema penal selecciona hacia abajo: persigue el daño de los débiles y suele invisibilizar o legalizar el de los poderosos.
  • La desconexión moral (Bandura) explica cómo el poderoso silencia su conciencia, pero explicar el mecanismo no lo exculpa: hay responsabilidad estructural y personal a la vez.

Fuentes

  • Sutherland, E. H. (1949). White Collar Crime. Dryden Press.
  • Reiman, J. (1979). The Rich Get Richer and the Poor Get Prison. Wiley.
  • Taylor, I., Walton, P. & Young, J. (1973). The New Criminology. Routledge & Kegan Paul.
  • Bandura, A. (1999). «Moral Disengagement in the Perpetration of Inhumanities». Personality and Social Psychology Review.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la criminología crítica?

Es una corriente que estudia el delito como una categoría social y política en lugar de un hecho natural. Su pregunta central no es quién delinque, sino quién tiene el poder de decidir qué se define, persigue y castiga como delito. Autores clave son Taylor, Walton y Young.

¿Qué son los crímenes de los poderosos o de cuello blanco?

Es el concepto que Edwin Sutherland acuñó en 1949 para los daños cometidos por personas respetables desde posiciones de poder. Suelen causar más perjuicio que la delincuencia común, pero rara vez se persiguen con la misma dureza, como analizó también Jeffrey Reiman.

¿The Boys critica solo a los superhéroes o dice algo real?

Usa la sátira de superhéroes corporativos como lente para un mecanismo real: la asimetría con la que el sistema penal trata a poderosos y débiles. Homelander exagera la impunidad, pero explicarla no lo exculpa: la crítica señala a la vez la responsabilidad del sistema y la suya propia.